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Domingo 31 de Enero de 2010

Barack Obama

Un año con él

por Felipe Real / Fotos: Chuck Kennedy / Pete Souza

Entre la continuidad y los cambios. A doce meses de la asunción de Barack Obama como presidente, repasamos los principales puntos de sus políticas: la reforma financiera y la de salud; las guerras de Afganistán e Irak y sus relaciones con Rusia y China. También atendemos al rol de los hispanos en esta gestión y los contactos con América Latina. El balance no puede dejar de ser positivo aunque algunos planteen que se avanzó poco y los más sutiles críticos sugieran que no hubo tantos cambios como se prometió en la campaña presidencial. De ahora en más, el mandatario deberá ratificar aciertos y corregir errores para orientarse con fuerza hacia las elecciones de medio mandato, mientras los republicanos buscan reacomodarse en el Parlamento.

Un año es mucho tiempo. O muy poco. Durante el primer año del mandato de Barack Obama, las agujas del reloj corrieron más rápido que para ningún otro presidente: la crisis económica, los frentes de guerra abiertos en Afganistán e Irak y las presiones desatadas por sus planes para modificar el sistema sanitario y financiero fueron los aceleradores que consumieron el 25% de su gestión. Su primera virtud fue no mostrarse como un novato asustado en medio de la tormenta y tener los suficientes reflejos para distinguir lo urgente de lo importante y esbozar proyectos con un alto grado de consenso. Ahora será el tiempo de concretarlos y de convertir los simples paliativos en políticas a largo plazo. Sin embargo, Obama es hijo de su tiempo y no escapa a las contradicciones de su época y del magno puesto que ocupa: como si faltaran evidencias de ello, estrenó su premio Nobel de la Paz anunciando el envío de más tropas a Afganistán.

 

En sólo un año, este hombre nacido en Honolulu y criado políticamente en las calles de Chicago recibió halagos e insultos, decidió cambios y continuidades, provocó esperanzas y desilusiones. Hoy, las encuestas demuestran que su popularidad decreció para rondar el 52%. Lejos de permitirse caer en análisis pesimistas y simplificadores -siempre tan en boga-, hay que comenzar por aceptar que era previsible que la imagen se vaya paulatinamente "desinflando" cuando Obama se abocara a la ardua tarea de gobernar. Ni el más creyente de los asesores de marketing político podía esperar que los índices de aprobación siguieran tan altos después de trocar la poética publicitaria por la aburrida prosa legal. Por estos días -esto también debe quedar claro- los republicanos pretenden usar este "baño de realidad" al que son sometidos los ciudadanos para intentar recuperarse en las próximas elecciones y aumentar su fuerza en el Parlamento con la aspiración de poder marcar las directrices del gobierno e imponer sus temas en la agenda. Su principal crítica reza que "en un año no se resolvió ninguno de los problemas importantes".

 

Doce meses, a decir verdad, es poco tiempo para remediar conflictos de semejante magnitud, pero es bastante para observar líneas de renovación: algunas políticas terminarán de concretarse en el próximo semestre y, más tarde, empezarán a influir positivamente en la vida de los ciudadanos. En cierta forma podría plantearse que Obama avanzó todo lo que se podía avanzar. Y, aunque parezca poco, es mucho si se tiene en cuenta que el eje del consenso político desde el 11-S había quedado radicalmente a la derecha. Cabe aclarar también que el aparato estatal recibido por el afroamericano es muy distinto al Estado concebido por Theodore Roosevelt o al que dirigiera el mismo John F. Kennedy -sus principales referentes- después de los cambios aplicados por Ronald Reagan hace 30 años en el gobierno federal.

