por Carolina Cohan / Fotos: Andrew Brookes / Owen Franken / Andy Rain / Christy Bowe
Pese al rechazo de los sectores conservadores y los grupos religiosos, el presidente Barack Obama dio el puntapié inicial a principios de marzo para el uso de fondos públicos en las investigaciones con células madre embrionarias. Entre la polémica y el sano debate, este gran paso adelante no significa una falsa elección entre la ciencia y los valores morales, sino la búsqueda de aliviar el dolor humano. Y un reconocimiento a la comunidad científica que con la decisión tomada en su momento por George W. Bush, demoró el progreso por casi ocho años.
En medio de la complicada agenda del gobierno de Estados Unidos, centrada básicamente en la crisis económica y financiera, el presidente Barack Obama tuvo tiempo, a comienzos de marzo, para cumplir otra de sus promesas de campaña. Con una orden ejecutiva, eliminó las restricciones impuestas por el gobierno de su antecesor George W. Bush sobre el uso de fondos públicos en las investigaciones con células madre embrionarias. Abrió así un camino alentador en la búsqueda de una cura para enfermedades como mal de Parkinson, Alzheimer, diabetes, fibrosis quística o esclerosis múltiple, entre otras. Pero a la vez, reavivó una resonante polémica.
El anuncio, muy esperado por la comunidad científica estadounidense, generó entusiasmo y enormes expectativas. Aunque a la vez actualizó la controversia sobre el aspecto ético de esta poderosa herramienta médica. Es que estas células, capaces de convertirse en cualquier célula del cuerpo y regenerar tejidos dañados, enfrentan una dura oposición de sectores religiosos y conservadores porque se extraen de embriones destruidos en el proceso.
“Los científicos creen que estas células pueden tener potencial para ayudarnos a comprender, y posiblemente curar, algunas de nuestras más devastadoras enfermedades y patologías”, declaró un entusiasta Obama durante una ceremonia en el Salón Este de la Casa Blanca el 9 de marzo, al firmar la orden ejecutiva que revierte una decisión adoptada en agosto de 2001 por el entonces presidente Bush. A la vez, firmó un memorando para restablecer la “integridad científica” en el país. “Apoyaremos en todo lo posible a quienes lleven a cabo ese tipo de investigación”, agregó.
El mandatario demócrata volvió a presentarse como un “hombre de fe”, pero enfatizó que “los milagros médicos no ocurren simplemente por accidente” sino que son fruto de “investigaciones costosas y concienzudas” y “de un gobierno dispuesto a apoyar ese trabajo”.
Poco antes de cumplir dos meses al frente del gobierno, y en otro paso en dirección opuesta a la de su antecesor republicano, Obama destacó que existe un consenso en todo el espectro político sobre estas investigaciones, y lamentó que la administración de Bush haya impuesto una “falsa elección entre la ciencia y los valores morales”, dos conceptos que “no son irreconciliables” cuando se trata de “aliviar el sufrimiento humano”.
¿Qué son las células madre embrionarias, que han causado tanto revuelo y discusiones políticas en los últimos ocho años en Estados Unidos y otros países? Se trata, explican los científicos, de las principales células del cuerpo, fuente de todas las demás células y tejidos, incluidos el cerebro, el corazón, los huesos y los músculos. Su característica principal es que no son especializadas y tienen la capacidad de renovarse ilimitadamente. Las células madre de embriones humanos fueron descubiertas recién en 1998, y con los desarrollos científicos se las puede inducir a diferenciarse y convertirse en tipos de células concretas, como por ejemplo una neurona, una célula de la piel o del hígado. Y pueden llegar a formar órganos completos.
A futuro serían la clave para curar enfermedades que hoy no pueden revertirse con fármacos o cirugía. A partir de las células madre, los científicos apuntan a lograr la regeneración de tejidos, órganos o sistemas dañados. Aunque los investigadores trabajan también con células madre que se extraen de personas adultas –en general de la médula ósea o el cordón umbilical–, las más aptas para la regeneración de cualquier tejido del cuerpo son las células madre embrionarias, porque al ser pluripotentes tienen la capacidad de convertirse en cualquier tipo de célula del organismo humano. Las células madre adultas, en cambio, están limitadas a diferenciarse a los diversos tipos de célula presentes en el órgano de origen.
