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Miércoles 7 de Diciembre de 2011

Indira Gandhi

Madre India

por Federico Lisica / Fotos: Morarji Vajpayee / Charan Bihari / Raj Singh / Zulfikar Narain / Atal Ali / Rahul Maino

La mujer que gobernó en cuatro ocasiones la mayor democracia del mundo no llegó a vivir para contemplar su presente tenaz. Gran parte de lo que se vive en la segunda nación más populosa del globo, tuvo su impulso con esta mujer. Obstinada, autócrata, dueña de una oratoria vibrante, Indira Gandhi llegó a ser comparada con dioses hindúes por su manejo del poder. Su existencia y sus tragedias personales pueden asombrar tanto o más que la biopic en su homenaje.

El pasado 31 de octubre una noticia sacudió los titulares del mundo entero. Desde que la Organización de las Naciones Unidas estimó que en ese día la población mundial alcanzaría los 7 mil millones de habitantes corrió la incógnita por la identidad y el lugar adonde llegaría. En la India, la mayor democracia del planeta con más de 1.200 millones de habitantes -sólo superado demográficamente por China- y con una estimación de 51 nacimientos por minuto, corrían claramente con ventaja. Allí, la pequeña Nargis, proveniente de una humilde familia de granjeros, resultó elegida simbólicamente por una ONG que representa los derechos de los niños. Vale mencionar que en este gigante asiático, el aborto selectivo de fetos de niñas es una práctica común heredada del sistema patriarcal.

 

Ese mismo día, por otro lado, se cumplieron 27 años del asesinato de Indira Gandhi. La mujer que gobernó en cuatro ocasiones y por más de tres lustros el país con forma de estalactita. Una nación tan grande y pesada que parece caerse de la Tierra -de hecho, se la ha catalogado de ingobernable-. Un dato inevitable es que en la historia moderna sólo fue antecedida por Sirimavo Bandaranaike de Sri Lanka como mujer a la cabeza de un Estado. La otra mención insalvable es que India es parte del selecto club del BRIC -conformado por Brasil, Rusia, India y China-. La configuración actual de esa potencia con cientos de credos, castas, idiomas, genios matemáticos, riquezas y problemas ancestrales, le deben mucho a Gandhi. Muchos llegaron a ver en Indira la encarnación de Shakti -la diosa del poder- cuyo rumbo y trágico deceso llevó a que los productores de Hollywood y Bollywood planeen juntos una biopic como homenaje.

 

 

La admiradora de Juana de Arco

 

Indira Priyadarshini nació en la ciudad de Allahabad, al norte del país y a orillas del mítico río Ganges, el 19 de noviembre de 1917. Su madre Kamala y su padre Jawaharlal Nehru la bautizaron bajo el nombre de la diosa hindú que representa el esplendor. Pero aparte de hinduistas creyentes, su familia contaba con una buena posición económica y estaba destinada a ser la dinastía más importante de la patria. Los primeros recuerdos de Indira son, cuanto menos, particulares. Su padre y abuelo eran constantemente asediados por los oficiales británicos debido a sus actividades independentistas. Su progenitor se ausentaba con frecuencia, o pasaba temporadas tras las rejas, mientras que su madre, confinada por la tuberculosis, tampoco podía estar cerca de ella.

 

Puede sonar grandilocuente pero Indira mamó en su propia infancia y hogar el nacimiento de una nación. Hija única -en 1924 tuvo un hermano que murió al poco de nacer- y algo solitaria, su educación también fue peculiar. Indira no iría a instituciones colonialistas en India: la educaron en casa de pequeña, y ya en la adolescencia asistió a una institución dirigida por el poeta y filósofo Rabindranath Tagore. Lo mejor de la niña que se declaraba admiradora de Juana de Arco: su oratoria.

 

Su enseñanza universitaria comenzó en Visva-Bharati, en la ciudad de Santiniketan. Tras la muerte de su madre en 1936, se trasladó a Inglaterra y dio un examen para ingresar a la Universidad de Oxford. Indira falló. Siguió estudiando en el Badminton School de Bristol hasta que finalmente pudo entrar a Oxford. En aquellos días, se cruzó con Feroze Gandhi, un joven estudiante a quien conocía de Allahabad y estaba estudiando Economía en Londres. Se enamoraron y decidieron regresar a su patria.

