por Carlos Gosch / Fotos: EFE
Su talento descomunal se cruzó con el demonio de las drogas y la llevó al infierno más profundo. No importa cuánto éxito hubiera tenido. Una voz maravillosa, una vida siempre al límite y finalmente una muerte prematura. De esta manera, la súper cantante americana se une al triste club imaginario donde brillan Billie Holiday, Janis Joplin y Amy Winehouse.
Es posible que su leyenda omita los episodios más espinosos, ese descenso a las profundidades que todas las estrellas jóvenes sufrieron muchas veces ante los ojos tristes de sus fans, bajo los focos más crueles.
Whitney Houston, fallecida a los 48 años, ha vivido cuatro más que la fundadora de este club trágico: Billie Holiday, la voz del dolor, que se apagó el 17 de julio de 1959 en Nueva York después de arrastrar durante años su adicción a los estupefacientes.
Como la mayor parte de las cantantes afroamericanas, Houston tuvo como modelo artístico a Lady Day, de quien interpretó una versión de su God Bless the Child, pero no pudo evitar repetir los errores de Billie Holiday y, como la reina del blues, acabó mostrando su degradación al público.
Holiday murió bajo arresto domiciliario, tras haber pasado varios meses en la cárcel por posesión de heroína. Su voz marcó un estilo en el jazz, pero cuando dejó este mundo estaba arruinada y ni siquiera podía actuar en los clubes porque se le había revocado la licencia que en la época se les exigía los artistas para trabajar.
La soledad y el desamor han hecho de las habitaciones de los hoteles escenarios de trágicos desenlaces en la historia de la música. Más de cuarenta años antes de que Whitney fuera hallada la madrugada del domingo sin vida en la suite de un hotel, otro establecimiento de la ciudad, el Landmark Motor, sirvió de morada para la última noche de Janis Joplin.
La vida desenfrenada de esta joven estrella terminó el 4 de octubre de 1970 a causa de una sobredosis de heroína, que truncó el espíritu rebelde de uno de los iconos femeninos más poderosos del rock and roll. En este caso, la ascensión y caída ocurrieron a un ritmo vertiginoso. Janis, que publicó su primer disco en 1967, entró en la historia con 27 años. Poco antes lo habían hecho Brian Jones y Jimi Hendrix. Más tarde se añadieron al grupo de "los 27" otros mitos Jim Morrison y Kurt Cobain. Y hace unos meses, Amy Winehouse.
También Amy lo tuvo todo, fama, reconocimiento y dinero. Y una incapacidad manifiesta para deshacerse de sus adicciones. En los último años, Amy y Whitney sometieron a tortura la fe de sus fans, con actuaciones patéticas en las que apenas podían mantenerse en pie. Sus esperados regresos fueron sonados fiascos y los discos que les debían devolver a la cumbre nunca llegaron a publicarse.
Una intoxicación etílica acabó con la vida de Winehouse el pasado 23 de julio en su casa de Londres. La siguiente en la lista fue Whitney, pero sus fans siempre esperaron que en esta ocasión no se cumplieran los designios y, por una vez, la estrella volviera a brillar. Pero el club de las princesas tenebrosas se ha vuelto a mostrar implacable con sus socias.
Fuente: EFE
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