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Luchando por una vida mejor

Jake Gyllenhaal - El hijo de Hollywood

Jake Gyllenhaal

El hijo de Hollywood

Miércoles 13 de Febrero de 2013

Amanda Peet

La mirada hipnotizante

por Gonzalo Paz / Fotos: Thomas Cowell / Jennifer Lattman / Alison Cohen

Hollywood está lleno de mujeres hermosas. Sin embargo, la actriz se distingue por la candidez que destila en la comedia y una delicadeza para el drama que se conjugan perfectamente con su figura venusiana hasta lograr la mujer perfecta. Aunque le tomó su tiempo llegar a la cima del mundo del espectáculo, hoy en día no sólo no pasa desapercibida sino que genera regueros de suspiros en cada una de sus apariciones. 

Bendecida con una belleza impactante y un carisma inconfundible para la comedia, Amanda Peet (Nueva York, 1972) se ha transformado en una de las estrellas de cine más aplaudidas de Hollywood. Aunque el camino al éxito no le ha sido fácil, su perseverancia la llevó a ser amada y reconocida en todo el mundo. Hija de un abogado y una asistente social, está casada con el prestigioso novelista y guionista David Benioff, con quien tiene dos hijas. Si bien su madre ha declarado que desde muy pequeña la niña de los ojos del cielo ya mostraba interés por la actuación, fue mientras estudiaba Historia en la Universidad de Columbia cuando se dio cuenta que quería dedicar su vida a la interpretación.


Sus inicios en la pantalla fueron gracias a largas temporadas de audiciones y castings hasta lograr ser modelo de comerciales, y obtener pequeños papeles en producciones de cine independiente. Luego de tener una fugaz intervención en la aclamada serie Law & Order (1990-2000), finalmente la dueña de una de las miradas más atrapantes alcanzó la fama con la sitcom Jack & Jill (1999-2001), conquistando así la atención de Hollywood.

 

Desde entonces su carrera cinematográfica fue en ascenso paralelamente a sus contribuciones en obras teatrales en Broadway. En 2000, fue parte del elenco de la celebrada The Whole Nine Yards. Ese mismo año entró en la lista de las 50 mujeres más bellas del mundo de la revista People. Con Something's Gotta Give (2003) junto a Jack Nicholson, Diane Keaton y Keanu Reeves, puso el mundo a sus pies. Más tarde llegaron Melinda and Melinda (2004) de Woody Allen, A Lot Like Love (2005) y Griffin & Phoenix (2006). Durante ese mismo año fue la protagonista de la exitosa serie televisiva Studio 60 on the Sunset Strip. Después participó en Martian Child (2007), The X-Files: I Want to Believe (2008), la apocalíptica historia de Roland Emmerich 2012 (2009) y Please Give (2010), entre otras películas.

 

Durante 2012 fue la estrella de la hasta ahora única temporada de Bent y se incorporó al elenco de la serie The Good Wife. En este mes podrá ser vista en la esperada comedia Identity Thief, protagonizada por Jason Bateman y Melissa McCarthy, y dirigida por Seth Gordon; promete ser una de las películas más divertidas de este 2013. Sin fecha de estreno confirmada hasta el momento, nuestra actriz de portada de ojos claros aparecerá en Trust Me y The Way, Way Back.


ALMA MAGAZINE: Casi todo el mundo conoce la anécdota de su infancia. Con sólo tres años, usted subió a un escenario en pleno desarrollo de una obra de teatro, dispuesta a ser parte del elenco. Con su increíble belleza y carisma, ¿cómo no se inclinó por la actuación hasta pasado los 20 años?

AMANDA PEET: (Risas) Antes que nada, gracias por el halago. Esa es una historia que le gusta contar a mi madre. Supongo que forma parte del orgullo que siente, y además es una historia graciosa, de esas que no se olvidan fácilmente porque en el momento mis padres lo habrán pasado mal. Pero no creo que eso haya sido una señal determinante para promover una carrera como actriz.

