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Miércoles 24 de Junio de 2009

Boris Vian

El hombre que pensaba en verso

por Belén Palanco / Fotos: Wikimedia

A los 50 años de su muerte, resurge la figura del artista renacentista que se adelantó a su tiempo. Músico y literaro, cultor del hedonismo y la Patafísica, Boris Vian tuvo escaso reconocimiento en vida, que transitó con salud endeble, y culminó a sus 39 años. El paso de los días lo ha entronizado más todavía.

Boris Vian - El hombre que pensaba en verso

Si Boris Vian resucitase hoy, cuando se conmemora el 50 aniversario de su muerte, seguiría siendo un escritor y trompetista de jazz adelantado a su tiempo, al igual que lo fue en vida, gracias a su swing y su manera de comerse la vida sin pausa y a bocados.

Su descripción en su poemario No quisiera morir (Hiperión) de qué es ser un poeta resume su persona: "Es un ser único/ En montones de ejemplares/ Que no piensa más que en verso/ Y no escribe más que en música/ Sobre motivos diversos/ Unos rojos otros verdes/ Pero magníficos siempre".

Así era Boris Vian (1920-1959). Un poeta que dio alas a su curiosidad y tan pronto escribía como componía canciones tan polémicas como "Le Déserteur" que marcó un hito antimilitarista en Francia, su país natal.

Su multiplicidad de intereses arrancó en su infancia. Para él –al igual que para otros artistas– la infancia fue un período de reclusión en casa y de ausencia del colegio debido a un aquejado estado de salud. El corazón siempre le causó problemas y fue la causa de su muerte. A los 39 años, Vian sufrió un infarto coronario mientras veía la adaptación cinematográfica de su novela J'irai cracher sur vos tombes (Escupiré sobre vuestra tumba).

Para el músico, los problemas de salud comenzaron con dos dolencias de niño: reumatismo cardíaco y fiebres tifoideas, y un edema pulmonar. Esas enfermedades mermaron sus fuerzas hasta el límite que su pasión por la trompeta empezó a decaer diez años antes de su muerte.

A pesar de que estudió ingeniería, en cuanto pudo se volcó en el jazz y la literatura y se labró una carrera de escritor de novelas, cuentos, poemas, guiones de cine, obras de teatro, espectáculos de cabaret, óperas y ensayos.

En una sociedad de posguerra, su intelecto "renacentista" se adelantó a su tiempo y no se ciñó a los márgenes de una materia, si no que se empeñó en llegar a ser un buen músico, un buen literato, un buen traductor... y tan sólo se le reconoció a medias y en vida la calidad de su obra literaria.

Este miembro de la Patafísica –ciencia de las soluciones imaginarias creada por Alfred Jarry–, conoció lo que es el rechazo de un manuscrito con su obra L'arrache-cœur (El arrancacorazones) por parte de su editorial, Gallimard. Lo que confirmó "a posteriori" la cita de que el tiempo pone a cada persona en su lugar.

A Boris Vian el paso de los días le ha entronizado más todavía. Su sombra es patente hoy en París, ciudad eterna que le vio nacer y desarrollar su talento y que homenajea el legado de este trompetista de los clubes parisinos de Saint-Germain-des-Prés.

Y también su leyenda es alimentada en la escena musical contemporánea. Desde el último álbum del cantante argentino Andy Chango que se titula Boris Vian e incluye temas como "El desertor" o "No quisiera morir". Hasta el tributo que le rinde la banda indie holandesa que se hacen llamar Bison Ravi, un pseudónimo anacrónico que el escritor empleó en sus relatos publicados en Les temps modernes.

El poeta cultivó el uso de alias –Vernon Sullivan, Brisavion, Bison Ravi o Baron Visi– y ante todo trabajó de manera incansable, a pesar de sus achaques, sin detenerse ante nada y nadie.

En la actualidad, su prosa clave –La espuma de los días, El otoño en Pekín, La hierba roja, Que se mueran los feos, El lobo-hombre y El arrancacorazones– está editada en castellano y, asimismo, sus poemarios Barnum's Digest y Cantilejas en jalea y No quisiera morir, por Hiperión.

Por otro lado, no hay que olvidar la faceta más divertida e inventora de este habitual en su juventud de las "surprise-parties" parisinas –fiestas "sorpresa" con alcohol, sexo y música–, que creó el pianococktail, un nuevo piano que mezcla licores basándose en la combinación de las piezas que se interpretan.

Y es que su talento se refinó entre las aulas más elitistas y los bares de jazz y frecuentó la amistad con personalidades que marcaron también un antes y un después en las Artes del siglo XX. Como la de Jean-Paul Sartre que le costó su primer matrimonio. El filósofo y su primera esposa, Michelle Lèglise, mantuvieron una relación extramarital y Vian tomó otro tren, el de la bailarina Ursula Kúbler, con quien acabó sus días.

Fuente: EFE

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