EL MUNDO NANO: REVOLUCION EN FRASCO CHICO

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Desde hace varios años la Nanotecnología promete ser la nueva piedra filosofal de la ciencia moderna. Varias aplicaciones en medicina, ingeniería y biotecnología la convierten en una realidad, aunque todavía está lejos de cumplir todas las fantasías que se vaticinan desde su nacimiento. Desde máquinas capaces de surcar las venas del cuerpo humano, la generación de fuentes de energía alternativa y las computadoras del futuro, todo formará parte del mundo nano.

Texto: Miguel Distefano / Fotos: AP / AFP

Para hablar de Nanotecnología, paradójicamente, hay que pensar en grande. Y también hacer un poco de historia. Es que esta tecnología, que parece decidida a cambiar el mundo tal como se lo conoce, partió de un sueño temprano que tuvo, allá por 1959, el Premio Nobel de Física Richard Feynman. En aquel entonces, este hombre hablaba ya de la posibilidad de manipular los átomos a gusto, para crear nuevos y sofisticados objetos a un nivel apreciable sólo con potentes microscopios. Ensayar una definición de Nanotecnología es algo más bien difícil. No sólo porque es algo complicado, sino porque una sola no alcanzaría para la cantidad de campos que abarca. Se podría decir que es la creación y manipulación de materiales a un nivel de nanómetro (la milmillonésima parte de un metro). En un nanómetro caben entre tres y cinco átomos, uno de los elementos más pequeños que componen la materia. Pero la gran promesa de la Nanotecnología no es sólo el poder crear o modificar objetos materiales en su tamaño más ínfimo, sino además poder brindarle propiedades nuevas. Es precisamente a esta escala en donde cambian las propiedades físicas y químicas. Uno de los grandes objetivos de los difusores de la Nanotecnología es crear pequeñas máquinas capaces de entrar en el torrente sanguíneo para combatir virus y células cancerígenas. Las primeras pruebas –no en humanos, dicen, desde luego– ya están en pleno desarrollo. Pero también tiene otras aplicaciones: microchips que les darán a las computadoras actuales una velocidad diez veces mayor; microrrobots que podrán construir cualquier cosa o convertirse en fuentes de energía alternativa, prácticamente inagotables. Crear una especie de Lilliput –donde el objeto más pequeño que pueda discernir el ojo humano haría de Gulliver– permitiría, así, modificar todos y cada uno de los objetos que nos rodean, incluyendo el agua y la comida. Pero todavía es mucho más lo que se habla de lo que realmente se ha logrado llevar a cabo. Al separar ciencia de ficción, por ahora se está lejos de tener suficiente evidencia del real potencial de la Nanotecnología.

La tercera revolución

Si todas estas predicciones pueden llegar a convertirse en realidad, entonces estaríamos ante la presencia de una nueva era, una nueva revolución industrial. La Nanotecnología está en la mira de varias industrias: la militar, aeroespacial, automotriz y la construcción, entre otras. También, por supuesto, es objeto de estudios de varias ramas de la ciencia. La medicina es uno de los campos en los que se supone que tendrá el mayor impacto. En la actualidad lo que existe son investigaciones hechas por distintas universidades y laboratorios alrededor del planeta. En un trabajo realizado en la Universidad de Stanford, en Estados Unidos y publicado en la revista especializada Proceedings of the National Academy of Sciences, un equipo de científicos insertó tubos sintéticos microscópicos, o nanotubos de carbono, en células enfermas, tras exponerlos a luz cercana infrarroja usando un láser. De esta forma lograron acabar con las células, mientras que aquellas a las que no les insertaron los tubos no resultaron afectadas. En la Universidad Rice, una ingeniera desarrolló otra aplicación similar: utilizó un “nanoescudo”, un globo de silicio recubierto de oro de 1/20 el tamaño de un glóbulo rojo, para combatir las células cancerígenas en ratones, eliminándolas y dejando a salvo las otras. Investigadores de la Universidad de Texas, por su parte, demostraron que un nanotubo de carbono es capaz de transmitir señales eléctricas a las neuronas, con lo cual servirían para estimular células nerviosas dañadas del ojo, cerebro o la espina dorsal. Si bien la comunidad científica internacional observa estos resultados con creciente interés, se estima que pasarán todavía varios años antes de su aplicación en seres humanos.

Raros productos

Nanotecnologia

El origen de la nanotecnología se remonta a 1959, cuando el Premio Nobel de Física, Richard Feynman, comenzó a hablar sobre la manipulación de átomos para crear objetos a nivel microscópico.

