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La quiebra de Kodak - Final del rollo

La quiebra de Kodak

Final del rollo

Jueves 1 de Octubre de 2009

Ecología y activismo

La vida color verde

por Claudia Ciobanu, Alecia D. McKenzie & Marcela Valente / Fotos: Gerard Cerles / Vidler

El voluntariado por la vida verde crece día a día en el planeta, sembrando de optimismo un futuro teñido de fatalismo y desidia. Experiencias sumamente creativas y solidarias como la llevada a cabo en Rumania por la organización no gubernamental Mai Mult Verde (Más verde) así lo atestiguan. A su vez, luego del espaldarazo que en las últimas elecciones del Parlamento europeo logró el movimiento Global Verde, que agrupa a un centenar de partidos ecologistas de todo el mundo, el activismo ecologista se expande con buenos augurios. América Latina no podía ser menos y día a día crece el fenómeno.

Más de 100 mil árboles plantados y 70 toneladas de basura recolectadas en un año quizá no sean demasiado para un gobierno, pero son mucho para un grupo de voluntarios de Rumania, que está llenando los vacíos que deja el Estado. Mai Mult Verde (Más verde) es una pequeña organización no gubernamental fundada en la primavera boreal de 2008 con el objetivo de crear una red permanente de voluntarios para concebir y aplicar proyectos ecologistas y educación ambiental.


El año pasado, más de 8 mil personas de todo el país participaron en varias iniciativas, mostrando que muchos rumanos jóvenes están dispuestos a labores ambientales voluntarias si se les brinda un marco adecuado. El objetivo inicial de Mai Mult Verde fue plantar 10 mil árboles y recoger 20 toneladas de desechos en un año. Sin embargo, sus resultados superaron los pronósticos más optimistas. “A juzgar por nuestra relación con los voluntarios, la idea de que los rumanos son pasivos e indiferentes al bien público es un prejuicio sin base en la realidad actual”, expresó Miruna Cugler, directora de comunicaciones de la organización. El voluntariado se sumó a una comunidad de internet, lo que le permite no sólo participar en la implementación de proyectos, sino también tener voz en su creación.


El presidente de Mai Mult Verde, Dragoş Bucurenci, señaló que uno de los principales problemas de las organizaciones no gubernamentales de Rumania es que sólo suman voluntarios en la etapa de implementación. Este enfoque restringe los aportes creativos de la sociedad civil, e impide una mayor participación de la gente en la solución de los problemas sociales que le preocupan. El objetivo de la institución es formar una red de 10 mil voluntarios en cinco años, de los cuales la cuarta parte estará constantemente participando en sus acciones.


Hasta ahora, la mayoría de los proyectos de Mai Mult Verde se han centrado en la limpieza ambiental. Grupos de voluntarios recogen basura que deja la gente que hace barbacoas en zonas boscosas. Otros limpian los residuos de los ríos o promueven el reciclaje. Actualmente, en Rumania se recicla alrededor de 10% de los desechos, en comparación con 60% en Alemania. Las empresas procesadoras de materiales reciclados sostienen que el negocio no es redituable. “Desafortunadamente, los rumanos reciclan muy poco, todavía no es parte de su cultura. Es difícil mantener nuestras actividades en marcha porque los costos de equipamiento y personal son elevados. No obtenemos suficiente material para reciclar”, confesó Octavian Burlacu, director de la compañía de manejo de desechos Supercom, en Bucarest.


Mai Mult Verde lleva a cabo campañas pidiendo a la población que recicle, y reclama que los rumanos soliciten a las autoridades más instalaciones donde recolectar en forma separada los residuos. La institución también planta árboles. En colaboración con Romsilva, la autoridad nacional de bosques, voluntarios de Mai Mult Verde sembraron más de 100 mil árboles en áreas afectadas por la deforestación. Muchas de esas zonas han sido reiteradamente devastadas por inundaciones debido a la tala. Romsilva aporta la tierra y las plantas. “Estamos muy contentos de esta inesperada ayuda de los voluntarios. Su trabajo permite que alcancemos nuestros objetivos de reforestación”, dijo Theodor Chiriac, gerente de Romsilva. Según Miruna Cugler, “cada vez que sembramos árboles, firmamos un acuerdo con Romsilva para asegurar el cuidado de las plantaciones y el compromiso de que no se modifique el uso de la tierra en los próximos 50 años. También tenemos acuerdos con los ayuntamientos en donde plantamos, a través de los cuales ellos se comprometen a garantizar la seguridad de las plantaciones por el tiempo que duren sus mandatos, que son de cinco años”.


