EL PASO SIGUIENTE ES ACERCARSE A VENEZUELA: JESSE JACKSON

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Símbolo durante décadas de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, el reverendo Jesse Jackson, estrecho colaborador del asesinado Martin Luther King, encarna todavía la voz de la comunidad afroestadounidense. Quien fuera candidato a las primarias presidenciales del Partido Demócrata en dos ocasiones (1984 y 1988), rememora en esta entrevista la histórica Marcha sobre Washington, saluda el deshielo de las relaciones de Estados Unidos con Cuba y se involucra en la contienda demócrata.

Texto: Isabelle Kumar & Enrique Barrueco (Euronews) / Fotos: Robert Rich / Louise Aiken

ALMA MAGAZINE: Líder de los derechos civiles, clérigo, periodista y “ciudadano del mundo”: estos son algunos de los adjetivos que le describen. También se ha involucrado en asuntos de política exterior; y recientemente se ha entrevistado con Julian Assange. ¿Qué esperaba conseguir con este encuentro?

JESSIE JACKSON: Quería escucharle. He leído muchos de sus trabajos. Hubo una gran cantidad de estadounidenses y británicos, entre otros, protestando por la guerra de Irak; y al mismo tiempo la revelación de los métodos empleados allí… fue embarazoso, pero sólo puedo decir que la libertad de prensa importa y es correcta, y cualquier detención sin juicio está mal. Espero que su caso se pueda solucionar muy pronto.

AM: Me gustaría plantear un tema controvertido en Estados Unidos y en Europa: la inmigración. En el viejo continente se habla de una crisis migratoria con gente que llega a través del Mediterráneo. En Estados Unidos el presidente Barack Obama trató de introducir una amnistía para cinco millones de indocumentados que ha sido bloqueada. ¿Cree que Europa y Estados Unidos deben examinar la cuestión de la inmigración? ¿Cómo manejar esta situación?

J.J.: Europa y Estados Unidos son naciones ricas, y en parte mucho de lo que tienen viene de las naciones pobres. Hay una gran diferencia (en sanidad, en ingresos, en educación, en recursos), así que los que no tienen nada están desesperados por llegar a donde hay recursos. Por eso, o tendemos puentes y les ayudamos a desarrollarse, o afrontamos el asunto con barreras y confrontación. Espero que sean humanitarios en el proceso. La inmigración en Estados Unidos y en Europa es fundamentalmente la misma y viene de las mismas causas. Esta gente no deja su tierra en gran número porque quieran. Están hambrientos y desean que se respeten sus derechos.

“Tenemos que elegir paz en lugar de guerra.”

AM: En otros asuntos de política exterior, son bien conocidos sus viajes a Cuba en el pasado. Y ahora vemos las barras y estrellas ondear en la embajada en La Habana. ¿Cómo se siente?

J.J: Me hace sentir bien, es hacer lo correcto. Hay mucha fascinación con Cuba porque en 1959, asumámoslo, los afroestadounidenses y los latinos no podían votar, no tenían derechos humanos básicos; casi toda Latinoamérica estaba ocupada. Africa –de norte a sur– se hallaba bajo ocupación o colonialismo, y todas esas naciones encontraron esperanza en la supervivencia de Cuba. Ahora hemos vuelto a un buen punto de inicio para reforzar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, y eso es bueno. Espero que el acuerdo con Irán sea un éxito y que Venezuela sea la siguiente nación. Tenemos que elegir paz en lugar de guerra. Es lo correcto y es menos cara que la guerra.

AM: Me alegra que mencione los derechos humanos porque este es uno de contenciosos abiertos entre Estados Unidos y Cuba, hay mucha gente descontenta con la situación en el país caribeño. ¿Qué piensa de esto?

Su gran preocupación. Según el reverendo Jackson, “hemos alcanzado mucho, pero aún las inequidades son grandes”.

Su gran preocupación. Según el reverendo Jackson, “hemos alcanzado mucho, pero aún las inequidades son grandes”.

