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Lunes 22 de Febrero de 2010

Fotografía

La otra pasión de Tito

por Snezana Stanojevic

El presidente comunista yugoslavo Josip Broz, también conocido como "Tito", tomó miles de instantáneas durante su vida, que ahora son motivo de una exhibición en Belgrado.

La fotografía era una verdadera pasión para Josip Broz "Tito", el presidente comunista de Yugoslavia, quien a lo largo de su vida tomó miles de instantáneas de sus viajes, recepciones y fiestas, que en parte podrán verse en una exposición en Belgrado.

La exposición, titulada Tito-foto, abarca unas 900 diapositivas proyectadas sobre las paredes del museo "25 de mayo", así como otras 100 imágenes tomadas con cámaras Polaroid y otros aparatos usados por el ex líder partisano, muerto hace 30 años pero cuya popularidad, al parecer, crece con el paso del tiempo.

Se trata del material encontrado hace un mes en los archivos del Museo de la Historia de Yugoslavia y representa sólo una modesta parte de la colección de unas 20.000 fotos tomadas por Tito.

Las instantáneas exhibidas, en su gran mayoría en blanco y negro, están divididas en varios "álbumes" que llevan nombres como "Mi Yugoslavia", "Mi Jovanka (la esposa de Tito)", "Mis residencias, mis islas", "Yo por el mundo", entre otros.

Abarcan las décadas de 1960 y 1970 y son un testimonio valioso sobre la vida privada de Tito, poco conocida, sobre el ambiente y las personalidades que le rodeaban.

También constituye un material importante para el trabajo de los sociólogos e historiadores dedicados a estudios sobre la vida y el trabajo del líder yugoslavo, fundador del entonces importante Movimiento de Países No Alineados.

Tito se dedicó durante 40 años a la fotografía como afición y sin pretensiones profesionales.

Ni siquiera tenía motivos preferidos. Tomaba fotos de la costa, del mar, islas, paisajes, escenas de la naturaleza, caza, animales, flores, el interior de su casa, objetos personales, viajes.

No hacía muchas fotos de personas, con algunas excepciones, como su esposa y algunos amigos y colaboradores. Casi nunca hacía retratos y algunas veces tomaba fotos de grupos de gente, generalmente en recepciones y fiestas.

El valor artístico de sus fotografías no ha sido objeto de estudio, pero a primera vista las hay tanto logradas como desenfocadas o borrosas.

Según una anécdota, el presidente Tito le sacó una foto, en una ocasión, a un grupo de generales y colaboradores próximos y al comprobar, tras su revelado, que sólo se veían los cuerpos, el mandatario les dijo entre risas: "pues, os he cortado la cabeza".

En los últimos años de su vida estaba obsesionado por la cámara Polaroid, de la que nunca se separaba.

Tenía, entre otros, el modelo SX70, un regalo de un coronel estadounidense a quien conoció durante la Segunda Guerra Mundial, y con quien se encontró también en 1972 en Belgrado.

Con esta exposición, el Museo de la Historia de Yugoslavia se suma a la iniciativa mundial para preservar la tradicional marca estadounidense Polaroid, el medio analógico de la fotografía instantánea.

Un grupo de admiradores de Polaroid se ha reunido en torno al llamado "Proyecto Imposible" para volver a comercializar los cartuchos de estas legendarias cámaras, que se dejaron de fabricar recientemente.

Entre las cámaras exhibidas también hay varios modelos de Nikon, Tessina y una minúscula Minox, que ganó fama y popularidad al ser usada en varias películas de James Bond.

Tres décadas después de su muerte, la figura de Tito despierta el recuerdo de un pasado mejor en Yugoslavia, el país más próspero del Este, que se desintegró a comienzos de la década de 1990 con varias guerras sangrientas.

Fuente: EFE

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