por Stephen Leahy / Fotos: StockFood
El código de barras del DNA llegó al mundo vegetal. La adopción global del “código de barras de la vida”, un nuevo sistema para clasificar las especies analizando una secuencia corta del DNA, es un hecho. Los avances en la técnica de los perfiles genéticos pueden emplearse para erradicar el comercio ilegal de madera, regular de modo apropiado la aplicación de hierbas medicinales y mucho más, prometen los científicos. Además, advierten que la aplicación de esta herramienta para revelar las complejas dinámicas de la naturaleza implanta todo un inédito campo de investigación, que puede tener importantes implicaciones en materia de conservación.
Los avances en la técnica de los perfiles genéticos pueden emplearse para anular el comercio ilegal de madera, reglamentar de manera apropiada la aplicación de hierbas medicinales y mucho más, aseguran los científicos. Los hallazgos fueron anunciados por científicos reunidos en noviembre pasado en la Academia Mexicana de Ciencias. Alrededor de 350 expertos de 50 países de todo el mundo llevaron a cabo la III Conferencia Internacional del Código de Barras de la Vida durante la que se selló un histórico acuerdo que abrirá el camino para luchar de forma efectiva contra el comercio ilegal de madera.
El secretario ejecutivo del Consorcio del Código de Barra de la Vida (CBOL, por sus siglas en inglés), David Schindle, explicó que en poco tiempo, la técnica iniciada en la Universidad Guelph de Canadá, se va a convertir en una herramienta fundamental para multitud de agencias gubernamentales: "Llevó cuatro años, pero la nueva disciplina del código de barras del DNA (ácido desoxirribonucleico) ahora cuenta con el marcador preciso para las plantas".
El proyecto del código de barras genético nació en Canadá en 2003 cuando Paul Hebert, científico del Instituto de Biodiversidad de Ontario, en la Universidad de Guelph, descubrió una pequeña porción de un gen que funciona como un identificador de animales y plantas casi infalible. La secuencia está presente en todas las células y muestra variaciones relacionadas con su recorrido evolutivo. Desde entonces, el proyecto ha acaparado códigos a una velocidad vertiginosa. Si en 2007 su base de datos atesoraba 31 mil especies, ahora tiene más del doble, gracias en parte a la colaboración de 170 instituciones científicas en más de 50 países. Su objetivo es alcanzar el medio millón en cinco años. Su creador aspira a tener en 2025 el código de todas las especies conocidas, unos cinco millones.
Esta herramienta jugará un papel fundamental en campos tan dispares como el estudio de la biodiversidad, la lucha contra las enfermedades o el contrabando de especies protegidas o no permitidas. Además, el código de barras tendrá muchas aplicaciones en el análisis de alimentos. "Científicos expertos en biodiversidad están usando esta técnica genética para desentrañar misterios, de modo muy similar al que los detectives usan para resolver crímenes", declaró Schindel.
Representantes internacionales del CBOL se reúnen de forma periódica para profundizar en las aplicaciones de esta herramienta y compartir e intercambiar datos con los que construir una biblioteca de referencia sobre especies. En Estados Unidos, uno de los usos de esta técnica será comprobar con exactitud las especies de productos pesqueros importados. En países de Sudamérica, como Brasil, se admitirá determinar si un cargamento de madera exportado es legal o si pertenece a una especie protegida.
En México centran los esfuerzos en recopilar su enorme biodiversidad, mientras que en Africa la tecnología del código de barras genético permite luchar contra la venta ilegal de carne de animales protegidos. Otro importante empleo es la distinción de las diferentes especies de mosquitos implicadas en la transmisión de enfermedades como la malaria, un arduo trabajo llevado a cabo por los taxonomistas de mosquitos y al que el código de barras genético puede ayudar mucho.
"Este trabajo en México y otros lugares es enormemente importante. El código de barras es una herramienta para identificar especies de modo más rápido, más barato y más preciso que los métodos tradicionales", señaló Patricia Escalante, directora del Departamento de Zoología del Instituto.
El DNA contiene todas las instrucciones genéticas para que cualquier organismo se desarrolle. Mientras el de un ser humano es diferente y más complejo que el de un gusano, el de un ratón es bastante similar al de las personas. Se prevé que en pocos años la tecnología avance al punto de que identificar una especie consista en poco más que tomar una muestra de tejido y usar un escáner de código de barras similar al que se emplea en un comercio, explicó Schindel.
