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Martes 3 de Abril de 2012

David Foster Wallace

La novela en la que estaba trabajando cuando murió

por David Foster Wallace / Fotos: Gentileza Mondadori

Era para muchos el novelista más importante de su generación. The Broom of the System (1987) significó su debut y tres años más tarde publicó Girl with Curious Hair, relatos con los que captó la atención de la crítica. Su siguiente obra fue la monumental y reconocida novela Infinite Jest, considerada por la revista Time una de las cien mejores novelas en lengua inglesa. En septiembre de 2008, Wallace, que sufría una fuerte depresión, se suicidó en su casa de California cuando trabajaba en los detalles de The Pale King, que vio la luz en su versión en español (El rey pálido) unos meses atrás.

Desde el aeropuerto de Midway, Claude Sylvanshine tomó un vuelo de una tal Consolidated Thrust Regional Lines hasta Peoria, un aterrador aparato de treinta asientos con un piloto que tenía granos en el cogote y que en un momento dado estiró el brazo hacia atrás para cerrar una sucia cortina de tela que aislaba la carlinga, y cuyo servicio de bebidas consistía en una chica tambaleante que te daba frutos secos por lo bajo mientras tú engullías una Pepsi. El asiento con ventana de Sylvanshine estaba en la 8-algo, una hilera de emergencia, al lado de una señora mayor que tenía una barbilla parecida a un escroto y que pese a sus intensos forcejeos no podía abrir sus frutos secos. La ecuación crucial en contabilidad Activo = Pasivo + Patrimonio se puede disolver y reformular de todas las maneras posibles, desde Patrimonio = Activo - Pasivo hasta otras muchas. El aparato cabalgaba las corrientes ascendentes y descendentes como si fuera un bote en medio de una galerna. El único servicio que llegaba a Peoria era el regional, que venía o bien de Saint Louis o de los dos aeropuertos de Chicago. Sylvanshine tenía problemas de oído interno y no podía leer en los aviones, pero sí que se leyó la hoja plastificada del protocolo de emergencia, dos veces. Era casi todo ilustraciones; por razones legales, la línea aérea tenía que presuponer que el pasajero era analfabeto. Sin ser consciente de que lo estaba haciendo, Sylvanshine repitió mentalmente la palabra “analfabeto” varias docenas de veces, hasta que la palabra perdió todo significado y se convirtió en un simple sonido rítmico, provisto de cierto encanto pero desincronizado con el latido del flujo de las hélices. Era algo que hacía cuando estaba estresado y quería evitar una incursión. Su punto de embarque había sido el aeropuerto Dulles, adonde lo había llevado un autobús de la Agencia procedente de Shepherdstown / Martinsburg. Las tres codificaciones principales de la ley fiscal de Estados Unidos eran, por supuesto, las del 16, el 39 y el 54, aunque también eran relevantes los indexados y las provisiones antiabuso del 81 y el 82. El hecho de que hubiera prevista otra recodificación de gran magnitud no iba a figurar, obviamente, en el examen para el título de Contable de la Administración. La meta privada de Sylvanshine era aprobar el examen para el título de CA y de esa manera avanzar dos escalafones de paga. La magnitud de la recodificación, por supuesto, dependería en parte del éxito que tuviera la Agencia a la hora de ejecutar las directivas de la Iniciativa. El trabajo y el examen tenían que ocupar dos partes distintas de su mente; era crucial que mantuviera esa separación de poderes. Calcular la recaptura de la depreciación para los activos del §1231 es un proceso que tiene cinco pasos. El vuelo duró cincuenta minutos, pero pareció mucho más largo. No había nada que hacer y dentro de su cabeza nada paraba de moverse en medio de todo aquel ruido encerrado, y cuando se terminaron los frutos secos Sylvanshine ya no tuvo nada con que ocupar la mente más que intentar mirar la tierra, que parecía lo bastante cerca como para distinguir los colores de las casas y los distintos tipos de vehículos que iban por la pálida carretera interestatal a través de la cual el avión parecía dar todo el tiempo bandazos a un lado y a otro. Las figuras que abrían portezuelas de emergencia en la lámina plastificada y tiraban de cordones y cruzaban los brazos funerariamente con los cojines de los asientos sobre el pecho parecían dibujadas por un aficionado, y sus rasgos no eran más que bultitos. En sus caras no se podía distinguir miedo ni alivio ni nada de nada mientras descendían por las rampas de emergencia del dibujo. Las manecillas de las portezuelas de emergencia se abrían de una manera y las escotillas de emergencia de encima de las alas se abrían de otra completamente distinta. Los componentes del patrimonio son las acciones ordinarias, las ganancias retenidas y todos los tipos distintos de operaciones bursátiles. Distinga entre inventario periódico y perpetuo y explique la(s) relación(es) entre el inventario físico y el coste de los bienes vendidos. La cabeza de color gris oscuro que tenía delante emitía un aroma a cera capilar Brylcreem que a estas alturas seguro que debía de estar empapando y manchando la toallita de papel que cubría la parte superior del asiento. Sylvanshine volvió a desear que Reynolds estuviera con él en el vuelo. Sylvanshine y Reynolds eran los dos ayudantes del icono de Sistemas, Merrill Errol (“Mel”) Lehrl, aunque Reynolds tenía rango GS-11 y Sylvanshine no era más que un miserable y patético GS-9. Sylvanshine y Reynolds llevaban viviendo juntos y yendo juntos a todas partes desde la debacle del CRE de Rome del 82. No eran homosexuales; simplemente vivían juntos y ambos trabajaban estrechamente con el doctor Lehrl en Sistemas. Reynolds tenía tanto el título de Contable de la Administración como el título de Gestión de Sistemas de Información, pese a que apenas era dos años mayor que Claude Sylvanshine. Esta asimetría se unía a las cosas que ponían en jaque la autoestima de Sylvanshine después de lo de Rome y le hacían mostrarse doblemente leal al doctor Lehrl y estarle doblemente agradecido por haberlo rescatado de los escombros de la catástrofe de Rome y por creer en su potencial en cuanto encontrara su lugar en los engranajes del sistema. El método de entrada doble lo inventó el italiano Pacioli durante el mismo período en que vivieron Cristóbal Colón y compañía. La lámina indicaba que aquella era la clase de aeronave cuyo oxígeno de emergencia no era de los que se quedan colgando del techo sino una especie de extintor de incendios que está entre los asientos. La opacidad primitiva de las caras de las figuras acababa por resultar más aterradora que si hubieran tenido cara de miedo o alguna clase de expresión visible. No estaba claro si la función primaria de la lámina era legal o publicitaria o ambas cosas. Intentó por un momento acordarse de la definición de “bandazo”. De vez en cuando, mientras estudiaba durante aquel invierno para su examen, Sylvanshine eructaba y lo que le salía daba la impresión de ser más que un eructo, casi le sabía como si hubiera vomitado un poco. Una fina lluvia formaba una especie de tela de encaje movediza en la ventana y distendía la tierra sombreada que iban sobrevolando. En el fondo, Sylvanshine se veía a sí mismo como un tontaina inseguro que como mucho tenía un solo talento, cuya conexión con su persona era en sí misma marginal.