No obstante, justamente las embrionarias son las que despiertan los reparos de quienes se oponen a estas investigaciones. Es que lo más sencillo para obtener este tipo de células madre es destruir un embrión de entre una y dos semanas. Con frecuencia tienden a ser tomadas de los embriones desechados durante los tratamientos de fertilización in vitro en clínicas especializadas.
Para los más conservadores, en ese momento ya se trata de un ser humano, aunque sea apenas un conjunto de células –el blastocisto, según su nombre científico– que está en un tubo de ensayo y no tiene corazón, nervios ni tejidos diferenciados, ni posibilidad de tenerlos. Por eso lo identifican con el aborto. Para muchos científicos, por el contrario, el embrión que se utiliza en estas prácticas no es todavía un ser humano (éste es el criterio avalado por la Organización Mundial de la Salud), aunque tenga el potencial de llegar a serlo si se dan las condiciones adecuadas: si se implanta en un útero, prende y se desarrolla. Además, en el mundo hay centenares de miles de embriones congelados, sobrantes de procesos de fecundación asistida, cuyo destino es la investigación o… la basura.
El veto de Bush
Al presentarse como un férreo defensor de la vida, el 9 de agosto de 2001 George W. Bush revirtió una decisión de los Institutos Nacionales de Salud (NIMH, por sus siglas en inglés) que permitía a los investigadores financiados por el gobierno federal trabajar con células madre provenientes de embriones humanos. Desde entonces, y a pesar de los intentos de ambas cámaras del Congreso por liberar este tipo de investigaciones, el ex presidente limitó el uso de fondos públicos en este campo a sólo 21 líneas de células madre embrionarias que fueron creadas antes de esa fecha.
La medida creó grandes obstáculos para los científicos. Aunque no logró frenar la investigación en este campo, ya que continuó en institutos financiados en forma privada, su impacto fue profundo, pues la mayoría de las instituciones científicas en el país reciben fondos del gobierno federal.
Muchas organizaciones de caridad y algunos estados en particular salieron a aportar dinero para continuar con la investigación. California, por ejemplo, donde el gobernador republicano Arnold Schwarzenegger lideró la oposición a la decisión de Bush, creó un centro de investigación e invirtió unos 30 mil millones de dólares para paliar la falta de fondos federales. Pero Estados Unidos comenzaba a quedar rezagado en este campo de investigación, en el que otros países han mostrado avances, como Gran Bretaña, Bélgica, Suecia, Canadá y Nueva Zelanda, que apoyan activamente la investigación con células madre embrionarias.
Este fue uno de los puntos que mencionó Obama el 9 de marzo: “Cuando el gobierno no hace estas inversiones, se pierden las oportunidades, no se exploran caminos prometedores. Algunos de nuestros mejores científicos se van a otros países que patrocinen su trabajo, y esos países pueden llevarnos la delantera en los avances que transforman nuestras vidas”. Según el presidente, ahora los científicos estadounidenses podrán realizar su trabajo “libres de manipulación o coerción” política, y hablar abiertamente aún cuando se trate de asuntos “incómodos”.
Realista, admitió: “En última instancia, no puedo garantizar que hallemos los tratamientos y curas que buscamos; ningún presidente puede prometer eso. Pero puedo prometer que lo intentaremos. Activamente, responsablemente y con la urgencia requerida para recuperar el terreno perdido”.
El gobierno tiene en claro que esta postura irrita a una porción importante de la población estadounidense, especialmente a los grupos religiosos que ejercieron una fuerte influencia en los ocho años de administración republicana. Por eso Obama prometió asegurarse de que habrá férreos controles a las investigaciones con células madre.
