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Sábado 1 de Mayo de 2010

Mark Twain

Las aventuras del hombre con bigote

por Federico Lisica / Fotos: C.E. Bolles / Corbis Historical / Theodore C. Marceau / Bettmann

Es considerado uno de los padres de la literatura norteamericana. Como si su paso por el mundo hubiese sido una novela, el hombre de las mil vidas se vio atravesado por pasiones familiares, tragedias personales, la búsqueda del oro, la política, las creencias religiosas y el humor. Su existencia fue una parábola de la Norteamérica del siglo XIX. Admirado por William Faulkner y Ernest Hemingway. En el centenario de su muerte, el pensamiento de Mark Twain sigue alumbrando.

Algún tiempo atrás circuló la noticia: Clint Eastwood dirigiría un filme sobre Mark Twain. Y algunos hasta imaginaron al realizador en la piel del célebre escritor. Aunque Remembering Mark Twain fue un bluff, como tantos otros que circulan en esta era digital, hubiera sido grandioso ver a quien masculló como propias las frases de Harry Callahan, hacer lo mismo con los twist de lenguaje que encumbraron al nacido en Missouri. Más cerca de la realidad, el periódico alemán Frankfurter Rundschau publicó recientemente unos ensayos inéditos del autor. En El privilegio de los muertos ironizó sobre quienes expresan su opinión sin temor: "La libertad de expresión está formalmente permitida, pero en la práctica, prohibida (...) A veces se me acumulan tantas cosas que no puedo hacer otra cosa que tomar la pluma y llevar mis pensamientos y sentimientos al papel antes de que me ahoguen y entonces toda la tinta y los esfuerzos habrían sido en vano porque no habría podido imprimir el resultado". Desde el más allá, Twain no tiene razones para preocuparse. En la actualidad surgen biografías, libros de ensayos y reediciones de su obra maestra, The Adventures of Huckleberry Finn, para conmemorar los 100 años de la muerte de la primera celebridad de la narrativa estadounidense.

 

Un tal Samuel

 

Samuel Langhorne Clemens nació el 30 de noviembre de 1835 en el pequeño pueblo de Florida, en el Medio Oeste de Estados Unidos. Fue uno de los seis hijos del abogado John Marshall Clemens y de su esposa Jane Lampton. En plena expansión norteamericana, su padre se dedicaba a especular en tierras y logró un patrimonio considerable. La ciudad donde creció, Hannibal, estaba a orillas de un afluente del río Mississippi y Samuel pasaba sus días jugando en aquella ribera. En la escuela pública hizo sus primeras armas en la escritura. Nada hacía suponer que con el tiempo registraría su infancia en historias memorables: por entonces soñaba con ser piloto de los barcos a vapor que veía llegar al puerto.

 

Cuando en 1845 Texas, Nuevo México y la Alta California se anexaron a Estado Unidos, Samuel tenía diez años. Poco después falleció su padre y los Clemens tuvieron que arreglárselas por sí solos. Samuel repartió periódicos, aprendió los gajes del oficio de impresor, publicó sus primeras viñetas en Hannibal Journal (el periódico de su hermano Orion) y a los 18 años dejó la casa materna para ganarse la vida como tipógrafo. Paseó por Keokuk, Iowa, Nueva York y Filadelfia. Quería llegar a Nueva Orleáns, embarcarse a Brasil e ir en busca de los orígenes del Amazonas. El futuro escritor no sería Fitzcarraldo: a última hora se enroló como aprendiz de piloto en un barco fluvial de vapor y navegó las traicioneras aguas del Mississippi.

 

A los 26 años estalló la Guerra de Secesión y se alistó en una compañía irregular de voluntarios de caballería del ejército Confederado. Pero no tenía madera de militar ni estaba convencido de apoyar al sur o al norte por lo que decidió partir al Oeste. Y aunque intentó con uno de sus hermanos hacer una fortuna en las minas de plata de Nevada, tampoco daba en la talla de minero. Orillando las tres décadas de vida, probó suerte como periodista en el Territorial Enterprise de Virginia City. Para 1863, empezó a firmar sus artículos con el seudónimo Mark Twain, una expresión utilizada en el río que significa dos brazas de profundidad (el calado mínimo necesario para la buena navegación). En San Francisco -donde dijo pasar "el invierno más crudo de su vida" por la falta de trabajo- conoció a los escritores Artemus Ward y Bret Harte quienes le animaron a continuar con el oficio.