Además de reforestar en áreas afectadas por inundaciones en todo el territorio, la institución sembró 30 mil árboles en 12,5 hectáreas que rodean Bucarest. Los árboles ayudan a purificar el aire de una de las áreas más contaminadas de Rumania. Buena parte del trabajo de la organización consiste en promover un estilo de vida más limpio y más verde. Una de sus iniciativas más exitosas es la inauguración del primer centro de alquiler de bicicletas en la capital. Los datos proporcionados por la entidad dicen que desde que se abrió ese centro, en agosto de 2008, la gente ha viajado más de 4.600 horas en bicicletas rentadas allí. La institución también calculó que cuando las bicicletas evitaron el uso de automóviles, se redujo la emisión de 49 toneladas de dióxido de carbono.


El éxito parece ser resultado de una combinación entre un nuevo interés de la gente por el medio ambiente y el inteligente activismo de 10 miembros permanentes de la organización, además de los voluntarios. El financiamiento de la institución procede exclusivamente de empresas privadas. El año pasado, la entidad tuvo un presupuesto de casi 1,4 millones de dólares. Sin embargo, Bucurenci afirmó que el financiamiento de este año es de apenas un tercio de la suma recibida en 2008, porque varias empresas que colaboraban se vieron afectadas por la crisis financiera. De todos modos, la campaña de la organización todavía tiene una alta visibilidad gracias a la participación de músicos, celebridades de televisión, políticos y periodistas. La red sigue creciendo y la entidad acaba de capacitar a 100 jóvenes como líderes comunitarios.


América Latina: En pugna por el poder


Cansados de esperar que los partidos existentes levanten las banderas del desarrollo sustentable y las sostengan cuando llegan al gobierno, ambientalistas de América Latina comenzaron una batalla cada vez más visible en busca de conquistar espacios de poder y llevar adelante ellos mismos sus propuestas. Bajo el paraguas del movimiento Global Verde, que agrupa a un centenar de partidos ecologistas de todo el mundo, la Federación de Partidos Verdes de las Américas está integrada por una docena de agrupaciones que procuran incidir en la agenda política del hemisferio a través de sus propios legisladores, alcaldes o ministros.


En Brasil, el Partido Verde se creó en 1986 como idea de un grupo de ambientalistas, artistas, intelectuales y activistas principalmente del movimiento antinuclear. Muchos eran exiliados que habían tenido contacto con las experiencias políticas de ecologistas europeos, entre ellos el actual congresista Fernando Gabeira. El Partido Verde de Brasil tiene también su lugar en el gabinete del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Se trata del ministro de Cultura, Juca Ferreira, quien reemplazó al cantautor Gilberto Gil, de fama internacional y otro miembro de la agrupación. El secretario de relaciones internacionales del partido, Marco Antonio Mroz, aseguró que la agrupación “está libre de las amarras de la izquierda y la derecha” y busca avanzar en la conquista del poder político.


El dirigente recordó que en el pasado, las ONGs creían que la cuestión ambiental debía permear a los partidos, pero ya no lo entienden así. Ahora para llegar al poder la única vía es un partido propio que no desvirtúe su propuesta como lo han hecho otros, inclusive de izquierda, dijo en alusión al Partido de los Trabajadores (PT) que gobierna Brasil desde 2002. Mroz sostiene que la agrupación que lidera el presidente Lula tiene “una propuesta de desarrollo económico a cualquier precio”.


Otro país de la región donde los verdes tienen un gran desarrollo es México, donde el partido también se fundó en 1986. Pero el camino seguido por sus dirigentes para conquistar posiciones en el escenario político es cuestionado por organizaciones ambientalistas e incluso por otros miembros de la Federación de Partidos Verdes de las Américas.


En Chile, el Partido Ecologista fue inscrito en el registro electoral a comienzos de 2008 y está legalizado en tres regiones, Tarapacá, Antofagasta y Atacama, todas al norte. En las últimas elecciones municipales sentaron a una concejala en la comuna de San Pedro de la Paz, en la sureña región de Bío Bío. No tienen legisladores nacionales. Entre sus integrantes están dos reconocidos líderes ecologistas: Sara Larraín, de la organización no gubernamental Programa Chile Sustentable, y Manuel Baquedano, del Instituto de Ecología Política. Como aún no tiene presencia legal en todo el país, este partido no puede competir por la presidencia de Chile en las elecciones previstas para fin de año. En ese sentido, estarían dispuestos a apoyar la candidatura independiente del ex congresita socialista Marco Enriquez Ominani. Pero su ambición es conquistar un poder propio.


