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Jueves 19 de Marzo de 2009

Helmut Newton

Eróticas criaturas

/ Fotos: Helmut Newton Foundation

A modo de epifanía, el desafortunado episodio en el que la editora de Vogue despidió a uno de sus mejores fotógrafos de modas marcó el inicio de un estilo que revirtió todas las convenciones del género y convirtió a su autor en ícono de una época marcada por la violencia, la emancipación femenina y las libertades individuales y creativas. Helmut Newton: Fired, la muestra que hasta mayo de 2009 se exhibe en Berlín, repasa sus fotografías publicadas entre los años 60 y 70 en revistas como Vogue, Elle, Queen, Nova y Marie Claire. 

Berlín, 1920. En medio de una familia judía acomodada nació Helmut Newton, que pronto se convertiría en un niño delicado y propenso a los desmayos. A los 8 años, su hermano le hizo conocer la zona roja, en las antípodas de su clase social, con calles repletas de prostitutas de ajustadas botas de caña alta y látigo en mano. A los 12, con sus ahorros se compró su primera cámara fotográfica en una tienda de saldos y en el metro gastó el primer rollo, que se veló por completo, excepto una imagen que había tomado en la superficie. Pocos años después, se despidió de la escuela donde estaba pupilo para emprender un viaje que lo convertiría en reportero, y con la ayuda de su madre comenzó a trabajar como aprendiz en el estudio de una retratista y fotógrafa de modas conocida como Yve. A fines de los años 50, halló trabajo en la revista francesa Jardin des Modes mientras que la década del 60 lo encontró ganándose la vida como fotógrafo de modas en varias revistas internacionales, entre ellas Vogue Francia, además de sus trabajos en relación directa con los diseñadores.

 

En 1964, la revista Queen me encargó fotografiar la revolucionaria colección de Courrèges. Y en su reporte final de las pasarelas de París, la editora Claire Rendlesham decidió publicar una primicia en la que mostraba sólo mis fotos de Courrèges y excluía todo el resto de las marcas. Cuando esa revista llegó al escritorio de Françoise de Langlade –entonces editora en jefe de VogueFrancia– se dio la cabeza contra la pared. Fui llamado a su oficina, tuvimos una discusión tremenda, me acusó de traidor y desleal, y quiso saber por qué no le había dicho nada de la primicia. Le expliqué que no tenía contrato de exclusividad con Vogue, y que daba por descontado que nunca divulgaría ideas de Vogue a Queen ni viceversa. Así que fui expulsado de su hall sólo para regresar en 1969, cuando Francine Crescent había ocupado el cargo de editora. Durante su gestión, hice el que considero mi mejor trabajo en modas, mientras fui un colaborador regular hasta 1983”. (Helmut Newton, Pages from the Glossies, Zurich: Scalo, 1998.)

Las fotos de Courrèges publicadas en Queen –la razón por la que fue despedido de Vogue– traducían de modo brillante los diseños ultra modernos del modisto francés en una imagen fotográfica. Los pantalones de mujer, los vestidos sobre la rodilla y en especial los modelos de la era espacial eran simplemente revolucionarios. Justamente en el preciso momento en que la figura de la mujer y su posición en la sociedad experimentaban cambios radicales, Newton retrató a las modelos sin accesorios, en espacios angostos, casi claustrofóbicos, y cuyas paredes metálicas reflejaban y duplicaban las ropas y los cuerpos femeninos.

Su carrera inauguró entonces un fructífero período, una etapa que la Helmut Newton Foundation repasa en Helmut Newton: Fired, una exhibición de más de 200 fotografías, con sus trabajos de moda de las décadas del 60 y 70, que se pueden apreciar hasta el 17 de mayo en la sede berlinesa de la institución.

Después de que Newton fuera despedido de Vogue, la editora de Elle Claude Brouet le ofreció trabajo. Así, capturó a las modelos de Elle a través de los confines de una habitación espejada; esta vez el mismo fotógrafo apareció con su pequeña cámara detrás de la mujer. Vestido de negro, su presencia provocaba más que un mero contraste con los colores pálidos de las prendas de Cardin o Lanvin que adornaban a las modelos. Con sentido de auto-ironía, Newton se deslizó él mismo detrás del proceso y de la imagen de moda, y en alguna ocasión incluso puso su propia cámara en las manos de las modelos. En rigor, dos años más tarde desarrolló la que se conocería como Newton Photo Machine (la máquina de fotos Newton), un sistema mediante el cual se demoraba la contracción del obturador para que las modelos se fotografiaran sistemáticamente a sí mismas (y a sus atuendos) frente a un espejo, chequeando sus poses.

Helmut Newton instaló la moda en las calles, en espacios públicos o, como él decía, “en la vida”, con más frecuencia que en el estudio. Disponía a las mujeres en un metafórico pedestal que, en contraste con la primera fotografía de moda, fue más que osadía: una muestra de la seguridad femenina. Activas y atractivas criaturas eróticas que parecen dominar la escenografía, las mujeres de Newton posan seductoras, de pie junto a los motores del sedán norteamericano, ante un póster de Marlon Brando o misteriosamente iluminadas por el atardecer frente a un bloque de edificios solitarios. Sus impresiones en blanco y negro remiten a las escenas de Hitchcock, mientras que las en color podrían pasar por precursoras de las de David Lynch.

Sola o en grupo, en la fotografía de Newton la mujer condensa una atractiva elegancia o lúdica anarquía. En los primeros 70, hizo una serie para la revista Nova con agresivas “chicas traviesas” arrojando sillas y granadas de mano, o disfrazadas con máscaras sonrientes y haciendo alarde de sus nudillos repletos de diamantes. Además de provocativas y perturbadoras, estas imágenes funcionaron como subtexto y comentario de las protestas y la agitación callejera que por entonces sacudían las ciudades europeas, y la radicalización de la joven burguesía involucrada en focos terroristas. La autodefensa estaba vista como una consecuencia radical de la auto-realización femenina de aquella época. Pero no sería Newton si no hubiera dotado a las protagonistas de estas escenas de lucha con un toque de erotismo.

Si bien en la actualidad la fotografía de moda se ha liberado de las revistas para invadir el mundo del arte, fue de a poco que comenzó a considerarse como un medio en sí mismo, transformándose en tendencia en las exhibiciones de museos y batiendo récords en las subastas de copias. Pero nada de eso ocurría en los 60 y 70, cuando Irving Penn, Richard Avedon, William Klein o Helmut Newton trabajaban en los contenidos editoriales. Ellos fueron los artífices del cambio. Muchas de sus fotografías se han convertido en ícono, y muchos de estos íconos se pueden encontrar en esta exhibición.

www.helmutnewton.com

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