por Alvaro Colomer / Fotos: Gentileza Editorial Debate
¿Puede Europa seguir siendo la misma con una población distinta? Tras medio siglo de inmigración masiva, el viejo continente ha vivido una revolución demográfica con la que no contaba. Christopher Caldwell, que ha cubierto los aspectos políticos y culturales del islam en Europa desde hace más de una década, relata en esta entrevista aspectos reveladores y polémicos sobre cómo la inmigración musulmana ha cambiado definitivamente a Occidente.
Christopher Caldwell (Massachussets, 1962), editor de The Weekly Standard y colaborador de medios tan prestigiosos como Financial Times, Slate, The Wall Street Journal, The New York Times y The Washington Post, se ha distinguido por abordar aspectos del capitalismo occidental en sus reportajes. Sin embargo, su ensayo La revolución europea encara uno de los problemas que más preocupan a los gobiernos europeos: el aumento de la población musulmana. Las afirmaciones de dicho libro han hecho que se acuse a su autor de "islamófobo" y de prodigar la "cultura del miedo". Pero sólo hay que leer la primera página para percatarse de que Caldwell no habla a la ligera, ya que aporta muchísimos datos encaminados a derrocar la utopía -ingenua, a su entender- de la sociedad multicultural.
Durante muchos años se ha argumentado que la inmigración estaba solucionando el problema de la caía del índice de natalidad y del aumento de la esperanza de vida en la población europea. Pero el libro de Caldwell defiende que la inmigración no arregla eso. Es más, afirma que nos encaminamos a una Europa musulmana y proporciona datos para demostrarlo.
ALMA MAGAZINE: Según David Coleman, demógrafo de Oxford, aun parando en seco la inmigración, en el Reino Unido habrá 7 millones de inmigrantes en 2050 y, si no se detiene ese flujo de extranjeros, 16 millones. ¿Tenemos que prepararnos para una Europa musulmana?
CHRISTOPHER CALDWELL: No hace falta que nos preparemos para una Europa dominada por los musulmanes, pero sí para una Europa con más musulmanes de los que hay ahora. En este punto hay que ser muy preciso, porque cualquiera que muestre datos demográficos sobre este asunto será inmediatamente acusado de estar prediciendo una invasión musulmana. Y quiero hacer una distinción: los musulmanes no van a desbordar demográficamente Europa. En la actualidad son 20 millones, es decir un 5% de la población europea. La mayoría de demógrafos prevé que esta cifra se duplicará en la próxima generación, alcanzando un 10%. Así pues, no estamos hablando de un colectivo lo suficientemente grande como para "apoderarse" de Europa. Pero es una cantidad más que suficiente para perturbar la vida de los europeos siempre y cuando no se gestione el proceso de integración de un modo eficaz. Pondré un ejemplo: las relaciones raciales han sido la mayor fuente de conflictos en la historia interna de Norteamérica, aun cuando la población afroamericana apenas alcanza el 12%.
AM: La gran oleada de inmigración musulmana en Europa empezó tras la Segunda Guerra Mundial, cuando los gobiernos hicieron llamamientos para proporcionar mano de obra barata al proceso de reconstrucción de los países asolados por el conflicto. En su libro se afirma que actualmente vivimos las consecuencias de la falta de visión de futuro de aquellos gobiernos y que ahora, cuando los políticos ya han demostrado que no saben cómo solucionar el problema de la integración, la inmigración se ha convertido en un tema moral. ¿Considera que la decisión sobre el futuro de la inmigración europea está en manos de los individuos antes que de los gobiernos?
C.C.: Los inmigrantes, como individuos independientes, toman decisiones sobre el modo en que quieren integrarse, pero esas decisiones individuales se tienen que adaptar a las normas y condiciones desplegadas por el país de acogida. Si las normas son negociables o inexistentes, no se producirá un proceso de integración. Sé que es incómodo escuchar estas cosas, pero Estados Unidos ha sido capaz de integrar a un gran número de inmigrantes a lo largo de toda su historia porque es un país conformista. En este aspecto, uno de los puntos más importantes para regular tanto la inmigración como para gestionar su integración es la frialdad del mercado económico.