J.J.: Algunos no están satisfechos con la situación de los derechos humanos en Estados Unidos. Al fin y al cabo somos el 5% de la población mundial y tenemos al 25% de los presos del mundo. Tenemos nuestros propios retos en derechos humanos y seguro que ahora que nos comunicamos podremos trabajar en eso juntos. No estamos en posición de imponer un modelo a Cuba que no aplicamos a nosotros mismos.

AM: Ahora que la administración Obama está examinando todos estos temas, ¿cree que está acelerando un poco estos asuntos cuando podría haberlos tratado antes?

J.J.: Creo que hay un elemento de miedo en la reconexión con Cuba y que si lo hubiera hecho hace cinco años puede que no hubiera sido reelegido, pero la gente ahora siente que es el momento y que es lo justo. Lo mismo con Irán. Hay mucho miedo al acercamiento con Irán, aunque hay más miedo a que se aleje. Así que algunos políticos y militares saludan el acuerdo y otros lo rechazan. Creo que el presidente Obama tendrá que vetar cualquier oposición para atraer a Irán hacia una relación más comercial. Algo similar a lo que sucedió con Cuba. Y el paso siguiente es Venezuela. Digo Venezuela porque se encuentra en nuestro hemisferio, y debemos estar en paz con nuestro hemisferio.

AM: Menciona Venezuela, pero además hay asuntos que giran alrededor del gobierno de Nicolás Maduro: protestas, manifestaciones violentas que han estallado. ¿Piensa que hay un problema de derechos humanos en aquel país?

J.J.: Creo que es mejor hablar de derechos humanos que tratar de aislarles. También hay problemas con los derechos humanos en China y tenemos relaciones diplomáticas y comerciales. Ya sabemos que es mejor tratar el tema que el aislamiento. El muro de Berlín no funcionó en Alemania. Aislar a Cuba no ha funcionado. No ir a los Juegos Olímpicos en Rusia no funcionó. Hablar ayuda.

AM: En cuanto a la política interna en Estados Unidos, éste ha sido un año muy intenso en cuestiones ligadas a las relaciones raciales. Usted ha dicho que la brutalidad policial es una cuestión de clase y no sólo de raza. ¿Puede explicarlo?

J.J.: En 1865, tras 246 años de esclavitud, los africanos fueron liberados. Esto fue un impulso hacia adelante de la libertad y los grandes valores. Después hubo una reacción y en 70 años 4.200 afroestadounidenses fueron linchados como rechazo a este progreso. Hemos visto en los últimos 50 años problemas en relación al progreso. Y esto llega en forma de muertes y encarcelamientos. Aunque a fin de cuentas conseguimos avanzar. Hemos pasado de no poder votar a tener un presidente afroestadounidense. Hemos pasado de no tener expectativas a tenerlas todas. Derechos de los trabajadores, de las mujeres, de los niños. Todos estos derechos están amenazados, pero hay un tira y afloja por el alma de Estados Unidos y por el alma europea, y la gente que quiere luchar por la justicia no puede ser “corredor de corta distancia”, hay que ser “corredor de fondo”. En la batalla entre esperanza y miedo, la esperanza y la valentía deben prevalecer.

AM: Vayamos más allá del presidente Obama. ¿Habrá otros Obama en el futuro?

J.J.: Creo que veremos más mujeres, más gente de color que se atreva con el sueño, y estoy seguro de que pueden hacerlo muy bien. Me acuerdo de 1988, cuando el presidente Obama era un estudiante, y vio el debate demócrata en que estuve involucrado; se acercó y me dijo: “Podemos hacerlo”. Así que las semillas que plantas, uno no sabe nunca cuándo van a brotar, cuándo van a crecer. Hay mujeres cualificadas, como también hispanos y negros: sobra la gente preparada para ser presidente de Estados Unidos. Y creo que hay un buen número de personas que pueden soñar con ello. Y si uno sueña, puede hacer que eso suceda.

AM: Se ha cumplido otro aniversario de la histórica Marcha sobre Washington. ¿Cuáles son sus recuerdos de aquel 28 de agosto de 1963? ¿Cómo fue ese día?

“No estamos en posición de imponer un modelo a Cuba que no aplicamos a nosotros mismos.”

