DONALD TRUMP, PRESIDENTE ELECTO DE ESTADOS UNIDOS: ¿Y AHORA QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS?

0

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, se aseguró los votos necesarios para ganar en el Colegio Electoral, pero perdió claramente en el voto popular del país. De Barack Obama, el primer mandatario afroestadounidense, la balanza se ha inclinado paradójicamente hacia el elegido del Ku Klux Klan. El mundo ha quedado en estado de shock tras la elección. A medida que se conocen los nombres de los integrantes de su futuro gabinete y de otros cargos importantes, se va delineando un gobierno de extrema derecha que pocos podrían haber imaginado hace tan solo unas semanas atrás. El triunfo del candidato del Partido Republicano podría avivar la islamofobia, la misoginia, el racismo y el antisemitismo que caracterizaron a su campaña. Analizamos en estas páginas cada uno de los puntos urticantes que genera la llegada a la Casa Blanca del magnate.

Fotos: Vince Spencer / Edwin Taylor / Claire Molina / Kevin Schnipper / Maggie Fausset / Tim Barry / Larry Krauss / George Seligmann

Triumpar: cuando el que pierde las elecciones gana

Texto: Amy Goodman y Denis Moynihan (Democracy Now!)

El fundador del ministerio MorningStar, Rick Joyner, declaró que el presidente electo es “alguien a quien Jesús habría elegido”.

El fundador del ministerio MorningStar, Rick Joyner, declaró que el presidente electo es “alguien a quien Jesús habría elegido”.

En el lanzamiento de su campaña, el electo 45º presidente de Estados Unidos se refirió a los mexicanos como “violadores” y prometió construir un muro a lo largo de la frontera con México (y hacer que México pague por él). Además, propuso prohibir el ingreso a Estados Unidos a todos los musulmanes, insultó a personas discapacitadas, se jactó de haber cometido agresiones sexuales, negó el cambio climático y dijo que enviaría a la cárcel a su candidata rival, Hillary Clinton. Dada la actual composición del Congreso, donde el Partido Republicano cuenta con la mayoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, el poder de Trump podría quedar prácticamente fuera de control.

Mientras en el resto del mundo el resultado de las elecciones ha causado estupor y el derrumbe de los mercados financieros, aquí en Estados Unidos, los analistas políticos de Washington se apresuran a hacer su “mea culpa” y las encuestadoras intentan explicar el fracaso de sus métodos científicos. Este malestar político realmente no tiene precedentes en la historia de Estados Unidos. Tras la conclusión de este proceso electoral, que fue extremadamente agresivo, a menudo grosero, extremadamente costoso y agotadoramente largo, predominan dos interrogantes: “¿Cómo llegamos a este resultado?” y “¿Hacia dónde vamos desde aquí?”

En primer lugar, la campaña de Trump fue abiertamente racista, y eso parece haber motivado a una aterradora cantidad de votantes. Al incremento de votantes blancos, se sumaron belicosas iniciativas tendientes a reducir la cantidad de votantes de color. Se trata de las primeras elecciones nacionales en más de cincuenta años que se llevaron a cabo sin la totalidad de los amparos dispuestos por la Ley de Derecho al Voto de 1965. En el sur, inclusive en dos estados decisivos como Florida y Carolina del Norte, florecieron esfuerzos sistemáticos para restringir el voto en el seno de las comunidades de color.

La campaña de Trump fue abiertamente racista, y eso parece haber motivado a una aterradora cantidad de votantes.

Los medios de comunicación tuvieron un papel fundamental a la hora de crear al mandatario electo Donald Trump. El Informe Tyndall, que contabiliza la cantidad de tiempo al aire destinado a distintos temas y candidatos en las principales cadenas de noticias, realizó un compendio de la cobertura realizada por los medios en 2015 de los diferentes postulantes. Trump ocupó 327 minutos de aire, o casi una tercera parte de todo el tiempo dedicado a la cobertura de campaña, en un momento en que aún contaba con dieciséis rivales dentro de la contienda del Partido Republicano.

En EE.UU., hay 892 grupos de odio, según el registro de 2015 del Southern Poverty Law Center, la institución de referencia.

