VIH EN LA JUVENTUD AFRICANA: ENTRE LA ESTIGMATIZACION Y LA ESPERANZA

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A veces, para muchos, Africa sólo reviste la espectacularidad de las cifras. Sin embargo, algunos números suelen ser elocuentes, más cuando se trata del contagio de enfermedades como el VIH: a fines del año pasado, la Unesco presentó datos de 21 países de la región en los que cada año hay 430 mil jóvenes infectados nuevos. Con esta progresión, se calcula que allí 2,6 millones de personas de 15 a 24 años conviven con el virus del sida. Todo esto nos llevó a sumergirnos en la realidad de tres países (Ghana, Zimbabue, Kenia) en donde el fenómeno se mueve entre la esperanza de la cura, el miedo a la estigmatización y las campañas de información masiva contra la pandemia.

Texto: Albert Oppong-Ansah (Ghana) / Jeffrey Moyo (Zimbabue) / Miriam Gathigah (Kenia) / Fotos: Elvina Osei / Johnet Bonsu / Thandeka Ndebele / Patrick Ndlovu / Ben Njeri

Con lágrimas en sus mejillas, la joven Zainab Salifu hace la fila en la unidad de atención del Hospital Universitario de Tamale, en el norte de Ghana. Más temprano, había recibido un diagnóstico positivo de VIH. A pesar de los cordiales consejos que recibió de la enfermera Felicity Bampo, Salifu, de 18 años, sentía que su mundo se desmoronaba. Como ella misma rememora, al recibir la noticia rompió a llorar desesperadamente y se tiró al piso. La gente la miraba horrorizada. Luego se le acercó un hombre de mediana edad, la tomó de la mano y la llevó a un rincón tranquilo.
Este hombre, Sulemana Sulley, le dio esperanzas. Le contó que había contraído el VIH (virus de inmunodeficiencia humana, causante del sida) 10 años atrás, cuando mantuvo una relación extramarital. Sin saberlo, contagió también a su esposa. Pero la pareja permaneció unida. Ambos reciben tratamiento antirretroviral y sus dos hijos están libres de VIH. “No es momento de llorar. Acepta tu condición. El VIH no es una condena a muerte. Concéntrate en tomar tus antirretrovirales, come bien y haz ejercicio. No estás sola, cualquiera puede infectarse con el virus. Mírame a mí”, le dijo a Salifu.
Sulley trabaja para Model of Hope (Ejemplo de esperanza), un grupo de voluntarios creado por los Servicios Católicos de Ayuda. En Tamale, sus 19 miembros se capacitaron como consejeros comunitarios por la Comisión Ghanesa de Lucha contra el Sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida). Con una población de 540 mil habitantes, la bulliciosa Tamale, 600 kilómetros al norte de Accra, la capital, es la cuarta ciudad más grande del país y un importante eje urbano en el norte.

Sulley aclara: “Muchos adolescentes se suicidaron en los últimos años luego de enterarse de que eran VIH positivos”.

AIDS In South Africa

Aún hay esperanza. Las nuevas infecciones entre los recién nacidos descendieron entre 2009 y 2012 en un 76% en Ghana.

