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La colección de los Stein - París era una fiesta

La colección de los Stein

París era una fiesta

Jueves 1 de Diciembre de 2011

Jude Law

Adiós Don Juan

por Gonzalo Paz / Fotos: Rachel Broder / Dan Daley

El prototipo del inglés encantador se acerca a la cuarta década de vida mientras despide una con notas altas a nivel artístico y más de un vendaval de conflictos personales. El juicio público por sus affaires lo volvieron más cuidadoso, menos cínico y más reflexivo. Sus papeles en los flamantes filmes Contagion de Steven Soderbergh y 360 de Fernando Meirelles demuestran lo que ya se sabía. El mejor Jude Law está por venir.

Hay un género de humor británico -más que un género, un uso popular- llamado dry wit. Consiste en pequeñas vueltas de tuerca de lenguaje y algo de soberbia maquillada de crítica -o al revés-, cuyo mayor exponente fue Oscar Wilde. El "ingenio seco" puede encantar o parecer demasiado incisivo aunque uno no puede dejar de reconocer su genialidad. Algo así sucede con Jude Law (Londres, 1972), tan británico, brillante y agudo como esa costumbre. Acaso porque uno de sus primeros papeles en la pantalla grande fue en Wilde (1997), donde interpretó al objeto de deseo del genial escritor irlandés. En su desembarco norteamericano con Gattaca (1997) y -especialmente- con The Talented Mr. Ripley (1999) sorprendió a críticos y audiencia por la mezcla de talento, suficiencia y atractivo desplegados en cada toma.

 

De allí en más, sus personajes jugaron con el doble filo -de lo moral principalmente-. En poco más de una década estuvo en una veintena de películas, muchas de ellas grandes éxitos, transformadas en plataformas de trampolín para su propia figura. De hecho, es imposible imaginar la remake de Alfie (2004), Closer (2004) o la encantadora y empalagosa My Blueberry Nights (2007) sin su imagen. A medida que Law ganaba protagónicos, nominaciones al Oscar y premios tan elocuentes como "el hombre más sexy del mundo" o "la mejor cola masculina de Hollywood", también aumentaba el acecho sobre su vida personal.

 

A la locura mediática desatada por su affaire con la niñera de sus tres hijos, se le sumó un cuarto hijo con la modelo neozelandesa Samantha Burke. A la ruptura con la actriz Sienna Miller le siguió un escarnio público que nada tenía que ver con su trabajo en la pantalla. Law pidió perdón, continuó trabajando y tuvo una suerte de revancha personal con el juicio iniciado en Inglaterra contra el emporio Murdoch. El tabloide The News Of the World había sido uno de los más ácidos a la hora de mostrar sus trapitos al sol porque los espiaba a toda hora y lugar.

 

Treinta años antes, sus padres -los profesores Peter Law y Margaret Heyworth- lo criaron con bastante libertad, inculcándole el amor propio. Su hermana Natasha se decidió por la fotografía y el niño -llamado así un poco por una novela de Thomas Hardy y otro tanto por el tema de The Beatles- ya sabía que sería actor. Empezó en una obra escolar a los seis años: le hizo tantas preguntas a su maestra que ella terminó tomando un curso de actuación.

 

En la adolescencia se unió al grupo de teatro National Youth Music Theatre. Son años de preparación y sueños junto a su amigo y compañero de cuarto Ewan McGregor. Mucho teatro, algún que otro paso por la televisión -la serie Families fue un éxito en su país natal- y un debut prometedor en 1994 en el cine con Shopping, donde conocería a la madre de tres de sus hijos, la actriz Sadie Frost. Luego lo sabido, sacarle el provecho a cada papel con precisión y un trabajado garbo desaliñado. El mismo que lo ha llevado a ser elegido por Martin Scorsese para meterse en la piel de Errol Flynn en The Aviator (2004).

 

A punto de cumplir 39 años, Law sigue tan vigente como en 2004, cuando trabajó en ¡seis! películas. La última -y muy reciente- aparición fue en Contagion de Steven Soderbergh, la historia más que creíble de una pandemia global. Su rol es el de un blogger con alguna semejanza a Julian Assange de WikiLeaks. El filme, por otra parte, lo volvió a reunir en el set junto a dos compañeros de The Talented Mr. Ripley, Matt Damon y Gwyneth Paltrow. Mientras que en 360 del brasileño Fernando Meirelles, será uno de los tantos personajes que reflexionan sobre el amor en una película multicultural.