Según Tyndall, el noticioso de ABC “World News Tonight” dedicó 81 minutos de aire a informes sobre Trump, en comparación con solo 20 segundos destinados a información sobre el precandidato presidencial demócrata Bernie Sanders. El 15 de marzo de 2016, después del día de elecciones primarias que recibió el nombre de “Súper Martes 3”, las cadenas emitieron los discursos de todos los candidatos, salvo el de Sanders. En realidad, las cadenas emplearon más tiempo a mostrar el podio vacío de Trump, dejando pasar los minutos con comentarios de relleno hasta que empezó a hablar, que a transmitir alguna de las palabras pronunciadas por Sanders, que se dirigió a la mayor de las multitudes congregadas esa noche.

Este 2016, durante una conferencia sobre la industria de los medios de comunicación organizada por Morgan Stanley, el director ejecutivo de CBS, Leslie Moonves, dijo en relación al volumen de los avisos publicitarios políticos que el “circo” de la campaña de Trump resultaba atractivo: “Podrá no ser bueno para Estados Unidos, pero es de lo más conveniente para CBS. Es todo lo que tengo para decir. ¿Qué puedo decirles? Ingresa dinero en grandes cantidades”. Como afirma el lingüista de renombre mundial y disidente político Noam Chomsky: “Los medios de comunicación fabrican consentimiento”.

Otro elemento que contribuyó a la inesperada victoria de Trump es el FBI. El 28 de octubre, el director del organismo, James Comey, envió una carta a legisladores republicanos en la que sugería que se habían descubierto más correos electrónicos “que parecerían ser relevantes para la investigación” sobre el servidor privado de correo electrónico de Hillary Clinton. Eso fue once días antes de las elecciones. Nueve días después, Comey declaró públicamente que esos correos electrónicos no habían aportado nada nuevo. Durante esas nueve jornadas, estaba en pleno transcurso el proceso de votación anticipada, con Hillary Clinton bajo la sombra de una posible nueva investigación por parte del FBI. Según el Business Insider, en ese período se emitieron 24 millones de sufragios. Nunca se podrá saber cuántos votos puede haber perdido Clinton a consecuencia de esa intervención del FBI. Como sostuvo el periodista Allan Nairn en el programa de “Democracy Now!”: “Se puede decir con total justicia que el FBI inclinó las elecciones a favor de Trump. Y no creo que nadie haya dicho alguna vez que el primer director del FBI, J. Edgar Hoover, cambió el resultado de elecciones presidenciales”.

Este malestar político realmente no tiene precedentes en la historia de Estados Unidos.

Hillary Clinton obtuvo la mayoría de los votos directos de la población, pero Trump la venció en el Colegio Electoral. La noche de las elecciones de 2012, Trump publicó en Twitter: “El colegio electoral es un desastre para la democracia”. Pero es así como Trump asumirá el cargo que conlleva más poder en el mundo, la presidencia de Estados Unidos. Sin embargo, existe una fuerza aún más poderosa: los movimientos sociales. En el transcurso de las horas siguientes al discurso pronunciado por Trump tras la victoria, se comenzaron a organizar manifestaciones en todo el país. En Marruecos, donde el día anterior a las elecciones se inició la conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, delegados que participaban de las negociaciones, activistas ambientales y personas afectadas de todo el mundo arreglaron reuniones ad hoc por temor a que Trump pueda hacer naufragar todo el Acuerdo de París sobre el cambio climático.

Donald Trump cerró el discurso que pronunció tras su victoria con las siguientes palabras: “Solo puedo decir que aunque la campaña terminó, nuestra labor en realidad recién empieza”. Para las millones de personas de todo el mundo comprometidas con oponerse a la peligrosa y divisiva agenda de Trump, su labor también recién empieza.

Ofensiva de Trump contra indocumentados avivará crisis migratoria

Texto: Emilio Godoy

“No es mi presidente”: decenas de miles de personas salieron a la calle, cortaron el tránsito y se manifestaron contra Trump.

Mientras digieren el triunfo de Donald Trump, organizaciones de defensa de inmigrantes y los gobiernos de los países emisores de migrantes temen una crisis migratoria de grandes proporciones. El próximo inquilino de la Casa Blanca precisó el domingo 13 de noviembre que en cuanto tome posesión del cargo deportará a unos tres millones de migrantes en situación irregular, que según sus cálculos son aquellos con antecedentes delictivos.

“La política de Trump agravaría la situación migratoria”, sentenció Alberto Donis, colaborador de Hermanos en el Camino, uno de los primeros albergues mexicanos para migrantes, que actualmente acoge unos 200 indocumentados, mayoritariamente de Guatemala, Honduras y El Salvador. “Con Trump, no sabemos qué más va a ejecutar, pero será peor de lo que tenemos. Con lo que pasó en las elecciones, la gente que no va a cruzar se va a quedar acá. México será un país de destino. ¿Y qué hace? Detenerlos y deportarlos”, reflexionó.