 

Esto es lo que ocurrió en el Centro Regional de Examen de la Región Nordeste situado en Rome, Nueva York, en la fecha mencionada o alrededor de la misma: dos departamentos se habían quedado descolgados y reaccionaron de forma lamentablemente poco profesional, permitieron que la atmósfera de nerviosismo extremo les nublara el entendimiento y se impusiera sobre los procedimientos establecidos, y dichos departamentos intentaron esconder el montón cada vez mayor de declaraciones y recibos de auditorías cruzadas y copias de formularios W-2 y 1099 en lugar de informar debidamente del retraso acumulado y solicitar que una parte del exceso fuera redirigido a otros centros. Ni se pusieron las cartas sobre la mesa ni se emprendieron acciones de saneamiento. Seguía habiendo controversia acerca del lugar preciso donde se habían iniciado el fallo y el colapso, a pesar de las sesiones de inculpación celebradas en los niveles más altos de Control, y en última instancia la responsabilidad recayó en la Directora del CRE de Rome, pese al hecho de que nunca se demostró si los jefes de departamento la habían informado plenamente de la magnitud del retraso acumulado. El chiste macabro que circulaba ahora en la Agencia sobre aquella Directora era que tenía sobre su mesa una placa de madera como la de Truman en la que ponía: “¿Qué responsabilidad?”. Las secciones de Auditoría de la Oficina de Distrito habían tardado tres semanas en activar las alarmas ante la escasez de declaraciones revisadas de auditorías y/o Sistemas de Cobro Automático, y las quejas habían empezado a ascender lentamente hasta llegar a Inspecciones, tal como cualquiera podría haber visto que iba a terminar pasando. La Directora de Rome se había acogido a la jubilación anticipada y uno de los directores de grupo había sido despedido sin más, lo cual era extremadamente poco común en los funcionarios de rango GS-13. Era obviamente importante que las acciones de saneamiento fueran discretas y que no hubiera ninguna publicidad indebida que dañara la fe y la confianza del público en la Agencia. Nadie tiró ningún impreso. Esconderlos sí, pero no destruirlos ni tirarlos. Incluso en medio de aquella desastrosa psicosis que se desató en los departamentos, nadie llegó al punto de quemar nada, de destruir nada ni de guardarlo dentro de bolsas de basura Hefty y tirarlo. Eso sí que habría sido un verdadero desastre: la cosa habría llegado al público. La ventanilla de la escotilla de emergencia no era más que varias capas de plástico, o eso parecía, y la capa interior cedía ominosamente bajo la presión de los dedos. Por encima de la ventanilla había una severa orden que prohibía abrir la escotilla de emergencia, acompañada de un tríptico de íconos que explicaba cómo abrir únicamente aquella escotilla. 