 

En 1865, ya sobre el final de la Guerra Civil, Twain retocó una historia que había oído contar en las minas de oro de California y publicó su primer libro de relatos: The Celebrated Jumping Frog of Calaveras County. A los pocos meses el autor adquirió una enorme notoriedad en todo el país. Pero no era tiempo de asentarse en un lugar -nunca lo haría realmente-, por lo que Twain se embarcó a Hawai -mencionaría sus andanzas en la isla del Pacífico por siempre donde tuviera ocasión de hacerlo-. En ese largo viaje también conoció Europa y Oriente. The Innocents Abroad fue el fruto de tanto trajín, y uno de los libros más vendidos durante su vida.

 

En uno de los barcos conocería a su futura mujer. La leyenda dice que Twain se enamoró con ver una foto de Olivia Langdon. Luego de cortejar por más de un año en cartas a Livy, dejó su vida errante a los 35 años y se casó con aquella mujer proveniente de una próspera familia -habían hecho su botín con el carbón- aunque de ideas liberales. La pareja primero se estableció en Búfalo, Nueva York, donde el padre de su esposa le compró a Twain acciones en uno de los periódicos de la ciudad. Más tarde se mudaron a Hartford, en el estado de Connecticut. Allí nacerían sus mayores obras.

 

Mark Sawyer... Huckleberry Twain

 

A diferencia de la mayoría de los hombres de letras de ese entonces -y de los de hoy también-, Twain no tenía empacho en admitir que quería ser popular. "Siempre he andado a la caza de piezas grandes: las masas", dijo. También ayudaba la imagen que construyó de sí mismo, y muy lejana de la realidad: la de un hombre sencillo, un poco ignorante. Twain decía que quería escribir y poder vivir de sus libros, aunque lo acosaba la búsqueda de dinero y huir a toda costa de las precariedades de la infancia.

 

La residencia principal de la familia Clemens era una mansión de ladrillo rojo con paredes pintadas y vitrales de Tiffany, de grandes pórticos, además de un salón de billar en el piso de arriba, en el que Twain podía fumar y dedicarse a su oficio en paz. Sin embargo, no todo era escritura. Amante de las nuevas tecnologías, el escritor hizo que le instalaran una línea directa de teléfono conectada al periódico más importante de Hartford. Su fascinación por los avances científicos lo llevó a conocer a Nikola Tesla; de hecho patentó algunas invenciones relacionadas con la impresión. La amistad entre Tesla y Twain surgió de su mutua admiración. Ambos se conocieron en el Player's Club de Manhattan y se reunieron y cartearon durante el resto de sus vidas. En las visitas al laboratorio de Tesla, Twain y otros compañeros de tertulia se sometían a numerosos experimentos.

 

Su segunda novela, Roughing It, vendió cuarenta mil ejemplares en los tres primeros meses; el éxito definitivo lo obtuvo en 1876 con The Adventures of Tom Sawyer, una historia con tintes autobiográficos. Las andanzas de su segundo alter ego con amigos de la niñez, afirmó, fue el primer manuscrito literario hecho íntegramente en una máquina de escribir. Para ese entonces ya era padre de dos niñas, Susy y Clara. Twain vivía cómodamente con sus mujeres en Hartford -Jean nació en 1880- y continuaba publicando celebrados trabajos como The Prince and the Pauper, A Tramp Abroad y la que sería su obra definitiva: The Adventures of Huckleberry Finn. Editada en 1885, con ella Twain se transformó en el escritor más admirado de su época.

 

Décadas más tarde, William Faulkner aseveró: "Twain fue el primer escritor verdaderamente norteamericano, y todos nosotros somos sus herederos". Ernest Hemingway fue más explícito: "Todos salimos de abajo de las polleras de Huck Finn". Llena de candor, humor y exuberancia narrativa, esas páginas no dejan de denunciar la crueldad humana. Su protagonista Huck, al contrario de Tom, es un pequeño miserable, que debe luchar día a día por sobrevivir. La pérdida de la inocencia, las diferencias sociales, los conflictos raciales, todo ello apuntado con un estilo muy accesible, le permitió a Mark Twain contraponer el mundo idealizado de la infancia con una concepción desencantada del universo adulto de la era industrial. Era tal su popularidad que prestó su nombre para una marca de puros. La publicidad decía: "Mark Twain: por todos conocido, por todos disfrutado". Y lo llamaban "El Rey".