 

AM: Y sin embargo…

A.P.: Es cierto, ahora soy actriz. No obstante, creo que cualquier niño o niña a esa edad es capaz de realizar algo así. Todos los niños sienten una devoción extraña por la actuación, lo viven intensamente y como un juego. Por eso se sienten atraídos a ser parte de una obra teatral. Los que no son tímidos hacen ese tipo de cosas si los padres se descuidan. Supongo que es algo que debe suceder todos los días alrededor del mundo.

 

AM: Pero finalmente usted quería subirse a un escenario.

A.P.: Sí, parece ser que sí. (Risas)

 

AM: Es graduada en Historia. Todo indica que había resuelto hacer otra cosa con su vida. ¿En qué se basó semejante cambio?

A.P.: En la universidad daban talleres de arte dramático. Al poco tiempo un profesor me dijo que él creía que debía tomarme la actuación más en serio porque veía que tenía buen desempeño en la interpretación.

 

AM: Otro tomó la decisión por usted.

A.P.: No creo que sea precisamente así. La decisión la tomé yo. Nadie me obligó, sólo aparecieron personas que me ayudaron a ver cuál era mi rumbo. Fueron algo así como guías. También es cierto que apenas empecé el taller de teatro sentí que actuar era lo que más me gustaba hacer en el mundo. Quizá siempre lo sentí pero no me permitía profundizarlo. Así que cuando profesores y compañeros empezaron a festejar mis interpretaciones, tuve la certeza de seguir en este camino. Parece ser que necesitaba cierto tipo de empuje.

 

AM: Y llegó Uta Hagen.

A.P.: Exacto. En 1991, cuando empecé a tomar clases con ella, ya tenía decidido que la interpretación sería mi prioridad en la vida, más allá de terminar con mi carrera universitaria. Así que hice todo el esfuerzo del mundo para entrenarme con ella. Aún estudiando, me puse a trabajar de camarera y a realizar mis primeros comerciales.


AM: ¿Cómo fue la experiencia con la gran maestra de actores?

A.P.: Inolvidable, maravillosa. No hay como ella y dudo que alguien pueda reemplazar ese carisma y sabiduría. La entrega y seriedad: su maestría era impagable. Tenía una gran facilidad para enseñar detalles de actuación que son fáciles de entender pero muy difíciles de llevar a cabo; y son los más importantes, pues logran que el espectador asuma que lo que está viendo no es una actuación sino algo real. Además, era exigente pero serena. No necesitaba de ese tipo de actitud neurótica, hostil o freak que gustan asumir muchos otros maestros. Ella hacía que nuestro trabajo fuera duro aunque entusiasta. Contaba con un gran sentido del humor, y eso para mí, es fundamental.

 

AM: ¿Por eso se dedicó particularmente a la comedia?

A.P.: Me asustan los lugares muy serios. (Risas) Bueno, no necesariamente. La verdad es que se fue dando así. Reconozco que me gusta mucho la comedia. Me parece un cable a tierra muy interesante, pero no lo elegí concienzudamente.

 

AM: Para llegar a un protagónico ha tenido que esperar bastante tiempo…

A.P.: Y trabajar duro. Claro, no fue fácil y creo que aún no lo es. Para la industria del cine empecé un poco tarde, estaba más cerca de los 30 años que de los 20 y eso dificultó el camino.


AM: Entonces no se puso exigente con los papeles.

A.P.: (Risas) Y no. Mi prioridad estaba centrada en actuar, trabajar actuando, así que casi cualquier tipo de papel fue bienvenido. Aunque fuera un fracaso en audiencia, mala la historia o el director poco confiable, siempre resultó útil. Como actriz, aprendí de cada experiencia. Todo lo malo siempre esconde algo bueno.

 

AM: ¿Siempre se tomó las cosas tan tranquilamente? ¿En la actualidad acepta cualquier papel?

A.P.: A decir verdad, no. Pero estoy en otro momento de mi vida y tengo otras prioridades: una familia, por ejemplo. Sin embargo, puedo confesar que ahora hay cosas que me alteran como en mis inicios. No me gusta que no me tengan en cuenta o no me elijan después de una audición.

 

AM: ¿Cómo es eso?