 

 

Traducción: Javier Calvo.

 

 

 

Su tercera ballena blanca

 

David Foster Wallace sólo publicó en vida dos novelas, su ópera prima The Broom of the System (1987) y Infinite Jest (1997), considerada por la revista Time entre las cien mejor escritas en lengua inglesa. De aquí que, desde el momento en que se supo que el escritor trabajaba en una tercera, se levantara una enorme expectación. Sin embargo, DFW, que desde Infinite Jest se había concentrado en los relatos, ensayos y artículos periodísticos, no tenía nada claro su futuro. “Hay escritores norteamericanos que se consideran sólo novelistas. Yo hago todo tipo de cosas, sólo me falta talento para la poesía. Seguramente finalizaré esta novela, pero lo que no sé es si reunirá la calidad suficiente como para publicarla. Tiendo a empezar tres o cuatro proyectos por cada uno que ve la luz. Gran parte de lo que escribo acaba en una gran caja en mi oficina sin que nadie pueda acceder a ello.

 

 

Algunas pistas sobre El rey pálido

 

Desde 1997 Wallace estuvo trabajando en su tercera novela que nunca acabó y a la que se refería con el apodo de The Long Thing delante de su editor Michael Pietsch. Los borradores, encontrados por su mujer en el garaje tras su muerte, comprendían varios cientos de miles de palabras en las que se contaba la vida de un grupo de empleados de una agencia tributaria en Illinois y el modo en que afrontaban el tedio de su trabajo. El manuscrito parcial se expandía sobre las virtudes de una mente atenta y la capacidad de mantener la concentración. El libro sugería que, llevado con propiedad, el aburrimiento podía resultar un antídoto a nuestra dependencia del entretenimiento. Tal y como Wallace remarcó en 2005 durante su discurso de inauguración del curso lectivo del Kenyon College, la verdadera libertad “significa ser consciente y estar lo suficientemente enterado, de cara a escoger aquello a lo que prestar atención y escoger cómo construir significado a partir de las experiencias. Porque si no eres capaz de ejercitar este tipo de elección en tu vida adulta, estarás completamente paralizado”. Por aquel entonces, Wallace estaba convencido del hecho de que las contorsiones literarias por las que era conocido se habían convertido en un obstáculo para su mensaje.

 

Wallace estaba intentando escribir de otra manera, pero no tenía claro el camino. “Creo que no quería hacer los viejos trucos que sus lectores esperaban de él, si bien desconocía cuáles debían ser los nuevos”, ha comentado Karen Green, su viuda. El problema trascendía el apartado de la técnica. Sin embargo, la principal preocupación de Wallace continuaba siendo cómo reflejar “aquellos factores humanos y mágicos que, pese a la oscuridad de los tiempos, todavía perviven y resplandecen”. Y añadió “la ficción realmente buena puede contener una concepción del mundo tan oscura como desee, pero hallará la manera de iluminar las posibilidades para vivir y actuar como un ser humano bajo esas condiciones”.


En la actual coyuntura de precariedad laboral, The Pale King aporta una visión deshumanizadora del trabajo que deviene de rabiosa actualidad. En una entrevista concedida en septiembre del año 2006 a una emisora de radio rusa y, más tarde, reproducida por The New York Review of Books, DFW realizaba estas declaraciones con las que se adelantó en un lustro a algunas de las recriminaciones de los indignados de medio planeta: “En Estados Unidos y en una gran parte de la Europa occidental tenemos un grave problema con el creciente poder, tanto político como cultural, que están concentrando las empresas. En mi país se necesitan unas sumas astronómicas de dinero para hacerse con un gran número de cargos políticos. Puesto que las empresas disponen de un capital infinitamente mayor que los particulares, llevan a cabo unas donaciones que desembocan en toda una serie de leyes favorecedoras de sus intereses, activándose un círculo vicioso. Las empresas son extrañas, pues están compuestas de personas y tienen el status legal de un individuo, pero carecen de una conciencia o de un alma propias de los seres humanos. (...) Las empresas disponen de tanta influencia y control y están haciendo tanto daño, que es evidente para todos que estamos abocándonos a un posible repliegue, a una suerte de reacción espasmódica contra esta situación”.

 

 

(Extraído del ensayo “The Unfinished” de D. T. Max, publicado por The New Yorker en marzo de 2009).

 

 

 

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