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Viernes 6 de Julio de 2012

Kristen Stewart

El llamado de la madurez

por Gonzalo Paz / Fotos: Howard Grier / Mike Hopper

Actúa en On the Road bajo la dirección del brasileño Walter Salles. También empezará a filmar con Nick Cassavetes. Para las niñas que sueñan con ser como ella, interpreta a una Blancanieves guerrera en Snow White and the Huntsman; y vuelve a enamorar vampiros y licántropos en la última parte de la historia que la transformó en una estrella en el mundo entero.

Para Kristen Stewart (Los Angeles, 1990) en un momento iba a llegar la encrucijada. La joven actriz, que para el delirio de miles de niñas y niños encarna a Bella Swan en una de las sagas más exitosas de los últimos tiempos (Twilight para algún desprevenido), se propuso enseñar otra faceta más allá del de ser una sufrida enamorada por un vampiro. Hija de un productor televisivo de la cadena Fox y de una guionista australiana, ha estado trabajando en el cine desde los ocho años. Aunque la industria ha sido su cuna, hizo todo lo posible para alejarse del modelo de celebridad a rajatabla. Su tipo es el de la chica surfista, algo tomboy, amante del rock (entre sus grupos favoritos se encuentran The Beatles, Led Zeppelin, Radiohead y U2). Perfecta también para hacer de hija conflictiva: basta verla en Cold Creek Manor (2003) con Sharon Stone y Dennis Quaid; o con Meg Ryan en In the Land of Women (2007); y con Jodie Foster en la película que le sirvió de trampolín, Panic Room (2002). Si bien su aspecto es el ideal para encarnar la angustia adolescente, en Adventureland (2008) se convirtió en la muchacha deseada; también fue una musa aventurera en Into the Wild (2007); y en The Runaways (2010) le dio voz y cuerpo a la rockera Joan Jett.

 

Pero vino el papel de Isabella Swan (que interpretará por cuarta ¿y última? vez en Breaking Dawn – Part 2) y para la actriz todo se volvió sanguinolento. Como si Stewart fuese la heroína del mundo ideado por Stephenie Meyer, los paparazzis la acosaron con sus garras y cámaras; se malgastó muchísima tinta fantaseando una boda con su coestrella Robert Pattinson, y blogueros inefables le exigen que deje de mentir y salga de una buena vez del armario. La actriz también hizo lo suyo cuando dijo que el asedio de la prensa rosa era parecido a ser violada. “Realmente fue un gran error y lamento la elección de mis palabras. Ya he hecho declaraciones estúpidas antes, pero siempre las dejaron pasar. Que piensan lo que quieran, aunque la palabra ‘violada’ era la que expresaba mejor mi sentimiento en ese momento”, se disculpó más adelante.

 

Nada mejor que los cambios. En este mes la veremos en el rol de una Blancanieves de armas tomar en Snow White and the Huntsman. Una reversión de las historias infantiles que parecen haber tomado de asalto a Hollywood y la televisión. Stewart batalla contra la reina Ravenna interpretada por Charlize Theron. Pero sin duda una de las apuestas más fuertes en su corta trayectoria será el de su Marylou en On the Road. El filme está basado en el libro clave de la Beat Generation escrito por Jack Kerouac. Ese ansiado perfil más adulto seguirá con su protagónico en Cali¸ la nueva película de Nick Cassavetes, a estrenarse en 2013. Es por eso que su rostro cejijunto tal vez esté por desvanecerse para siempre, y genere un nuevo enigma.


ALMA MAGAZINE: Aparentemente su carrera está tomando nuevos rumbos, ¿lo siente así? 

KRISTEN STEWART: Sé que trabajar en On the Road es un desafío para mí. Por suerte es uno de mis libros favoritos. Creo que todos los actores nos hemos tomado muy seriamente la responsabilidad de llevar un trabajo así a un buen término visual. Aunque conocíamos bastante bien nuestro material.

 

AM: ¿Cómo fue el trabajo con Walter Salles?

K.S.: Walter nos pidió que nos comprometiéramos con el libro. Tuvimos un período de cuatro semanas de ensayos donde hicimos una especie de campo de entrenamiento; suena algo cursi, pero fue increíble. Había que bailar y escuchar música, y nos tuvo viendo bastantes veces filmes como Shadows de John Cassavetes. Walter quería que sintiésemos realmente algo de ese espíritu. Es un director muy generoso. Como les sucede a todos los artistas, puede convertirse en alguien obsesionado de forma maniática, aunque en el buen sentido.

