por Florencia Rolón / Fotos: Gentileza Museo Albertina (Austria)
Con varias muestras en estos días a lo largo del mundo, el distinguido artista norteamericano sigue desplegando su particular visión de la pintura. La obra de Alex Katz es internacionalmente reconocida por ser poseedora de una personalidad propia, que se resiste a ser encasillada en un estilo concreto, pero que introduce elementos asociados al expresionismo abstracto, como el gran tamaño de los lienzos; al arte pop, a través de la transformación icónica de sus imágenes; y a los modos de representación –encuadres, perspectivas– utilizados en el cine y la publicidad.
Dicen que Alex Katz (Nueva York, 1927) se presenta como un individuo tranquilo y reservado, demasiado semejante a los personajes que pueblan su obra exuberante en retratos que parecen no decir nada, pero que ante una mirada atenta señalan tanto. Nacido en 1927 en el seno de una familia neoyorquina de clase media, su padre era comerciante de café y su madre actriz de teatro. Desde muy joven se interesó por el arte comercial y fue así que al finalizar el servicio militar ingresó en la Cooper Union School of Art and Architecture, una escuela de arte que el pintor definió como una mezcla de Bauhaus y espíritu cubista. Apenas concluyó con sus estudios, obtuvo una beca en la Skowhegan School of Painting de Maine en 1950, y su renovación al año siguiente le incitó a decidirse exclusivamente por la pintura. Ese año contrajo matrimonio con Jean Cohen, pero fue con Ada, su segunda esposa, una médica investigadora del cáncer, con quien se quedaría hasta la actualidad. Ada no sólo es la madre de su hijo Vincent, sino que se transformó en su inspiración. Son célebres los retratos que hizo de su mujer.
Sus relaciones familiares y de amistad siempre han influido directamente en su trabajo. De hecho muchos de sus retratos, sino la mayoría, están inspirados en los rostros de sus amigos más cercanos. De su esposa suele decir que ella lo es todo: madre, esposa, ícono y musa: "Ella se convierte en un tipo universal. Y otras mujeres piensan que se ven como Ada, por lo que el tipo de pintura se transforma en un símbolo, ella es un símbolo". Al respecto, su padre también fue una persona que lo ha marcado en su disciplina creativa. Katz: "Mi padre era ruso y un individuo muy desorganizado. Su manera de ordenar las herramientas era abrir la puerta del sótano y luego lanzarlas; más tarde se ponía furioso cuando no podía encontrarlas. Aunque mi padre era muy carismático, en eso era ineficiente y un caos. Pero tengo su energía explosiva. Es muy de los rusos tener energía y trabajar rápido".
Sin embargo, en contraposición a su padre, Katz como pintor prefiere el clima organizado y los planes metódicos, dando lugar a un modo de trabajar controlado y disciplinado. De hecho, es dueño de un complejo sistema de elaboración. Empieza haciendo minuciosos bocetos del natural con los modelos presentes, una serie de dibujos en los que anota los aspectos cromáticos y luminosos que desarrollará más adelante. Seguidamente formula un boceto de mayores dimensiones, en el cual generaliza los rasgos hasta conseguir un grado óptimo de despersonalización y luego hace un dibujo con el tamaño definitivo. Entonces perfora todas sus líneas, lo coloca sobre el lienzo y espolvorea pigmento de siena tostado; por medio de este procedimiento capta de una vez el contorno de la composición. La ejecución definitiva sobre la tela está en las antípodas de la pintura de acción expresionista: tras preparar el lienzo con varias capas de yeso y albayalde, aplica ligeras pinceladas al óleo, un tinte al que siempre se ha mantenido fiel porque, según sus palabras, "se ajusta a lo que hago y envejece muy bien". Gracias a este proceso, consigue la superficie lamida y plana que caracteriza a su producción.
Katz considera a Henri Matisse y a Jackson Pollock sus máximas influencias. El primero por su técnica extraordinaria y el segundo por la energía de su obra. En cuanto a la suya propia, asevera que hay dos elementos que trata de mantener: "Técnicamente, me gusta un tipo de pintura homogénea y, filosóficamente, en un plano más irracional, una especie de sentimiento positivo sobre la idea de estar vivo".
La obra de Katz muestra lo que no es y viceversa, un movimiento de calidoscopio que tiene su punto de partida en las apariencias, en la imagen superficial de lo retratado. Y allí se mueve con indiscutible talento para revelar el mundo a través de sus lienzos, el desplazamiento invisible que emerge en la quietud de un gesto congelado; pequeños detalles que, con la marca de lo implícito, conforman la historia de una sonrisa o una mirada. Muchas veces las situaciones representadas son escenas de la vida cotidiana, aparentemente intrascendentes, momentos efímeros que son elevados a un nuevo estatus al ser transferidos a la tela.
La utilización de los cut-outs (figuras pintadas sobre madera recortada) y el apego a la figuración objetiva y de grandes formatos de la abstracción neoyorquina, sumados a su sensibilidad por la moda -los detalles de los peinados, vestidos, objetos, signos, posturas...- y los símbolos de época, hicieron que muchos críticos lo juzgasen, a principios de los años 70 y coincidiendo con la eclosión del arte pop, como uno de los más ingeniosos precursores de esa corriente estética. Pero a pesar de que comparte con ésta la influencia de los medios masivos -esa transformación icónica de las imágenes o la repetición y la fragmentación de los motivos, aspectos que lo aproximan a James Rosenquist y Andy Warhol-, la explotación de la luz como elemento modulador de la superficie pictórica, en detrimento del grafismo pop, lo separan especialmente de esa tendencia.
Algo de la magia de Alex Katz reside quizás en que la mayoría de los personajes de sus cuadros expresan el ideario estético de la época en que los pinta. El protagonismo del distanciamiento y lo efímero evocan señales del mundo de las últimas cuatro décadas. Cada personaje -en general personas reales que toma como modelo- no es retratado con autenticidad fotográfica, pero sus expresiones revelan lo más hondo de la seducción, de las inquietudes, del misterio de la miradas que los hacen sujetos únicos de este mundo. ¿Qué es lo que aflora a través de fondos a la vez abstractos y muy coloreados? En esos retratos aparentemente privados de contenido, existe una multiplicidad de significados escondidos y vivaces, llenos de voces que buscan comunicar algo. Al respecto, Katz afirma: "Me gustaría llegar a un arte en el que la imagen y el símbolo sean uno. Crear un símbolo que sea claro y, al mismo tiempo, múltiple; un símbolo que pueda significar diferentes cosas para diferentes personas y no sea igual para todo el mundo".
La obra de Alex Katz ha sido protagonista de cerca de 200 exposiciones individuales desde 1954 en los más prestigiosos museos y galerías del mundo, y está representada en las colecciones públicas de más de cien instituciones. Vistas nocturnas, marinas, paisajes, bosques, flores y sus célebres retratos conforman las aristas de las distintas exposiciones que están dando vueltas al mundo actualmente -desde Viena y Londres hasta Lincolnville, en Maine, donde desde 1954 pasa sus veranos-, lo que demuestra que su trabajo no ha perdido un ápice de la frescura y elegancia que siempre lo ha definido.
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