ELVIS PRESLEY: LARGA VIDA AL REY

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Hizo del rock hecho por afroamericanos un ritmo universal. Vivió a la sombra de un hermano muerto al nacer. Su verdadero amor fue su madre. Era el rehén de su agente artístico. Perdió el rumbo frente a la aparición de Los Beatles. Se repuso y volvió a brillar en Las Vegas. Se drogó y engordó hasta límites fatales. Dijo adiós hace tres décadas, con sólo 42 años. Se llamaba Elvis, pero le decían El Rey. Aún es un icono popular. Aquí y ahora, cuatro escenas inéditas de una vida de película.

Texto: Raul Garcia Luna / Fotos: AFP / AP

TOMA 1: Elvis atormentado

ELVIS PRESLEY,PARENTS

El recluta. Presley abraza a su madre Gladys y recibe el apoyo de su padre, Vermon, antes de ingresar al ejército en 1958.

Impresiona la gran cantidad de celebridades con un temor irracional a ser confundidos con otros, o no ser ellos mismos, o estar locos. Tres casos: Da Vinci “hablaba” con un gnomo verde; Chaplin con su clown de bigotito y bastón; y Dalí con un hermano extinto. Igual que Elvis Aaron Presley Love (1935-1977), eterno adolescente signado por la desgracia de haber nacido junto a un gemelo que no viviría, pero que nunca lo dejaría en paz. Madre: la delgada costurera Gladys Love Smith Presley, que lo concibió en un parto difícil en un hospital público de Tupelo, en el sureño y mestizo Estado de Mississippi. El médico le repite a Gladys que no puede garantizar la supervivencia de ambos nonatos. Y ella está sola, y alguien debe tomar una decisión. El médico resuelve ayudar a nacer al primero, pero Gladys continúa estremecida por dolorosas contracciones que él no sabe cómo mitigar. –¡Ayuda! ¡Por favor, ayuda! –llama en vano el improvisado partero, con el delantal ensangrentado–. Y ahora Gladys da a luz a Jesse Garon, que morirá en pocos minutos. Y el médico, fuera de sus cabales, grita con pena y furia: –¡Otro igual… y lo perdí! ¿Por qué me dejaron solo, desgraciados? ¿Y dónde está su padre? ¿Y dónde se metieron mis maestros, mis colegas, Norteamérica toda? Nadie le responde, y pronto colgará el delantal para darse a la bebida. Fecha: 8 de enero de 1935. Días de huelgas, colapsos financieros, comerciantes quebrados, obreros desocupados, represión policial, ascenso de Hitler y otra Guerra Mundial en ciernes, y presuntos espías soviéticos en Estados Unidos. Éste es el verdadero marco social en que nació y creció Elvis, lejos de esos edulcorados relatos de infancia luego inventados. No se hablaba de otra cosa en el colegio, el barrio y la mesa familiar. Y esto lo llenó de fantásticos miedos a los gangsters, al comunismo y a la indigencia. Progreso y democracia, baluartes de la época, parecían derrumbarse ante su inmadura mirada. Jesse Garon es enterrado al día siguiente, en un pequeño ataúd blanco. En esa desolada ceremonia fúnebre no está la debilitada Gladys sino Vernon Presley, rudo marido que estruja su raído sombrero, tiembla, se santigua y gime: –Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa… Su esposa elige el nombre del muerto. Pero, ¿por qué Jesse? Por aquel granjero devenido asaltante de trenes después de un ardid legal que privó a la familia James de sus tierras… porque el ferrocarril pasaría por allí. Y Gladys, como tantos pobres, lo admira como si se tratase de un santo justiciero.

Easy Come, Easy Go

Elvis Presley protagonizó el filme Easy come, easy go (1967) de John Rich, por entonces exitoso director de cine y televisión.