Durante los últimos ocho años, la administración saliente del presidente Barack Obama ha aplicado políticas migratorias contradictorias, que han evidenciado la escasa influencia de los países emisores en las medidas internas estadounidenses. Por un lado, estableció en 2012 la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (Daca, por sus siglas en inglés) en situación irregular, que suspende su deportación. Similar beneficio creó en 2014 la Acción Diferida para Padres (indocumentados) de Estadounidenses y Residentes legales (Dapa, por sus siglas en inglés). Sin embargo, la Dapa está suspendida desde febrero por un tribunal y se da por hecho que Trump anulará las dos medidas al llegar al poder.

No obstante, por otro lado, Obama ha roto el récord de deportación de migrantes. Desde 2009, su administración expulsó a más de dos millones de migrantes, mayoritariamente de México y América Central. Tan solo en 2015, las autoridades migratorias estadounidenses deportaron a 146.132 mexicanos, un aumento del 56% respecto al año anterior, a 33.249 guatemaltecos (14% menos que en 2014), 21.920 salvadoreños (semejante al año previo) y 20.309 hondureños (una baja del 9%).

Algunas organizaciones de defensa de inmigrantes dudan del cumplimiento de las amenazas de Trump, por sus secuelas sociales y económicas.

Cada año unas 500 mil personas se internan por la frontera sur mexicana para cruzar el país e ingresar a Estados Unidos por la frontera terrestre de 3185 kilómetros de longitud que divide a los dos países, según cifras de organizaciones a favor de los derechos de los migrantes y de especialistas. En los nueve primeros meses de 2016, México expulsó a 43.200 guatemaltecos, 38.925 hondureños y 22.582 salvadoreños. Los activistas achacan al Plan Integral Frontera Sur, aplicado desde agosto de 2014 por el gobierno mexicano con ayuda del de Estados Unidos, la ofensiva contra los extranjeros en situación irregular. Ese plan incluye la instalación de doce bases en los ríos de la zona y tres cordones de seguridad al norte del límite fronterizo.

Ahora bien, algunas organizaciones de defensa de inmigrantes dudan del cumplimiento de las amenazas de Trump, por sus secuelas sociales y económicas. “Dice tantas barbaridades que uno no se puede imaginar qué puede hacer. Es un hombre de negocios y no creo que arriesgue la mano de obra barata. Nada tiene sentido, no es más que la xenofobia y el racismo. Estados Unidos va a enfrentar consecuencias de largo plazo por eso”, señaló la directora ejecutiva del no gubernamental Movimiento Migrante Mesoamericano, Marta Sánchez.

Si bien México, Guatemala, Honduras y El Salvador han dicho que la victoria de Trump estaba en sus previsiones, no parece haberse ideado hasta ahora un plan para lidiar con las promesas xenófobas del magnate estadounidense y su populismo de derecha extrema. El impacto se verá directamente en las economías por la caída de las remesas de los emigrantes que, en el caso de El Salvador, por ejemplo, aportan el 17% del producto interno bruto. Aunque también la economía estadounidense sufriría. El conservador Foro de Acción Estadounidense calculó tras el triunfo de Trump que la deportación masiva de indocumentados ocasionaría una caída de la economía interna de un 2% y una pérdida de entre 381.500 y 623.200 millones de dólares de producción privada.

Acuerdo con Irán será clave en la relación de Trump y la OTAN

Texto: Eli Clifton y Jim Lobe

En política exterior, los comentarios del presidente electo Donald Trump sobre el acuerdo nuclear con Irán son los más sorprendentes. Trump declaró que “su prioridad número uno será desmantelar el desastroso acuerdo con Irán”, una promesa lanzada en una conferencia del Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC, por sus siglas en inglés) en marzo, y que ahora será la primera prueba para evaluar su relación con sus aliados en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Si Trump quiere liberar a Estados Unidos de la OTAN, la mayor parte de la discusión se dará a puertas cerradas.

Trump anunció que abandonará el mando total de sus empresas para centrarse en hacer a “Estados Unidos grande de nuevo”.

Trump anunció que abandonará el mando total de sus empresas para centrarse en hacer a “Estados Unidos grande de nuevo”.

