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Jueves 29 de Abril de 2010

Explotación infantil

Crisis llena fábricas de menores

por Mon Mon Myat & Tran Dinh Thanh Lam / Fotos: Andrew Holbrooke / Phillipe Lissac

El impacto de la crisis económica mundial sobre los niños y los jóvenes repercute muy duro en algunos países de Asia, entre ellos Birmania y Vietnam. El sur de la región presenta los peores índices de explotación infantil, con más de 100 millones de menores en esta situación. Así, el 20% de los niños obligados a trabajar hacen jornadas de 12, 13 y más horas al día, y ganan sólo entre 20 y 35 dólares al mes. Diez veces menos de lo que obtendría un adulto. Además, muchas veces trabajan en sitios donde no se respetan las más mínimas medidas de seguridad e higiene, y los niños están expuestos a contraer enfermedades. Algunos ejemplos de un fenómeno que no tendría que existir.

La birmana Cho Cho Thet, de 15 años, conoce poco de lo que pasa fuera de la fábrica textil donde trabaja 14 horas al día. La jornada laboral se extiende de siete de la mañana a nueve de la noche, los siete días de la semana, por un salario de 35 mil kyat (unos 35 dólares), al mes. La propietaria le da alojamiento y comida gratis, que incluye arroz y verduras. "Trabajar bajo techo es mejor que en los arrozales bajo la lluvia y el sol. No me siento para nada cansada", adujo Thet, quien después de dos años acaba de ser promovida de aprendiz a operaria.

 

La mamá de Thet la sacó de la preparatoria para cuidar a su hermana menor. Pero cuando ella murió y su padre las abandonó, no tuvo más remedio que buscar empleo por ser la mayor. "Trabajaba todo el día en los arrozales, con sol o con lluvia", relató al recordar su vida en la aldea, a tres horas de automóvil de la ciudad birmana. Finalmente pudo convencer a su abuela de llevarla a la fábrica donde trabajaba su tía. "En la aldea no ganaba suficiente dinero. No tenía un ingreso regular y no había trabajo salvo en época de recolección", añadió.

 

La propietaria de la fábrica, May Thu Aung, no quiso aceptarla porque era muy joven, pero le ofreció cuidar a sus hijos y la abuela aceptó. A la joven no le gustaba el empleo "porque ni siquiera quería cuidar a mi propia hermana", explicó Thet. A los pocos meses logró empezar a trabajar en la fábrica. "Hay muchas jóvenes que vienen a pedir trabajo. Tratamos de rechazar a las menores de edad. Si hoy les decimos que no, vuelven a la semana siguiente con una nueva solicitud en la que cambiaron la edad", relató la propietaria.

 

Aung pertenece a un grupo de empresarios que montó fábricas textiles en 1996, cuando despegó la economía de mercado. Comenzó con 150 trabajadoras y en 14 años se duplicó la cantidad. La fábrica de Aung se ubica en una zona industrial al este de Rangún, la anterior capital de Birmania, una de las 21 creadas por el régimen militar tras el golpe de Estado de 1988. Hay más de 43 mil fábricas en los sectores, textil, alimenticio, siderurgia, plásticos, entre otros, según datos de 2006. Alrededor de 98% de ellas son propiedad privada.

 

El desarrollo industrial creó puestos de trabajo para los campesinos que quedaban sin trabajo tras la temporada de recolección. Además, muchos jóvenes están empleados en el sector informal. Las condiciones laborales en muchas fábricas no cumplen con las normas internacionales sobre salud y seguridad, trabajo infantil, cantidad de horas trabajadas y salario.

 

El problema salió a la luz tras una disputa suscitada en una fábrica de textiles en la que los trabajadores reclamaban un aumento de salario y mejores condiciones laborales. "El gobierno quedó en una posición en la que debió desempeñar dos papeles, lo que es difícil y tampoco es bueno para los trabajadores", indicó Steve Marshall, oficial de enlace de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Birmania. Los empleadores, los trabajadores y el gobierno deben sentarse a negociar una situación que beneficie a todas las partes, como ocurre en otros países, indicó. "Tienen que identificar qué se puede negociar y resolver", completó.