Ella teme perder también a Elvis, y lo sobreprotege hasta bien entrada su adolescencia. Lo atiborra de golosinas, le confecciona ropa a medida, lo ama más que a su propia vida. Pero Elvis va a cumplir 15 años y sale poco, y engorda mucho: se siente un ave de corral, y a veces Gladys lo llama Jesse. –¡Por Dios, mamá! –le reprocha él, triste, perturbado–. Pero, ¿cuál es mi nombre? ¿Quién soy yo? –Tú eres… –vacila ella, intercalando pausas que a él lo ahogan–. Tú eres… Elvis Aaron, hijo de Smith y Presley, siervos de Jesucristo y obreros de Norteamérica. Nunca lo olvides, niño. Tú eres mi amor y yo tu amorcito. Entonces Elvis se calma y la ayuda a lavar sábanas, o a coser vestidos encargados por sus vecinas. O al revés, se lanza a las calles de Tupelo con el corazón roto y se mete en los barrios bajos, desafiando el peligro de lo “prohibido”. Allí se practica jazz y blues, y a Elvis le fascina espiar por las ventanas las fiestas de la gente de color. Aún no sabe por qué, pero ya ansía divertirse, vestirse y contonearse como ellos: ser otro, aunque no Jesse. ¡Ser un cantante! ¿Por qué no? Pero, ¿un cantante blanco de canciones negras? La idea lo confunde y entusiasma a la vez. Y una tarde, una mano lo atrapa y lo coloca en pleno salón de baile, junto a un viejo piano y varios tambores, rodeado de afroamericanos que se codean entre sí. Elvis, inmóvil, suda. Y un baterista lo interroga: –¿Te gusta nuestra música, blanquito? Elvis asiente a cabezazos. –¿Mucho? –Sí, señor. –¡Entonces el chico es negro! –dictamina un pianista ciego, y marca con el pie el compás inicial de algo parecido a un fox trot, pero más ardiente y veloz–. ¡Uno, dos, tres, cuaaaa…! ¡A cantar, a bailar! Le gusta estar ahí, con ellos, como uno de ellos. El baterista le pregunta cómo se llama y él, aturdido, responde: –Jesse. –¡Ah, como el bandolero! ¡Ya eres de los nuestros, pues! –determina el pianista ciego–. ¡Vuelve pronto, “negro” Jesse! Y de camino a casa, llora de rabia: no se perdona ese funesto error. –Soy Elvis, soy Elvis –se dice una y otra vez, y al llegar no besa a su madre y se va a dormir sin cenar–.

Días de huelgas, colapsos financieros, comerciantes quebrados, obreros desocupados, represión policial, ascenso de Hitler y otra Guerra Mundial en ciernes, y presuntos espías soviéticos en Estados Unidos. Éste es el verdadero marco social en que nació y creció Elvis, lejos de esos edulcorados relatos de infancia luego inventados. No se hablaba de otra cosa en el colegio, el barrio y la mesa familiar. Y esto lo llenó de fantásticos miedos a los gangsters, al comunismo y a la indigencia. Progreso y democracia, baluartes de la época, parecían derrumbarse ante su inmadura mirada.

TOMA 2: Elvis recordman

Presley

Después de la boda, Elvis y Priscilla, celebran su amor en un hotel de Las Vegas, una de las ciudades favoritas del cantante.

Su signo zodiacal era Capricornio. Es decir: la cabra, el capricho, el saltar de un lado al otro, el andar sin rumbo fijo y en soledad. Grabó su primer hit, That´s All Right (Mama), en Sun Records, en agosto de 1954. Su primer disco de larga duración, en RCA, se tituló Elvis Presley a secas. Discos de oro: 59 por simples, 5 por álbumes, uno por un extended-play. Primera aparición en TV: 28 de enero de 1956, show de los hermanos Dorsey. El simple Hound Dog vendió 25 millones de copias. Y a más de 24 millones llegó el consumo de sus long-plays antes de 1964, cuando ya había colocado más de 100 millones de placas y sus ingresos personales alcanzaban los ¡34 millones de dólares al año! Más aún, la cifra global de ventas llegaría a rebasar los 500 millones de ejemplares. Vestuario: en el Ed Sullivan Show, traje blanco con hilos de oro, de más de 10.000 dólares. Debut en Las Vegas: 1969, Hotel Internacional, hoy Hilton. Salario: 250.000 dólares, ¡por semana! Primer show en un estadio, al modo beatle: Astrodome de Houston, Texas, 1970. La transmisión satelital Aloha from Hawai, en enero de 1973, fue vista por dos millones de espectadores… sólo de la costa Oeste. Películas: 32. La primera: Love me tender. Cachet: un millón de dólares por cada una, más el 50 % de la taquilla. Filmó con todos los grandes estudios, y sin ponerle trabas a ningún libreto, desde Girls! Girls! Girls! o Double trouble hasta Change of habit o Charro!, comedias muy light. Tuvo una sola esposa y una sola hija, heredera de su incalculable fortuna e infortunada esposa de Michael Jackson por un año. De él, hasta John Lennon dijo: “Es el más grande”. Mérito: ser el “puente rítmico”. Ejemplos: Heartbreak Hotel o Fever, con Elvis “blanqueando” el blues negro, secundado sólo por una guitarra, un bajo y la percusión.