Los opositores al acuerdo dentro del Partido Republicano reniegan de él a título personal, aunque nunca tuvieron que hacer frente a la posibilidad real de que un mandatario avanzara en esa dirección o de que, incluso, encabezara la iniciativa. Un argumento clave a favor del acuerdo, que sin duda se le hará al equipo de política exterior de Trump, así como a los miembros del Senado y de la Cámara de Representantes, es que renegar del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés) será mucho más contraproducente que el simple deterioro de las relaciones con la República Islámica.

Entre los perjuicios se destacan la posibilidad de que Irán reanude el enriquecimiento de uranio y de dar marcha atrás a la posible cooperación en varias áreas como la lucha contra el Estado Islámico en Siria e Irak, y en los esfuerzos para estabilizar a Afganistán. Además, romper el convenio podría significar quebrar la confianza entre Estados Unidos y otros países del llamado P5+1, Alemania, China, Francia, Gran Bretaña y Rusia, con los que la República Islámica suscribió el pacto para frenar el enriquecimiento de uranio a cambio del alivio de sanciones, lo que se hizo mediante tratados comerciales y el acceso al sistema bancario europeo.

Desde la fundación misma de la alianza militar, en 1949, tantos demócratas como republicanos tuvieron la política de mantener buenas relaciones con sus aliados de la OTAN y de cimentar la confianza mutua. No obstante, Trump ya dio a entender que no se opone a romper con sus aliados históricos de Europa y Asia. El presidente electo se cuestionó si Estados Unidos debe seguir garantizando la seguridad de países que no “cumplieron sus obligaciones” con la nación y amenazó con retirar a las fuerzas estadounidenses de países europeos y asiáticos de la OTAN si sus aliados no estaban dispuestos a pagar más para proteger a Washington.

Declaraciones como esas y sus cuestionamientos sobre si Estados Unidos debe mejorar sus relaciones con Rusia ya generaron preocupación entre las autoridades de la OTAN. Tras el triunfo de Trump, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, lo felicitó, pero también le recordó las obligaciones de Washington. “La garantía de seguridad de la OTAN es un compromiso del tratado. Todos los aliados realizaron un compromiso solemne de mutua defensa. Eso es algo absolutamente incondicional”, precisó.

De hecho, si Trump quiere liberar a Estados Unidos de la OTAN, la mayor parte de la discusión se dará a puertas cerradas para negociar cuánto contribuye cada miembro de la coalición en términos militares y económicos. No obstante, el JCPOA presenta una prueba inmediata y pública sobre cuáles son las intenciones del gobierno de Trump con respecto a los aliados transatlánticos de Washington. Sin duda, el presidente electo está bajo presión para considerar la posibilidad de romper el acuerdo nuclear con Irán de forma unilateral. Su mayor donante individual, el multimillonario Sheldon Adelson, se opone de forma rotunda al acuerdo. Además, financió a muchos grupos y dirigentes políticos que trataron de desbaratar las negociaciones entre el P5+1 e Irán y propuso como táctica, lanzar un ataque nuclear contra la República Islámica.

El ex presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, quien podría ser el próximo secretario de Estado, reclamó que se rompiera el JCPOA el día mismo de la asunción de mando. Durante la campaña electoral de 2012, cuando Gringrich aspiró a ser candidato a la presidencia por el Partido Republicano, recibió el apoyo casi único de Adelson, quien aportó 15 millones de dólares. El Partido Republicano, en general, que se ha beneficiado enormemente de la generosidad de Adleson, buscó varias veces imponer sanciones unilaterales contra Irán desde que se selló el convenio en 2015. Es posible que Trump no esté interesado en anular (o “renegociar”) de inmediato el acuerdo de las seis partes, pero, sin duda, algunos legisladores republicanos lanzarán una iniciativa en ese sentido y él tendrá que decidir si le da luz verde o la frena.

El 20 de enero, analistas en política exterior de Estados Unidos y de los aliados de la OTAN observarán de cerca la situación para ver cuál es el enfoque que el nuevo presidente le da al logro de su predecesor, un acuerdo alcanzado con los aliados más cercanos de este país y sus mayores socios comerciales. Será una prueba de fuego sobre cómo será el gobierno de Trump, con o contra sus aliados en la OTAN, el pilar más importante y exitoso en materia de política exterior de Estados Unidos al término de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Y, por supuesto, si el gobierno de Trump rompe el acuerdo, otros aliados clave de Washington, como Corea del Sur o Japón, así como otros posibles que crearon nuevos vínculos comerciales con Irán, en especial India, estarán tomando nota.

Cuba: sin Fidel, ¿sin Trump?