AM: ¿Hasta qué punto la no integración de los musulmanes propicia la proliferación de grupos radicales en el seno europeo?
C.C.: Si vemos la inmigración desde una perspectiva económica, no creo que la no integración tenga importancia porque los que se radicalizan provienen de la clase media-alta. Pero si la miramos desde el punto de vista de los valores, la falta de integración debería preocuparnos. Sólo un 1% de los musulmanes en Europa se radicaliza, pero ya es una cifra alta. No entendemos por qué un individuo se vuelve un radical. Muchos musulmanes creen que Occidente está en conflicto con el islam, robando tierra islámica o explotándolos. Si no se integra a los musulmanes nacidos en Occidente, siempre habrá quien interprete lo que se ve en los medios de comunicación como un ataque a su gente.
AM: ¿En qué grado el arrepentimiento europeo por el colonialismo y el nazismo ha hecho a sus ciudadanos ser mucho más tolerantes con la inmigración de lo que ha sido jamás cualquier otro continente? ¿Cree que a esos dos elementos tendría que añadirse cierto sentimiento de vergüenza por parte de los habitantes del primer mundo ante las miserias del tercer mundo que quedan al descubierto con la aparición de la inmigración?
C.C.: La tolerancia es un deber y, durante sus distintas épocas de florecimiento, Europa ha sabido dar la bienvenida a todo el mundo y ha demostrado tener una mentalidad muy abierta. ¿Qué ha cambiado desde que los europeos comenzaron a reflexionar sobre las implicaciones morales del nazismo y el colonialismo? Pues que actualmente la tolerancia es el único criterio con el que se mide el fenómeno de la inmigración. En un intento por evitar los juicios negativos sobre el otro, los europeos se han olvidado de imponer sus propias normas. Ante un fenómeno migratorio masivo, toda política debe basarse en varios criterios: ¿estamos ante un acontecimiento productivo?, ¿estamos ante algo perjudicial?, ¿podemos soportar el peso de las culturas que están cruzando nuestras fronteras? Hablando claro: en Europa se permite que los inmigrantes se quejen si no hay trabajo, pero no se permite que los europeos se quejen sobre el fenómeno de la inmigración.
AM: Usted también niega el viejo tópico capitalista de que la inmigración añade más dinero a la economía del país de acogida. Asegura que esto es un argumento ingenuo, porque los "problemas sociales" que acarrea la inmigración no sólo son muy costosos, sino que además son permanentes.
C.C.: Cierto. Para un problema temporal como puede ser la falta de mano de obra barata, se presenta a la inmigración masiva como una solución permanente. Pero el problema no era permanente, sino temporal.
AM: En Europa hay leyes que penalizan las actitudes racistas cuando, según usted, las estadísticas demuestran que más de la mitad de la población tiene una mala percepción del islam, algo que no ocurre con ninguna otra religión. Por otra parte, la diatriba contra el islam europeo de Oriana Fallaci, titulada La rabia y el orgullo, se convirtió en el libro de no ficción más leído en la historia de Italia, con más de un millón de ejemplares vendidos. ¿Siente que Europa es un continente hipócrita?
C.C.: No debemos de ser muy duros con la hipocresía. Todas las sociedades complejas viven en la hipocresía, porque a menudo es necesaria para soportar ciertos aspectos contradictorios de esa misma sociedad. A este respecto, Europa no es más hipócrita que otras sociedades. De todas formas, preocuparse por el fenómeno de la inmigración, preocuparse por el deseo de los musulmanes de conservar su diferencia cultural, preocuparse por las consecuencias que tendrá la llegada de más inmigrantes y, en definitiva, preocuparse por este tipo de cosas no es algo racista. El libro de Fallaci es una excepción, porque su autora se irritó, fue demasiado vehemente, y en algunas partes parecía racista. No obstante, la popularidad de ese libro no implica que el lector italiano fuera racista. El ensayo de Fallaci fue publicado en un momento en el que el público occidental estaba aturdido y desorientado por culpa de los atentados del 11-S y ese mismo público estaba ávido de información sobre el islamismo radical. Por otra parte, las leyes que penalizan la falta de respeto hacia cualquier religión, así como las que sancionan la negación del Holocausto, han sido interpretadas por algunos individuos desde una perspectiva demasiado liberal. Con el tiempo, estas leyes se han extendido a otras áreas, como el sexismo o la homofobia, haciendo que sean usadas de un modo rutinario por aquellas personas que quieren intimidar a quienes no tengan un discurso políticamente correcto. En mi opinión, esas leyes son una grave amenaza para la libertad de expresión.