J.J.: Recuerdo haber llegado a Washington en aquel día de 1963, tras salir de la cárcel en Greensboro, en Carolina del Norte, por intentar utilizar los servicios públicos. Y eso me provocaba ansiedad, temor y esperanza. Ansiedad porque teníamos que ir a Washington y regresar. Miedo porque si conducías un auto y cruzabas la demarcación del estado con una matrícula diferente, te podía pasar cualquier cosa. Medgar Evers había sido asesinado el 12 de junio, el rastro de su sangre todavía se respiraba en el ambiente. Washington estaba prácticamente cerrada a cal y canto. El gobierno decía que podía haber incidentes. Por primera vez desde los tiempos de la Ley Seca cerraron todas las tiendas de venta de alcohol. Todos los policías trabajaron durante 18 horas seguidas y fueron movilizados los soldados de las cinco bases de la zona. El lugar estaba blindado. Y, sin embargo, pese a ello, surgió ese brote de esta flor maravillosa de gente, blancos y negros, alzándose juntos, cantando juntos, dándose ánimos unos a otros. Nuestro deseo de libertad y de dignidad era mayor que la resistencia a concedernos nuestros derechos.

AM: Más de cincuenta años después, ¿qué hay del sueño americano del que habló Martin Luther King?

J.J.: El sueño nunca fue algo inamovible. El sueño, en 1963, era terminar con la humillación. Me refiero a que los soldados negros tenían que sentarse detrás de los prisioneros de guerra nazis. El sueño era acabar con la falta de dignidad. Uno no podía dormir en un hotel ni en un motel, no podía comer en un restaurante público, ese era el sueño. Al año siguiente, el sueño fueron las leyes para que eso fuera ilegal. Al siguiente, el derecho de voto… después la libertad de residencia. El sueño era la campaña de la justicia e igualdad para los pobres, acabar con la guerra de Vietnam. Ahora somos libres, pero no somos iguales. A nivel legal, la segregación prácticamente no existe aunque las diferencias han aumentado. Todavía hay mucha pobreza, racismo, clasismo, violencia y guerra. Tenemos una tendencia a estar en guerra porque siempre estamos produciendo más armas y tenemos una adicción a la guerra.

AM: ¿Qué deben saber las generaciones actuales sobre el doctor King?

J.J.: Que era un hombre con un discurso que retaba a todas las leyes opresivas y que luchó para terminar la supremacía racista y contra la violencia.

“En la batalla entre esperanza y miedo, la esperanza y la valentía deben prevalecer.”

AM: El año que viene hay elecciones presidenciales. ¿Cuál cree que debería ser el tema principal de la carrera presidencial y quién es el mejor preparado para afrontarlo?

J.J.: La riqueza se queda arriba, la pobreza se extiende y la clase media se ahoga. Es por ello que por un lado vamos a tener a Donald Trump, que se centra en algunos miedos, y por otro a Bernie Sanders que se centra en la esperanza. Ambos hablan a la gente que se ha quedado excluida. No podemos descansar hasta que haya un compromiso, hasta que la gran casa llamada Estados Unidos no deje a nadie fuera.

AM: Ha mencionado al demócrata “esperanzador” Bernie Sanders, que es amigo suyo. ¿Eso significa que apoyará usted su nominación?

J.J.: Es prematuro hacer ese juicio. Hillary Clinton va a hacer una excelente campaña. Ahora mismo lidera las encuestas. Ha pagado sus deudas. Ella cumple todos los requisitos para ser la próxima presidenta y hasta ahora está ganando.

AM: Finalmente, ¿cuál es su mayor preocupación? ¿Qué le hace pasar las noches en vela?

J.J.: Estoy perplejo por nuestra inclinación a la guerra, por la extrema concentración de la riqueza, la pérdida de la clase media por culpa de nuestro desequilibrio económico y por el aumento de la pobreza. La pobreza en nuestro país está alcanzando proporciones muy peligrosas. Demasiado odio, demasiada pobreza. De hecho, nosotros debemos soñar, vivir más allá de nuestros problemas diarios y cambiar nuestras prioridades.


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