El presidente electo, Donald Trump, ha manifestado su rechazo a la distensión en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Después de la noticia de su muerte, Trump indicó que Fidel Castro fue un “dictador brutal que oprimió a su propio pueblo durante casi seis décadas”. Además, Trump ha prometido interrumpir las relaciones democráticas si considera que sus nuevas demandas no se verán satisfechas. Su asesora, Kellyanne Conway, afirmó: “Estamos habilitando vuelos comerciales hacia allí. Decimos que estamos abriendo las relaciones comerciales con el pueblo cubano, pero realmente lo estamos haciendo con el gobierno y el ejército de Cuba. Trump ha dejado muy en claro que la principal prioridad ahora es garantizar que los cubanos tengan en Cuba las mismas libertades que tienen los cubanos aquí, en Estados Unidos, lo que significa libertad política, religiosa y económica. Garantizar que los presos políticos sean finalmente puestos en libertad y garantizar que los fugitivos estadounidenses cumplan la ley”.

En cambio, el experto Peter Kornbluh, director del proyecto Cuba del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, priorizó otro aspecto: “Los cubanos siempre han querido normalizar las relaciones con Estados Unidos. Fidel Castro quería validar la revolución cubana en una coexistencia pacífica con Estados Unidos. Cuba hubiera preferido no tener que vivir bajo la amenaza constante del coloso del norte a su seguridad nacional. Y a eso esperaban llegar como resultado de llevar a cabo relaciones normales. Y la situación actual es que si Trump lo desea, puede revertir estos grandes logros que están sucediendo en este mismo momento, con los vuelos directos a La Habana y decenas de miles de estadounidenses viajando”.

Sucede que empresarios y cubanos residentes en Estados Unidos están mayoritariamente a favor del deshielo. Durante la primera mitad de 2016, arribaron a la isla 2.147.912 visitantes internacionales, de los cuales 136.913 fueron estadounidenses que subieron en un 80% respecto al mismo periodo de 2015, según la Oficina Nacional de Estadística e Información. La industria del ocio, el segundo renglón de la economía cubana, ingresó en ese tiempo más de 1200 millones de dólares, de acuerdo con las cuentas que incluyen solo la parte estatal.

La ONU está alerta por amenazas de Trump contra acuerdos multilaterales

Texto: Thalif Deen

Washington-La Habana. Trump fue inclemente con el fallecido líder cubano. Todo indica que endurecerá la política hacia Cuba.

Washington-La Habana. Trump fue inclemente con el fallecido líder cubano. Todo indica que endurecerá la política hacia Cuba.

La mayoría de las propuestas de campaña de Trump, que atentan contra convenciones o acuerdos multilaterales de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), incluida la Convención sobre los Refugiados de 1951 y el Acuerdo de París sobre cambio climático, pueden haber dejado consecuencias negativas en el foro mundial. Pero menos de una semana después de su triunfo electoral, Trump se retractó de algunas de sus proposiciones, sumiendo a la ONU en la incertidumbre. El portavoz del foro mundial, Farhan Haq, declaró el lunes 14 de noviembre: “Tendremos que esperar y ver cómo es el nuevo gobierno una vez que asuma. Hemos generado conciencia entre todos los gobernantes sobre los problemas que pueden surgir si no cumplimos con los compromisos hechos en París”, donde se firmó el Acuerdo en 2015. Además, señaló que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien habló brevemente por teléfono con Trump tras su triunfo electoral, cree que el gobierno de Estados Unidos desempeñó un papel de liderazgo en los últimos meses ayudando a la comunidad internacional a avanzar hacia la entrada en vigor del Acuerdo de París y “necesitamos seguir con eso”.

Otro asunto que habrá que ver, analizó Ian Williams, ex corresponsal en la ONU para The Nation y actual para The Tribune, es cuán serio es Trump cuando menciona su posición contra los musulmanes y sus prejuicios hacia los mexicanos. “Sabemos que no tiene reparos en venderle apartamentos a insípidos jeques árabes ni ningún prejuicio particular para emplear inmigrantes indocumentados que trabajan por menos. Si tenemos suerte, su intolerancia oral fue por mera conveniencia para arengar a las masas”, opinó.

Es probable que en los primeros 100 días de su gobierno tenga que tragarse bastantes palabras al enfrentarse a la realidad de la ley y del Estado.

