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Martes 2 de Marzo de 2010

Graciela Iturbide

México mágico

por Marcela Mazzei / Fotos: Fotomuseum Winterthur

Organizada por la Fundación Mapfre, recorre Europa The Inner Eye, la exposición retrospectiva que reúne la obra de los últimos 40 años de la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide. En más de 180 imágenes en blanco y negro, ávidas de deseo documental y poético, siempre muy expresivas, la ganadora del Premio Internacional de Fotografía 2008 de la Fundación Hasselblad, elige retratar a los pueblos indígenas y a las mujeres, aunque su ojo sea permeable a cualquier escena emotiva.

Un indio seri camina de espaldas a través del desierto, cargando un aparato radiograbador. La imagen estática, convincente y casi perturbadora, es una fotografía tomada por Graciela Iturbide. Se titula Mujer ángel y se trata, en rigor, de una fotografía documental. Pero al mismo tiempo, la imagen parece simbolizar la tensión entre dos civilizaciones, planteando el interrogante de cómo sobreviven las culturas indígenas inmersas en la cultura occidental.

 

Graciela Iturbide suele crear imágenes que parecen recortarse como siluetas entre el conocimiento y la sensibilidad, que remiten a una interacción compleja y sutil de diferentes realidades y sus estratificaciones. Ella misma habla de la fotografía como una excusa para descubrir el mundo, como un enfoque en el que "descubrir" funciona como sinónimo de "vivir", como si "ser en el mundo" fuera simplemente lo mismo que "ser".

 

Nacida en la capital mexicana en 1942, Iturbide es la fotógrafa contemporánea más famosa de su país: recibió varias distinciones, entre ellas el Premio Eugene Smith 1968 por su reportaje Médicos sin fronteras, el Gran Premio de la Fotografía 1988 de París y el prestigioso Premio Hasselblad 2008, otorgado a otras figuras destacadas como Robert Frank, Richard Avedon y Robert Adams. En sus 40 años de carrera, además, ha colaborado a una mejor comprensión del desarrollo de la fotografía en México y en toda América Latina.

 

En los 60, comenzó sus estudios de cine en la Universidad Nacional de México, al tiempo que asistía a las conferencias del célebre fotógrafo Manuel Alvarez Bravo, que la inspiró a dedicarse al oficio. Pronto se convirtió en su asistente, y por intermedio suyo se sumergió en la escena del arte mexicano de la época y se familiarizó con la obra de artistas como Tina Modotti, Edward Weston, Henri Cartier-Bresson, Frida Kahlo, Diego Rivera y muchos más.

 

Desde sus inicios en la década de los 60 hasta finales de los 80, la obra de Iturbide refleja su interés por la teatralidad de la vida cotidiana y las atmósferas carnavalescas de las fiestas populares mexicanas, en las que confluyen los ritos católicos y las tradiciones indígenas. Se trata de fotografías en las que no sólo pone de relieve la ironía con la que el imaginario mexicano representa la muerte, sino que también acentúa el carácter surrealista y grotesco de estos ritos sociales.

 

Entre 1979 y 1986, inició su primer proyecto fotográfico importante. Durante ese lapso, viajó en varias ocasiones al mítico corazón zapoteca de Juchitán, en el estado sureño de Oaxaca, donde vivió dentro de una comunidad y conoció, a través de las mujeres del lugar, las tradiciones profundamente arraigadas y los rituales que aparecen en muchas de sus inolvidables imágenes. En los retratos y paisajes de la serie Juchitán de las mujeres, Iturbide le da vida a las múltiples facetas de los pueblos indígenas.

 

Su obra podría definirse como una extraña mezcla entre realidad y sueños, con visos de crueldad. En muchas de sus fotografías, Graciela Iturbide transciende lo autobiográfico y lo subjetivo de su mirada; una visión que insinúa complicidad y un infinito respeto por las personas fotografiadas. A través de esa mirada impertinente, trabaja los grandes temas de México: la soledad, la fiesta, el ritual, la frontera, la muerte, la madre y el erotismo; temas generacionales o casi eternos de un México rústico, materializado con la misma intensidad en las obras de las grandes plumas de la literatura mexicana, Octavio Paz y Carlos Fuentes.

 

"Muchos occidentales piensan que las mujeres de Juchitán, Oaxaca, son feministas. Cuando una reportera japonesa preguntó a Zubeida, la famosa 'Señora de las Iguanas', ella respondió: 'Sí, sí, soy feminista. Desde que murió mi esposo, trabajo'", comentó la fotógrafa en la inauguración de la muestra en su paso por el Fotomuseum Winterthur, en Suiza.

 

Los que viven en la arena es otro de los proyectos que indagan en la frontera entre lo documental y lo lírico. Encargada por el Instituto Nacional Indigenista, como parte de su trabajo para salvar a la cultura indígena, la serie se centra en los indios seri del desierto de Sonora. Allí, se las arregla para ir más allá de las particularidades de su vida cotidiana y capturar la dicotomía de una vida dividida por dos sistemas culturales diametralmente opuestos. Además de romper con las convenciones de retratar grupos étnicos con una mirada estigmatizada.

 

Otro de los iconos de la cultura mexicana, la artista Frida Kahlo, despertó su interés. En 2006, Iturbide estuvo encargada de fotografiar los cuartos de la Casa Azul de Frida y Diego Rivera, en Coyoacán, que por decisión de Rivera debía permanecer cerrada durante 15 años y, sin embargo, no se abrió hasta 50 años después. Fue la primera persona en acercarse a los objetos personales de la artista desde su muerte en 1954: corsets, prótesis y otros elementos que aliviaban su dolor formaban ese santuario privado e intacto que Iturbide inmortalizó, entablando un diálogo con los objetos de uso cotidiano y la obra creativa de la artista, de una manera respetuosa pero al mismo tiempo en la búsqueda constante de una interpretación subjetiva.

 

Junto con la exhibición itinerante se editó un catálogo de 292 páginas, con algunas de las 180 fotografías y textos de la curadora Marta Dahó, Juan Villoro y Carlos Martín García.

 

www.fotomuseum.ch

 

www.exposicionesmapfrearte.com/gracielaiturbide/

 

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