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Frente al mismo atril

Viernes 27 de Agosto de 2010

Jackson Pollock

Gotas de genio

por Federico Lisica / Fotos: Rudolph Burckhardt / CSU Archives

Creador de una técnica que clausuró él mismo, su obra se asoció con un momento de Estados Unidos donde la bohemia y la vanguardia eran posibles. Valioso incluso para la batalla cultural durante la Guerra Fría. Apasionado, dionisíaco, su espíritu estuvo ligado a la libertad del jazz y a los excesos de sus mejores intérpretes. Las pinturas de Jackson Pollock valen cada vez más, lo mismo que la fascinación por el personaje romántico que convivió dentro suyo hasta sus últimos días. En octubre dará comienzo una exhibición en el MoMA sobre el influjo de la pintura abstracta y la obra de Pollock será una de las referentes.

No hay que pararse sobre el lienzo para dejar que caigan las gotas desde el pincel y que el azar junto a la fuerza impulsada desde el brazo hagan su trabajo. De caballetes ni hablar. Si el mismo Jackson Pollock no los utilizaba. Basta con tipear www.jacksonpollock.org, mover el mouse de un lado hacia otro y surgirán unas líneas y garabatos. Juegos de lo digital que simulan una creación de quien sigue fascinando por la técnica clausurada por él mismo, el ángel caído en los excesos propios de una década -la de 1950- que tuvo al jazz como banda de sonido de cierto espíritu norteamericano.

 

El resultado no valdrá lo que pagó hace unos años Teri Horton por un cuadro que le parecía "horrible, atiborrado de chorretones de pintura" y que había pensado en regalárselo a una amiga. Gastó 5 dólares para hacerse acreedora de una obra que se corroboró por medio de huellas dactilares supo pertenecer al pintor. Horton no era una experta en arte, sino una camionera de voz carrasposa por causa del cigarrillo, amante de la cerveza y las máquinas tragamonedas. Hasta se hizo un documental -Who the $&% is Jackson Pollock?- sobre el cachetazo propinado por esta mujer al establishment de la pintura. Hoy pide 50 millones de dólares por su adquisición.

 

Pasado más de medio siglo de su muerte, no es difícil imaginarse a Pollock -objeto de retrospectivas, biopics made in Hollywood e ícono de la industria publicitaria- bebiendo con la octogenaria en un bar. Pinturas, arte, negocio, valor, gusto, humo, bebidas, rebeldía... "El asunto" Pollock sigue siendo el mismo, ayer y hoy.

 

 

El niño bravucón

 

Nació en Cody, Wyoming, el 28 de enero de 1912. Era el más pequeño de los cinco hijos que tuvieron Stella McClure y LeRoy McCoy Pollock. Una familia de obreros donde no sobraba el dinero. Con la vista puesta en un mejor horizonte partieron hacia Arizona y luego se asentaron en California. Se dice que el pequeño Jackson era hosco y dueño de una actitud combativa. Por ello fue expulsado de la Manual Arts High School de Los Angeles donde estudiaba pintura. El fuego por el arte ya había sido encendido. No hacían falta más estímulos que un par de lápices.

 

En 1930, su hermano Charles le propuso ir juntos a Nueva York para anotarse en los talleres que dictaba el pintor regionalista Thomas Hart Benton en el Art Students League. Pollock se tomó el estudio en serio y el arte como un trabajo. Llegó a posar para algunos murales que su profesor hizo para el New School for Social Research. Sus modelos a seguir eran Picasso y Miró. Los bocetos de esos años muestran copias de viejos maestros, el surrealismo, el expresionismo, el realismo socialista, caricaturas.

 

Todo podía servir de aprendizaje. Pero hubo una que superó a las otras. "Sin Siqueiros, Jackson Pollock no hubiera existido. Sin Orozco, Jackson Pollock no hubiera existido (...) La libertad que esos artistas le dieron y la sensación de estar metidos en un fenómeno en evolución y no en un capítulo ya escrito del modernismo fue lo que hizo la diferencia", sentenció Robert Storr -ex curador del MoMA y de la Bienal de Venecia-.

 

Hacia mediados de los años 30, el joven que tardaba en decidir su estilo, tomó lecciones con los dos maestros del muralismo mexicano y se empapó con sus técnicas experimentales. Probó con materiales poco ortodoxos, pintó interiores, practicó con aerosoles, bombas de aire, aerógrafos, barniz, aluminio y esmaltes sintéticos. Otros latinoamericanos también lo influyeron: tras presenciar en un museo de la Gran Manzana el modo en como los indígenas pintaban con arena vertiéndola sobre el piso, comenzó a seguir esa línea.