 

Así como doce meses es poco para pretender que los problemas sean resueltos, también es bastante tiempo para asumir que hay cambios que no fueron todavía impulsados y que otros, tal vez, nunca serán activados. Pese a que son claras las dificultades que afronta la gestión, no podemos aceptar que esos aprietos de distinta índole se conviertan en una mera coartada para justificar que la administración del "Sí, podemos" tenga ahora como frase de cabecera "Ya veremos". En todo el espectro del pensamiento se oyen voces que señalan que, lejos de sus promesas de cambios, Obama ha dado continuidad a demasiadas políticas trazadas por la dinastía Bush o la era Clinton. Los analistas plantean que no sólo se aplican muchas de las mismas recetas con un leve estilo "alla Obama" sino que también nombró a los mismos funcionarios. A poco más de un año de aquella fría mañana en Washington donde la llama de la esperanza abrigaba a todos los hogares estadounidenses, es buen momento para hacer un balance, bosquejar perspectivas y analizar los puntos obligados de la agenda presidencial.

 

Reforma de salud. Si bien quedó a mitad de camino, en breve podrá alcanzarse. Fue uno de los proyectos cardinales de la gestión: su arduo debate erosionó la aprobación pública del presidente quien, finalmente, cerró el año celebrando la aprobación del proyecto en el Senado. La Cámara de Representantes, a su vez, ya en noviembre había consentido su propia versión de la reforma. Ahora todas las partes deberán formular un proyecto único que tamice las diferencias y logre convertirlo en ley. Sin ser un plan universal al estilo europeo, la iniciativa oficial pretende ampliar la cobertura a millones de ciudadanos y mejorar el sistema de seguros médicos. Aunque los inmigrantes ilegales quedarán fuera, las organizaciones de médicos hispanos consideran que será beneficiosa para los latinos.

 

Economía y finanzas. Frente a la peor crisis desde la Gran Depresión, Obama forjó un plan de estímulo económico valorado en 787 mil millones de dólares que volvió a darle dinamismo al mercado e intentó concretar reformas al sistema financiero. Con idas y vueltas, la Cámara de Representantes del Congreso aprobó en diciembre el mayor paquete de cambios regulatorios de los últimos 70 años. Los demócratas festejaron lo que, hasta el momento, es su mayor logro. El proyecto crearía un consejo entre agencias para vigilar el riesgo sistémico y una nueva agencia de protección al consumidor financiero. Además, establecería duras penas contra los fondos de cobertura y agencias calificadoras de crédito. Una de las normativas más novedosas es la que indica que la Reserva Federal deberá exponer su política monetaria a un escrutinio legislativo. Durante todo este año, el Senado seguirá discutiendo medidas similares a fin de evitar un nuevo colapso financiero y se espera un lento y paulatino cambio de concepción del marco que guía a la economía.

 

Sin embargo, los críticos más sutiles advierten que con los nombramientos de Lawrence Summers al frente del directorio del Consejo de Economía Nacional y de Timothy Geithner como secretario del Tesoro se están reciclando funcionarios de la administración Clinton, presentes en la génesis de la burbuja financiera. Hasta ahora, Obama puede alegrarse de haberle dado vida a la economía y evitar la profundización de la crisis. En el futuro, deberá atender al mercado laboral: según el Departamento de Trabajo, la tasa de desempleo es del 10% y existen 15 millones de desocupados.

 

Cambio climático. Las iniciativas referidas a esta temática comenzaron el año avanzando muy rápido y terminaron rezagadas. Despertaron aplausos los nombramientos de especialistas prestigiosos como el premio Nobel de Física, Steven Chu, al frente de la Secretaria de Energía o de la hispana Lisa Jackson al mando de la Agencia para la Protección del Medio Ambiente y de Nancy Sutley, ex alcaldesa de Los Angeles, en la dirección del Consejo de la Casa Blanca en Calidad Medioambiental. Pero los planes sobre los combustibles alternativos se quedaron sin energía y las novedosas iniciativas perdieron frescura ante los lobbys. Su encendido discurso a favor del ecosistema y de la "economía energética" no fue correspondido con esfuerzos para reducir las emisiones de gases de invernadero ni con políticas concretas. La Cumbre contra el calentamiento global en Copenhague, Dinamarca, fue un cierre negro: el apoyo financiero propuesto por Estados Unidos tuvo sabor a poco.