 

Sin embargo, no todo es drama. Law romperá taquillas con Sherlock Holmes: A Game of Shadows, segunda parte de la franquicia sobre el legendario detective. Nuevamente encarna al Dr. Watson, fiel ladero del investigador victoriano -a cargo de Robert Downey Jr.-. Todo esto no quita que 2012 dará comienzo con Anna Karenina, una nueva versión del clásico de Leon Tolstoi. Atención: en la película dirigida por Joe Wright (Atonement, Pride and Prejudice), no interpretará al encantador Vronsky. Esta vez le toca el más terrenal Alexei Karenin. Algunas cosas han cambiado para Law.

 

ALMA MAGAZINE: Ha vuelto al trabajo de tiempo completo. Le propongo que hagamos un breve repaso de sus últimas actuaciones. ¿Qué le atrajo de su papel en Contagion?

JUDE LAW: Alan Krumwiede está a favor de la libertad de expresión, se fascina con las teorías conspirativas, pero deja que su ego se meta en el medio de su trabajo y de sus convicciones. Desconfía de los gobiernos y esa intuición lo lleva a ver cosas antes que nadie. Siempre había querido trabajar con (Steven) Soderbergh y la experiencia ha sido terriblemente buena. Brinda mucha confianza y alegría en el set. Además, se encarga él mismo del manejo de la cámara, por lo que logra mucha más intimidad e identificación entre el actor y el realizador. Sabe cómo captar el momento. Creo que es un thriller fascinante, shockeante, dramático, preocupante, educacional e informativo.

 

AM: Recientemente estuvo en la presentación en el festival de Londres de 360. Allí dijo que este filme lo enorgullecía enormemente. ¿Por qué?

J.L.: Fue una experiencia muy nueva para mí. Primero porque Fernando Meirelles logró dar con un conjunto admirable de actores de distintas partes del mundo. Consiguió que congeniemos actores de Rusia, Eslovaquia y Alemania con ingleses y norteamericanos. Es algo muy difícil de componer. El amor es el nudo. Los personajes tratan de hacer las cosas correctas, el mío también lo intenta. Personalmente lo que más me maravilló fue actuar con gente que no era de Hollywood. Estaba excitado de probar con algo nuevo y tan simple a la vez. Por otro lado, estaba el desafío de actuar en múltiples idiomas. Es en el medio de todos estos lenguajes diferentes donde se dispone la película.

 

AM: En Anna Karenina se lo verá en un papel muy distinto a los que nos tiene acostumbrados; deja de ser el seductor para convertirse en el esposo abandonado. ¿A qué se debe?

J.L.: Creo que tiene bastante que ver con el papel que hice en Anna Christie (N. del R.: una reposición del clásico de Eugene O'Neill). Se trata de crecer. Es una enseñanza muy simple.

 

AM: ¿Cree que hay una serie de personajes que todavía no encarnó y en los que puede demostrar cierta valía impensada hasta ahora?

J.L.: Totalmente. A veces me decepcioné un poco con lo que sentía que se esperaba de mí. Sentía que había perdido la oportunidad de hacer más cosas diferentes. Desde entonces me propuse hacer cosas que vayan contra lo esperable.

 

AM: ¿Notó que rompió con la norma en alguna película en particular?

J.L.: La verdad es que no sigo ningún método en concreto, simplemente hago lo que el director considera que es lo mejor. Ahora recuerdo la experiencia con Wong Kar-Wai en My Blueberry Nights. Las reglas no existieron. Fuera, a la basura todo lo otro. Así que el sentimiento al rodar era de total libertad. Allí sabes que todo lo que hagas va a ser auténtico, perfecto.

 

AM: Como que querría dejar atrás un poco la imagen de Don Juan que se le adosó...

J.L.: La verdad es que nunca me vi a mí mismo como un Romeo, puede haber sucedido cuando tenía 19 años y salía cada noche. Sin embargo, el hecho de haberme casado a los 22 y tener tres hijos llegando a los 30, dice bastante sobre mis diferencias con los personajes que interpreté. Alfie sin ir más lejos. Hasta que no me dijeron que no iba a ser una simple remake me negué a hacerlo.

 

AM: Algo similar sucedió con Dickie de The Talented Mr. Ripley.

J.L.: Ese filme fue fascinante y ayudó mucho a mi carrera. Anthony (Minghella) venía de hacer The English Patient, Matt (Damon) había ganado un Oscar y Gwyneth (Paltrow) estaba por conseguir el suyo. Fui muy consciente de que estaba por llegar a una audiencia mucho más grande. En cuanto al personaje de Dickie, no quería quedar pegado a esa imagen de caballero rubio medieval. Al final creo que eso fue finalmente lo que lo hizo tan positivo. Aposté sabiendo que tenía que elevar mi juego.

 

AM: Hablemos de sus inicios...