A todo esto, organizaciones ecologistas chilenas pretenden reactivar el movimiento antinuclear en los países del Cono Sur, en vista del fuerte lobby que líderes empresariales y políticos realizan a favor de esa fuente de energía en la región. “El movimiento antinuclear en América Latina no existe, está descontinuado. Por eso tenemos que armarlo. Si nosotros logramos resistir estos próximos tres años ganamos la batalla, si no vamos a estar en problemas”, avizoró Sara Larraín. Para sobrevivir, Larraín aseguró, la industria nuclear internacional está tratando desesperadamente de alargar la vida útil de los reactores existentes en el mundo, lograr nuevos contratos en aquellos países que ya han optado por esta alternativa y abrirse paso en otras naciones con necesidades energéticas como Chile.


Preocupado del poder financiero y la influencia mediática del empresariado, el Programa Chile Sustentable preparó el documento de 55 páginas titulado “La Energía Nuclear NO tiene futuro”, donde detallan los fundamentos de su oposición a este tipo de energía. La publicación contó con el apoyo de la alemana Fundación Heinrich Böll. Para Larraín, los promotores de la energía nuclear “están aprovechando el descampado de desinformación” existente actualmente en Chile. A su juicio, son numerosos los mitos alentados por la industria que deben ser derribados, como que se trata de energía más limpia y barata que la generada por combustibles fósiles, y que es capaz de dotar a los países de independencia energética.


La energía nuclear depende de un recurso no renovable, como es el uranio, y requiere de grandes inversiones y subsidios estatales directos e indirectos para operar, manifestó. Los altísimos costos de desmantelamiento de las centrales, que tienen entre 30 y 40 años de vida útil, y la falta de lugares para la disposición final de los desechos radiactivos son otros problemas estructurales. “Hoy en América Latina no existe el movimiento antinuclear que había en la década del 90, ni remotamente, siendo que la amenaza en este momento está multiplicada muchas veces”, complementó el experto argentino Raúl Montenegro, profesor de la Universidad de Córdoba y premio Nobel Alternativo 2004. En este frente deberían volver a ser protagonistas organizaciones de Argentina y Brasil, los dos países de la región con plantas de energía nuclear en funcionamiento, además de Chile y Uruguay, donde ya está instalado el debate.


Francia: Verdes en aumento


La conciencia ambientalista aumenta en Francia, donde se pueden ver cajas con abono en los balcones de apartamentos pequeños, colas para comprar productos orgánicos y gente apiñada para ver un filme sobre la Tierra, además del crecimiento del partido político que abraza la causa de los verdes. Por muchos años este país fue considerado enemigo de ambientalistas como Greenpeace, cuya embarcación Rainbow Warrior fue hundida por agentes de inteligencia franceses en 1985 cuando esta organización no gubernamental llevaba adelante una campaña de protesta contra los ensayos nucleares en el océano Pacífico.


En las últimas elecciones del Parlamento europeo, el Grupo de los Verdes / Alianza Libre Europea estuvo entre los más votados y quedó relegado por la gobernante Unión por un Movimiento Popular, del presidente Nicolas Sarkozy, que obtuvo 27,8%, y apenas por el Partido Socialista, que recibió 16,4%. Fue la mejor votación de los verdes, lo que llevó a un periódico a hablar de la “revolución de Cohn-Bendit”, en alusión al pasado de aguerrido líder estudiantil de Mayo del 68 de este dirigente político que hoy a sus 64 años mantiene su gran capacidad de movilización. Pero los analistas no creen que sea el único responsable del crecimiento de los verdes.


La población francesa ha demostrado en los últimos años un mayor interés por las cuestiones ambientales, fenómeno que se vio reflejado en las elecciones del Parlamento Europeo. “La ecología está en el aire”, señaló Raj Isar, profesor de políticas culturales. “Cada vez más personas son conscientes de la importancia de preservar el ambiente y cuando hay un partido con un discurso muy coherente, la gente responde.”


“Los europeos aplaudieron nuestra plataforma positiva y constructiva y el hecho de que, a diferencia de otros, hayamos podido mencionar cuestiones realmente europeas en estas elecciones”, declaró Cohn-Bendit. La difusión de Home antes de los comicios benefició a los verdes, según numerosos analistas. El documental, que también fue emitido en otros países y subido al sitio YouTube, fue parte de la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente.


El ministro de Ambiente, Jean-Louis Borloo, ha desempeñado un papel importante en poner las cuestiones ambientales en la agenda. Pese a la política centroderechista del presidente Sarkozy. Borloo se comprometió a construir una planta de energía solar en cada una de las regiones de Francia para 2011. También apoya a los ambientalistas que se oponen a la construcción de una pista de carreras de Fórmula 1 cerca de París. Los detractores sostienen que puede contaminar el agua potable de la capital. Ahora que el Grupo de los Verdes tiene 14 escaños, de los 736 del Parlamento Europeo, los políticos ambientalistas pueden llegar a forjar algunas alianzas peculiares.

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