Aunque se han encontrado fragmentos de DNA donde están los códigos de barras de aves e insectos, el avance no era igual con los vegetales, porque se estima que hay unas 400 mil especies. Ahora los científicos del CBOL pueden compilar una base de datos de todas las especies de plantas conocidas con sus códigos de barra únicos, para conformar una biblioteca que sirva como referencia mundial.
En el futuro cercano, los inspectores podrán tomar una pequeña muestra de troncos o madera y determinar si proceden de árboles talados ilegalmente. Pruebas similares también pueden usarse para verificar si una madera exótica que se está vendiendo a un precio elevado en el mercado legal es realmente lo que dice ser. Esto puede valorizar productos, erradicar el comercio ilegal, o revelar falsificaciones, advirtió Schindel. Lo mismo se aplica a las medicinas elaboradas con hierbas. Las mezclas de preparaciones con hierbas secas y molidas son muy difíciles de identificar sin un código de barras de DNA, agregó.
Las ventajas
México tiene alrededor de 800 especies de cactus, algunas de las cuales son muy raras y preciadas por los coleccionistas. Pero no hay ningún mapa de las cadenas de especies y apenas unos pocos expertos en el mundo pueden identificar a las especies individuales. "Si México no protege a estas especies raras, desparecerán, pero primero hay que saber dónde están", manifestó Schindel. El código de barras genético puede ayudar a trazar mapas de la distribución de cada especie. Y eso, a su vez, puede abrir nuevos mercados para que la población local aproveche los cactus, porque los funcionarios sabrán si puede hacerse de modo sustentable, añadió.
También es difícil de determinar de manera sencilla si se está ante un caso de tráfico de animales. En 2003, un brasileño fue atrapado contrabandeando 58 huevos. Argumentó que eran de codorniz, pero la policía aeroportuaria sospechó que podían ser de cotorras. Los pichones nunca rompieron el cascarón. Sin embargo, el código de barras del DNA demostró que tres de los huevos eran de guacamayos azules (Anodorhynchus hyacinthinus) y dorados (Ara rubrogenys), especies vulnerables, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), 51 loros cica o de vientre azul (Triclaria malachitacea) o loros cariamarillos (Alipiopsitta xanthops), ambos amenazados, y otros cuatro loros reales amazónicos (Amazona ochrocephala).
Las aplicaciones de los perfiles genéticos parecen infinitas. En México, científicos españoles anunciaron que habían determinado el código de barras de la sangre hallada en los vientres de 100 mosquitos, para averiguar a qué animales picaban los insectos además de los seres humanos. Según un comunicado de prensa, encontraron que los mosquitos habían picado a 18 mamíferos, entre ellos liebres, perdices y mangostas, además de 26 aves. Los resultados son importantes para investigar los vectores de transmisión del paludismo y otras enfermedades.
Investigadores canadienses presentaron nuevos estudios basados en el análisis del material genético de las heces de murciélagos, que revelaron que ocho especies se alimentan de unos 300 tipos de insectos. Esta aplicación del código de barras del DNA para descubrir las complejas dinámicas de la naturaleza constituye todo un nuevo campo de investigación, que puede tener importantes implicaciones en materia de conservación, indicó Atilano Contreras, del Instituto de Biología de la UNAM. Aunque su uso no está difundido en México, el código de barras genético permitió identificar varias nuevas especies de parásitos. Se cree que los parásitos micóticos son la principal causa del declive mundial de los anfibios, recalcó Contreras. Para realizar estas investigaciones "no se necesita un sofisticado laboratorio de alta tecnología, y el costo es bastante bajo, de entre 10 y 20 dólares la muestra", destacó.
Hasta ahora "se tienen aproximadamente 600 mil secuencias de unas 50 mil especies en el Bank of Life Datasystem, www.boldsystems.org)", la base de datos asociada con este proyecto internacional de libre acceso, precisó la científica Patricia Escalante. Los sistemas de clasificación biológica existentes tienen por el momento descritas un total de 1.5 millones de especies, aunque se presume que aún están por descubrir "entre 10 y 100 millones más", según estimaciones relacionadas con el mundo de los insectos.
En opinión de Escalante, con este método de barras se podría mejorar el conocimiento de la biodiversidad del planeta y avanzar en el inventario de las especies que existen. "Si no se conoce la biodiversidad, no podemos cuidarla", añadió. México, Colombia, Brasil e Indonesia son algunos de los países que cuentan con una mayor diversidad de especies, lo cual los convierte en potenciales beneficiarios de una mejor protección de su medio ambiente.
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