por Raúl Pierri / Bhaskar Menon / Fotos: Washington Cáceres / Enzo Hernández / Silvia Lantarón / Mike Harris
Si alguien consultara a algún joven, en cualquier punto del universo, sobre cuál es el rol de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), posiblemente afirmaría que es un organismo donde los poderosos del mundo deciden dónde y a qué país invadir o iniciarle una guerra. Muy pocos de estas nuevas generaciones saben que en octubre pasado la ONU celebró sus 66 años y que su principal propósito era ser el máximo garante de la preservación de la paz y la justicia social en el planeta. No obstante, nunca lo ha logrado. Con un presupuesto anual de 1.800 millones de dólares y con aportes adicionales de 193 países miembros para diferentes programas, la ONU tiene teóricamente todas las condiciones para cumplir con su agenda de paz. Sin embargo, la realidad es diferente. Aquí una serie de propuestas para reformular de una buena vez su papel.
Reinventar la ONU es crucial para proteger a los más pobres del planeta cuando la crisis económica y financiera, los efectos de la variabilidad del clima y la inseguridad alimentaria socavan los esfuerzos para alcanzar el desarrollo. Así lo señalaron representantes de gobiernos y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reunidos en Montevideo para la IV Conferencia Intergubernamental de alto nivel sobre el programa Unidos en la Acción, lanzado en 2007 para maximizar la eficiencia de la cooperación entre los estados y las agencias especializadas del foro mundial.
"Hay grandes desafíos por delante, y hemos visto que no sólo los países pobres son cada vez más amenazados por distintos acontecimientos, como el cambio climático, sino que también tenemos socios (donantes) cuyo paisaje (geográfico) está cambiando. No podemos seguir como siempre, como si nada ocurriera", dijo en rueda de prensa la vicesecretaria general de la ONU, Asha-Rose Migiro.
Por su parte, la administradora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Helen Clark, señaló que "es verdad que la ayuda oficial al desarrollo a nivel global ha llegado prácticamente a su límite debido a la crisis económica". Muchos países donantes se vieron obligados a recortar su asistencia, y sólo algunos pudieron incrementarla, como Australia, Dinamarca y Gran Bretaña, destacó. Clark reconoció que la situación en el hemisferio norte industrializado, con la severa crisis de Grecia, Italia y España y las dificultades de déficit de Estados Unidos y de Japón, tiene impacto en los programas para el hemisferio sur. "Muchos países en desarrollo tienen un enfoque de crecimiento económico basado en las exportaciones, y eso depende en gran medida de los mercados del mundo industrializado", advirtió.
A los recortes por la crisis económico-financiera se añaden otros por motivos políticos, como la decisión tomada en octubre por el gobierno de Estados Unidos de retener 80 millones anuales que entregaba a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) a raíz de que ésta admitió como miembro pleno a Palestina. "Es algo que seguiremos de cerca. Somos conscientes de que afectará nuestra labor, pero esperamos que todos hagamos lo mejor para asegurar que el buen trabajo que se realiza y el que los estados miembro quieren ver que se continúe, no se vea afectado", afirmó Migiro sobre el caso.
Uruguay, cuyo gobierno organizó la conferencia los primeros días de noviembre en Montevideo, a la que asistieron representantes de más de 30 naciones, es uno de los ocho países que aplican el programa piloto Unidos en la Acción. Los otros son Albania, Cabo Verde, Mozambique, Pakistán, Ruanda, Tanzania y Vietnam. En los últimos años, otros 20 países más han iniciado un trabajo similar, basado en este modelo.
Migiro admitió que la crisis económica y financiera mundial se está haciendo sentir en el programa, pero subrayó que este se vuelve cada vez más necesario y sus resultados son alentadores. La reforma de la ONU "no tiene marcha atrás. Sabemos que los países atraviesan un período difícil en términos de crisis económica, precios del petróleo e inseguridad alimentaria, y esto hasta cierto grado afecta el trabajo que llevamos a cabo... Es por eso que nos estamos concentrando en cómo construir una organización coherente y efectiva, en cómo hacer un buen uso de los recursos y cómo tener resultados, porque al final de cuentas eso es lo que importa", aseguró.
