EL SALVADOR: TURISMO REVOLUCIONARIO

0

La memoria de un sacerdote asesinado durante la guerra civil en El Salvador sigue tan viva en este pueblo, que ahora es el principal atractivo para una iniciativa turística comunitaria con la que se pretende generar el despegue económico de la zona. Esta nueva ruta se suma a otras tantas que revisan el pasado no muy lejano del conflicto bélico que asoló al país durante 12 años, dejando 75 mil muertos y al menos 8 mil desaparecidos.

Texto: Edgardo Ayala / Fotos: Vicente Contreras / Otoniel Imendia / Serafín Bonilla / Lilian Toruño

p05-grande-memorial-3-12-031Ruta Turística de la Memoria Histórica se llama el proyecto de El Paisnal, a 36 kilómetros al norte de San Salvador, en un esfuerzo en torno a la figura del sacerdote Rutilio Grande, un jesuita nacido en el pueblo, asesinado por fuerzas gubernamentales el 12 de marzo de 1977, en la etapa prebélica del conflicto. “El padre Rutilio enseñaba una palabra de liberación y de compromiso con los más necesitados, por eso lo mataron”, dice María Dolores Gómez, de 62 años y quien antes de incorporarse a la guerrilla, en 1980, fue catequista y conoció al cura. Ahora forma parte del Comité Municipal de Turismo de El Paisnal.

El proyecto turístico, cuya primera etapa arrancó en marzo, busca atraer visitantes interesados en el contexto político que se vivió antes, durante y después de la guerra civil en El Salvador, y sobre todo, de aquellos conocedores de la vida del célebre jesuita. Grande es reconocido como el primer sacerdote asesinado en El Salvador en el contexto de la guerra civil, que estalló oficialmente en 1980 y finalizó con los acuerdos de paz de 1992, con un saldo de 75 mil muertos y 8 mil desaparecidos.

Tras décadas de fraudes electorales, ejecutados por los militares y la oligarquía del país en el poder, los opositores conformaron una guerrilla que buscaba desalojar esos gobiernos castrenses y establecer un régimen socialista. Junto a Grande fueron también asesinados sus acompañantes Manuel Solórzano, que tenía 72 años, y Nelson Rutilio Lemus, de 16. Los tres están enterrados en la iglesia del pueblo, que es ya un lugar de peregrinaje de turistas nacionales e internacionales, y es una parada obligatoria en la flamante ruta turística.

Cambios radicales

Historiadores y teólogos coinciden en que la visión conservadora que tenía en los años 70 el entonces arzobispo de San Salvador, monseñor Oscar Arnulfo Romero, cambió radicalmente en favor de los pobres tras conocer el trabajo pastoral de Grande, y mucho más tras su homicidio. Romero mismo fue asesinado tres años más tarde, en marzo de 1980, mientras oficiaba misa en una pequeña capilla en San Salvador, por un francotirador asociado a los escuadrones de la muerte de la extrema derecha.

Sólo un mes antes de morir, en su homilía de Apopa, Grande pronunciará sus palabras programáticas: “El mundo material es para todos sin fronteras. Luego, una mesa común con manteles largos para todos, como esta eucaristía. Cada uno con su taburete. Y que para todos llegue la mesa, el mantel y el ‘con qué’, la construcción del reino que es la fraternidad de una mesa compartida”.

Por su parte, Romero le dedicó a Grande estas palabras a principios de marzo de 1978: “Tenemos en El Paisnal un jesuita mártir, su tumba es gloria de la Compañía de Jesús y es gloria de la iglesia. Abrámonos a los horizontes de la fe, creamos como creía el padre Grande, prediquemos una doctrina liberadora de la iglesia con esas perspectivas que no se mueren cuando lo matan a uno, sino que quedan flotando sobre la muerte para seguirse encarnando en aquellos que vienen detrás. Hemos venido a la tumba también del padre Grande y sabemos que en él palpita el espíritu del señor. Su memoria es esperanza para nuestro pueblo. Somos los que vamos a recoger su herencia; y el puesto que él dejó lo vamos a tratar de llenar bien”.

Por su parte, el entonces papa Juan Pablo II recordó a Romero a los días de su cruento asesinato: “Monseñor Romero fue atacado en el momento más sagrado. Nos hemos quedado todos sin palabras frente a un hecho de tanta violencia, que no se detuvo incluso frente a las escaleras de una iglesia. No es sólo su arquidiócesis, sino toda la iglesia la que sufre esta violencia inicua, que pisotea la bondad, la justicia, el valor y que, por encima de todo, ofende el Evangelio y su mensaje de amor, solidaridad y hermandad en Cristo”.