 

En la etapa esponja de Pollock también contribuyó su analista, quien lo introdujo en el psicoanálisis junguiano como terapia por su tendencia al Jim Bean. Eran los años en los que la Gran Depresión tocaba su fin, y el Estado estadounidense miraba con interés el arte como herramienta social. Así, Pollock participó del Federal Arts Project con pósters y murales en espacios públicos. En 1938, lo invitaron a una muestra de Picasso, Matisse y Braque junto a otros dos promisorios artistas. Uno de ellos era Willem de Kooning, el otro una mujer: Lee Krasner. Restaba una década para que la dupla hiciese historia. Jackson Pollock con sus trabajos y Krasner como la devota sostén del genio creativo.

 

A comienzos de la nueva década, Peggy Guggenheim mostró interés en su obra y se transformó rápidamente en su jefa, consejera y mecenas. A cambio de una mensualidad de 150 dólares, la acaudalada mujer -que luego tendría su propio museo- fue almibarando la presencia combativa del artista para hacerlo viable a la clase alta neoyorquina. Y aunque los galeristas apreciaban su trabajo, las obras de los de su entorno -Franz Kline, de Kooning, Philip Guston o Robert Motherwell- se vendían mejor. El ascenso era más lento de lo supuesto por Pollock que aguaba su temperamento en alcohol.

 

Para entonces el término de "expresionismo abstracto" ya circulaba en el ambiente de las galerías de Greenwich Village. No se trataba de una escuela, una línea temática única ni de colores determinados en la paleta; más bien servía para hacer referencia a una camada de artistas surgidos en el contexto de posguerra, conviviendo en la Gran Manzana y que, principalmente, se alejaban del figurativismo para expresarse con técnicas similares.

 

Entre ellos, Pollock pintaba cerca del piso, caminaba sobre el lienzo a gran escala porque se sentía cómodo, según sus palabras, "literalmente 'en' el cuadro". Vertía o dejaba gotear la pintura desde un palo y para darle consistencia le sumaba arena o vidrio molido. El "splashing" y el "dripping" eran sólo el comienzo. Como Jack Kerouac frente al papel en blanco o Charlie Parker con la música, se trataba de entrar en trance y crear sin bocetos previos. Sobre su habilidad dijo: "El método de pintar es el desarrollo natural de una necesidad. Quiero expresar mis sentimientos en lugar de ilustrarlos. La técnica es sólo un medio para llegar a una declaración. Puedo controlar el flujo de la pintura: no es un accidente, así como no hay comienzo ni fin".

 

En 1945, Krasner se volvió Mrs. Pollock. La pareja dejó el pequeño apartamento de Manhattan por una casa en The Springs, muy cerca de East Hampton, Long Island. En ese entorno agreste nacieron las mejores obras de Pollock, el mismo lugar en el que Hans Namuth lo inmortalizaría con su cámara, donde se reponía de sus borracheras y los metros cuadrados en los que el "action painting" y el "automatismo" cobraron sentido. Como expresara el mismo Pollock: "Cuando estoy en la pintura no me doy cuenta de lo que estoy haciendo. Sólo después de una especie de período de acostumbramiento, puedo ver en lo que he estado. No tengo miedo de hacer cambios, destruir la imagen, pues la pintura tiene una vida en sí misma. Trato de que ésta surja. Sólo cuando pierdo el contacto con la pintura, el resultado es una confusión. Si no, es pura armonía, algo fácil, dar y tomar y la pintura sale muy bien".

 

El hoy célebre y valuado en más de 140 millones de dólares, Nº 5 1948, acaso sea el más representativo de su obra. Cuadro al que la banda británica The Stone Roses le dedicó algunas palabras en su tema Going Down ("Sí, ella parece pintar como si estuviese haciendo el Jackson Pollock Nº 5"). El 6 de enero de 1948, Betty Parsons abrió su galería especialmente para una exposición de Pollock. La noche anterior el pintor no pudo dormir. Durante meses había desarrollado su técnica y sentía que ésta era la última chance para alcanzar el éxito. Su cuñada buscó calmarlo leyéndole la palma de la mano. Le dijo que iba a lograrlo. Aunque al día siguiente pareció haber errado con el pronóstico. Se vendieron únicamente dos pinturas y las críticas hablaron de "intensidad monótona"; pero como lo expresó de Kooning, algo había cambiado: "Rompió el hielo", señaló.