 

AM: ¿Recuerda que fue lo que sintió al leer On the Road?

K.S.: Ese libro encendió algo dentro de mí cuando lo leí por primera vez. Tenía 15 años. Me encantaba la trama, la historia… ¡Estaba tan embelesada con esos chicos! Fue realmente diferente que cualquier otro libro que hubiese leído. La primera cosa que me llamó la atención fue la descripción de la forma en la que Marylou se sentaba en una habitación, como una visión surrealista, desconectada de los muchachos. Gracias a Walter, aprendimos muchísimo sobre esa gente, mucho más que lo que estaba escrito en el libro.

 

AM: ¿Cómo reaccionó cuando Walter Salles le propuso el papel?

K.S.: Sólo tenía 17 años. Estaba en mi auto, tan emocionada que seguía cambiando de marcha. Simplemente no podía creerlo…

 

AM: Su personaje fue definido por Kerouac como una “ninfa de cabello rubio largo y sucio”. ¿Cuán cerca se sintió de este rol?

K.S.: Hay muy poca información sobre LuAnne en comparación con los otros miembros de la Beat Generation. A pesar de parecer socialmente amigable, ella estaba muy desconectada del mundo. Su vida era muy privada. Así que fue difícil para mí descubrirla. Tuvimos a biógrafos de Kerouac allí brindándonos diversos testimonios, y a la hija de Marylou, o mejor dicho, la hija de LuAnne Henderson, que vino a pasar un tiempo con nosotros y nos dio una visión brillante.


AM: ¿Qué es lo que más le ha impactado de ese personaje real?

K.S.: Su increíble habilidad para amar, su pura humanidad. Tenía una excepcional calidad como ser humano. No me lo esperaba para nada. Era honesta, abierta y comprensible. Era observadora, pero no juzgaba a nadie, y se mantenía completamente aislada de las opiniones de los demás. En una época como esa, ¡e incluso ahora!, ser capaz de acostarse sin problemas con un hombre que se acuesta con otros hombres y mujeres al mismo tiempo… Y aún así se mantuvo fiel a los ideales norteamericanos de los años 50. ¡Ella se mantuvo entre ambos mundos muy bien! Al principio, no la entendían. LuAnne no estaba siendo rebelde, simplemente estaba siendo ella misma. Eso es lo que le hizo capaz de hacer el viaje con ellos.

 

AM: ¿Qué otra cosa le sirvió para la preparación del personaje?

K.S.: Escuchar registros de su voz. Su voz era preciosa. Me enamoré de ella. Hablaba como lo hacía la gente en los años 40, con palabras que ya no usamos. Tenía una voz más elevada que la mía. Además, soy más cortada, me callo muchas cosas. Ella era mucho más elocuente.


AM: ¿Cuán intenso fue el rodaje?

K.S.: Verdaderamente fue la época más completa, valiosa y salvaje que he pasado en un set. Ni siquiera sentía que estábamos haciendo una película. No dormimos nunca. No sé como hicimos algunas de esas escenas. Walter quería que dejásemos de pensar en nuestra actuación. Realmente me sentí espontánea, como siempre debieron sentirse los protagonistas de On the Road. Nuestro viaje hubiese valido la pena incluso si no hubiésemos rodado la película. Las conversaciones que compartimos, los poemas que escribió Garrett (Hedlund)…


AM: ¿Qué puede contar de las partes en que la filmación se desarrolló en Argentina y en México?

K.S.: Como decía, fue una de mis mejores experiencias. El equipo era muy divertido. Y lo más increíble fue que siendo una historia tan norteamericana, descendías del auto y parecía que estabas caminando por Milwaukee. Fue un tanto surrealista estar allí y sentirte en otra época y lugar.

 

AM: Un poco como la novela. ¿Cuánto influyó en usted el costado musical del libro ligado al jazz?

K.S.: Recuerdo que The Runaways también tenía un costado musical importante, pero fue difícil para mí decir con palabras lo que sentía. En cambio, en On the Road fuimos animados a improvisar, no hubiese sido lo correcto hacerlo de otro modo. Siempre hay un pequeño porcentaje para liberarse, pero en este caso contábamos con el cien por ciento. A veces, eres más fiel al libro si no repites la frase exacta. En esta oportunidad tenía que ser una mezcla entre la realidad y la fantasía. Cada una de las tomas fueron diferentes. Grabamos muchísimo, eso es lo que lo caracteriza a Walter. Siempre está en movimiento, capturando todo. La película salta y se mueve, es esporádica, como el libro.