 

La OIT está presente en Birmania, aunque tiene un mandato muy restringido, limitado a cuestiones de trabajo forzado, niños y niñas soldado y libertad de asociación. En lo que respecta a la salud y a la seguridad laboral y al trabajo infantil, Marshall explicó que la OIT "observa la situación. Tenemos mucha experiencia como para ayudar, pero dado el marco legal actual, sencillamente no podemos hacerlo".

 

La crisis económica internacional agrava las condiciones laborales y los bajos salarios en Birmania. Muchas fábricas de exportación se vieron afectadas, entre ellas la de Aung, que trabaja para empresas de vestimenta que venden sus productos a Alemania, España y Gran Bretaña. "La demanda bajó 75% porque en 2009 no hubo pedidos durante ocho meses. Nos cuesta mucho mantener la fábrica de 300 empleados porque no podemos hacer frente a tan alto costo", indicó Aung. Unos 60 empleados dejaron la fábrica de Aung el año pasado en busca de mejores oportunidades laborales. "Hay muchos karaokes y salas de masajes en Rangún, donde las jóvenes ganan mucho más dinero que en la fábrica. ¿Cómo puedo retenerlas?", apuntó Aung.

 

No obstante, para Thet trabajar en la fábrica, donde tiene muchas amigas, es más seguro que hacerlo como animadora. Incluso, puede jugar con las otras empleadas jóvenes al término de su jornada laboral a las nueve de la noche: "A veces jugamos al escondite o también cantamos y bailamos. Lo que más me gusta es cuando la jefa pasa películas". Pese a que eso implica sacrificar horas de sueño: "Tengo el sueño pesado. Cuando veo una película hasta tarde, me despierto 15 minutos antes de la hora de entrada, me bañó y voy directo a trabajar. Me pierdo el desayuno", señaló Thet con una sonrisa. La joven sueña con volver a estudiar, algo que recuerda cada vez que ve a otros niños y niñas yendo a la escuela: "Extraño a mis amigos de la escuela. Si no tuviera que trabajar, me gustaría estudiar".

 

Sueños postergados por la crisis

 

Este año, el vietnamita Doan Hung no tuvo tiempo para los festejos del Tet, o Año Nuevo Lunar. Mientras todos se preparaban para el Año del Tigre, que según el calendario chino se inició el 14 de febrero, este niño de 12 años vendía billetes de lotería en las calles. Esa jornada apenas entregó 17 billetes. Habitualmente se las arregla para vender por lo menos 20 en un día, llevando a su casa unos 20 mil dongs (un dólar), que se suman a los magros ingresos de sus padres. Pero esa vez, a diferencia de los últimos años, Hung no tuvo tiempo de soñar con las tradicionales tortas de arroz o las ropas nuevas que sus padres les regalaban a él y a su hermana en esta época festiva.

 

Orgulloso de poder ayudar a sus padres, Hung dice que ha pasado los últimos seis meses vendiendo esos billetes de lotería. "Desde el día en que mi mamá y luego mi papá perdieron sus trabajos en el parque industrial de Tan Tao", aclara. Hung abandonó la escuela y su hermana menor también se queda en su casa, para cocinar. Su historia no es un caso aislado. Las cifras del gobierno muestran un aumento en la cantidad de niños que desertan de la escuela en Vietnam, un país con más de 86 millones de habitantes. Según el Ministerio de Educación, 138 mil niños y alumnos de enseñanza preparatoria abandonaron los estudios durante el año escolar 2007-2008. Desde entonces, la cantidad se elevó a 147 mil.

 

"El Estado tiene muchas políticas -libros de texto gratuitos, clases gratuitas para los niños de regiones rurales y montañosas, por ejemplo-, pero todo eso no ayuda a devolver los niños a la escuela. La inflación hace que la gente piense primero en alimentos y vestimenta", explica Truong Thi Mai, director del Departamento de Asuntos Sociales de la Asamblea Nacional.

