DEUTSCHE GUGGENHEIM DE BERLIN: EL QUINTO ELEMENTO

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Al igual que sus pares de Nueva York, Las Vegas, Venecia o Bilbao, el Guggenheim de la capital alemana asombra por la excelencia de sus colecciones y la creatividad de las instalaciones. El arte contemporáneo y moderno consagrado, con obras de Kandinsky y Jackson Pollock, o fotografías de Robert Mapplethorpe, se combina con un explosivo programa conceptual en constante renovación. Su hall central, diseñado por Richard Gluckman, es capaz de transformarse en un espacio de trabajo para artistas, para dividir el ambiente y presentar exhibiciones tematizadas, o bien disponer sus ventanas para apreciar esculturas y murales con la luz. Un Guggenheim en constante movimiento.

Texto: Camilo Abrantes / Fotos: Cortesía Guggenheim Berlín

Iru Burni (Three Irons), 1966

Una de las obras de Chilida, Iru Burni (Three Irons), de 1966.

Podría hablarse, ya, de una auténtica “tradición Guggenheim”. Desde 1937 el mecenazgo de Solomon R. Guggenheim, alentado por la baronesa Hilla Rebay –su consejera artística y ferviente admiradora del arte “no objetivo”–, comenzó a moldearse como una de las colecciones de fines del siglo XIX y el siglo XX más importantes del mundo. Con el propósito de “promover, animar y educar en el arte, así como de ilustrar al público”, nace ese año la Solomon R. Guggenheim Foundation, y desde entonces no ha hecho más que engrosar el listado de obras bajo su tutela. Tal es así que la fundación ha sido pionera en la tendencia de abrir distintos puntos de presencia alrededor del planeta, hogares del legado de artistas como Wassily Kandinsky, Marc Chagall, Paul Klee, Joan Miró y Amedeo Modigliani, entre tantos otros. A los ya reconocidos Solomon R. Guggenheim Museum y Guggenheim Museum de Nueva York, el Guggenheim Hermitage Museum de Las Vegas, la deslumbrante obra arquitectónica de Frank Gehry en Bilbao (España) y la Peggy Guggenheim Collection de Venecia, se suma la no menos deslumbrante propuesta museográfica del Deutsche Guggenheim de Berlín.

o.T. (we are all that heaven allows), 1984

La obra o.T (1946) de Kruger, parte de Affinities.

El lugar elegido fue el histórico edificio berlinés Unter den Linden, donde cada año llegan más de 140.000 personas. Tras su apertura en noviembre de 1997, en un breve período la Fundación Guggenheim y su socio alemán, el Deutsche Bank, consolidaron una sólida reputación en el mapa cultural de Europa y han instalado al museo como punto neurálgico del circuito artístico de una de las ciudades más deslumbrantes del continente. Por otro lado, el arribo a Alemania marcó un regreso a las raíces de la Fundación: el árbol genealógico de la familia Guggenheim tiene sus raíces en tierras teutonas, y la propia Hilla Rebay emigró a Nueva York a principios del siglo pasado desde lo que entonces era Prusia. El edificio Unter den Linden es propiedad del Deutsche Bank y fue construido en la década del 20 y luego moldeado por Richard Gluckman, que fue también responsable del Museo Picasso en Málaga, España. El arquitecto estadounidense diseñó el hall principal del Deutsche Guggenheim, una superficie de 510 metros cuadrados que conserva la pureza simple de los espacios, como lo hizo también en el Dia Centre for the Arts, de Nueva York, y en el The Andy Warhol Museum, de Pittsburg. Por esa amplitud, la galería admite hacer particiones del espacio en distintos gabinetes, lo que permite manejar los ambientes ya sea para el trabajo de un artista como para una exhibición. De hecho, las imponentes dimensiones del hall central han permitido programar varias instalaciones simultáneas, cada una centrada en temas particulares, así como desplegar las tareas de grupos de trabajo creados por distintos artistas.

The Flying Carriage, 1913

The Flying Carriage (1913), de Marc Chagall, también es parte de la más reciente exhibición Affinities.

De ese modo, el ambiente se transforma una y otra vez, con una u otra presentación, lo que inyecta un gran dinamismo en las propuestas del museo. Como parte del diseño, el sistema de ventanas permite administrar la luz natural del lugar y transformar el hall en un espacio ideal para la presentación de esculturas y murales. De ese mismo ambiente nace una llamativa escalera que lleva al café Kaffebank y la tienda de recuerdos, desde donde se tiene una hermosa vista del jardín de invierno del Deutsche Bank. El edificio también fue reciclado a mediados del siglo pasado por el arquitecto berlinés Benedict Tonon, en tanto que la remodelación de sus interiores quedó en manos del francés André Putman, que caracterizó su diseño en formas tan austeras como distintivas, combinando materiales transparentes y elementos de luz.

HERENCIAS DE ARTE

Installationsfoto / Installation Shot

La instalación de Jeff Koons, con obras repletas de color, fue todo un éxito de concurrencia.