Uno de los grandes desafíos del siglo XXI es encontrar materiales nuevos que puedan reemplazar las materias primas que están desapareciendo del planeta, debido a la voracidad con que el propio ser humano agota los recursos naturales. Así, por ejemplo, los nanotubos de carbono se constituyen en una alternativa al acero. Se trata de fibras muy fuertes, con propiedades sorprendentes, como el hecho de ser de 10 a 100 veces más fuerte que el acero y con la capacidad de conducir la corriente eléctrica mejor que los cables de cobre. Otras industrias también están avanzando en solucionar un tema que afectará en pocos años a toda la humanidad: la falta de agua potable. A sabiendas de que no toda el agua que nos rodea (y que compone el 70% del planeta) es apta para el consumo humano, muchas empresas están apostando a membranas compuestas por nanofibras, capaces de bloquear el paso de virus y bacterias. En cuanto a las computadoras del futuro, ya se dio un paso adelante: investigadores de distintas universidades de San Diego y Carolina del Sur ya desarrollaron estructuras a nano escala, que pueden funcionar como switches eléctricos. De esa manera, los chips tal como se conocen hasta ahora podrán ver reducidos su tamaño a un nivel que no está, todavía, ni en los sueños de Bill Gates, Steve Jobs o los muchachos de Google. Pero que no tardarán en aprovechar. A su vez, la miniaturización a niveles nanométricos de los componentes podría ayudar a que existan, por ejemplo, discos rígidos poderosos (hoy sólo reservados para super computadoras) en objetos tan disímiles como relojes de pulsera, teléfonos celulares o incluso en lapiceras. Los nanotubos de carbono, en tanto, también demostraron ser flexibles además de fuertes, con lo que la industria de los monitores ya les echó el ojo hace rato. Las pantallas capaces de doblarse o enrollarse empiezan tibiamente a ser una realidad, pero la aplicación de estas partículas les brindará, en un futuro cercano, posibilidades aún más increíbles. Llevar el diario del día en la billetera y hasta navegar por Internet desde un dispositivo del tamaño de una tarjeta de crédito será algo común.

Números grandes Según la mayoría de los estudios e investigaciones, las consecuencias de la aplicación de la Nanotecnología impactarán fuertemente en distintos sectores de la economía en los próximos años. Para tener una idea aproximada del interés que suscita, basta con un dato: sólo en Estados Unidos, durante 2005 se realizaron inversiones del orden de los 434,3 millones de dólares, un 121% más que los 196,4 millones del año anterior. Pero no sólo en los Estados Unidos se está dando este fenómeno. El gasto de fondos públicos y la inversión de capitales privados para el desarrollo de la Nanotecnología es muy fuerte también en Asia (cerca de los desembolsos estadounidenses), y un poco menos en Europa y otras regiones del globo. Y si bien muchos que apostaron antes de tiempo a esta tecnología no tuvieron las ganancias que esperaban, todos los analistas coinciden en que la paciencia les traerá su premio.

El futuro ya llegó

Actualmente existen cerca de 3.000 productos generados con Nanotecnología, la mayoría para usos industriales. Algunos de esos productos ya están en el mercado; como por ejemplo raquetas de tenis más resistentes y ligeras que las de sólo unos años atrás, debido a su composición a base de nanotubos. También es posible conseguir cosméticos con nanopartículas que facilitan la absorción, o lentes que no se rayan. Claro que no todas son rosas. Recientemente, en Australia hubo una polémica debido a la inclusión de nanopartículas en productos cosméticos y de limpieza. Algunos científicos sostienen que esas pequeñas partículas pueden resultar tóxicas, ya que penetrarían en la piel y podrían ser fatales para las células humanas. Aunque en muchos casos se trata de campañas de marketing (incluir la palabra “nano” en distintos productos es sinónimo de la última novedad), no se está hablando estrictamente de Nanotecnología. El debate acaba de empezar, y ya hay diversas organizaciones que empiezan a pedir una mayor regulación sobre un tema que va mucho más allá de los productos de cuidado y belleza personal. La Nanotecnología, así, con mayúscula, ya está entre nosotros. Aún le queda mucho camino por recorrer, pero es una realidad en plena germinación y prácticamente toda la comunidad científica coincide en que será parte de la composición de cualquier objeto del futuro cercano. Por sus implicancias y por sus aplicaciones prácticas, parece lejos de quedarse en una simple promesa. En ese sentido dista del boom que, en su momento, fue otro avance tecnológico como la realidad virtual (objeto de apasionamiento desmedido en la prensa, la industria cinematográfica y hasta algunas elementales aplicaciones que recién hoy, a más de diez años del anuncio, empiezan lentamente a ser realidad) y se asemeja, por la velocidad de su desarrollo, un poco más a la increíble realidad que es hoy en día la red de computadoras más grande jamás pensada: Internet.


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