Todos los martes y viernes, los días designados en el Hospital Universitario de Tamale para las pruebas de VIH y la entrega de antirretrovirales, son muchos los voluntarios que colaboran en la realización de diagnósticos y asisten a los pacientes que reciben tratamiento. La enfermera Bampo realiza los exámenes y aconseja a entre seis y diez jóvenes por jornada, la mayoría enviados por sus médicos: “Pocos llegan por su propia decisión. Las pruebas voluntarias no son populares entre los jóvenes porque tienen miedo a ser estigmatizados”.
Entre los jóvenes sexualmente activos de 15 a 24 años, sólo 4 de cada 10 mujeres y sólo 2 de cada 10 hombres se han hecho pruebas de VIH, reza la Encuesta Agrupada de Indicadores Múltiples de Ghana (MICS, por sus siglas en inglés), de 2011. “La mayoría de las personas son conscientes del VIH y de algunos de sus síntomas, aunque pocos saben que los antirretrovirales fortalecerán su sistema inmunológico para que puedan vivir más”, exhorta Bampo.
Ghana tiene una relativamente baja prevalencia –la proporción de individuos de un grupo que presenta una característica determinada en un momento determinado– de VIH, del 1,4%. En 2001 era del 2,3%. Pero esta baja prevalencia trae sus propios problemas: falta de familiaridad para el manejo de la enfermedad, altos niveles de estigma y poca tolerancia. Apenas el 6% de las mujeres y el 15% de los hombres de 15 años en adelante aceptan vincularse con personas VIH positivas, asegura la MICS.
Salifu, quien cursa último año en una escuela de formación profesional, revela que contrajo el virus de su primer y único novio, con quien rompió la relación. Pero aún no ha tenido el valor de informarle a él o a su familia de su diagnóstico, que recibió en diciembre de 2013. Como ella, siete de cada 10 mujeres ocultan a sus familias que están infectadas con el virus. Sulley atribuye esta situación a la propagada y errónea idea de que el VIH ocasiona la muerte en forma inmediata y de que uno se puede contagiar socializando con personas infectadas. En 2013, Sulley brindó consejería a 200 jóvenes, la mayoría estudiantes. Muchos tenían pensamientos suicidas, entonces él y sus colegas tuvieron que trabajar duro para enseñarles a vivir felices y positivamente. Sulley aclara: “Muchos adolescentes se suicidaron en los últimos años luego de enterarse de que eran VIH positivos”.
Nuhu Musah, coordinador de la Unidad de Apoyo para el VIH y el Sida en la Región Norte de Ghana, lamenta que la campaña “Conoce tu condición”, orientada a los jóvenes, se cancelara por falta de equipos para hacer los tests de la enfermedad. “Detuvimos todos nuestras pruebas gratuitas porque los equipos fueron destinados a mujeres embarazadas”, manifiesta. La campaña incluía programas mensuales de asistencia en comunidades y aprovechaba festividades nacionales, como el Día de la Independencia, para alentar la realización de pruebas de VIH.

“Mlambo no es la única en tener múltiples parejas sexuales ni en su temor a la prueba de VIH.”

Según Musah, en el norte hay cuatro centros que ofrecían exámenes y atención en salud sexual a adolescentes, pero carecen de recursos y no están funcionando. Esto no contribuye a mejorar las cifras de VIH juvenil en todo el país. Sólo cuatro de cada 10 hombres y mujeres de 15 a 24 años muestran un completo conocimiento sobre la enfermedad, concluyó la MICS. En la Región Norte se constató la menor proporción de personas con ese grado de conocimiento del sida, con un 17% contra el 47% en la Región de Gran Accra.
La investigación brindada por la MICS testimonia que Ghana está quedando lejos en su objetivo de lograr que el 95% de los jóvenes de 15 a 25 años estén plenamente informados sobre el VIH para 2015. “El conocimiento sobre la prevención y la transmisión del VIH todavía es bajo, a pesar de muchos años de sensibilización pública”, determinó el estudio.

Entre la esperanza y el estigma

En Kenia, las necesidades de los adolescentes con VIH son ignoradas, al igual que las vinculadas a la salud reproductiva.

Terror adolescente a la prueba de VIH en Zimbabue
Natalie Mlambo, de 17 años, tiene dos buenas razones para hacerse la prueba de VIH: mantiene relaciones sexuales sin protección con sus dos novios. Uno es un compañero de la escuela secundaria y el otro, mayor, trabaja en un banco y le da pequeños obsequios y dinero a cambio de sexo. “Sí, me acuesto con ambos. Y como mantengo relaciones sexuales exclusivamente con ellos, ya no usan condones”, reconoce Mlambo.
Pero Mlambo, un nombre ficticio a pedido de la fuente, le tiene terror a la prueba de VIH. “Es mejor quedarse en la oscuridad que saber que estoy frente a la muerte. El tratamiento no elimina la enfermedad”, expresa en referencia al sida. Mlambo cursa el último año de la escuela secundaria en el suburbio densamente poblado de Kuwadzana, en Harare, y no es la única en tener múltiples parejas sexuales ni en su temor a la prueba de VIH.
Esta resistencia adolescente al test de VIH es un asunto cotidiano para Felicia Chingundu, activista del grupo de apoyo en VIH/Sida en Shingai Batanai de Masvingo, una ciudad a 300 kilómetros al sudeste de Harare. ¿Por qué los adolescentes no se hacen la prueba? En la vecina Zambia, las jóvenes que tienen entre 15 y 19 años mencionaron el pavor al resultado entre los motivos para no realizarse la prueba de VIH, en una encuesta llevada a cabo en 2010 sobre el Comportamiento Sexual, que permitió respuestas múltiples.
Las entrevistadas seleccionaron el miedo de conocer el resultado (58%), miedo a la depresión y el suicidio (27%), miedo al estigma (24%), miedo a morir más rápidamente (24%) y no estar en riesgo de VIH (12%), como razones para no hacerse el test. “Los adolescentes practican conductas sexuales de riesgo pero apenas se les ve en los centros de pruebas”, asegura Chingundu. Zimbabue aplicó sólidos programas de prevención temprana en la década de 1990, a los cuales se atribuye haber bajado la incidencia de VIH del 24% en 2001 –una de las más altas del mundo– a menos del 15% en 2012, según el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (Onusida).
La población está sensibilizada sobre la pandemia, aunque una cascada de crisis políticas y económicas posteriores al año 2000 recortó numerosos planes antisida en este país de 12,5 millones de personas del sur de Africa. Más de la mitad de los jóvenes de 15 a 24 años tiene una noción amplia sobre el sida, reconoció la Encuesta de Salud Demográfica de 2011. La cifra es superior a la media en la región, pero el conocimiento no se traduce necesariamente en acción.
El Ministerio de Salud Pública implementó centros móviles que visitan las escuelas y clínicas para que puedan efectuarse las pruebas. Sin embargo, los jóvenes dicen que los centros no están diseñados para ellos. “La mayoría de los adolescentes no acuden a estos lugares porque sostienen que están llenos de adultos”, da la razón Mavis Chigara, coordinadora de la Red de Jóvenes contra el Sida del distrito de Mwenezi, en Masvingo. En 2012, su organización encuestó a 12.500 jóvenes de la zona y sólo el 5% se había hecho el test de VIH.

