por Gonzalo Paz / Fotos: Peter Skinner
Es una de las apariciones más rutilantes de la gran pantalla por sus papeles sutiles, algo inocentes y cándidos. Con 35 años, Amy Adams lleva una dilatada carrera aunque su rostro, y parte de su secreto, sea todavía el de una adolescente. Detrás de Giselle en Enchanted y la monja de Doubt hay una mujer dispuesta a pelear por lo que quiere: nuevos roles, una vida sentimental establecida, un primer hijo. Detrás de esos ojos y pelo rojizo acaso se esconda la futura novia de Norteamérica.
Tal como reza el estándar de jazz, Hollywood sigue siendo para la mayoría de las actrices "el boulevard de los sueños perdidos, donde Gigoló y Gigolete aún cantan su canción y pasean sus ilusiones". Si la actualidad rebosa de figuras a las que se les coloca el anuncio de promesa (hagan el ejercicio de recordar un nombre), sólo una llegó montada en un carruaje cual heredera de un trono. Amy Adams (Vicenza, 1974) posee un garbo del que supo cómo sacar partido cuando encarnó a Giselle en la cinta de Disney Enchanted (2007). La película fue un tremendo boom de crítica y público para la productora del ratón que, tomando nota de los golpes propinados por Shrek y The Simpsons, decidió reírse de sus clásicas y almibaradas historias de soberanas en búsqueda de un príncipe azul. O al menos lo suficiente como para modernizarse sin perder su estilo.
Algún tiempo antes, Adams había obtenido una nominación al Oscar por su rol en Junebug -sin una gota de ironía, le dio vida a una sureña primorosa sumida en un universo "white trash"-, pero fue Enchanted la que la colocó a la vista del gran público. La revista Variety señaló que Giselle podía ser para Adams lo que Mary Poppins fue para Julie Andrews, y Roger Ebert la catalogó como fresca y triunfante.
Hija de un padre militar, Adams nació en una base norteamericana en Italia a mediados de los 70. Al poco tiempo la familia mormona se mudó con sus siete hijos a Castle Rock, Colorado. Cuando sus padres se divorciaron, la joven Adams se aferró a sus sueños de performer. De chica su intención había sido ser bailarina, y para mantener esa quimera trabajó en Gap y Hooters. Se moldeó en cenas con shows por bares regionales hasta que a sus oídos llegó el rumor de una audición para una producción que se estaba filmando en Minnesota. Su papel en Drop Dead Gorgeous (1999) le sirvió de trampolín para trabajar en la versión televisiva del filme Cruel Intentions (paradójicamente haría de una malvada). La serie se canceló, fue directo al video, y Adams se halló trajinando por cada set de Los Angeles. Su camino fue lento y seguro: apareció en TV (Smallville, The West Wing, The Office) y el cine la ubicó en comedias (The Wedding Date, Standing Still, Talladega Nights).
Así que detrás de su gracia y de la fulgurante aparición de Enchanted, había años de trabajo y un realismo que le sirvió para aprovechar su physique du rol. Cuando filmó Charlie Wilson's War (2007), llamó a su madre para saber si el peinado de cola de caballo se movía de lado a lado -la misma ponytail que usó como la novia de Leonardo DiCaprio en Catch me If you Can (2002)-. "Creo que hay algunos elementos de mi personalidad que son un poco de cartoon", arriesgó. Gracias a Doubt (2008), donde personificó a una monja dubitativa y culposa, demostró talante para el drama. Los rígidos embates actorales con Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman, le valieron su segunda nominación de la Academia.
The Leap Year (2010) vino a patear un poco el tablero. En esta comedia romántica interpreta a una mujer de negocios, muy segura de sí misma, que viaja a Irlanda para pedirle la mano a su novio. Una creencia en el país de las pintas y los duendes asegura que si alguien se compromete el 29 de febrero de un año bisiesto, el matrimonio se concretará. Claro que habrá un tercero en discordia y sus planes se irán por la borda. A nivel personal, también hay fuertes cambios para Adams: junto a Darren Legallo (su pareja desde hace varios años) están esperando su primer hijo.
ALMA MAGAZINE: Ha hecho muchas veces el rol de una buena chica. ¿Cómo logra que estos personajes sean distintos y creíbles?
AMY ADAMS: Creo que mi desafío no es hacer a alguien necesariamente bello. No veo mis personajes como buenas chicas. Las veo como muy humanas, a veces felices, otras impacientes, solitarias, egoístas. En mi caso se trata de crear seres humanos de la forma en que yo los veo. Así somos todos. A veces odio cuando leo cosas que se escriben sobre mí tildándome de inocente. Es interesante ser percibida de esa forma. ¿Inocente de qué? Ciertamente no soy tan naïve como creen.
