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Martes 3 de Julio de 2012

Francia

Vientos de cambio

por Julio Godoy/ A. D. McKenzie / Fotos: Michel Demorand / Marie Liesse Courtade

El segundo jefe de Estado socialista desde la posguerra mundial venció por escaso margen al conservador Nicolas Sarkozy. Hollande prometió luchar contra todas las discriminaciones en su país y abordar los problemas económicos. Francia ha comenzado una nueva etapa, que muchos europeos esperan lo sea también para todo el continente.

Francia - Vientos de cambio

El fracaso electoral de los salientes gobiernos de Francia y de Grecia hace prever el fin de los duros programas de ajustes en esos países y en el resto de Europa, y parece marcar una nueva era de políticas económicas, sociales y de inversiones para restaurar el crecimiento y el empleo. En Francia, el candidato del Partido Socialista, François Hollande, con 57 años, defensor de estrategias de empleo y crecimiento económico promovidas por el Estado, superó en las elecciones del domingo 6 de mayo al presidente Nicolas Sarkozy, a menudo considerado el paladín de los programas de austeridad implementados en Europa. Hollande se convirtió en el primer socialista en llegar al poder desde la salida de François Mitterrand en 1995.

 

En especial, la victoria de Hollande en Francia es vista como un punto de inflexión en el paradigma económico de Europa. Durante su discurso tras el escrutinio, el electo presidente francés admitió que su triunfo era visto en Europa como “un alivio, una esperanza, la confirmación de que la austeridad no es un llamado del destino para la región. Mi misión será dar a Europa una dimensión de crecimiento, de empleo y de prosperidad para todos. Voy a proponer a mis colegas de la región un pacto que una la necesaria reducción del déficit con el indispensable estímulo de la economía”. Hollande liderará en los próximos cinco años la segunda economía de Europa en importancia, detrás de Alemania.

 

En su discurso también anunció que en las próximas semanas y en la cumbre de la Unión Europea (UE) de este 24 de junio defenderá frente al gobierno alemán que los recortes en el gasto público, lejos de contribuir a resolver la crisis de deuda soberana, agravaron el problema de las finanzas pública en casi todos los países del bloque. En los últimos dos años, Alemania y las autoridades de la UE, junto con Sarkozy, desempeñaron un papel de pivote diseñando los programas de austeridad impuestos a los gobiernos de Grecia, Italia, Portugal, Irlanda y España. Caracterizados por los drásticos recortes en el gasto público, las pensiones, los programas de bienestar social y los salarios de los funcionarios, esa estrategia no hizo más que agravar la crisis económica, prolongar la recesión, empeorar la pobreza e, incluso, aumentó la mortalidad entre las personas mayores.

 

El índice del Producto Interno Bruto (PIB) acumulado desde 2007 cayó en Grecia el 17.3%, en Irlanda más del 7%, en Italia el 6.7%, en Portugal casi el 6% y en España el 4%. Hollande insistió en que su gobierno se concentrará en la “justicia social y en restaurar la esperanza de los jóvenes”. En Francia, el desempleo alcanza al 25% de los jóvenes activos, mientras que en España llega casi al 50% de esa franja etaria, una situación que afecta también a otros países del sur de Europa. Esos datos, sumados a la retórica contra las medidas de ajuste que caracterizaron a las campañas electorales en Francia y Grecia, suavizaron, de hecho, las declaraciones a favor en Alemania, la UE, e incluso del Banco Central Europeo.

 

El primer gran gesto de cambio que emprendió Hollande nomás asumir fue reunirse con la jefa de gobierno de Alemania, Angela Merkel. Esta había declarado que prevé una “reforma del crecimiento” para los programas de austeridad que su gobierno promovió de forma consistente en los últimos dos años. En el encuentro, Hollande mantuvo todas sus reivindicaciones ante Merkel. La primera entrevista entre los dos líderes fue franca, directa y distendida, según destacó la prensa francesa. Pese a las divergencias, los asistentes conjeturaron que el pragmatismo de ambos les permitirá llegar a un acuerdo antes de la cumbre de este mes.

 

Luego, atravesando el océano Atlántico se encontró con el mandatario estadounidense Barack Obama antes de la cumbre del G-8, convocada en la apartada residencia presidencial de Camp David (Maryland). Con la ayuda ahora del nuevo presidente francés, Obama aprovechó la cumbre para presionar, especialmente a Alemania, sobre la necesidad de un impulso al crecimiento económico en Europa. La otra cara nueva que se esperaba en la reunión, la del presidente Vladímir Putin, ha decidido ausentarse para dejar claro desde un principio que se avecinan tiempos difíciles en las relaciones con Rusia.