 

Conflictos bélicos. El discurso de campaña de Obama estaba lleno de ingredientes pacifistas y muchos creyeron que haría lo contrario de George W. Bush. Por eso desentona cuando intenta interpretar el rol de "misionero bélico". Algunos creen que sobreactúa para evitar que los republicanos lo acusen de ser demasiado débil: el tiempo dirá si con esto recibe más silbidos que aplausos. Para sorpresa de muchos, tras ganar la elección, afirmó que mantendría como ministro de Defensa al republicano Robert Gates y aceptó su plan para aumentar las tropas en Afganistán y garantizar la gobernabilidad. Pero los logros no llegaron y debieron activar el "plan McCrystal light" que refuerza las políticas anti-insurgentes utilizando la menor cantidad posible de efectivos. En Irak la situación dista de ser halagüeña y el regreso de tropas propuesto para agosto de 2010 será simbólico, pues 50 mil soldados se quedarán en ese territorio por otra temporada. Asimismo, Pakistán e Irán no ayudaron a calmar los ánimos en la región: ambos países pueden convertirse en otro gran escollo. En esta materia, Obama carece de grandes márgenes de maniobra frente a la burocracia castrense, los voceros del complejo industrial-militar y los impredecibles enemigos. A fin de 2009, la organización terrorista Al Qaeda reapareció e influyó para que Yemen fuera puesto en la mira: en vez de hablar de "guerra preventiva" ahora se usa la expresión "ataques quirúrgicos". A un año, ya se estrena un nuevo eufemismo.

 

América Latina. La relación arrancó con un afectuoso saludo brindado por la totalidad de los líderes latinoamericanos, incluyendo a Fidel Castro. Continuó con un auspicioso paso por la Cumbre de Trinidad y Tobago donde Obama prometió buscar "una relación basada en el respeto mutuo". Sin embargo, la escasa atención brindada, los dobleces de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y la influencia de los republicanos podaron las buenas perspectivas. Las pinceladas de amistad con Cuba terminaron siendo pinturas cosméticas y las coincidencias iniciales con Brasil para favorecer los biocombustibles generaron chispazos: no fueron bien recibidas las críticas a la compra de aviones franceses, el plan para instalar siete bases militares en Colombia y el complaciente rol de Washington ante el golpe cívico-militar a Honduras. Aunque ambos países compiten por liderar el continente, estos desencuentros se produjeron por los proyectos del Pentágono que, evidentemente, van más allá de la administración Obama y el bloqueo de los congresistas republicanos al nombramiento de Thomas Shannon como embajador en Brasil o de Arturo Valenzuela como subsecretario de Asuntos del Hemisferio Occidental. Finalmente, el apoyo fue dado -según trascendidos- a cambio de que se impida el regreso al poder del mandatario hondureño Manuel Zelaya. El riesgo es que las políticas que evocan al famoso "big stick" erosionen la enorme popularidad del mandatario en la región. Con Chile, Perú, Colombia, Costa Rica, Panamá, y quizá México, posee una buena relación y con el resto, es muy distante. Todavía Obama puede demostrar que es mejor vecino que Bush, pero sus hombres deben usar otros "modales".

 

Rusia y China. Uno de los gestos más importantes en materia de política exterior fue la suspensión del "escudo misilístico" que la gestión Bush proyectaba instalar en Europa del Este y sustituirlo por otra iniciativa más modesta. De ese modo, no sólo se logró calmar la irritación de Moscú y evitar el desarrollo de un escudo similar para garantizar una paridad estratégica sino que, asimismo, ahora puede aspirar a comprometer a Rusia en la contención de Irán. En noviembre, Obama visitó China para aclarar que no pretendía lidiar con el gigante asiático sino vincularse con él protegiendo sus propios intereses. Sin embargo, el fortalecimiento de los lazos comerciales no implicó que Beijing haya aceptado revisar sus políticas sobre Derechos Humanos. El saldo, en ambos casos, es positivo.

