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Lunes 8 de Junio de 2009

Dorothea Lange

El éxodo

por Felipe Real / Fotos: Dorothea Lange

Fue la fotorreportera más reconocida de su época. Registró con su cámara las consecuencias de la crisis del 30 y se focalizó en los miles de desangelados granjeros estadounidenses que recorrían las rutas hacia California en busca de trabajo. Con la imagen de una mujer desesperanzada junto sus hijos convertida en ícono, Dorothea Lange emocionó a la sociedad y la hizo reflexionar sobre la Gran Depresión. ALMA MAGAZINE rescata del olvido las mejores imágenes de este testimonio que marcó un hito en la historia del fotodocumental.

Tanto sus imágenes como su emblemática figura han sido relegadas. Ese olvido tal vez se deba a que Dorothea Lange tuvo que abrirse camino a los codazos en una profesión de hombres: nació un 25 de mayo de 1895 y, cuando todavía la mayoría de las mujeres no tenían más destino que un lugar en la cocina, ella se dedicó a apuntar con su cámara aquello que nadie quería ver.


Para valorar su labor como fotorreportera hay que ubicarse en la época: el “martes negro” dio inicio a la Gran Depresión. Los huracanes económicos fueron seguidos de tormentas de polvo, y luego por largas sequías que desgastaron los ya sobreexplotados suelos del Medio Oeste. Para los habitantes de Oklahoma, Nebraska o Kansas, la tragedia recién comenzaba. Sin acceso al crédito, miles de granjeros quebraron dejando sus tierras en manos de los bancos. Muchos preferían incendiarlas y partían en autos destartalados, en carretas o a pie en una peregrinación masiva. Avanzaban por las rutas cabizbajos, portando sus objetos más queridos, arrastrando hijos, pateando sueños. Y una vez que llegaban a California, descubrían que eran necesitados pero también despreciados. Allí, los llamaban sucios, vagos, ladrones, borrachos, enfermos. Y Dorothea creyó que la lente de su cámara podría ayudar a apaciguar ese drama.


Ante su ímpetu, la Farm Security Administration del departamento de Agricultura tuvo que contratarla para registrar la catástrofe social. “En los caminos secundarios y en los márgenes de los ríos, lugares menos transitados, se levantan los poblados sucios y destartalados de los braceros, y los campos están llenos de hombres recogiendo, segando y poniendo a secar la cosecha”, escribió John Steinbeck en uno de los artículos que realizó para The San Francisco News y que serían la base de su novela premiada The Grapes of Wrath (1939). La editorial española Libros del Asteroide recopiló esos escritos en Los vagabundos de la cosecha y los ilustró con las fotografías de Dorothea. Bien podrían ser acompañados también por los viejos discos de folk, auténticas crónicas de la época. El cantautor Woody Guthrie, una de las influencias de Bob Dylan, entonaba: “Voy adonde no soplen las tormentas de polvo / busco un trabajo y una paga decente / me voy por esta carretera polvorienta / y nunca más van a tratarme de este modo”.


Sin embargo, todo este drama puede reducirse a un solo ícono: La madre migrante, un retrato de una mujer que carga dos hijos y el peso de la desesperanza. Una imagen que impulsa a preguntarse sobre los motivos de tal desazón y que le valió a Dorothea no sólo el premio Pulitzer sino también varias críticas. Los buscadores de escándalo encontraron a la pobre mujer y le hicieron decir lo que querían oír: que “no era tan pobre”, que “consumía alcohol”, que “Lange había arruinado su vida”. Lejos de abdicar, Dorothea volvió a apuntar su lente hacia aquello que muchos preferían ocultar: tras el ataque japonés a Pearl Harbor en 1941, ella registró a los nipoestadounidenses que eran deportados y encerrados en campos de concentración. Otra vez recibió premios, como el Guggenheim Fellowship, y abucheos de los rincones más polvorientos. Su obra hoy nos permite inmiscuirnos en las fisuras de una época que no conviene olvidar.

 

 


 

 

EPIGRAFES


 

La familia de un bracero mexicano, de 1937 (arriba).

 

 

 

La familia de unos campesinos afroamericanos de Greene, Georgia, de 1937 (arriba).

 

 

 

Madre inmigrante. La imagen de Florencia Owens Thompson, de 32 años, con sus hijos, fue el símbolo de la Gran Depresión (arriba).

 

 

 

Los rostros de granjeros desocupados recibiendo fondos de ayuda del gobierno. Un drama que se repite hoy en día, marzo de 1937 (arriba).

 

 

 

Una granja de Texas. Como sus vecinos, debieron abandonar sus tierras ante las constantes tormentas de polvo de 1938 (arriba).

 

 

 

La familia rodante. Llevan sus esperanzas por la vieja ruta de Oklahoma que unía el olvidado pueblo de Idabel con Krebs (arriba).

 

 

 

Ironía. Dos peregrinos avanzan por una desértica ruta mientras un cartel publicitario anuncia "La próxima vez, viaje en tren" (arriba).

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