 

Su "clásico instantáneo", como se denominó a la secuela de The Adventures of Tom Sawyer, fue además la primera publicación de su propia editorial, Webster & Cia. Pero la buena fortuna comenzó a serle esquiva. Durante cuatro años empeñó su tiempo y fortuna en un tipo de imprenta automática. Para 1894 la máquina de linotipo le ganó de mano. Aquella fue una desastrosa inversión que lo endeudó a él y a su esposa. Perdió su editorial. Tuvo que declararse en quiebra, por lo que debió embarcarse en largas giras dando conferencias para pagar las deudas a sus acreedores. Las depresiones y algunos rasgos de lo que hoy se conoce como bipolaridad comenzaron a florecer en él.

 

Hasta el comienzo del nuevo siglo recorrió con Livy y su hija Clara, Oceanía, India e Inglaterra. Se dedicó a narrar cuentos haciendo gala de su sentido del humor y oratoria. Pero ni el numeroso público ni los textos de opinión ni la publicación continua de la saga que lo volvió célebre, nada podía prepararlo para la noticia de la muerte de su hija Susy, quien falleció víctima de meningitis en 1896. A partir de entonces, sus obras estuvieron marcadas por la amargura y un creciente pesimismo; además de los malos negocios, Livy pasó sus dos últimos años de vida recluida con una afección en el corazón, hasta su muerte en 1904.

 

A su vuelta del largo periplo, Twain empezó a sentar una clara posición en lo político y filosófico. La llamada "Edad dorada" posterior a la Guerra Civil tuvo su contrapunto con Twain en sus sátiras The Battle Hymn of the Republic y Edmund Burke on Croker and Tammany o ensayos como To the Person Sitting in Darkness. Fue, asimismo, vicepresidente de la Liga Antiimperialista de Estados Unidos, se declaró pacifista, abolicionista de las leyes de segregación racial, a favor del derecho de las mujeres y de los nativos norteamericanos, y en contra de la vivisección. Del mismo modo disparó sus dardos contra la religión: "Si Cristo viviese en estos días habría algo que no sería: cristiano".

 

Pero ya no era el literato rebosante de vitalidad. Prefería vivir su dolor en soledad, escuchando Beethoven o recordando a su esposa (su Eve's Diary es un claro exponente de sus sentimientos). Es más, existen tantos textos póstumos por propia decisión de Twain: no deseaba que se lo percibiese en vida escribiendo con amargura y nihilismo. En el seno familiar las cosas tampoco iban bien. Isabel Lyon tomó el lugar de secretaria y se ocupó de alejar a Clara y Jean del cejijunto escritor. Mantuvo a distancia a la primera hija y lo convenció de internar en un psiquiátrico a la menor, que era epiléptica. Con la ayuda de Ralph Ashcroft, quien adquirió un poder fraudulento sobre los fondos de Twain, la mujer estuvo a punto de lograr su objetivo. Pero Twain se dio cuenta de la maquinación y despidió a Lyon y Ashcroft (que a la postre terminaron casados). Volvió a sus hijas y a cierta gloria.

 

A fines de 1906, el escritor acudió a una reunión en la Biblioteca del Congreso. Era una discusión sobre un proyecto de ley de derechos de autor. Con 71 años, llegó a la reunión con su cabello blanco, bigote espeso y un abrigo oscuro. Al quitarse el saco, quedó en un traje blanco radiante que sorprendió a los presentes. Para Twain, imagen y leyenda iban de la mano. Un año después fue investido doctor Honoris Causa por la Universidad de Oxford. No obstante, aún quedaría un último golpe: en la Nochebuena de 1909 falleció Jean. La muerte de su hija lo afectó profundamente y decidió dejar de escribir.

 

Ya no eran tiempos de sarcasmo, como cuando envió el famoso telegrama al New York Journal tras publicar el periódico prematuramente su obituario ("La noticia de mi muerte fue muy exagerada"). Finalmente partió el 21 de abril de 1910 en Redding, Connecticut. Tenía 74 años. Se dice que profetizó la fecha... sólo falló por un día.

 


 

Mark por Twain


"Dejar de fumar es fácil. Yo ya lo dejé como cien veces."

"El paraíso lo prefiero por el clima, el infierno por la compañía."

"Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda."

"Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar."

"La única manera de conservar la salud es comer lo que no quieres, beber lo que no te gusta y hacer lo que preferirías no hacer."

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