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Viernes 15 de Mayo de 2009

Alarma en Estados Unidos

La masacre de Camp Liberty

por Aaron Glantz / Fotos: EFE

Con la noticia de la muerte de varios soldados estadounidenses en manos de un compañero, se enciende un debate y alarma sobre las causas y consecuencias de la baja estima que sufren los soldados cuando son enviados a las zonas de conflicto en Irak y Afganistán. Algunos expertos en el tema ven resurgir el fantasma de Vietnam en el ánimo de los efectivos armados.

Un soldado de Estados Unidos mató a tiros a cinco camaradas suyos en la base militar Camp Liberty, el 11 de mayo en Bagdad, la capital iraquí. Al menos otras dos personas resultaron heridas y el presunto asesino, según las autoridades, ya estaría preso.

 

Los detalles del incidente se van conociendo de a poco, pero, según diversas versiones, ya se sabe que ocurrió en una clínica instalada para tratar a soldados estadounidenses que sufren estrés postraumático. El secretario de Defensa, Robert Gates, evitó en la conferencia de prensa que brindó este lunes al respecto dar mayores detalles sobre el tiroteo, el primero de este tipo en seis años de guerra en Iraq. "Aún estamos en proceso de recopilar datos sobre lo que sucedió exactamente. Pero si la información preliminar se confirma, esta trágica pérdida de vidas a manos de nuestras propias fuerzas es causa de grave y urgente preocupación", dijo Gates.

 

Un informe militar indica que el tiroteo ocurrió a las 2 PM hora local, en la clínica psiquiátrica de Camp Liberty, cerca del Aeropuerto Internacional de Bagdad. El Departamento de Defensa se mantuvo en reserva sobre la identidad de los asesinados, así como del asesino, hasta que se notifique a las respectivas familias.

 

Defensores de los derechos de los veteranos de guerra sostienen que es crucial conocer los detalles de la masacre para determinar si, de algún modo, pudo haberse evitado. "Necesitamos saber si este soldado fue examinado por un médico antes o después de ser enviado al frente de guerra, y si se constató entonces algún síntoma de enfermedad mental. Tenemos conocimiento, por investigaciones y audiencias en el Congreso legislativo, que las fuerzas armadas enviaron, a sabiendas, a soldados con diagnóstico de enfermedades físicas y mentales a la zona de guerra. En algunos casos, esos soldados se suicidaron o asesinaron a otros", dijo el director ejecutivo de Veteranos por el Sentido Común, Paul Sullivan.

 

Más de 230 soldados, aviadores y marinos militares en actividad se suicidaron en 2008. Se trata del registro más elevado desde que comenzó a llevarse la estadística, hace casi 30 años. Solo en enero se suicidaron más soldados estadounidenses de los que murieron en cumplimiento de su labor en los frentes de Iraq y Afganistán sumados.

 

Un miembro de la Guardia Nacional del estado de Nueva York fue conducido en noviembre de 2006 a una corte marcial, acusado de asesinar a dos oficiales en la explosión de uno de los palacios del ejecutado dictador iraní Saddam Hussein. Los incidentes conocidos hasta ahora recuerdan a algunos observadores la baja moral que reinó en las fuerzas armadas durante la guerra de Vietnam (1965-1975). "En diciembre de 1972, el Departamento de Defensa reconoció que entre 800 y 1.000 oficiales fueron asesinados con explosivos por sus propios subordinados", dijo Penny Coleman, viuda de un veterano de esa conflagración y autora del un libro sobre suicidio y estrés postraumático en contexto bélico.

 

Esas masacres eran denominadas fragging, porque los soldados solían usar para cometerlas bombas de fragmentación. "Eran las armas preferidas porque no dejaban evidencia. No quedaban en ellas huellas digitales. No había forma de rastrearlas", recordó Coleman.

 

Veteranos de guerra de Iraq manifestaron al enterarse de la masacre una mezcla de conmoción, indignación y resignación. El capitán del ejército retirado Luis Carlos Montalván, galardonado con dos Corazones Púrpura por las heridas que recibió en Iraq, conoció la noticia por televisión, en la sala de espera del Hospital de Veteranos de Manhattan. Él y varios camaradas suyos llevaban en el lugar horas aguardando que los atendiera un médico. La sensación fue "horripilante", aseguró: mientras ellos esperaban atención en una clínica de la retaguardia, sus camaradas en servicio eran asesinados por uno de los suyos en una clínica del frente de guerra. "Eran hombres y mujeres que buscaban ayuda contra el estrés en Camp Liberty. Ahora, sus familiares en Estados Unidos, que pensaban que estarían recibiendo tratamiento, se enterarán de su muerte. ¿Pueden imaginarse esa pena?", se lamentó el soldado.

 

La investigación militar incluirá el examen de la cantidad de incursiones en el frente que el asesino realizó en Iraq y si se le había diagnosticado alguna dolencia mental antes de ser despachado a la zona de guerra, informó a la prensa el lunes de tarde el comandante del Estado Mayor Conjunto de las fuerzas armadas, almirante Mike Mullen.

 

Luego de ocho años de conflicto armado en Afganistán y seis años en Iraq, el Pentágono informó que cerca de 800.000 soldados estadounidenses realizaron más de una incursión en zona de guerra. Unos 300.000 veteranos de ambos frentes sufren de desorden por estrés postraumático o depresión aguda, y otros 320.000, lesiones cerebrales, causadas, en general, por explosivos instalados en caminos, informó el centro de estudios independiente Rand Corporation.

 

"En el primer impulso en la furia contra un soldado por acabar con la vida de sus compañeros, uno no puede evitar preguntarse qué llevó a esta persona a tanto desorden, tanta ira… Y la conclusión más certera es que esa persona no consiguió la ayuda que necesitaba", concluyó Montalván.

 

Fuente: IPS

 

* Aaron Glantz es autor del libro The War Comes Home: Washington's Battle Against America's Veterans (La guerra llega a casa: La batalla de Washington contra los veteranos de guerra estadounidenses), University of California Press, 2009.

 

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