A.P.: Todavía me siento desesperadamente triste cuando no gano un papel. Soy muy insistente en las audiciones. No me doy por vencida en la segunda o tercera prueba como es lo más lógico. Puedo molestar al equipo de casting hasta el hartazgo; necesito un mínimo de siete veces de prueba. Después de todo ese esfuerzo, si no lo consigo, siento que me muero. Hace poco estaba con mi marido mirando una película y veo un grupo de actrices bonitas y talentosas en una historia que sentí que era justa para mí. Entonces detuve la película y le pregunté a mi esposo indignada: “¿Me puedes responder por qué no pensaron en mí?”. Y él con absoluta ternura me respondió: “Amanda, ellas parecen tener como máximo 30 años”.

 

AM: ¿La cuestión de la edad es un tema muy importante en Hollywood?

A.P.: Para ciertas historias sí, sobre todo con las mujeres. No es lo mismo tener 28 años que 38, aunque cuentes con 40 y aparentes 30. A las mujeres no sólo se nos exige que seamos bellas sino también jóvenes, y lo primero es posible pero lo segundo no, al menos exteriormente. El problema conmigo es que me siento igual que a los 30 o antes. No considero que los 40 me hayan cambiado demasiado, ni por dentro ni por fuera. Esto provoca cierta desubicación de mi parte en algunas apreciaciones, especialmente en los papeles cinematográficos o de televisión.

 

AM: Y la enoja.

A.P.: Sí, mucho. Pero es un tema mío, no creo que los demás deban cambiar las reglas porque Amanda tenga un berrinche. (Risas) Reconozco que tengo tendencia a los caprichos, quizá por eso me llevo tan bien con las sacudidas anímicas de mis hijas y no me dé cuenta de mis cuatro décadas.

 

AM: ¿Cómo es su vida como madre?

A.P.: Gratificante. Me gusta mucho la vida en familia y soy muy afortunada. Tengo unas niñas preciosas y un marido que es todo un caballero. Así que no puedo quejarme.

 

AM: Pero en algún momento usted salió a frenar el rumor que decía que estaba sufriendo una depresión. Y reconoció que efectivamente estaba pasando por una depresión postparto.

A.P.: Era cierto. Me sorprende que la gente se asombre de que a una mujer le suceda eso. Y a veces me enfurece esa falta de comprensión. Hay mucha hipocresía y una exigencia desmesurada para con las madres. La gente espera que una esté siempre sonriente y divina, lista para satisfacer los deseos de los demás. Pero es muy complicado hacer eso con la maternidad de por medio. Ahí una entra en razón de que hay alguien muy concreto que realmente necesita de todo tu apoyo.

 

AM: Y eso debe exigir muchas renuncias.

A.P.: Muchas. Una de las sorpresas y aprendizajes que tuve con la maternidad fue advertir el poco control tengo sobre las cosas. Pensé que iba a ser un romance prolongado y feliz, abrazando a estas pequeñas criaturas como loca; tenía una idea bastante naif sobre los bebés. Sin embargo, como toda relación verdadera, es agridulce. Por suerte mi marido me ayudó a reconocer que la perfección no existe. Además, poder decir sin vergüenza que una a veces se siente mal, es poner a mucha gente en su lugar. Como una adolescente bien rebelde que dice: “Soy así, esta es mi vida, ¿y qué?”.

 

AM: Sin embargo, usted hace prensa a favor de las vacunas infantiles. Y hasta ha llamado “parásitos” a los padres que no vacunan a sus hijos. Por otro lado, se sumó como voluntaria a la organización no gubernamental Vaccinate Your Baby. ¿Por qué ha hecho de la vacunación una causa que defiende con uñas y dientes?

A.P.: Bueno, me excedí un poco con lo de parásitos y ya pedí disculpas. (Risas) Aunque respaldo firmemente la causa porque creo que las vacunas salvan muchas vidas y hacen mejor la existencia de las personas. Desde hace unos años, entre la gente de Hollywood se puso muy de moda la tendencia de no vacunar a los hijos. A mí me parece algo snob y no estoy preparada para correr riesgos con la vida de mi familia, y menos cuando tengo todo disponible para evitarlo. En el mundo hay muchísimos niños que no pueden acceder a las vacunas y se enferman, incluso mueren por algo que el trabajo de personas fantásticas logró aportar a la humanidad para evitar todo sufrimiento. Todavía no puedo comprender por qué hay tanta gente en contra de algo tan extraordinario.