Perquin_muralLa Comisión de la Verdad, instaurada al concluir el conflicto por la Organización de las Naciones Unidas para investigar los crímenes políticos en el país, responsabilizó al mayor del ejército Roberto D’Aubuisson como el autor intelectual del magnicidio. D’Aubuisson fue el fundador del partido de la derecha extrema Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que gobernó El Salvador entre 1989 y 2009, cuando llegó al poder el ex guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que triunfó por segunda vez en marzo de 2014. Antes y durante la guerra, un sector de la iglesia católica salvadoreña se plegó a la teología de la liberación, que promovía la lucha contra la pobreza y rompía su tradicional alianza con los grupos de poder.

En estos días, hay gran agitación en ciertos sectores del país porque el papa Francisco ha alimentado la posibilidad de que monseñor Romero sea canonizado. El papa declaró que Romero murió como mártir de la fe católica. Venerado como un santo por mucha gente en América Latina, el santo padre está acelerando el largo proceso burocrático de reconocer al arzobispo como una de las figuras clave de la iglesia católica en el siglo XX. La decisión implica que Romero puede ser beatificado sin que se le atribuya un milagro. La beatificación es el paso antes de la santidad en la iglesia.

La beatificación de Romero había sido obstaculizada durante décadas por el Vaticano, debido a preocupaciones sobre las supuestas inclinaciones marxistas del sacerdote. “La verdad se ha abierto camino con la beatificación de monseñor Romero. Estamos muy contentos. La verdad siempre triunfa, la verdad lo reivindica, Dios lo ha reivindicado, la iglesia lo ha reivindicado”, subraya monseñor Ricardo Urioste, presidente de la Fundación Monseñor Romero.

Volver al pasado

El inicio de la nueva ruta turística arranca en el lugar conocido como Las Tres Cruces, a medio camino entre El Paisnal y Aguilares, donde un pequeño monumento recuerda el ametrallamiento del sacerdote Grande y sus acompañantes. “Tenemos delegaciones de visitantes extranjeros y locales que vienen a la conmemoración del asesinato del padre Grande, y el proyecto turístico busca crear la infraestructura necesaria para recibirlos mejor”, señala el concejal Alexander Torres.

Durante el itinerario se recorren senderos históricos, con vestigios de caseríos que desaparecieron a causa del conflicto, tumbas, trincheras, tatús (los refugios de los rebeldes), árboles centenarios que muestras las cicatrices de esos tiempos y que todavía bendicen a los pobladores con sus deliciosos frutos. Son muchas las paradas obligadas, en donde un guía explica lo que ahí sucedió, como un ex campamento, un hospital improvisado de la guerrilla, la cocina clandestina o los escondites secretos que eran tapados por tierra y lodo, los obrajes de añil y mucho más.

IMG_0389La alcaldía de El Paisnal va a invertir 350 mil dólares para establecer una infraestructura turística básica, como hostales rurales y pequeños restaurantes, que serán manejados por residentes del pueblo y de caseríos aledaños. “Lo bueno es que es la comunidad la que está participando activamente”, resalta el antiguo guerrillero Florentino Menjívar, de 62 años y esposo de María Dolores Gómez. “Esto está pensando para generar condiciones de crecimiento para nosotros, los habitantes de las comunidades”, agrega con la luz del sol resplandeciente sobre nuestras cabezas.

El matrimonio vive en la Comunidad Dimas Rodríguez, un asentamiento de ex guerrilleros levantado en diciembre de 1992, en las cercanías de El Paisnal, tras la desmovilización de los grupos armados. El asentamiento, que es parte de la ruta turística, lleva el nombre de Dimas Rodríguez en honor de uno de los comandantes que lideró a los rebeldes establecidos en el lugar, todos pertenecientes a las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), uno de los cinco grupos armados que integraron el FMLN.

Según el último registro, ahí viven 170 personas. Dimas Rodríguez no es la única población de ese tipo en la zona. También están las comunidades El Chagüite, Santiago Torres, Joya, Rutilio, Aradita y El Chaparral. En Dimas Rodríguez funciona una cooperativa que originalmente ofrecía talleres para el aprendizaje de carpintería y mecánica. Cada 15 de diciembre, fecha de fundación de la comunidad, los habitantes celebran una parada militar guerrillera para recordar a su comandante, muerto en combate en 1989, y mantener viva la historia del asentamiento, a la que concurren turistas nacionales y extranjeros.