 

AM: ¿Le sirvió de referencia haber actuado en otra película sobre un viaje en la carretera como Into the Wild de Sean Penn? Allí su personaje también tenía algo de musa. ¿Fue una experiencia comparable?

K.S.: Sí. Esos escenarios se vivieron antes de que llegásemos y siguen viviendo en nosotros, de verdad. Sean y Walter no tienen miedo de ese sentimiento. En la mayoría de las películas, cada uno intenta hacer su trabajo correctamente. Con Walter y Sean, fue más bien como si todos estuviésemos haciendo algo juntos. En Into the Wild, mi personaje tiene raíces, al contrario que Marylou. Si ella hubiese sido un poco más mayor, podría haberle seguido a él. Podría haberse convertido en una Marylou aunque era muy joven. Esos papeles son testimonios de los guiones que me han dado. Tendrías que ser un ladrillo o un pedazo de madera para no ser capaz de comprometerte con algo de ese calibre.

 

AM: Twilight y On the Road podrían ser considerados libros iniciáticos. ¿Encuentra usted alguna similitud?

K.S.: No podría pensar en dos novelas más diferentes. Al menos en mí provocaron cosas muy distintas. En Twilight, intentamos ser lo más fieles posibles al libro. En On the Road, la libertad era bienvenida: todo trataba sobre tener el corazón abierto.


AM: Marylou no es el típico personaje de Hollywood. Después de Twilight, la mayoría de sus personajes son duros y aventureros: The Runaways, Welcome to the Rileys… ¿Fue premeditado?

K.S.: La gente que tiene los sentimientos a flor de piel cuenta con mucho más que decir. Es más interesante. La mayor parte de los actores piensan en cómo van a ser percibidos: “¡Esto va a llevarme hasta aquí, esto va a hacerme ser este tipo de actor!”. Yo no quiero eso. Esa es también la razón por la que hice Twilight. Me encantaba tanto como mis otras películas. Realmente no importa qué capacidades puedes llegar a mostrar. Lo que me empuja es “eso”, tal como Kerouac hubiese dicho. Por suerte, LuAnne y yo tenemos eso en común.

 

AM: ¿Qué es lo mejor del personaje de Bella?

K.S.: Bella saborea el hecho de que va a convertirse en vampiro, y es lo que más desea. Aún si tiene que morir por eso. Sé que no habrá otra heroína ni otro amor igual en mi carrera.


AM: ¿Y lo peor?

K.S.: No me identifico del todo con el ideal de pureza que transmite la saga Twilight. Los adolescentes que me interesan son los que quieren derribar barreras.


AM: ¿Por eso quiso interpretar un nuevo tipo de Blancanieves?

K.S.: Me gusta porque es un personaje muy fuerte. Pero más que fuerza física tiene actitud. Si hay algo que nunca me hubiese imaginado es ser Blancanieves. Cuando era niña no me gustaban las princesas. Más que con vestidos, me gustaba jugar con armaduras. Lo que me atrajo de este filme es que no se parecía en nada a la Blancanieves que todos conocemos. Pero creo que a los seguidores de Twilight les gustará Snow White and the Huntsman. Yo lo he pasado muy bien con el personaje. Era muy atractivo para mí porque me ha permitido asumir algunos riesgos físicos. Tuve que entrenar y eso fue bastante nuevo. 

 

AM: ¿Puede hacer alguna reflexión sobre todo lo que le ha ocurrido en estos años?

K.S.: Creo que cuando era más pequeña, intentaba –de manera muy rígida– sonar pretenciosa. A esa edad, estaba amargamente consciente de mí misma, y muy desesperada por no sonar como una descerebrada. Ahora ya no me siento así, para nada. Creo que era algo que escuché decir a mis padres. Ellos siempre me molestan, en broma claro, por lo fácil que lo he tenido. Mi padre me ha dicho cosas como: “Oh, simplemente ve y siéntate en tu caravana, practica tus líneas y miente para ganarte la vida”. Ahora sí tengo una visión de verdad pretenciosa. (Risas)

 

AM: ¿Se refiere a la locura mediática desatada por Twilight?

K.S.: Es que nunca pretendí ser así de célebre. Mucho de mi vida se puede hallar fácilmente en Google. Sé que no debería preocuparme tanto por tan poco. No debería castigarme por esas grandes escenas que no me pertenecen. A veces dices cosas sobre tu vida que importan, y a veces te encuentran con la guardia baja, reaccionas de manera rara. Y cuando sientes que la gente te trata mal, respondes. Pero sólo tengo 21 años. Voy aprendiendo. 

 

 

 

 

 

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