“Ella nunca asistió a una clínica prenatal, y dio a luz un bebé VIH positivo con una partera tradicional.”

“Las pruebas equivalen a una sentencia de muerte y la toma de medicamentos antirretrovirales es una carga para toda la vida”, alega Terrence Changara, un joven de 19 años de Highfield, un barrio de bajos ingresos en Harare. El estigma también desempeña un papel importante. Los nichos de discriminación persisten a pesar de los programas de tratamiento y las campañas de información masiva contra la pandemia. “Mis dos novios se burlan de las personas con VIH”, asegura Mlambo. En su opinión, esta actitud indicaría que no están afectados por el sida, porque de lo contrario serían más benévolos.
La Encuesta de Salud Demográfica de 2011 encontró tasas de incidencia próximas al 4% para los varones jóvenes y de poco más del 6% para las mujeres jóvenes. Los datos del censo nacional estiman en 3,1 millones la población de 15 a 24 años. Las pruebas pueden provocar terror, y contarle a un consejero que se mantuvieron relaciones sexuales de riesgo puede dar vergüenza, pero las ventajas son muchas. “Es importante que los jóvenes conozcan su estado de VIH, ya que les permitirá iniciar un tratamiento precoz y mejorar su salud”, observa Judith Sherman, especialista en VIH/Sida del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia en Zimbabue. “En los adolescentes mayores reducirá el riesgo de transmitir el virus a otra persona. Por último, ayuda a los adolescentes que no tienen VIH a mantenerse a sí mismos libres de la infección”, agrega.
A pesar del miedo, cuatro de cada 10 mujeres sexualmente activas de 15 a 19 años dijo haberse realizado la prueba de VIH en los últimos 12 meses, según la Encuesta de Salud Demográfica. Una razón frecuente para consumarla es que las jóvenes quedaron embarazadas y asisten a las clínicas prenatales. “Los adolescentes rara vez se realizan la prueba de VIH. Necesitan mucho apoyo para hacérsela”, apunta Mandy Chiwawa, consejera en sida de Harare.
Sin embargo, más personas de 15 a 24 años cumplen con las pruebas en comparación con la Encuesta de Salud Demográfica de 2006. El porcentaje de varones jóvenes sexualmente activos que las realizaron se triplicó hasta el 23%, mientras el número de mujeres jóvenes se quintuplicó hasta el 45%. El promedio en Africa baja al 22% para las mujeres y al 14% para los hombres. Queda un camino largo por recorrer y muchas Mlambo que necesitan ayuda para superar el miedo, aunque la tendencia es alentadora.

convivir con el virus

Real realidad. Las huelgas en el sector de la salud y la escasez de medicamentos afectan la prevención del VIH en Kenia.

