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Domingo 28 de Febrero de 2010

Las entidades financieras bajo la lupa

Codicia sin fin

por Peter Costantini / Fotos: Olivier Douliery

El presidente Barack Obama anunció su proyecto de limitar el tamaño de los bancos y prohibir que los establecimientos dedicados a los depósitos y ahorros especulen en los mercados por propia cuenta. El propósito es evitar nuevas tomas de riesgo excesivas de este sector, señalado como uno de los grandes responsables de la crisis mundial. Pese a esto, las entidades financieras no interpretaron correctamente la indignación pública por los rescates, como quedó en claro con la polémica que generaron las bonificaciones millonarias a sus empleados. Aquí un repaso de una historia de nunca acabar.

La codicia desmedida de Wall Street no es nada nuevo, pero la renovada avidez de los más poderosos financistas del mundo ha causado a la vez asombro y disgusto en todo el espectro político de Estados Unidos. Pese al daño que puede causar, esta avidez está ayudando a desactivar el armamento ideológico de los banqueros. En el debate sobre por qué se derrumbó el sistema financiero y cómo reconstruirlo, se cuestionan supuestos económicos que han gozado de hegemonía en los últimos 30 años y crece el apoyo a una mayor regulación del sector.

 

"La triste realidad es que los grandes bancos, que son los hijos caprichosos del dinero fácil de la Reserva Federal, son instituciones peligrosas, muy arraigadas en una cultura de privilegios y codicia", comentó David Stockman, director de la Oficina de Gestión y Presupuesto bajo la presidencia de Ronald Reagan. Stockman aplaudió la propuesta de gravar a los bancos, hecha por el presidente Barack Obama, porque su mensaje es que "los grandes bancos deben reducirse porque no hacen gran cosa que sea útil, productiva o eficiente", opinó.

 

Mientras la economía estadounidense permanecía, como ahora, empantanada en una débil recuperación sin aumento del empleo, el sector financiero usó una vez más su influencia política y la generosidad del gobierno. En el tercer trimestre de 2009, el sector se llevó 34% de todas las ganancias privadas de Estados Unidos, un porcentaje mucho mayor que en el auge de la burbuja inmobiliaria, afirmó el economista Dean Baker.

 

Wall Street también ha vuelto al ámbito político con energías renovadas. Mientras el Congreso debate propuestas para una nueva regulación financiera, los financistas gritan "socorro" y sueltan los perros de K Street (calle del distrito financiero de Washington D.C. conocida por sus numerosas sedes de grupos de presión y gabinetes de estrategia) contra las reformas.

 

En Goldman Sachs, líder del sector, cualquier muestra de vergüenza por el saqueo de la economía mundial está bien oculta. El banco de inversión dio a sus empleados 13 mil millones de dólares en sobresueldos en 2009, casi el triple que en 2008, cuando 953 empleados recibieron gratificaciones superiores a un millón de dólares cada uno, según el periódico The Wall Street Journal. El banco declaró ganancias por 13.400 millones de dólares para 2009, igualando casi el total de 15 mil millones de dólares de los otros cinco mayores bancos juntos. Su margen neto de ganancias fue de 23,85%.

 

Goldman recibió 10 mil millones de dólares en fondos del Programa de Alivio de Activos en Problemas en 2008, que pagó con intereses en 2009. La firma también se benefició de otras formas de generosidad gubernamental, incluidos unos 12.900 millones de dólares como contrapartida de la compañía aseguradora American International Group Inc.

 

El fallido gigante de los seguros usó fondos de rescate para pagar complejas apuestas en mercados de bonos por valores supuestamente inflados a Goldman y otras enormes empresas financieras de Estados Unidos y Europa. Por algún tiempo antes del derrumbe, Goldman Sachs había estado apostando contra el mercado de hipotecas, trascendió.

 

La apoteosis de Goldman Sachs se basaba en un fenómeno de "puerta giratoria" entre la firma y altas esferas del gobierno federal. Henry Paulson, secretario del Tesoro durante el gobierno de George W. Bush y creador del Programa de Rescate de Activos en Problemas, había sido el director general de la empresa. Robert Rubin, secretario del Tesoro bajo la presidencia de Bill Clinton y muchos otros agentes del poder de los dos partidos políticos principales también fueron altos ejecutivos de Goldman.

 

Un año después de una experiencia cercana a la muerte, Goldman Sachs tiene su vaso lleno o desbordante, según como se mire. Algo similar sucede con la indignación popular. En la revista Rolling Stone, Matt Taibbi describió al banco de inversión como "un gigantesco calamar vampiro que envuelve a la humanidad y succiona sin piedad dondequiera que encuentre algo que huela a dinero".

