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Viernes 15 de Mayo de 2009

Benedicto XVI en Tierra Santa

El Papa de la discordia

por Silvina Batallanez / Fotos: EFE

El pasado de Ratzinger volvió al escenario de la polémica durante su reciente gira por Tierra Santa. Sus palabras sobre el Holocausto no fueron bien recibidas en Israel, pero gozó del beneplácito de la comunidad palestina.

La llegada del Papa Benedicto XVI a Israel, como era previsible, sembró nuevas semillas de discordia en la problemática política religiosa con epicentro en Jerusalén. Pero no es la visita del mayor representante del catolicismo lo que produce la polémica, sino su origen alemán y su presunta vinculación con el Tercer Reich durante su juventud.

 

Cada acción y palabra del ex cardenal Joseph Ratzinger fueron escrutadas, analizadas y criticadas con fervor. En su primera visita a Tierra Santa, el Papa, de 82 años fue acusado de no haberse extendido suficientemente en su denuncia sobre el Holocausto. “Aunque el Papa se lamentó de la horrible tragedia de la Shoá, el pontífice habló como un historiador, como alguien que observa entre bambalinas, sobre cosas que no debieron ocurrir. ¿Pero qué se puede hacer? El fue parte de ellos. Con todo respeto por la Santa Sede, no podemos ignorar el bagaje que trae”, dijo en un discurso del lunes 11 de mayo, el vocero de la derecha parlamentaria de Israel Yad Vashim

 

Visiblemente decepcionado por la alocución del Papa en el Memorial del Holocausto, el presidente del Parlamento israelí, Reuven Rivlin también apuntó sobre la biografía de Ratzinger diciendo: “No se puede ignorar el paquete que carga como joven alemán que se unió a la Juventud Hitleriana y como persona que formó parte del ejército de Hitler, que fue un instrumento para el exterminio”. En el mismo sentido, el rabino central Meir Lau expresó que la referencia al genocidio judío durante la Segunda Guerra la hizo a través de palabras abstractas, "olvidando" mencionar a las "víctimas y victimarios".

 

Frente a esto, el vocero del Vaticano Federico Lombardi, salió a defenderlo en un primer momento con tintes de desesperación: "Nunca, nunca, nunca perteneció a la Juventud Hitleriana". Pero más tarde tuvo que corregirse ante el recordatorio de algunos periodistas sobre lo que el mismo Ratzinger admitió en una entrevista publicada en el libro La sal de la tierra del alemán Peter Seewald, donde contaba que había sido movilizado automáticamente para servir en la Wehrmacht. Cuando el escritor le preguntó si había estado en las filas de la Juventud Hitleriana, Ratzinger explicó: "Al principio no, pero cuando en 1941 se convirtió en obligatorio, mi hermano fue forzado a entrar. Yo era todavía muy joven, pero más tarde, como seminarista, fui inscripto en las JH. Tan pronto dejé el seminario, nunca regresé".

 

No obstante, el sacerdote agregó que Benedicto XVI había mencionado sus raíces alemanas en una sinagoga en Colonia en 2005 y en Auschwitz en 2006 por lo cual "no puede mencionar todo cada vez que habla" y añadió que el pontífice se había unido a una sección antiaérea del tipo al que muchos jóvenes eran reclutados cerca del final de la Segunda Guerra Mundial, y volvió a negar lo que el mismo Papa aceptó: "Esto no era como la Juventud Hitleriana, un cuerpo de voluntarios que estaban 'fanática e ideológicamente' a favor de los nazis".

 

Las observaciones sobre los detalles de los años de seminarista y su vinculación con los nazis también fueron analizados exhaustivamente en los términos utilizados por el Papa en su discurso. Pero no solo  fueron el blanco preferido por parte de la derecha israelí y algunos religiosos ortodoxos; una de las quejas sobre su disertación del lunes fue acerca de la palabra "matar" en lugar de "asesinar" para referirse al destino de los seis millones de judíos muertos por el régimen alemán. En una columna del diario Haaretz, el historiador de centro izquierda Tom Segev insinuó que el término sonaba a "como si hubiera sido un infortunado accidente", y agregó: "Uno hubiera esperado que los cardenales del Vaticano hubieran preparado un texto más inteligente para su jefe", y subrayó: "La tacañería verbal desplegada por Benedicto también disminuye el impacto de cualquier cosa que pueda decir sobre el sufrimiento palestino. Si hubiera dicho lo que debía decir sobre el Holocausto, hubiera podido decir más para condenar las sistemáticas violaciones de Israel a los derechos humanos de los residentes en Cisjordania y Gaza".