 

El suicidio de Nicolas Le Pen


“Echen a los inmigrantes y todo estará bien. Ese fue el mensaje atractivo y decepcionante de algunos de los candidatos presidenciales”, cuestionó la profesora de ciencias políticas Nonna Mayer. ¿Pero quiénes son esos “inmigrantes” que ocuparon un lugar central en la campaña electoral? Para algunos franceses son “cualquiera que se vea distinto”, explicó Mayer, especializada en racismo y antisemitismo. “Las personas consideradas ‘extranjeras’ están jerarquizadas en Francia. Las más rechazadas son las de origen magrebí, y las menos, las judías. Las personas originarias de Africa subsahariana suelen ser vistas favorablemente, en tanto las de Asia están entre los judíos y los africanos subsaharianos”, añadió con ironía Mayer.

 

La legislación francesa prohíbe la clasificación étnica de la población, pero estudios varios resaltan que los residentes de origen extranjero superan el 10% de los 63 millones de habitantes de este país. Uno de cada tres proceden de la UE, aunque los políticos no apuntan a ellos. El término “inmigrante” se volvió sinónimo de musulmán. La retórica contra los extranjeros, en especial del ultraderechista Frente Nacional es, de hecho, un rechazo del Islam en Francia.

 

La líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, puso en el centro de su campaña el ritual de matar animales, como el practicado para producir la carne halal, y trató de impactar al electorado diciendo que millones de franceses la comían sin saberlo. Además, criticó a los musulmanes que rezan en la calle, y tildó la práctica de “invasión”. En septiembre de 2011 se prohibió rezar en la calle, pese a que muchos de los cinco millones de musulmanes residentes en Francia no tienen dónde hacerlo. La medida siguió a la prohibición de la burqa y de otros atuendos que cubren el rostro. Le Pen se esforzó por hacer una distinción entre los musulmanes franceses que “aman a Francia” y los radicales y fundamentalistas islámicos, no obstante muchos analistas consideraron que sus partidarios no comprenden la diferencia.

 

El discurso de Le Pen fue retomado por el ahora ex presidente Sarkozy: “Sarkozy también puso a la inmigración en el centro de su campaña para obtener votos de la extrema derecha. Solía ser equilibrado respecto de este tema y del Islam. Pero ya no”, expresó Mayer. El ex mandatario mostró el cambio en un discurso que dio en Grenoble en julio de 2010, tras los disturbios ocurridos en esa ciudad del sudeste de Francia. Declaró que el gobierno revocaría la ciudadanía francesa a los inmigrantes que pusieran en peligro a oficiales de la policía u otras autoridades públicas. El discurso siguió a la orden de expulsar a los roma (gitanos) indocumentados de Francia, lo que le valió a este país una reprimenda de la UE. Desde entonces, algunas de las expresiones más duras de Sarkozy parecieron esforzarse por superar a Le Pen. En marzo pasado aseveró que Francia era un país con “demasiados extranjeros” y prometió que si era reelecto restringiría la inmigración.

 

Mayer manifestó que espera que regrese la tolerancia pronto porque Francia tiene tradición de recibir a los solicitantes de asilo. Un estudio del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) subrayó que Francia recibió 51.910 solicitudes de asilo en 2011, el 8% más que el año anterior. Está en segundo lugar, detrás de Estados Unidos, en la materia. La mayoría llegó desde Afganistán, donde soldados franceses participan en las operaciones militares. Es la tercera vez seguida que aumentan las solicitudes de asilo, según Acnur. “Eso alimentó la sensación de ciertos sectores de la población sobre la ‘excesiva’ llegada de extranjeros a Francia. Pero partidos como la UMP de Sarkozy se metieron en un juego peligroso al hacerse eco de la extrema derecha y apuntar a los inmigrantes. Esas políticas legitiman a estos partidos de extrema derecha. La historia nos muestra los peligros que eso encierra”, concluyó Mayer.

 

 

Cuando la patria lo demande

Texto: Carlos Celaya (votosinmigrantes.blogspot.com)

 

“El racismo de los intelectuales” es un artículo de Alain Badiou que toca con precisión una de las principales teclas del debate sobre la inmigración: la cobardía de los dirigentes políticos, temerosos de “explicar” la creciente presencia de extranjeros en la sociedad europea. Han preferido, sobre todo en la izquierda, entonar un discurso contemporizador y aparentemente comprensivo: a los blancos les han dicho que entienden sus prejuicios y han votado de forma vergonzosa innumerables normas y medidas que sencillamente estigmatizan o expulsan del espacio público a quien se considera extraño. A los extranjeros, que deben adaptarse y mantener sus costumbres. Para la derecha, la presencia de la inmigración ha sido como la cuerda que necesita el equilibrista: un peligroso territorio sin el que su actividad no tiene sentido. Para la izquierda, la presencia de la inmigración ha sido como la cuerda que estrangula. Ambos han jugado con fuego. Han preferido interpretar al extranjero como un recurso, económico o electoral, pero no como un germen de cambio social. Hoy llama la atención el grado de sorpresa con el que Europa mira el ascenso del discurso de extrema derecha, puesto que todos alimentan el monstruo. Quizá la patria europea se lo demande algún día…

 

 

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