El programa Unidos en la Acción "ha demostrado enormes logros en ese sentido. Hemos podido hacer que los países se unifiquen internamente. No podemos permitir que los pobres del mundo, que han sufrido tanto por la crisis económica y financiera, queden aún más rezagados. A través de Unidos en la Acción podemos optimizar nuestros recursos y maximizar nuestro impacto. Los resultados son claros: muchas vidas se salvan gracias a una mejor atención nutricional y de salud, más niños y niñas van a la escuela, menos familias quedan estancadas en la pobreza, y hay una mayor igualdad de género", subrayó.
La vicesecretaria general de la ONU también puso énfasis en la importancia de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20), que se realizará en esa ciudad brasileña en junio de 2012: "Hace 20 años, la Cumbre de la Tierra, en Brasil, puso al mundo en un sendero verde. El año que viene, también en Río, tendremos una nueva oportunidad de hacer que el mundo tome un curso más verde, próspero, equitativo y sustentable. Río+20 es de importancia crucial. Necesitamos que la conferencia sea un éxito. Precisamos los aportes del sistema de desarrollo de la ONU en los meses que vienen".
En la apertura del encuentro, el presidente de Uruguay, José Mujica, subrayó la importancia de una ONU fortalecida y con legitimidad para combatir las desigualdades: "La globalización está imponiendo la construcción de gigantescas unidades. Hacia allí navega el mundo, a los tumbos, y necesitamos darle fuerza y más fuerza, fuerza de derecho y fuerza de realidad, a instituciones como la ONU, que nos puedan amparar a los débiles. Globalización no es lo mismo que igualdad, no es igual a justicia, no es igualdad de derechos. Hay mucha humanidad pospuesta anhelando subirse en el tren de la civilización que hemos inventado. Los pobres no necesitan lástima, precisan herramientas intelectuales en sus manos y cerebros para valerse por sí mismos".
Por su parte, el canciller uruguayo Luis Almagro citó en la apertura una frase del héroe nacional de este país, José Artigas: "Que los más infelices sean los más privilegiados". Y fue más allá: "Les pido que en sus discusiones tengan en cuenta este principio, y que nuestros hermanos y hermanas más infelices de la Tierra, estén donde estén, sean los más privilegiados por las políticas de cooperación internacional que diseñemos entre todos".
El mundo según las corporaciones
A menos que la sociedad civil organizada lance su propio plan de acción en la Cumbre de la Tierra (Río+20), la conferencia será poco más que un lujoso debate. Esto se debe a que los delegados de los gobiernos no abordarán el problema de reorientar la economía mundial, tarea que la ONU considera fundamental para hacer frente a la creciente crisis de sustentabilidad ambiental.
El informe que a comienzos de 2011 presentó el secretario general Ban Ki-moon al comité organizador de la Río+20 rotula que para hacer sustentables los modelos de consumo y producción, las políticas públicas deben ir "mucho más allá" de enderezar los precios. Sin embargo, Ban no indicó qué medidas específicas se necesitan. De hecho, en ninguna parte de la enorme cantidad de documentación que la ONU ha producido desde que convocó la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano, en junio de 1972 en Estocolmo, se puede hallar un solo análisis sobre ese tema. La Agenda 21, el voluminoso plan de acción adoptado en la Cumbre de la Tierra de 1992 en Río, tampoco abordó el asunto, y la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible, que vigiló su implementación durante dos décadas, no lo consideró.
El Estudio Económico y Social Mundial que la ONU publicó en 2011, estima en 72 billones de dólares el costo de hacer verde la economía mundial, sin detallar cómo. Estas lagunas reflejan una ineludible realidad política contemporánea: el poder de las corporaciones que dominan la economía mundial y que establecieron los actuales modelos de producción y consumo con el objetivo de maximizar sus ganancias y de oponerse a los acuerdos que intenten restringir sus efectos sociales y ambientales negativos.
Entre los años 70 y 80, la ONU intentó infructuosamente negociar un código de conducta para las corporaciones transnacionales. En la década posterior, probó un enfoque más blando, invitándolas a integrarse al Pacto Mundial para el cumplimiento voluntario de una serie de estándares ambientales y de derechos humanos. Menos de 5 mil de las 60 mil corporaciones con ganancias anuales de más de mil millones de dólares se unieron al Pacto Mundial. E incluso esta cifra minúscula maquilla su verdadero impacto, ya que incluye empresas pequeñas y medianas, muchas de países en desarrollo.