AM: ¿La mujer es la gran moneda de cambio entre el islam y el cristianismo?
C.C.: Al escribir este libro me sorprendí de que lo que más separaba a ambos mundos no eran Osama Bin Laden o George W. Bush, sino la mujer, los derechos de los homosexuales, el aborto, la ablación, los derechos del hombre sobre su esposa y, por supuesto, el velo. Europa tiene un doble legado: el de la tradición individualista ilustrada que prima la libertad del individuo y que quiere dar derechos a la mujer aunque ésta no quiera; y el legado cristiano que hace que una mujer no pueda entrar al Duomo de Milán con pantalones cortos y que otras se cubran la cabeza. El velo es compatible con Europa, otra cosa es lo que deseen hacer los europeos, que deben actuar de acuerdo con la constitución de cada país.
AM: La política de "immigration choisie" defendida por el presidente francés Nicolas Sarkozy y practicada por países como Canadá, ¿no esconde una forma de racismo?
C.C.: No. Actualmente todos los países tienen sistemas para favorecer una inmigración profesionalmente cualificada frente a otra de mano de obra barata. Por ejemplo, se da prioridad a los ingenieros informáticos antes que a los trabajadores del campo. El criterio para aceptar a esos inmigrantes cualificados tiene que ver con sus credenciales laborales, no con su procedencia o raza. Ahora, la "immigration choisie" está empezando a ser vista como una forma de racismo, porque favorece a los países que producen muchos profesionales altamente cualificados (por ejemplo, el este asiático y el continente indio), frente a los que no los producen (como el Africa subsahariana o el mundo musulmán). Los dos aspectos más importantes de la "immigration choisie" son: uno, cada país compite por el mismo tipo de inmigrantes y las evidencias respecto a lo ocurrido durante la década pasada demuestran que esos inmigrantes acaban formando parte de las economías más innovadoras y dinámicas. A este respecto, Estados Unidos y Canadá han sabido captar a los inmigrantes más preparados. Y dos: aunque un país necesite ingenieros informáticos y físicos cuánticos, también necesita conductores de autobús, conserjes y recolectores de mandarinas. Siempre existe un mercado laboral para todo tipo de trabajadores.
AM: Algunas tesis de su libro hacen especular que es usted muy negativo con el fenómeno de la inmigración. Además, compara, aun cuando sea tangencialmente, el modo en que los nazis esclavizaron a los presos para ponerlos a trabajar en la industria y el modo en que los gobiernos europeos invitaron a los inmigrantes para luego, cuando ya no hacían falta como mano de obra, expulsarlos. ¿No piensa que este tipo de afirmaciones son muy ofensivas?
C.C.: En general no tengo una visión negativa de la inmigración. Creo que ha sido una bendición para mi propio país, tanto en el pasado como en las últimas décadas. Pero creo que Europa no está haciéndolo bien. Yo digo que la inmigración cambiará Europa porque creo que el "multiculturalismo" es una ficción. Nadie puede vivir dos culturas en una. Si vives en una cultura en la que cada noche puedes elegir entre varios restaurantes étnicos, no estás viviendo en una cultura en la cual las familias cenen juntas cada noche. En cuanto a la comparación con los nazis y los esclavos, diré que no hago una comparación moral con la situación actual. Sólo puntualizo que aquella fue la migración masiva por motivos laborales más parecida, en cuanto a cantidad, a la actual. Pero no lo cotejo a un nivel moral.
AM: Algunos periodistas lo han acusado de islamófobo, de fomentar la "cultura del miedo" y de mantener una "posición pesimista" ante el fenómeno de la inmigración europea. Sin duda, usted era consciente de que su libro traería polémica, pero ¿ encuentra exageradas las acusaciones?