En los últimos años también asisten funcionarios del gobierno que en el pasado fueron parte del asentamiento de ex combatientes. “El actual vicepresidente del país estuvo a cargo de esta concentración, cuando nos estábamos desmovilizando”, recuerda Víctor Escalante, en alusión a Oscar Ortiz, el número dos del gobierno de El Salvador, cuyo presidente desde junio de 2014 es el también ex guerrillero Salvador Sánchez Cerén.

Hay planes para iniciar un museo con las armas originales por los guerrilleros, pero que fueron inhabilitadas y cortadas en virtud de los acuerdos de paz. En una parcela boscosa se piensa recrear un campamento rebelde. “Yo conservo mi mochila y hay quienes tienen radios y otros artefactos de guerra, y entre todos podemos montar el museo”, afirma Escalante, de 45 años. Los vecinos están organizándose para proveer servicios a los turistas, y ya hay grupos trabajando en áreas de alimentación, artesanías y otras actividades vinculadas a la nueva actividad.

La realidad es que el empleo escasea en El Paisnal, con 4.500 habitantes, donde la mayoría se dedica a la agricultura y hasta ahora había pocas oportunidades de trabajar en otras áreas. La ruta es completada con un componente de ecoturismo, con la visita al cerro El Chino, a siete kilómetros de El Paisnal, y a la Conacastera, una playa en la ribera del río Lempa. También se contemplan visitas a la Cooperativa San Carlos, que se está adecuando para recibir y hospedar a turistas que quieran conocer de cerca los procesos de producción agrícola de la cooperativa.

Otros proyectos turísticos

Otras regiones del país han desarrollado desde hace varios años proyectos turísticos vinculados al conflicto. El pueblo de Perkín, en el norte del oriental departamento de Morazán, es el más conocido. Allí hay un museo donde se puede conocer el proceso de la guerra civil, con fusiles, piezas de artillería, helicópteros derribados por la guerrilla e incluso escondites subterráneos. Además, el establecimiento sirve como homenaje a los héroes y los mártires de esta cruenta historia. A través de sus montañas, antiguos combatientes guían a los turistas por túneles, tatús y lugares de especial significado con la historia del país.

En el cerro Guazapa, un bastión rebelde a unos 35 kilómetros al norte de San Salvador, desde principios de 2000 otros ex combatientes han forjado una asociación de propietarios de tierras que promueven el turismo en la ex conflictiva zona, llevando turistas nacionales y extranjeros por senderos en los que descubren campamentos y túneles en los que se refugiaban de los bombardeos y operaciones del ejército. Pero no sólo los huecos que construían en la tierra los protegían de los bombardeos, también se ayudaban de cuevas y otras formaciones naturales. Por ejemplo, se puede visitar “la guardería”, un pozo al lado de una caída de agua en época de lluvia, en la que enviaban a más de 70 niños cuando el ejército lanzaba las bombas.

En Cinquera, uno de los pueblos más golpeados por la guerra civil, el desarrollo apenas asoma, aunque aquí también antiguos guerrilleros tratan de mejorar sus condiciones de vida con el turismo revolucionario, donde las trincheras se mezclan con iniciativas ecológicas. Una serpenteante calle de tierra se adentra entre verdes cerros para llevar hasta el pequeño pueblo de 1.800 habitantes ubicado 70 kilómetros al noreste de San Salvador, en el cual muchos ex combatientes impulsan proyectos comunales de inclusión que abarcan el área turística, ecológica y comercial.

En el parque central, los visitantes se topan con el pasado de guerra: la cola de un helicóptero UH-1H que perteneció a la fuerza aérea y que fue derribado por la guerrilla en 1991, ha sido colocado como un monumento y es protegido por un cerco donde están pegados fusiles inservibles M-16 y AK-47. La iglesia católica de la localidad fue destruida por el ejército, aunque fue reconstruida y los habitantes conservaron la fachada de la antigua edificación, marcada de balazos. Las carcasas de hierro de cuatro grandes bombas inservibles se usan como campanas para convocar a misa o reuniones de los pobladores.

Y no podemos pasar por alto el City Tour Monseñor Romero, una ruta llena de sitios impregnados de la historia salvadoreña de los años 80, emprendimiento que decidió llevar a cabo el Ministerio de Turismo. Son seis horas de recorrido a través de diferentes guías, visitando diez lugares divididos entre las ciudades de San Salvador y Santa Tecla, y que de algún modo están relacionados con el mártir.

En este país, el más pequeño de América Central y con 6,7 millones de habitantes, el Ministerio de Turismo informó que los ingresos de divisas del sector sumaron 650 millones de dólares, durante el primer semestre de 2014, un incremento del 33,3% respecto al mismo período del año precedente.


Compartir.

Dejar un Comentario