 

Los padres de Hung estuvieron entre los primeros despedidos por su empleador, un exportador de ropa y calzado. "Intentaron postularse para trabajar en empresas que producen para el mercado interno, pero también ellas han ralentizado su producción y reducido su fuerza laboral", dice. Como las exportaciones de Vietnam continúan bajo los efectos de la crisis financiera mundial, se redujeron los pedidos que empresas y fabricantes como el parque industrial de Tan Tao reciben del exterior. Por eso disminuyeron los puestos de trabajo o disminuyeron su producción.

 

En 2009, Vietnam registró un crecimiento económico de apenas el 5,2%, el más bajo de la última década. A comienzos del año pasado, su inflación anual del 28% fue la más elevada entre los países asiáticos. Solamente en el primer trimestre de 2009, el crecimiento económico de Vietnam se redujo al 3,1%. Aunque es posible que Vietnam no haya sido tan golpeado por la crisis como otros países de la región -por ejemplo Tailandia o Singapur-, sí ha experimentado una repentina caída de la producción en las pequeñas y medianas empresas, así como una proporción cada vez mayor de firmas que se declaran en bancarrota.

 

Estadísticas difundidas en marzo de 2009 por el Ministerio de Trabajo, Inválidos de Guerra y Asuntos Sociales muestran que para fines de febrero del año pasado habían cerrado sus puertas 938 empresas, y que otras 976 habían reducido su producción. Esto causó 74.500 pérdidas de puestos de trabajo, dejando desempleadas a 37.700 personas y a otras 14.900 con despidos temporarios. Otro factor que empeora el desempleo es el regreso al país de unos 3 mil vietnamitas que perdieron sus trabajos en el exterior. En 2009, el gobierno anunció un paquete de estímulo a las pequeñas y medianas empresas, a fin de ayudarlas a sobrevivir y preservar puestos laborales. Inicialmente de 6 mil millones de dólares, desde enero del año pasado aumentó a 8 mil millones. El gobierno también decidió extenderlo a este 2010.

 

Hasta ahora Vietnam se enorgullecía de su impactante crecimiento económico de las últimas décadas y de su éxito en la reducción de la pobreza. Esta pasó del 17,2% en 2001 a menos del 7% en 2005, según cifras oficiales. Sin embargo, aumentó al 19,5% en 2008 y 2009. Mientras las familias ajustan sus cinturones, las inversiones en bienestar infantil se ven afectadas también, como muestra la historia de Hung y su hermana.

 

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y el Ministerio de Trabajo consideran ocho variables para definir la pobreza en los niños: educación, nutrición, salud, refugio, agua y saneamiento, trabajo infantil, ocio, y protección e inclusión social. Así es como ya hay 7,6 millones de niños vietnamitas que pueden calificarse como "necesitados", porque no pueden gozar de por lo menos dos de esos derechos. Son 7,6 millones los niños que no tienen una vivienda adecuada. Cinco millones carecen de instalaciones de higiene básica, 2,4 millones no tienen agua limpia para beber, 3,4 millones no pueden acceder a información, dos millones padecen desnutrición y tres millones no van a la escuela.

 

Otra señal de estos tiempos difíciles puede verse en el hecho de que cada vez más padres, especialmente los que han quedado desempleados, hacen que sus hijos más pequeños se queden en el hogar en vez de enviarlos a guarderías. Estos centros cobran casi 500 mil dongs (27 dólares) mensuales por niño. "En los últimos dos años hubo una gran disminución de las inscripciones", admite Nguyen Thi Nguyet, de 46 años, propietaria de una guardería infantil cerca de Bay Hien Carrefour, un conocido distrito textil de Ho Chi Minh. Antes concurrían allí entre 20 y 30 niños, pero ahora van apenas seis. Su dueña dice no estar segura de si abrirá sus puertas el año próximo. Otras guarderías cercanas a Thi Nghe Bridge, un barrio popular de la ciudad, también reportan una reducción significativa en las inscripciones.

 

"El crecimiento económico, aparejado con mejores políticas de seguridad social, han contribuido mucho con la reducción de la pobreza. Pero el problema de los niños pobres se está volviendo cada vez más generalizado y severo", según la ministra de Trabajo, Nguyen Thi Kim Ngan. La pobreza entre los niños tiene serias repercusiones en su desarrollo físico y mental, por lo que ellos deberían ser prioritarios a la hora de tomar medidas contra este flagelo.

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