Y para compensar su retórica antimusulmana, a principios de 2016 se comprometió a hacer que Israel pague por sus armas. Sin embargo, es probable que en los primeros 100 días de su gobierno tenga que tragarse bastantes palabras al enfrentarse a la realidad de la ley y del Estado. Williams señaló que Trump no ha demostrado tener un fetichismo ideológico. Lanza sus prejuicios libremente y, obviamente, se deleita del entusiasmo que despierta en la gente. “Pero el vacío ideológico puede ser peligroso porque se rodeó de una mezcla de ideólogos y aduladores prejuiciosos”, apuntó.

Por su parte, Norman Solomon, del Institute for Public Accuracy, precisó: “No podemos predecir su apoyo a la ONU o a los acuerdos internacionales, al contrario, su hostilidad hacia el Acuerdo de París se basa en su ignorante negación de las causas humanas del cambio climático, mientras su desprecio por el acuerdo con Irán es un disparate peligroso”, manifestó. “Sin embargo, la actitud de Trump hacia Rusia podría, si la mantiene durante su presidencia, ser un cambio positivo respecto de las políticas bélicas que se fueron asentando durante el gobierno de Obama”, precisó, aunque ponga nerviosos a los gobernantes de muchos países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). “Su intención de no mantener el tono agresivo hacia el Kremlin podría, incluso, ser saludable para Europa”, acotó Solomon.

Williams concluyó que Trump es una gran incógnita, pues no comparte la urgencia de los neoconservadores de rediseñar el mundo y “se expresó contra las intervenciones extranjeras, pero presiento que al final la seducción del poder lo tentarán y lo harán hablar fuerte y llevar la batuta en el concierto internacional. Aunque su enorme ego y su manifiesta falta de confianza en sí mismo sugieren que otros gobernantes podrían adularlo y conducirlo hacia la cordura”.

Solo el comienzo del ciclo

El periodista Glenn Greenwald señaló en el programa “Democracy Now!” la analogía existente entre el Brexit, la decisión tomada por la población británica de salir de la Unión Europea, y los votantes de Donald Trump. Aquí algunos extractos.

“De la gente que apoyaba el Brexit y de la gente que apoyaba a Trump, nadie supo realmente nada; solo se habló de ellos en un tono bastante despectivo. Se los trató de trogloditas. Se los trató de idiotas ignorantes. Se los trató de gente motivada por la malicia, el racismo y la xenofobia. Es decir, que se los miraba casi como a animales del zoológico o cosas a las que inspeccionar y condenar. Y como esta élite formadora de opinión estaba tan unificada, en ambos casos, eso hizo que mucha gente creyera que la victoria era segura.”

“Dentro de esos grupos elitistas formadores de opinión, nadie pensó que el Brexit ganaría, y lo mismo sucedió con Trump. Además, ni antes ni después de estos resultados, se ve que haya habido ninguna idea de asumir responsabilidades. ¿Por qué hay tanta gente que quiere salir de la Unión Europea? ¿Por qué hay tanta gente que apoya a esta persona que se sale tanto de la norma? No se asume ninguna responsabilidad ni se hace ninguna autocrítica. Solo es una forma de distraer la atención de la propia responsabilidad, simplemente esparciendo el odio y la repulsión hacia la gente que cometió la insubordinación.”

“Como resultado de todo esto tenemos esas tendencias que crecen durante décadas, en las que decenas de millones de personas han sido maltratadas por las políticas implementadas por las instituciones que ejercen la autoridad en Occidente; gente que, básicamente, ha sido invisible e ignorada. Y mientras más se ignore y se desprecie a la gente, mientras más se le diga que sus quejas no son válidas, tanto más propensa será esa gente a buscar chivos expiatorios; tanto más crecerá su intolerancia y tanto más querrá destruir los sistemas e instituciones que considera responsables de su sufrimiento.”

“Entonces, mucha de la gente que votó “sí” al Brexit y mucha de la gente que votó por Trump, entiende perfectamente todos los argumentos que explican, en ambos casos, por qué son decisiones potencialmente destructivas y peligrosas. Y votaron así, no a pesar de ello, sino precisamente por eso, porque quieren castigar, y en última instancia destruir, esas instituciones en las que ya no tienen ningún tipo de confianza y a las que consideran responsables del sufrimiento y la falta de seguridades que experimentan en sus vidas, sin que a nadie le importe realmente lo que les pasa. Y mientras sigamos sin hacer frente a estos problemas y mientras las instituciones de poder no asuman su responsabilidad, todas esas cosas se van a seguir estropeando y empeorando. Y es ciertamente posible que Trump y el Brexit no sean el punto más alto de esta situación que tanto nos alarma, sino solo el comienzo del ciclo.”

 

 


Compartir.

Dejar un Comentario