El simple Hound Dog vendió 25 millones de copias. Y a más de 24 millones llegó el consumo de sus longplays antes de 1964, cuando ya había colocado más de 100 millones de placas y sus ingresos personales alcanzaban los ¡34 millones de dólares al año! Más aún, la cifra global de ventas llegaría a rebasar los 500 millones de ejemplares. Vestuario: en el Ed Sullivan Show, traje blanco con hilos de oro, que costaba más de 10.000 dólares.

TOMA 3: Elvis amante

ELVIS JAILHOUSE ROCK

Símbolo. Tras filmar Jailhouse rock (1957), Elvis pasa a representar las ideas de rebeldía que se tenían por aquella época.

Antes de recibir desde Alemania a su “Lolita” Priscilla Ann Beaullieu y mientras rodaba Viva Las Vegas, las revistas del corazón difundieron que mantenía un tórrido affaire con otra Ann: la pelirroja sueca Ann Margret. En su autobiografía, ella divulga que hasta pensaron en casarse. Y habrá que darle crédito, porque él olvidó a su prometida por varios meses. Claro: Margret era una amante voraz y sin prejuicios, todo lo contrario de Elvis. –Muñeco –se dijo que así lo llamaba–, tú eres mi muñeco de cama. Y él andaba siempre ojeroso y atontado, y hubo fuertes presiones para separarlos. Entre los aguafiestas figuraban desde los estudios de filmación hasta el coronel Parker (su agente artístico), que veía que su representado se le escapaba de las manos. Lo cierto es que la pulposa Margret desapareció de escena y el magro Elvis se casó con aquella noviecita frecuentada en Berlín durante sus penosos años de servicio militar obligatorio. La boda aconteció en mayo de 1967, cuando ella tenía 21 años y Elvis 32. Si hacemos cuentas, cuando él la conoció, ella era apenas una adolescente: antes de casarse y durante otro oscuro encierro por razones de mercado o desánimo, Elvis convivió cuatro años con Priscilla sin que nadie se lo recriminara moralmente. Más misterio: según las malas lenguas, él nunca estuvo enamorado de la dulce germana. Entonces, ¿por qué la desposó? ¿Quizás porque la dejó embarazada? En verdad, apenas nació Lisa Marie, Priscilla vivió con Elvis bajo el mismo techo de Graceland… pero en el otro extremo de la fabulosa mansión del Rey. Es que ella se quejaba de que él le daba todos los gustos… menos uno. Y lo traicionó con otro hombre, y todo terminó mal. Y al partir Priscilla con su beba, Elvis masculló: –Pero, ¿tenías que hacerlo justamente con mi profesor de karate? ¿Por qué no con el jardinero, o con un custodio, o con el primer desconocido que se te cruzara por la calle? –Otro comentario odioso –le habría respondido Priscilla–. Pregunta clave: ¿qué le pasó a Elvis para alejarse cuatro años de la actuación en vivo? Sí: es el lapso de convivencia con Priscilla. Pero se afirma que hubo otro factor determinante: la visita de los Beatles a Graceland. Para ellos, un homenaje al pionero del antiguo rock. Para él, una tarde horrible.

Elvis Presley

En 1973, Elvis brinda el primer concierto transmitido vía satélite a todo el mundo.