Durante este prolongado punto muerto, los problemas ambientales adquirieron proporciones de catástrofe. La contaminación y la pérdida de hábitat llevan especies a la extinción a un ritmo que no se veía desde la desaparición de los dinosaurios. En la última década, condiciones meteorológicas extremas que los científicos asocian con el recalentamiento planetario causaron desastres naturales sin precedentes en todo el mundo.
A menos que se frene el calentamiento, los científicos proyectan cambios significativos en lluvias y sequías, con importantes consecuencias para la productividad agrícola. Si no se hace nada para evitar el recalentamiento planetario, podría acuñarse una era de guerras por la tierra que destruirían toda semblanza de legalidad y orden internacional. Pese a estas perspectivas aterradoras, pocos gobiernos están dispuestos a enfrentarse a los intereses corporativos.
En este escenario, la sociedad civil organizada es la que puede elaborar una estrategia de salida segura. Conoce la naturaleza y el alcance de los problemas ambientales, e internet le ha dado una capacidad sin precedentes para crear redes mundiales. Si el activismo combina esos elementos con la capacidad local para la acción efectiva -lo más sencillo sería aliarse con pequeñas y medianas empresas-, podría crear un mecanismo poderoso y flexible, capaz de trazar el mapa de los problemas ambientales, controlar su desarrollo y hacerles frente, promoviendo al mismo tiempo actividades económicas amigables con la naturaleza en lo local y regional. Así se movería gradualmente la economía mundial de los enormes intercambios internacionales que desperdician gigantescas cantidades de energía y recursos naturales hacia modelos de actividad regional y subregional mucho más eficientes.
Semejante cambio tendría impactos mínimos en la creación de riqueza y puestos de trabajo. De hecho, como las empresas medianas y pequeñas son mucho más intensivas en mano de obra que los monstruos que hoy controlan la economía mundial, veríamos un ascenso del empleo, la demanda y de un crecimiento socialmente justo. Los gobiernos no necesitarían negociar reglas comunes para naciones y comunidades terriblemente desiguales en riqueza y capacidad técnica.
Si las decisiones y las medidas quedaran por completo en manos de autoridades nacionales y locales, la red mundial se convertiría en un poderoso mecanismo de solidaridad internacional, transferencia tecnológica y apoyo financiero, coordinando acciones donde sea necesario y divulgando las mejores prácticas.
Plan de acción
Texto: Bhaskar Menon
Es necesario ir a Río+20 preparados para acordar un manifiesto que recoja ciertos principios y un plan de acción que aquí se detalla.
1. Red: Los activistas crearán una red electrónica mundial organizada en una estructura de acceso sencillo (local, nacional, regional, mundial) para facilitar la información compartida, el debate interactivo y la acción concertada.
2. Organizar: Los activistas trabajarán con empresarios que estén al frente de compañías pequeñas y medianas a fin de crear organizaciones comunitarias para la acción cooperativa. Estas organizaciones serán las unidades básicas de la red mundial y tendrán dos objetivos principales: proteger el ambiente y acelerar el crecimiento económico en los planos local, subregional y regional.
3. Inspeccionar y controlar: La red compartirá los mejores conocimientos disponibles en las agencias nacionales e internacionales, y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) desempeñará un rol de coordinación. Los activistas iniciarán un relevamiento ambiental mundial alimentado con aportes comunitarios, creando un sistema de control permanente para brindar informes de situación en tiempo real a las autoridades nacionales, regionales y mundiales.
4. Analizar: Con base en la información recolectada, un grupo experto gubernamental que trabajará con la red creará un plan técnico de medidas preventivas y correctivas para todos los problemas ambientales mundiales. El plan se implementará mediante la acción comunitaria, donde sea posible, y los gobiernos y agencias internacionales aportarán capacidad financiera y técnica.
5. Educar y movilizar: Las organizaciones comunitarias y sus redes se abocarán a la tarea de educar y movilizar apoyo popular para la acción ambiental.
Estos pasos deberían crear un aparato mundial capaz de fiscalizar los daños causados por la acción humana y de asumir su solución. Ese proceso debería reorientar toda la gama de actividades económicas hacia modelos amigables con el ambiente y crear y sostener el apoyo de la opinión pública para una acción permanente.
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