 

Mientras, el autor satírico Andy Borowitz informó en tono de humor que Goldman estaba en negociaciones para comprar el Departamento del Tesoro. Citó además a un imaginario portavoz del Tesoro, quien habría dicho que la fusión creará eficiencias para las dos entidades debido al alto volumen de empleados y de dinero que ya fluye entre ambas. "Lo más difícil será determinar qué partes del Departamento del Tesoro (Goldman) no tiene ya", dijo el portavoz apócrifo.

 

Aunque tardíamente, Obama y su Partido Demócrata parecen decididos a apaciguar la furia popular a la derecha y a la izquierda del espectro político. En diciembre último, la Cámara de Representantes aprobó un proyecto que crearía una agencia independiente de protección financiera para los consumidores y también aumentaría las exigencias de capital para los bancos y limitaría su uso de fondos prestados.

 

Sin embargo, las perspectivas de que el proyecto obtenga 60 votos en el Senado son dudosas, porque los republicanos parecen casi unánimes en su oposición a las reformas. Tras la pérdida de un escaño demócrata en el Senado de Massachusetts, Obama renovó la ofensiva. El presidente instó al Senado a aprobar la creación del organismo de protección financiera para los consumidores y propuso además un nuevo impuesto de 0,15% a las deudas de los mayores conglomerados financieros para recuperar todas las pérdidas de los contribuyentes por los rescates realizados. En un discurso pronunciado el 21 de enero, Obama pidió una reforma estructural del sistema financiero, que incluiría limitar el tamaño y el riesgo de los bancos.

 

Obama dijo: "Queremos recuperar nuestro dinero y vamos a hacerlo y es por eso que propongo que se establezca un impuesto a la responsabilidad en la crisis financiera para las grandes empresas financieras hasta que el pueblo estadounidense sea totalmente indemnizado por la ayuda extraordinaria que le brindó a Wall Street. Si estas empresas están en condiciones de pagar grandes premios, sin duda están en condiciones de devolverles cada centavo a los contribuyentes".

 

Paul Volcker, presidente de la Junta Asesora de Recuperación Económica, respaldó de forma contundente las propuestas del presidente en un artículo editorial publicado el 31 de enero en el periódico The New York Times. Volcker, quien fuera presidente de la Reserva Federal bajo las presidencias de Jimmy Carter y de Reagan, recordó lo que Adam Smith había recomendado hace dos siglos para mantener controlados a los bancos y propuso normas para eliminar la posibilidad de que unos pocos bancos se vuelvan "demasiado grandes para caer". Asimismo, respaldó la propuesta complementaria del presidente de restringir una vez más la participación de los bancos comerciales en actividades de alto riesgo como los fondos de cobertura y los fondos de capital de inversión.

 

En reconocimiento de que las normas financieras de un país, aún cuando sea el hogar del dólar, pueden ser eludidas por actores multinacionales, otros gobiernos contemplan medidas similares para frenar los excesos financieros. Las autoridades financieras de Gran Bretaña consideran un impuesto a los bancos para crear un fondo de garantía y un impuesto a las transacciones financieras a fin de limitar la especulación excesiva. Francia también apoya el aumento de las exigencias de capital para los bancos.

 

A escala internacional, el Fondo Monetario Internacional contempla la creación de un fondo de garantía al que aportarían bancos de todo el mundo. "El sector financiero está creando muchos riesgos sistémicos para la economía mundial", declaró al periódico The Telegraph el director gerente de la institución, Dominique Strauss-Kahn. "Es justo que ese sector pague algo de sus recursos para mitigar los riesgos que crea", concluyó.

 


 

Encima se quejan


El presidente Obama propuso un nuevo impuesto para recuperar el dinero del rescate financiero entregado a las grandes empresas financieras durante la crisis económica. El "Impuesto a la Responsabilidad en la Crisis Financiera" recaudaría aproximadamente 90 mil millones de dólares durante los próximos diez años de 50 empresas. Esta propuesta se aplicará únicamente a las empresas financieras con más de 50 mil millones de dólares en activos y los bancos pequeños o comunitarios estarán exentos.


El anuncio de Obama tuvo lugar mientras el Wall Street Journal informó que las mayores 38 empresas financieras del país pagarán una cifra sin precedentes de 145.850 millones de dólares en remuneraciones por el año 2009. Esta cifra representa un aumento del 18% con respecto a 2008 y una ampliación del 6% con respecto a 2007. Así, se prevé que el empleado promedio de Goldman Sachs reciba una prima cercana a los 600 mil dólares. Numerosos ejecutivos ganarán mucho más. En JPMorgan, se prevé que la prima promedio alcanzará un máximo de 450 mil dólares. Pero el Wall Street Journal informó que muchos empleados de Goldman Sachs, JP Morgan y otras compañías se quejaron porque la mayor parte de las primas de este año se pagarán en acciones y no en dinero en efectivo.

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