Con la presentación del Divisionism / Neo-Impressionism: Arcadia and Anarchy, a cargo de la curadora Vivien Greene, el Deutsche Guggenheim se colocó nuevamente a la vanguardia en lo que respecta a las exhibiciones artísticas con lectura histórica. La propuesta, que contó con más de 36 obras cedidas por museos de todo el mundo, se centró en obras del divisionismo italiano y del neoimpresionismo francés, con la meta de revelar diferencias formales y temáticas entre ambos movimientos.

Installationsfoto / Installation Shot

Una instalación de Bruce Nauman, Theaters of experience (arriba), parte de la colección de arte contemporáneo del Guggeinheim.

Para entender esas particularidades, Divisionism / Neo-Impressionism: Arcadia and Anarchy fue organizada en cinco grandes categorías temáticas –Luz, Paisajes, Vida Rural, Problemas Sociales y Simbolismo–, que permitieron descubrir coincidencias y distancias entre esos artistas. Los divisionistas –denominados así por la técnica para pintar, que separaba los colores a partir de individualizar las pinceladas– trabajaron activamente en Italia durante la última década del siglo XIX. Si bien continuaron con la tradición académica de la época, crearon un idioma propio con el desarrollo de prácticas modernas basadas en cromatismos y ópticas. El estilo divisionista fue señalado como “anárquico” en supuesta sintonía con su orientación política de izquierda, pero la búsqueda de ideales los llevaron a evocaciones tan idílicas como místicas. Sea of mist (1895), de Vittore Grubicy de Dragon, y For eighty cents! (1895), de Angelo Morbelli, fueron algunas de las piezas más reconocidas de esta corriente y parte de la presentación del Guggenheim. Aunque con matices, muchas de las teorías de los italianos fueron adoptadas luego por el neoimpresionismo francés, empezando por la obra de Georges Seurat. Uno de los cuadros más destacados de la exhibición del Deutsche Guggenheim fue Apples picking at Eragny (1888), de Camille Pissarro, que asombró por su expresividad tanto a visitantes casuales como expertos en el tema.

Mezclas

Ausstellungsarchitektur von Zaha Hadid

La instalación de Zaha Hadid, Ausstellungsarchitektur von Zaha, en los interiores multifacéticos del Guggenheim.

El Deutsche Guggenheim alberga entre tres y cuatro exhibiciones al año, muchas de las cuales son instalaciones especialmente encargadas a un artista de renombre. El diseño del programa corre por cuenta de ambos socios, el Deutsche Bank y la Solomon R. Guggenheim Foundation: a la nutrida colección de la red Guggenheim, el banco sumó su concepto Art at work, que desde 1979 ha acumulado más de 50.000 obras de arte, especialmente trabajos contemporáneos trabajados sobre papel. Fue en esa época que el Deutsche Bank comenzó con su serie de exhibiciones Artist of business year, que hoy continúa, y anualmente distingue la producción de un artista y la difunde por galerías de toda Europa. Multifacético, el programa del Deutsche Guggenheim se apoya en tres pilares principales. A la par de exhibiciones dedicadas a artistas o temas especiales, y enriquecidas con piezas cedidas por museos internacionales y colecciones privadas, la galería también se nutre de las obras de la Deutsche Bank Collection. Pero el tercer y más exclusivo componente del concepto se apoya en la presentación de instalaciones especialmente producidas para el hall del Deutsche Guggenheim. Además de las obras consagradas, el museo reserva espacio para difundir el trabajo de artistas que rara vez han recibido atención en Europa. La repercusión de Visions of Paris: Robert Delaunay’s series, y de Alter mountains and sea: Helen Frankenthaler 1956-1959 corroboraron el éxito de la propuesta. Gracias a su vínculo con otros museos del mundo, como el Albertina de Viena o museos de Rusia, el Guggenheim también ha logrado incorporar importantísimas muestras, como la austríaca From Dürer to Rauschenberg, o las sugestivas Amazons of the Avant-Garde y Kazimir Malevich. Pero al recorrer la galería las protagonistas son, por lo general, obras cedidas por coleccionistas privados. En los últimos meses han destacado proyectos como On the sublime: Mark Rothko, y las presentaciones de artistas contemporáneos como Yves Klein, Jamers Turrell o Eduardo Chilida.

Group Crinolines / Reifrockgesellschaft, 1909

Group Crinolines pintado por Kandinsky en 1909.

Otra de las presentaciones exitosas ha sido Bruce Nauman: Theaters of experience, acompañada por la música de John Cage y coreografías de Miwe Yanagu, en una experiencia que abrió nuevas perspectivas sobre la combinación de soportes en las instalaciones artísticas. Affinities, la más reciente exposición del Guggenheim, reunirá hasta fines de junio próximo obras de autores disímiles, pero conectados por afinidades de estilo. En la muestra convivirán el Group Crinolines (1909), de Wassily Kandinsky, uno de los artistas más importantes de la Bauhauss; The flying carriage (1913), de Marc Chagall; y obras más recientes como o.T. (1984) de Barbara Kruger y Kinder filmen XV (2005), de Isa Genzken.


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