 

En 1949, el influyente crítico Clement Greenberg lo proclamó "el pintor contemporáneo más vigoroso de Estados Unidos"; Harold Rosenberg impulsó el término "pintura de acción"; la revista Life, por su parte, le dedicó un extenso artículo que fue leído por más de 5 millones de personas. El reportaje -hasta el día de hoy se cree que hubo malicia describiéndolo como un asistente de gasolinera- tuvo un efecto bíblico sobre su imagen. Lo más importante sucedió con su obra: empezó a venderse como pan caliente. El MoMA adquirió Nº 1 1948 legitimando la estética de Pollock. De hecho Alfred Barr, su director, aconsejó a Mrs. Rockefeller comprar una obra y lo mismo hizo el actor Vincent Price. Rápidamente, Pollock se tornó sinónimo de una gesta en el terreno artístico estadounidense.

 

 

Jack The Dripper

 

La pintura norteamericana, poco antes desairada por los expertos, se había puesto de moda. Era parte de un tiempo al que Pollock definía así: "El pintor moderno no puede expresar su época -el avión, la bomba atómica, la radio- con las viejas formas del Renacimiento. El artista moderno vive en una época mecánica, trabaja y expresa un mundo interior. En otras palabras, expresa la energía, el movimiento y otras fuerzas internas".

 

Algunas mentes vieron detrás del éxito de Pollock y los suyos la mano larga de la CIA a través del Congress for Cultural Freedom. Para oponerse al realismo socialista de la U.R.S.S., la mejor propaganda posible era la pintura emancipada y espontánea. Dalí fue más ácido. Comparó los cuadros de Pollock con una pesada e "indigesta" sopa de pescado mediterránea. Más allá de las críticas, el artista con aspecto de obrero consiguió lo que quería: notoriedad, respeto y dinero.

 

El ego subía, para bajarlo estaban su esposa y sus propias depresiones. "El problema no es pintar, sino qué haces cuando no pintas", decía. Y para mediados de los años 50 pintaba cada vez menos y se emborrachaba cada vez más. Más pronto de lo que hubiese querido había dejado de ser la gran cosa nueva para los marchands y la crítica. Cuando orientó su trabajo hacia el blanco y el negro fue recibido con ambivalencia. Para su suerte, la reputación seguía siendo alta. Pollock era uno de los más admirados por las emergentes camadas de estudiantes de arte y a principios de 1956 un artículo de la Time Magazine lo bautizó "Jack The Dripper".

 

La técnica de goteo era Pollock. El pintor de la Beat Generation seguía adelante. Pero la espiral de excesos hacía prever el final. Ese mismo año su esposa decidió partir hacia Europa para retomar su carrera y meditar sobre su matrimonio. Pollock, hecho un caos, se quedó en su casa acompañado por una nueva musa, la pintora Ruth Kligman. El 12 de agosto de 1956 Krasner recibió una llamada desde el otro lado del Atlántico. Su marido había fallecido la noche anterior en un accidente automovilístico. Tras varias jornadas de insomnio, había decidido manejar su Oldsmobile con algunas copas de gin encima. A menos de una milla de llegar a destino se estrelló. En el suceso, su amante resultó herida y murió Edith Metzger, amiga de Kligman. Pollock tenía 44 años.

 

 


 

 

Del cine al MoMA


Hace una década, Ed Harris lo encarnó en la cinta Pollock. Desde que su padre le había regalado un libro sobre éste -con razón pensó que eran dos gotas de agua- deseaba realizar una película centrada en el malogrado artista. Ahora no es necesario que Hollywood realice una biopic sobre Willem de Kooning o Mark Rothko: el expresionismo abstracto sigue atrayendo por su propio peso como lo demuestra la exposición que prepara el MoMA para el próximo otoño. La exhibición reunirá unos 300 trabajos de una treintena de artistas europeos y estadounidenses incluidos los de Pollock y su esposa, Barnett Newman, Arshile Gorky, David Smith y Joan Mitchell, entre otros. Abstract Expressionist New York es el título que se ha elegido para la muestra que podrá visitarse desde el 3 de octubre hasta el 25 de abril de 2011 y que presentará trabajos del movimiento desde sus inicios en los años 40 hasta su madurez en los 60.

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