 

El colonialismo en India estaba entrando en su crepúsculo y el padre de Indira -junto a Mahatma Gandhi- era una de las figuras trascendentales de lo que vendría. No obstante, el futuro primer ministro no aprobaba la relación de Indira con el abogado y periodista: venían de castas diferentes y el matrimonio no había sido arreglado por los jefes de familia; intentó disolver la pareja e incluso le pidió al ideólogo de la "resistencia pacífica" -con quien Feroze no tenía ningún tipo de relación- que los disuadiera de las nupcias. Sin embargo, Jawaharlal no logró su cometido.

 

En 1942, la pareja de recién casados fue arrestada en medio del movimiento "Abandonen India". Indira aprovechó su confinamiento para enseñar a leer y escribir a los presos analfabetos. Al salir de prisión, Feroze se dedicó al periodismo en The National Herald -periódico fundado por su suegro- e Indira medió entre la vida doméstica, criar a sus dos hijos Rajiv (1944) y Sanjay (1946), y asistir a su padre. Aunque sería por muy poco tiempo. Las permanentes infidelidades de su esposo, por otra parte, los distanciaron. Justo en el momento en que suegro y yerno limaban diferencias...

 

En agosto de 1947, la gran colonia británica se dividió rápidamente en dos países: India y Pakistán. Jawaharlal se puso al frente de uno de ellos. Los problemas no eran pocos: facciones religiosas disputándose el poder, disturbios sangrientos en las calles y el triste récord de poseer la peor hambruna sobre la faz de la tierra en las regiones de Uttar Pradesh, Bihar, Haryana, Orissa y Bengala Occidental. Como su padre no volvió a casarse, Indira se hizo cargo de la mansión de Jawaharlal y se convirtió en su asistente personal. Pero Gandhi no era una mera primera dama. Si bien encandilaba en el exterior con su particular magnetismo y presencia, la cara joven de la India ya era la mujer más fuerte y decisiva del país. Indira se involucró de lleno en sus decisiones políticas y para 1959 fue elegida la presidenta del partido gobernante.

 

En junio de 1964, tras la muerte de su padre, Gandhi se transformó en ministro de Información y Difusión del primer ministro Lal Bahadur Shastri. Dos años después, tras el fallecimiento imprevisto del sucesor de su padre, Indira fue electa primer ministro por el Congreso indio. El enroque era sorprendente. Una de las naciones más patriarcales, complejas y desiguales del planeta, sería gobernada por una mujer. Algunos jerarcas de su partido creían haber elegido una figura decorativa con llegada a las masas, un títere que les serviría para poder gobernar. Grueso error.

 

Para entonces Indira era una estratega y pensadora política brillante. Hábil en su capacidad negociadora y conocedora de su carisma personal: sabía manejar los hilos del poder y de comunicación como para volverse una política de gran visibilidad a nivel internacional. Su capacidad de acumular poder era asombroso y algo obcecado: prefería ocupar varios ministerios en vez de nombrar funcionarios. Las políticas serían determinadas y ejecutadas por ella misma.

 

Al igual que cuando había asumido su padre, los desafíos eran varios y acuciantes. En 1966, se había acabado la tregua con Pakistán; el país estaba insumido en una larga sequía; la rupia se depreciaba; aumentaban los precios; el desempleo estaba por las nubes; la miseria era la postal más conocida de India y debía lidiar con los sectores separatistas de varias regiones.

 

 

La madre de India y de hierro

 

En su primer gobierno, el lema "¡Librémonos de la pobreza!" se tornó en algo más que un eslogan, y aunque lejos de volverse una realidad, la situación del país empezó a mostrar índices de crecimiento. No obstante, lo que le aseguró su continuidad en el poder fue la otra cara de la mujer del mechón blanco. En 1971, India entró en guerra con su vecino Pakistán. India venció y el conflicto culminó con la creación del estado de Bangladesh. Su gobierno tuvo un perfil industrialista, de marcada amistad con la antigua Unión Soviética pero con una fuerza tal como para declararse "no alineado". Otras medidas de avanzada fueron sus políticas de protección animal -cuando Greenpeace estaba aún en pañales-; la llamada "revolución verde" de innovación agrícola; un significativo apoyo al deporte y a las ciencias -el país ocupó el séptimo puesto en la carrera espacial- y la lucha por la igualdad de género. Contradictoria, llevó a India a ser la sexta nación del llamado "Club Nuclear" y luego a declararse a favor del desarme; o a apoyar la independencia de Bangladesh pero anexando otros territorios -como el de Sikkim, cercano al Himalaya- y ser disuasiva -por cualquier método- para desarticular conflictos separatistas.