 

AM: ¿Cuál es su secreto para mantenerse en forma tan bien cuando es sabido que detesta hacer ejercicio, y adora las bebidas cola y la comida chatarra?

A.P.: Bueno, supongo que será una cuestión de genética o porque soy feliz tomando y comiendo lo que se supone que hace mal a la salud. (Risas) No siento culpa. Tengo una hermosa digestión que mi organismo asimila positivamente.

 

AM: Es decir, que además de no profesar la tendencia sobre las vacunas, tampoco sigue la de la vida saludable con comida vegetariana y orgánica tan en boga entre sus colegas.

A.P.: La realidad es que no es cierto que todos los días de mi vida ingiera hamburguesas y frituras, o que tome bebidas gaseosas. Por supuesto que me encantan pero no sería algo saludable. La verdad, no tendría esta piel. Es más, mi peso y mi tamaño necesitarían más espacio y tolerancia. No soy una obsesiva aunque en casa nos alimentamos de forma variada; tenemos una dieta bastante balanceada. En cuanto al ejercicio, sí, los deportes no me atraen demasiado pero cada tanto realizo una caminata o voy a nadar para hacerle un favor a mi cuerpo y a mi mente.

 

AM: ¿Siente alguna frustración por no aparecer en To the Wonder, dirigida por Terrence Malick, cuando fue parte del elenco desde el principio?

A.P.: En realidad fue bastante frustrante. Pero así son las cosas con Terrence y diría que consuela saber que mi participación no fue la única borrada de la historia original. Fuimos varios.

 

AM: Y fue noticia…

A.P.: Desde ya. Han quedado en el camino grandes actores como Rachel Weisz, Barry Pepper, Michael Sheen y la joven promesa de Hollywood, Amanda Peet. (Risas) Hasta Javier Bardem estuvo a punto de quedar fuera de la pantalla, pero las vestiduras santas lo salvaron.

 

AM: De todas maneras, seguramente fue toda una experiencia rodar con Malick.

A.P.: ¡Por supuesto! Siempre lo es. Trabajar con grandes directores es un regalo. Y él es realmente especial. Tiene una sensibilidad muy particular, una manera de ver la vida y el arte mismo como si hubiera trascendido todo lo demás. Es un gran maestro del cine y de la vida.

 

AM: ¿Se dio el gusto de trabajar con alguna actriz que haya admirado siempre? ¿Y director?

A.P.: Sí. Haber actuado junto a Diane Keaton fue algo maravilloso. De pequeña la adoraba. Creo que de alguna forma soñaba con ser como ella. Siempre fue una de mis inspiraciones. Fue increíble. Jamás hubiera imaginado que algún día trabajaría con ella, ¡y haciendo de su hija! Además, ser dirigida por Woody Allen fue un sueño hecho realidad. Me crié en Nueva York y él siempre fue como el aire de esta ciudad: tan necesario y genial.

 

AM: En Something's Gotta Give, Jack Nicholson también fue uno de sus compañeros de set.

A.P.: Sí, me costó bastante salir de la euforia que me causó esa oportunidad. A él también lo adoré siempre. Y después de ser su amante en la ficción y un estupendo compañero de trabajo, me sorprende que haya sido real. Hubo una época en que ponía la película una y otra vez para comprobar que no estaba soñando o fantaseando.


AM: En los próximos días la volveremos a ver en una comedia. ¿Por qué ha sido catalogada dentro de ese género?

A.P.: Insisto: me dan miedo las cosas muy serias.

 

AM: Está casada con David Benioff, uno de los guionistas más prestigiosos de Hollywood y un renombrado novelista. ¿Cuál es la razón por la que aún no han trabajado juntos?

A.P.: Todo el mundo se sorprende de que mi marido aún no haya escrito una gran obra para mí. No sé por qué se asombran. (Risas). Pero puedo consolar algo de esa ansiedad diciendo: “Todo está por hacerse aún”.

 

AM: ¿Entonces?

A.P.: Sorpresa…

 

 

 

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