Tambalea la lucha contra el VIH en Kenia
A comienzos de enero de 2008, durante la violencia que azotó a Kenia luego de unas disputadas elecciones generales, un hombre golpeó la puerta de la casa de Lucia Wakonyo, en el tugurio capitalino de Mathare. “El preguntaba por mi vecino, y yo le dije que no estaba. Me rogó que le diera refugio”, cuenta Wakonyo. La mujer abrió la puerta y comenzó la tragedia. “Me tiró al piso y me violó”, relata ella. Dos meses después, descubrió que estaba embarazada e infectada con VIH. Ella nunca asistió a una clínica prenatal, y dio a luz un bebé VIH positivo con una partera tradicional.
No obstante, su siguiente embarazo fue muy diferente. En 2012, Wakonyo trajo al mundo un bebé sano, tras haber recibido atención prenatal y un tratamiento de prevención de la transmisión de madre a hijo (PMTCT, por sus siglas en inglés). Wakonyo se benefició de un exitoso programa nacional de prevención, que redujo casi a la mitad las nuevas infecciones en niños y niñas entre 2009 y 2011. Sin embargo, ahora el PMTCT parece perder impulso. La cobertura cayó el 20% en el período 2011-2012, advierte el Informe de Progresos 2013 del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (Onusida).
“Cinco de cada 10 mujeres embarazadas VIH positivas no reciben medicamentos antirretrovirales para prevenir la transmisión de madre a hijo”, señala Zenawit Melesse, asesor regional de comunicaciones de Onusida. Además, explica que apenas el 11% de las kenianas que son VIH positivas y están embarazadas se someten a un régimen de dosis única de Nevirapine, que no es tan efectiva como una combinación de terapias antirretrovirales.
En 2012 se registraron 13 mil niños recién nacidos VIH positivos. La tasa de seroprevalencia en Kenia es del 6%, y va en moderada caída, afirma Onusida. Expertos coinciden en cuál es la principal razón detrás de la pérdida de ímpetu del PMTCP: las interrupciones en los servicios de salud. En diciembre de 2011, los médicos iniciaron una huelga exigiendo al gobierno que volcara más fondos al sector. En marzo de 2012, las enfermeras efectuaron un paro de dos semanas, y cinco meses después se le sumaron los médicos por casi otras tres. En 2013 hubo más protestas.
Durante las huelgas, Wakonyo apeló a la automedicación, tomando cualquier antirretroviral que pudiera encontrar, así como medicinas tradicionales, aunque no sabía que esto podría generarle una resistencia a los fármacos. “Puede ser que la aplicación del PMTCT se haya reducido, pero sólo sucedió durante las huelgas de médicos y de enfermeras, y debido a la falta de equipos. Aunque, en general, la aplicación del PMTCT va en aumento”, admite Simon Mueke, director interino de Servicios Médicos en el Ministerio de Salud.
Con este planteamiento coincide George Omondi, de la organización local Mujeres que luchan contra el sida en Kenia (WOFAK, por sus siglas en inglés): “El programa del PMTCT ha sido tan exitoso que ya no hablamos de prevención de la transmisión de madre a hijo, sino de eliminación de la transmisión”.
Por su parte, Onusida señala que Kenia está dando pasos correctos para fortalecer el PMTCT, como proveer servicios de maternidad gratuitos y al extender sus programas a madres lactantes en todo el país. “No se puede mejorar la cobertura del PMTCT si los servicios de salud materna no mejoran. En todo el país, sólo alrededor del 41% de las mujeres dan a luz en un hospital. En las provincias de Nyanza y Occidental sólo una cuarta parte de las mujeres dan a luz con la asistencia de enfermeras capacitadas. Cuando una mujer pare en su casa, no puede acceder a un completo tratamiento del PMTCT”, subraya el experto en salud reproductiva Joachim Osur.
Otro problema es lograr la universalidad de los test de VIH. Se estima que hay 1,5 millones de embarazos al año en Kenia. Entre 87 mil y 100 mil de las madres que se someten al test dan VIH positivo. “No todas las mujeres en atención prenatal aceptan someterse a una prueba de VIH. Las razones para evitarla son múltiples, pero el estigma sigue siendo clave. Lamentablemente, los trabajadores de la salud no pueden obligarlas, es su derecho aceptar el test o rechazarlo”, indica Osur. Algunas mujeres embarazadas visitan la clínica solo una vez. “Se hacen el test de VIH pero no regresan por los resultados”, asiente Osur.
A pesar de estos desafíos, Omondi sigue siendo optimista en que se puede alcanzar una reducción de la tasa de transmisión de VIH: “La exoneración de cuotas de maternidad en todos los hospitales públicos a partir de junio de 2013 ha tenido un efecto positivo en la salud materna en general. Pero es necesario que se tome conciencia sobre el VIH en las comunidades. Muchas mujeres se alejan de los servicios del PMTCT por miedo a ser estigmatizadas”.


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