 

"Cada posición tiene sus ventajas y desventajas", observó en algún momento. "Yo tuve una ventaja gracias a la educación que recibí de mi padre. Pero en política hay que esforzarse el doble para demostrar que una no es simplemente una hija, sino una persona que actúa por derecho propio. Siendo mujer, el trabajo es doblemente duro", dijo con razón. Cuando le achacaban sobre su conducta o la comparaban con Jawaharlal, respondía: "Mi padre era un hombre de Estado, yo hago política. Mi padre era un santo, yo no".

 

Uno de los pocos que podía llegar a minar su desconfianza era Dhirendra Brahmachari, su gurú de yoga. Además de darle consejos, le ayudó a implementar una de sus decisiones más polémicas. En 1975, en medio de una crisis económica y política, con acusaciones de corrupción de su gobierno y fraude electoral, Indira disolvió el Parlamento, declaró el estado de emergencia, suspendió las libertades individuales y gobernó una autocracia durante dos años. Una medida extrema e inusual. Tanto como llamar a un plebiscito en 1977 para avalar lo realizado. Indira perdió y aceptó la derrota.

 

Admitir aquello no significaba retirarse de la arena política. La coalición gobernante cometió el error de encarcelar a la mujer por causas incomprobables, y para 1979, con la popularidad en alza, Indira ganaba nuevamente las elecciones. En el terreno internacional, su cuarto período como primer ministro la mostró renovada en su estrategia "no alineada", aunque más equidistante de la Unión Soviética y dispuesta a recomponer relaciones con Estados Unidos. A nivel personal, Indira sufrió la pérdida de su hijo Sanjay -a quién preparaba como su sucesor- en un accidente de aviación. En el terreno interno, las rebeliones seguían al orden del día con los conflictos entre musulmanes, hindúes y sijs -por mencionar solo algunos credos-. En junio de 1984, los sijs exigieron en las calles la independencia del estado de Punjab. Gandhi ordenó al ejército atacar el Templo de Oro, santuario sagrado de los sijs, en Amritsar. En ese triste y violento episodio murieron una cantidad de personas nunca oficializada pero que se acercarían al medio millar.

 

Para finales de ese año, Indira se preparaba con confianza para una nueva elección. Lucía espiritual y físicamente reverdecida. Todo cambió el 31 de octubre. Salió de su residencia en Nueva Delhi y cruzó uno de los jardines donde la esperaba Peter Ustinov junto a su equipo de producción. El célebre actor y director la entrevistaría para el programa Peter Ustinov People. Al cruzarse con sus guardias personales -ambos profesaban el culto sij- les saludó con el tradicional "Namaste" (a uno de ellos, Beant Singli, lo conocía desde hacía años). Como respuesta a su saludo, y en venganza a lo sucedido en Amritsar, Gandhi obtuvo cuatro disparos en el estómago y tres en el pecho. Murió mientras era atendida en un hospital.
La noche anterior a su asesinato, le había dicho a una multitud entusiasta en Bhubaneswar, la capital de Orissa: "No me interesa una vida larga. No me interesan ese tipo de cosas. No me importa si mi vida se va al servicio de esta nación. Si muero, cada gota de mi sangre va a revitalizar a esta nación".

 

 


 

 

Indira -e India- por Gandhi

"Es un verdadero privilegio haber sobrellevado una vida difícil."
"Hay que vigilar a los ministros que no pueden hacer nada sin dinero y a aquellos que quieren hacerlo todo sólo con dinero."
"Las personas que piensan que no son capaces de hacer algo, no lo harán nunca, aunque tengan las aptitudes."
"No hay peor contaminación que la pobreza."
"Un día mi abuelo me dijo que hay dos tipos de personas: las que trabajan y las que buscan el mérito. Me dijo que tratara de estar en el primer grupo: hay menos competencia ahí."
"El mundo te exige resultados. No le cuentes a otros tus dolores de parto... muéstrales al niño."
"No se le puede dar la mano a quien tiene el puño cerrado."

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