 

Guantánamo. A poco de asumir, Obama se comprometió a cerrar la prisión en suelo cubano a principios de 2010. Algunos reos fueron transferidos, se blanqueó la situación de otros y se buscaron tribunales capaces de juzgarlos. Sin embargo, en noviembre, sus planes volvieron a complicarse: Obama aceptó que los tiempos de Washington son más lentos de lo que se creía, asumió que requerirá la ayuda del Congreso y no estableció una nueva fecha de cierre. A mediados de diciembre, ordenó la adquisición de un reclusorio en Illinois para albergar a algunos de los 215 detenidos que permanecen en Guantánamo. El mayor mérito fue reafirmar que son ilegales las técnicas de interrogatorios difundidas en la era Bush. Una deuda pendiente: sin despertar el interés de la opinión pública, en la cárcel de Bagram, en Afganistán, otros 600 prisioneros sufren los mismos flagelos que en la polémica base.

 

Hispanos. Obama llegó a la presidencia con un inusitado apoyo del electorado hispano, que claramente le dio la espalda a la propuesta del Partido Republicano. Si bien era previsible que las iniciativas referidas a la comunidad hispana avanzaran lento, Obama asombró a todos eligiendo alrededor de 40 latinos para ejecutar cargos elevados que requirieron la aprobación del Senado. Como si fuera poco, nominó a la jueza Sonia Sotomayor para integrar la Corte Suprema de Justicia: un hecho histórico. En un año tan convulsionado, la reforma migratoria ha permanecido estancada. Pero su demora no es necesariamente mala y podría funcionar como una pausa estratégica para darle mayor impulso en el contexto adecuado. Hacia finales de 2010, con los resultados del Censo Nacional en la mano y un panorama económico clarificado, podría abrirse nuevamente el debate. Las palabras del presidente sugieren que no será posible una legalización indiscriminada ni que se saldrá a "cazar" ilegales. Los ciudadanos hispanos que deseen influir positivamente en la legislación inmigratoria, deben recordar que su esfuerzo vale. Y que, a diferencia de otras épocas, ahora hay ciertas propuestas que pueden plantearse y ser oídas. Pues no todas las ideas deben salir de la Casa Blanca.

 

 


 

 

Las frases del año


"Estoy menos interesado en asignar la culpa que en aprender y corregir estos errores para mejorar la seguridad. Finalmente, esto termina en mí."

 

- Barack Obama luego del fallido atentado en el vuelo Amsterdam-Detroit


"Entregó millones a Wall Street, tomó medidas contra los inmigrantes ilegales que recibían servicios de salud, y está enviando a otros 30 mil soldados a Afganistán... Puede que sea recordado como nuestro mejor presidente republicano."

 

- El presentador de TV, Jay Leno


"El futuro de Africa depende de los africanos (...) Llevo sangre africana en mis venas, y la historia de mi propia familia refleja las tragedias y los triunfos del pasado de Africa (...) Pero Occidente no es responsable de la destrucción de la economía zimbabwense en la última década ni de las guerras donde los niños han sido reclutados para combatir."

 

- Barack Obama durante su visita a Ghana


"Este año hemos presenciado el desmoronamiento de Obama. Pero no había que esperar mucho, en verdad (...) Se le cayó la careta: ahí está el imperio, pero hay un pueblo batallando en Honduras."

 

- El presidente venezolano Hugo Chávez al analizar la relación de Washington con Honduras

 

"Por mucho que lo quiera y admire, tiene que darse cuenta que tiene que trabajar a favor nuestro; no ponerse del lado de Wall Street, esa familia de bancos y compañías de inversión pertenecientes al crimen organizado. Si Obama no se pone de nuestro lado, haré una película sobre él que dejará a la que hice sobre Bush como una película de Disney."

 

- El cineasta Michael Moore explicando sus esperanzas y temores

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