 

Inteligente e irónica, aunque controvertida y comprometida, fue la interpretación de la periodista del mismo diario israelí Lily Galli cuando al opinar sobre la decepción generada por el Papa, dijo: "No es culpa del orador sino de nosotros (los israelíes) a quienes nos resulta difícil entender el mecanismo de la Iglesia Católica, cuyos representantes no piden disculpas, dado que su institución no comete errores; ésa es su esencia… El actual Papa no se dirigió a los judíos sino a los millones de fieles católicos, utilizando exactamente las palabras que él cree que ellos están dispuestos a escuchar".

 

Las críticas que se ganó el jefe del Vaticano también encontraron argumento en la diferencia radical de palabra y carácter con su predecesor Juan Pablo II, quien durante una visita a ese país hace nueve años había dicho "asesino" al referirse al Holocausto en su discurso en Yad Vashem. Pero además se tuvo en cuenta la "calidez humana" del Papa polaco frente a la "parquedad" del germano. La controvertida decisión de levantar la excomunión al Obispo negador del Holocausto, Richard Williamson, también estuvo presente entre los reclamos y suspicacias.

 

No obstante la polémica sobre la superficialidad de las palabras papales, el máximo representante de la Iglesia Católica reclamó una "patria soberana" para los palestinos. No solo reclamó sino que "sus palabras" no estuvieron exentas de candente afirmación sobre los derechos palestinos, algo que, por un lado le hizo recibir el beneplácito de la comunidad palestina, pero volvió a topar contra la sensibilidad de algunos israelíes.

 

En su visita a la ciudad cisjordana de Belén, la "cuna del cristianismo", afirmó: "La Santa Sede apoya el derecho de su pueblo a una patria palestina soberana en la tierra de sus ancestros, segura y en paz con sus vecinos, con límites reconocidos internacionalmente". Y durante una misa en la Iglesia de la Natividad dedicada especialmente a la población de la Franja de Gaza, dijo: "Estén seguros de mi solidaridad con ustedes, ante el inmenso trabajo de reconstrucción que los aguarda. Mis plegarias están dirigidas a que el bloqueo sea levantado pronto".

 

El pontífice, que pudo presenciar directamente una barrera de control en la frontera con la Franja de Gaza, al atravesarla con el papamóvil para llegar a Belén, dijo: "Yo sé cuanto sufren ustedes y vienen sufriendo hace decenas de años. Espero que los palestinos gocen de una mayor libertad de tránsito y puedan llegar a los lugares santos y hago un llamado a la comunidad internacional para que ayude a la reconstrucción de las casas y los hospitales que han sido destruidos, especialmente durante los últimos combates en Gaza. Y espero que reine la paz en esta región eternamente".

 

Mientras realizaba la visita al campo de refugiados Al Aida enfatizó sobre la existencia del muro de separación construido por Israel alegando que es "un símbolo de estancamiento" entre las partes en conflicto. "Elevándose sobre nosotros, que estamos reunidos aquí esta tarde, el muro es una desolada muestra del callejón sin salida a que parecen haber llegado las relaciones entre israelíes y palestinos", afirmó. Y añadió: "En un mundo donde se están abriendo cada vez más fronteras es trágico ver muros que se levantan". Aunque consintió señalando a los palestinos que "sus aspiraciones legítimas a hogares permanentes, a un Estado palestino independiente, permanecen incumplidas" pidió a los jóvenes palestinos que "deben tener la valentía de resistir la tentación de recurrir a la violencia o al terrorismo".

 

Ante la polémica en Israel, varias figuras judías como el director de la Liga Antidifamación Abraham Foxman se negaron a dar tanta importancia al asunto sobre el pasado de Ratzinger, lo que podría sustentar la sospecha de algunos analistas de que este escándalo, más que un desconsuelo por el papel de la Iglesia con el genocidio perpetrado por los nazis, podría ser una herramienta para opacar el problema actual que tiene Israel con la causa palestina. Foxman afirmó sobre Ratzinger: "Nunca negó el pasado, nunca lo ocultó". Y un editorial del Jerusalem Post publicó: "En cuanto a la Juventud Hitleriana, ni siquiera el Yad Vashem consideró que merecía una investigación. ¿Por qué deberíamos preocuparnos nosotros?".

 

Fuentes: EFE, Jerusalem Post, New York Times, The Guardian, Haaretz.

 

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