Los veía tan desprejuiciados, tan afeminados. Eran la suma de ese flamante boom que estaba desplazando a los Sinatra, los Brown y los Presley del mercado pop. Les mostró su sonrisa de odontólogo y sus discos de oro y platino, y su primera guitarra, regalo de mamá y papá. –¡Uy, cool! –dijo el zumbón Ringo Starr, toqueteando todo–. –Mis felicitaciones, señor Elvis –dijo el cortés Paul McCartney–. –Bueno, ¿y qué piensas hacer después de nosotros? –le habría disparado John Lennon, siempre tan afecto a la ironía–. Todo esto sucedía mientras el silencioso George Harrison fumaba marihuana, abismado en las botas de cocodrilo del dueño de casa. Fue durante esa “reunión cumbre” cuando Elvis entendió que los tiempos estaban cambiando, como lo anunciaba Bob Dylan. Y esa misma noche se declaró en cese de actividades. Por lo menos, hasta resolver sus problemas matrimoniales y decidir si debía prolongar, o no, su carrera de cantante. –¡Malditos izquierdistas! –se mortificaba a solas, pero escuchado por todos sus empleados de Graceland–. ¡Los desprecio! ¡Quisiera… matarlos, por Dios! Ignoraba que, más adelante, derrotado por la belleza de las baladas de los Fab Four, grabaría algunas de ellas. En todo caso, no pocos periodistas sugirieron que El Rey se habría puesto en contacto con el FBI… ¡para ofrecerle sus servicios como agente anticomunista! Y en 1972, sus fans le reclamaron que volviera de las pantallas a un gran escenario donde pudiesen apreciarlo en vivo. Y llenaron el Madison Square Garden durante cuatro conciertos que batieron récords de asistencia y recaudación. Y se agotaron los tickets para ver su labor paralela en Las Vegas. De esta forma, el Rey reinó por segunda vez, enfundado en insólitos trajes de luces con faja de boxeador para mantener a raya su barriga, y una capa corta como de torero.

Y el 16 de agosto de 1977, Elvis murió. A los 42 años, 7 meses y 8 días de vida. Imprevistamente, se dijo. Corrijamos el error. En 1975, vaciaba heladeras completas y parecía un balón de fútbol. No había ropa ni zapatos que le entraran y su cara se había deformado, forzándolo a usar más y más maquillaje. Le faltaba el aire al cantar e ingería más de 25 píldoras al día: anfetaminas y drogas que cargaba en un maletín metálico.

TOMA 4: Elvis for ever

Elvis Presley, Casket Taken to Mausoleum

Una multitud lo acompaña en su entierro.

Y el 16 de agosto de 1977, Elvis murió. A los 42 años, 7 meses y 8 días de vida. Imprevistamente, se dijo. Corrijamos el error. En 1975, vaciaba heladeras completas y parecía un balón de fútbol. No había ropa ni zapatos que le entraran y su cara se había deformado, forzándolo a usar más y más maquillaje. Le faltaba el aire al cantar e ingería más de 25 píldoras al día: anfetaminas, diuréticos y drogas que cargaba en un maletín metálico. –Sin esto, amiguitos –les decía sus asistentes–, no hay ni Elvis ni show. Y ustedes viven de mí. Así que, ¡a callar! Parecía mentira: un ídolo condecorado por el Gobierno por su apoyo a la lucha contra la drogadicción juvenil, terminaba de esa manera. Nadie es perfecto. Y El Rey, ni hablar. De lo que sí conviene hablar es de ciertos aspectos de su existencia que no deberían quedar en el tintero. Si se mudó con sus padres de Tupelo a Memphis en 1947 o 1948, con 12 o 13 años de edad, ¿dónde conoció a esos afroamericanos de extramuros? Creemos que en su Tupelo natal. Y a mediados de los años 50, cuando el ex coronel Tom Parker se hizo cargo de su representación, le consiguió contratos de grabación fuera de lo común, a nivel nacional. Cabe preguntarse si Elvis habría llegado a donde arribó sin Parker, más allá de que éste lo explotara sin ningún escrúpulo. En 1956, Elvis acudió a Nashville, meca de la música country, para tratar de aprender algo de los cientos de baladistas que allí tocaban. Y aprendió, claro. Es que a él también lo formó el sonido triste y profundo del rythm and blues de los bares de la mítica calle Beale, donde supo que la mezcla de “una mano negra y otra blanca” era posible. Pero al cantar, en pleno centro del Memphis blanco, le decían: –Eso no, chico. Son cosas de negros, y aquí no queremos negros. –Gajes del oficio –se decía Elvis, y se iba con la música a otra parte, que orgullo no le faltaba y a veces se hacía respetar hasta por el mismísimo Parker. Luego, el sedentarismo: ningún tipo de ejercicio. Ninguna visita a un gimnasio. Sudor y taquicardia. Pesadillas con Jesse, y el reloj empecinado en marcar sus horas de insomnio. Dato curioso: los restos de Gladys Love Smith Presley fueron sepultados junto con los de su hijo. Y así Elvis descansa junto con su “amorcito”, su mayor y acaso único amor. Al Rey lo despidieron más de 150.000 fans, amén de un cortejo fúnebre de diez Cadillac blancos y un coro mixto de 200 voces entonando su canción favorita: Crying In The Chappel.


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