AM: ¿Recuerda por qué se quiso dedicar a la actuación? ¿Hubo un momento particular que la llevó a tomar esa decisión?
A.A.: No sé si existió ese momento singular. Sabía que deseaba ser una performer, pero no sabía que me dedicaría especialmente a la industria cinematográfica. Realmente nunca supuse que fuera así. Mi ambición eran los escenarios. Aunque probablemente fuera muy joven, como cuando uno sueña eso. Es un poco tonto pero mi papá escribía pequeñas piezas que interpretábamos con mis hermanos, y tan sólo con los ensayos disfrutaba del proceso de crear un personaje. Quise ser doctora pero no aprobé química, estaba en esas situaciones donde una se dice: "Bueno, debería hacer algo que me guste y que sea un poco más fácil que eso".
AM: ¿Era la ocurrente del aula?
A.A.: No, no lo era. En la escuela era muy cuidadosa de la forma en que me veían. Me sentía tonta e incómoda. Tenía un montón de pelo y lucía rara. Era rara en el mejor sentido posible. Lo amaba pero no encajaba en ningún lado. Cantaba en los pasillos, leía durante el almuerzo. Nada de Shakespeare. Sólo novelas románticas. Hubiese leído The Leap Year. Le robaba las novelas a la esposa de mi papá.
AM: El personaje en su última película es pragmático y romántico. ¿Se siente así en la vida real?
A.A.: Creo que tengo ambas cualidades, por eso me sentí atraída por Anna. En mi caso hubo ocasiones en que pensé en proponerle matrimonio a Darren. (Risas) Pero él proviene de Texas y tuve que esperar seis años para que él se animase. Aunque soy bastante pragmática, últimamente me siento cerca de las personas que actúan con espontaneidad. Lo he aprendido a través de los golpes: mis mejores experiencias fueron las más libres. De la historia me gustó eso. Cuando tienes el control y lo pierdes, y luego tienes una vida increíble para disfrutar.
AM: ¿No se siente espontánea?
A.A.: No lo soy. Intento. Estoy trabajando en ello. Tal vez esforzándome es mi manera de no ser espontánea, así que seguramente nunca lo seré tanto como quisiera.
AM: ¿Por eso es que se esmera tanto para obtener los papeles que le gustan?
A.A.: "Alguien me llamó ofreciéndome el papel..." Eso no me determina tanto. Es muy común en nuestra industria que la gente te ubique por tus habilidades y razones que en un punto te superan. Quiero que mi nombre esté en el sombrero y luego me desvelo por conseguirlo.
AM: Así fue en Doubt... ¿no es cierto?
A.A.: Fue mientras filmaba Charlie Wilson's War. A Emily Blunt le habían acercado el guión. Yo no lo había leído. Un día me dijo de forma muy entusiasta: "Sé que es lo próximo que harás. Actuarás en Doubt". Lo leí y sabía que tenía razón, realmente quería hacerlo. "Pero te lo ofrecieron a ti", le dije. Y ella me respondió: "No estoy segura de hacerlo, pero tú..." Emily fue realmente quien me dio la idea.
AM: ¿La sigue intimidando trabajar con grandes figuras?
A.A.: Nada ha cambiado. Hay algo de intimidación pero es mía. Al principio entras en un proyecto y no conoces a esta gente. No la conoces ni sabes cómo va a ser. Tuve la suerte de que todos fueron fantásticos y generosos, nunca me sentí una outsider en el set con Tom Hanks o Meryl Streep. Es que hay una razón para que ellos estén donde están. Son profesionales y están seguros de que harás tu mejor trabajo si ellos hacen el suyo lo mejor posible.
AM: Luego del éxito de Doubt, cambió de horizonte. Ahora con una comedia romántica y un papel diferente, ¿por qué?
A.A.: Lo hago porque son filmes que voy a ver a las salas, y quería actuar en uno así. Me enamoré de los personajes y de la idea de hacer de una persona que quiere todo planificado en su vida y aparece alguien y le enseña un nuevo camino.
AM: ¿Está buscando un balance entre el drama y la comedia?
A.A.: Me gustan los equilibrios. Es importante poder hacer ambos. Los roles dramáticos te pesan distinto que los de comedia. Pero incluso los más ligeros quiero que tengan sentido para mí y los demás. Espero que los demás puedan notarlo.
AM: ¿Qué hay de cierto con los rumores de una secuela para Enchanted?
A.A.: Sé lo mismo que usted. Realmente nada. Sería abierta con algo que fue tan importante para mí. Sin embargo, creo que la película se sostiene por sí misma. Algunos de mis filmes favoritos no tienen segundas partes. No obstante, voy a averiguarlo.