C.C.: Mi libro no es islamófobo, aun cuando algunos críticos árabes lo hayan leído así. Al escribir este libro me sorprendí de que lo que más separaba a ambos mundos no eran Osama Bin Laden o George W. Bush, sino la mujer, los derechos de los homosexuales, el aborto, la ablación, los derechos del hombre sobre su esposa y, por supuesto, el velo. Lo que hace que Europa digiera con tanta dificultad la cultura islámica son las posiciones tan fuertes que los musulmanes tienen respecto a su propia forma de vida. Los musulmanes tienen actitudes que los europeos erradicaron de su continente hace muchos años. La única religión con la que mi libro no es respetuosa es el multiculturalismo.
AM: Usted recoge unas palabras del sociólogo sirio-alemán Bassam Tibi sobre la posibilidad de que nazca un euroislamismo: "El problema no es si la mayoría de los europeos son islámicos, sino más bien qué islam -el de la sharia o el euroislam- dominará en Europa". ¿Sospecha que Europa acabará siendo Euroislam?
C.C.: Cuando Tibi dice "qué islam dominará Europa", se refiere a que uno de los dos tipos de islamismo será el predominante entre los musulmanes afincados en Europa, lo cual no quiere decir que el islam vaya a "invadir" Europa. Tampoco yo digo eso. Pero seamos claros respecto a un punto: una religión es un medio de fuerza. Las religiones generan más reflexiones morales que todo el conjunto de normas de un país. Un estudio reciente sobre inmigración de la Oficina Federal de Migración y Refugiados del gobierno alemán demostró que el 87% de los musulmanes-alemanes se describían a sí mismos como muy o algo religiosos; el 81% seguía las leyes alimenticias del islam y el 31% de las mujeres usaba velo. Mientras esto sea cierto, el peso cultural del islam en Alemania crecerá, independientemente de que lo haga el nivel demográfico.
Calificar artículo
Inmigración
Deportan a ex combatientes de Vietnam que sirvieron a EE.UU.Nuevo objetivo migratorio
El Reino Unido seleccionará a los inmigrantes según sus cualidadesParaguay
Desaparecen los archivos de radio de la dictadura de StroessnerAlgunos legisladores de EE.UU.
Abandonan la ley antipiratería tras la protesta en internetFin de combate
La OTAN completará su salida de Afganistán en el 2014EE.UU
El movimiento Occupy muestra su vigencia frente al CongresoPescadores de Alaska
El oficio más peligroso del mundoLas mujeres de los narcos
Tan fantástica no fue la fiestaLuc Montagnier
El descubridor del sidaSospechas de magnicidio en Bolivia
¿Quién quiere matar a Evo?Cumbre de la ONU sobre racismo
No te escuchoEn Kodinhi, India
Una aldea con 250 gemelosLe Corbusier
Maestro funcionalistaPedido de niños inmigrantes
No me dejes soloEl negocio de la biotecnología
Biopiratería y cambio climáticoAnn Wright
\"Soldados de EE.UU. deben ser castigados\"EE.UU
El movimiento Occupy muestra su vigencia frente al CongresoAlgunos legisladores de EE.UU.
Abandonan la ley antipiratería tras la protesta en internetInmigración
Deportan a ex combatientes de Vietnam que sirvieron a EE.UU.Paraguay
Desaparecen los archivos de radio de la dictadura de StroessnerNuevo objetivo migratorio
El Reino Unido seleccionará a los inmigrantes según sus cualidadesFin de combate
La OTAN completará su salida de Afganistán en el 2014
Alemania Angela Merkel Arte Chino Banco Mundial Barack Obama Clark Gable Día Internacional de la Madre Tierra Día de la Tierra EDIFICIOS INTELIGENTES EN ESTADOS UNIDOS Estados Unidos Festival Buen Día Fondo Monetario Internacional Gripe Mexico discriminación latinoamerica Helmut Newton Huelga de hambre Irán Katharine Hepburn Martinelli Obama vs. Osama Perú Rosa Parks Roxana Saberi arte arte digital arte moderno bancos citigroup estados unidos concierto crisis financiera crisis económica crisis laboral Europa del Este