J.L.: Por favor, no. (Risas)

 

AM: A diferencia de esos personajes con tanto charme, los primeros que interpretó en películas como Shopping, Gattaca, Midnight in the Garden of Good and Evil o Wilde tenían un nivel de amargura muy fuerte.

J.L.: ¡Es que eran hombres amargados! (Risas). Los que menciona daban miedo y me provocaban, había algo en ellos que realmente no quería ver. Eran muy amargados y muy jóvenes. Supongo que habría algo para trabajar allí, algo que hacía ruido. Tal vez deberían haber ido al mismo analista todos juntos y ayudarme a mí de tantas jaquecas que tuve.

 

AM: ¿Suele reflexionar sobre su pasado?

J.L.: De joven era muy optimista, bastante idealista, un campeón del espíritu humano. Luego perdí eso por un tiempo. Sentí, en los últimos años particularmente, que debía recuperarme de mí mismo. Igualmente tuve una opinión muy baja de todos nosotros en general.

 

AM: ¿De la raza humana en general?

J.L.: Un poco sí. Me sentí algo triste de lo que podían llegar a ser los intereses de las personas. Del consenso general sobre todo. Estaba tan lejos de lo que yo consideraba interesante, de lo que consideraba importante. Me sentí en un lodazal. Igualmente creo que todos atravesamos estas fases donde no te sientes positivo con lo que contribuyes al mundo. En mi caso, era realizando películas. Revalué lo que estaba haciendo porque nunca fui demasiado fan de sólo hacer las cosas por hacerlas. Me gusta llevarlas a cabo por una razón.

 

AM: ¿Tendrá que ver con el cambio de década que se aproxima?

J.L.: A nivel laboral creo que los próximos diez años serán los más productivos de mi vida. Los 40 son una edad genial para cualquier actor. A los 20 posees todas esas aspiraciones artísticas que pueden transformarse en un campo minado. Yo las tuve. Luego te pones más cínico. El final de mis 30 se relaciona con esta reevaluación que mencionaba. Mis 40 y 50 van a ser muy interesantes. Quiero volver a hacer producción y dirección, y por suerte mis hijos se encuentran en una edad en la que no tengo que estar atado a Londres necesariamente.

 

AM: ¿Sintió como una revancha personal lo sucedido con The News of The World?

J.L.: La verdad es que no puedo hablar mucho sobre el tema porque, como se sabe, estoy en el medio del proceso legal. (N. del R.: las escuchas realizadas a Law fueron incluidas en los expedientes del juicio). Parte de eso es clasificado, se me ha recomendado que me quede tranquilo, así que debo ser cuidadoso. Pero hay una serie de cosas horribles que querría decir. Muchas. Se me juzgó de modo muy fuerte. Se me persiguió y acechó. Alguien creyó tener el derecho moral de juzgar a otros sin ningún tipo de derecho a réplica. Segundo, ¿eso es saludable?, ¿y qué de cualquiera que estuvo leyendo los periódicos e hizo cosas parecidas? Sé que es parte de la vida. Sé que es parte del juego. Pero ciertos medios deberían no hacer juicios morales y sólo brindar información. En todo caso, que informen con hechos.

 

AM: En alguna entrevista dijo que se sentía liberado tras haber estado tanto tiempo en los tabloides. ¿Todo sucede por un motivo?

J.L.: ¿Qué más podía hacer? A ver, debía forzarme a meterme en un agujero y volverme un ermitaño, o en cambio, mostrar un poco de vergüenza propia. Señalé que me disculpaba. Lo que me sucedió me hizo ver las cosas desde una nueva perspectiva. ¿No me digan que no hay nadie que no se haya arrepentido de ciertas cosas que hizo en su vida ni que soy el primero que hizo cosas que no debía? ¿O decir tonterías? De esto se trata la vida, ¿no? Eso es lo maravilloso. Todos hacemos cosas que no deberíamos. Después nos disculpamos. Que así sea.

 

AM: ¿Qué es lo que espera de aquí en más?

J.L.: Sólo quiero ser visto y juzgado por mi trabajo. Estoy un poco cansado de que se hable de la ropa que estoy usando o de mi cabello. Nada de eso. A veces ni quiero hablar de mi actuación porque creo que la interpretación debe hablar por sí misma.

 

AM: ¿Tiene algún consejo para sus hijos?

J.L.: Siempre les digo a mis hijos que lo del cine no es aplicable a mi vida. Aprendí que la paciencia, sobre todo en el amor, es una virtud. Todos nos equivocamos alguna vez en las relaciones que entablamos, debemos permitirnos cometer errores. Lo más sano es aprender de lo malo, admitir los errores, perdonar y olvidar.

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