AM: ¿Cuánto tuvo que ver ese papel para que la considerasen una revelación?
A.A.: En ese momento no estaba muy segura de cómo podría cambiar mi vida. Igual, creo que Junebug me cambió mucho. Esa película me brindó muchas oportunidades y me permitió acercarme a mucha gente que no conocía mi trabajo. Así que estoy muy agradecida por eso. Espero ser siempre una revelación, es algo bueno porque significa que la gente aún me está descubriendo. Durante muchos años fui "descubierta", ahora soy una "revelación". A veces no se percibe el trabajo que implica llegar a ese punto.
AM: De trabajar en Hooters y Gap a actriz reconocida, debe haber habido algo en el medio, ¿no?
A.A.: Fue un período corto de mi vida luego de la graduación en la escuela. Y me causa gracia que la prensa siempre se fije en eso. En un punto me gusta por las chicas que trabajan allí. Mi hermana me convenció de que lo hiciese por si mi carrera no iba bien, y tampoco era muy buena atendiendo. Iba con mi ropa de bailarina de acá para allá corriendo en público, llegando tarde. Era naïve entonces. Claro que estamos hablando de un restaurante para la familia, ¿no? (Risas)
AM: ¿Cómo se lleva con los costos de ser una celebridad?
A.A.: Simple. No me llevo. Si asistes a un evento es obvio que habrá paparazzis, pero no voy a tantos. Entonces no me siguen a casa, ni cuando voy a comer ni por la calle. Tampoco cuando voy con mis pijamas por el barrio paseando a mi perro, que es lo primero que me exige por la mañana. Y cuando me comporto mal, bueno, lo hago en privado.
AM: Supongo que con su embarazo decidió tomarse más tiempo para usted.
A.A.: Sí. Decidí calmarme y resguardarme, reconectarme con mis amigos y familia a los que no había visto por casi cuatro años. Es un buen momento para volver a casa. No estoy segura de por cuánto será. Espero que tenga buena salud y luego pueda volver al trabajo. Algo aprendí de Anna: tus planes se deben ir por la ventana, pero tienes que dejarla abierta para todo lo demás.
AM: Como cuando era chica, sin presiones...
A.A.: Cuando estaba en tercer grado me dibujé a mí misma como imaginaba que sería en el futuro. Iba a ser pelirroja, algo misteriosa y con un muy lindo vestido ¡Oh, no! Soy pelirroja y visto lindos vestidos. Cumplí mis sueños de la infancia. ¿Ahora qué?
¿La nueva novia de Estados Unidos?
En internet circulan varias encuestas preguntándose sobre las actrices que deberían ocupar el rol de America's Sweetest Heart. Como Meg Ryan, Julia Roberts y Sandra Bullock están en una nueva etapa de sus carreras -el tema de la edad también importa-, el puesto está vacante. La imaginaria novia ideal que llega al corazón del resto de los mortales a partir de sus papeles en el cine, debe ser espontánea, graciosa, exitosa y de vida pública intachable. En la lista aparece Kirsten Dunst, popular por la saga de Spiderman, aunque su papel consagratorio se dio en la comedia. Zooey Deschanel -(500) Days of Summer- y Ellen "Juno" Page acaso sean perfectas para el público indie, lo mismo que Kristen Stewart y Anna Kendrick para los teenagers seguidores de Twilight. Se dice que Anna Faris (My Super Ex-Girlfriend) es sexy pero sin talante para el rol de heroína. Del otro lado del Atlántico, algunas británicas como Emily Blunt (The Young Victoria), Carey Mulligan (An Education) y Rebecca Hall (Vicky Cristina Barcelona) osan sumarse con su acento distintivo. Anne Hathaway, Katherine Heigl y, claro, Amy Adams, cumplen con todos los mandamientos y parecen llevar la delantera. A favor de la entrevistada debe apuntarse el haber actuado en la taquillera Night at the Museum 2 (2009), tener aspecto de girl next door y conseguir el aval de grandes figuras (bromeó con Meryl Streep sobre un futuro rol como hermanas siamesas). Igual que las otras dos nominadas. La diferencia, tal vez, resida en haber hecho la transición del drama a la comedia con verdadero suceso (la bellísima Hathaway fue la única olvidada en los Oscar por su rol en Brokeback Mountain, Heigl sigue en la pantalla chica con Grey's Anatomy). Tras The Leap Year se la podrá ver en el drama The Fighter junto a Mark Wahlberg y Christian Bale. El talento, el marketing y la volátil decisión del público harán el resto.
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