El presidente dio a los Institutos Nacionales de Salud un plazo de 120 días –hasta julio– para confeccionar unos lineamientos sobre cómo se puede llevar a cabo este tipo de investigación y cómo solventar las dudas éticas que conllevan estos trabajos. “Nunca tomaremos esta investigación de manera ligera. Diseñaremos lineamientos estrictos, que se cumplirán rigurosamente porque no podemos tolerar un mal uso o abuso”, remarcó Obama. Al mismo tiempo, se encargó de aclarar que esta decisión “no abrirá la puerta” a la clonación humana, a la que considera “peligrosa, profundamente errónea y que no tiene lugar en nuestra sociedad, o en cualquier sociedad”.
Entusiasmo y repudio
Los aplausos resonaron en la sala donde se realizó el anuncio. Allí estuvieron varios científicos que se ocupan de estas complejas investigaciones en el país. “He estado trabajando y denunciando la prohibición durante unos ocho años y ahora quiero estar ahí”, dijo Irving Weissman, director del Instituto de Biología de las Células Madre y Medicina Regenerativa de la Stanford University, quien atravesó gran parte del país para estar en Washington el día en que Obama firmó la orden. “El gobierno federal ha estado ausente como una voz a la hora de desarrollar las normativas de este tipo de investigación. Ahora puede intervenir”, agregó.
La noticia es auspiciosa además para las empresas biotecnológicas. Michael West, de BioTime, con sede en California, señaló ese día que su compañía comenzaría a beneficiarse casi de inmediato, pues acababa de comprar docenas de lotes de células madre de una clínica de fertilidad de Chicago y buscaba venderlas a los investigadores. Según explicó, esos lotes provienen de embriones fecundados in vitro y portan los genes de la fibrosis quística, la distrofia muscular de Duchenne, el cáncer de mama, la enfermedad de Huntington y otras patologías.
“Sería poco ético implantarlos (en un útero) sabiendo que van a dar origen a un niño con una enfermedad devastadora”, declaró al periódico español El Mundo. Pero esas células serán perfectas para estudiar estas enfermedades, con la esperanza de algún día poder curarlas o prevenirlas. Bajo las restricciones de Bush, los investigadores financiados a nivel federal no podían tocarlas.
“Esto es un alivio de las pesadillas burocráticas que han desacelerado nuestro trabajo, desalentado a los científicos jóvenes y demorado el progreso por casi ocho años”, se entusiasmó el doctor Douglas Melton, del Instituto de Células Madre de Harvard, que emplea estas células para tratar de curar la diabetes juvenil y otras enfermedades.
Pero las críticas de los conservadores no tardaron en llegar. El senador republicano de Kansas Sam Brownback opinó: “Si un embrión es una vida, y yo creo fuertemente que lo es, entonces ningún gobierno tiene el derecho de sancionar su destrucción para propósitos de investigación”. Sin embargo, dijo que apoya el uso de células madre adultas, que “no generan graves preocupaciones morales”.
En ese mismo sentido se expresó el líder de la minoría republicana en la Cámara de Representantes, John Boehner, quien se opone al uso de fondos públicos para trabajos que impliquen la destrucción de embriones. Los grupos religiosos también se hicieron oír. “Obama abre la puerta a las granjas de embriones humanos”, alertó la entidad National Right to Life en un comunicado enviado por correo electrónico y publicado en su página de internet. “Es un día triste, dado que el gobierno federal financiará los estudios que explotan a los miembros con vida de la especie humana como materia prima para la investigación”, dijo Douglas Johnson en nombre del grupo.
El Vaticano, claro, sumó su voz a la polémica. El día del anuncio de Obama, el periódico de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, señaló la preocupación de la Iglesia Católica y reiteró la importancia de velar por la dignidad de la persona “en todas las fases de su existencia”. Los obispos de Estados Unidos calificaron de “profundamente inmoral y superflua” a la medida tomada por Obama. El cardenal de Filadelfia, Justin Rigali, se refirió a la decisión como una “triste victoria de la política sobre la ciencia y la ética”.
De todos modos, habrá que esperar para ver resultados concretos de las investigaciones con células madre. Mientras continúa la polémica, los científicos ponen manos a la obra.
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