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Martes 12 de Mayo de 2009

Mayra Santos-Febres

"Puerto Rico es una isla de mujeres"

por Marcela Mazzei / Fotos: Daniel Mordzinski

A propósito de la edición en el país de Nuestra Señora de la noche, su tercera novela, la escritora portorriqueña presenta una serie de personajes femeninos y marginales que, a falta de discursos fundacionales, les han dado identidad a los países colonizados como el suyo, y se han convertido en tema de su literatura. En exclusiva para ALMA MAGAZINE, advierte el papel de la ficción en la construcción de la historia, la influencia de Estados Unidos en la defensa de los derechos civiles y confiesa su devoción por la nueva generación global de escritores latinoamericanos de la que forma parte. “Mi conexión con América Latina es natural y amorosa”, admite.

Raza y modernidad. Así define Mayra Santos-Febres (Carolina, Puerto Rico; 1966) el espectro de sus intereses literarios y académicos, desde su oficina en la universidad donde es catedrática y dirige un taller de narrativa. Una definición algo abstracta que en seguida se hace palpable: cuando ocurre esta conversación, la poeta, narradora y crítica se encuentra “celebrando a Obama”. “Es un momento que habíamos esperado por mucho tiempo la gente de color, así que estoy bien contenta”, confiesa. “Por primera vez hay una fuerza política visible en uno de los países más fuertes del mundo que es negra y latina, que está constituida por una nueva clase de inmigrantes, y eso llena de esperanzas al pueblo”, detalla.


Aunque es dueña de una prosa provocativa y cargada de color e imágenes, la ganadora del premio Juan Rulfo de cuento pone énfasis en las historias tanto como en la Historia, así en mayúscula, como disciplina, en su última novela. Nuestra Señora de la noche atraviesa la Segunda Guerra Mundial y la modernización de las islas del Caribe con el “pretexto” de Isabel Luberza Oppenheimer, una madama portorriqueña tan real como mítica que se transformó en una de las personas más poderosas de la isla, a pesar de la pobreza y los prejuicios. Allí Santos-Febres encontró, para su propia sorpresa, no sólo un personaje sensual, complejo y trágico para su novela de 400 páginas, sino una explicación a cómo se constituyeron las naciones modernas en una región tan fascinante como el Caribe.


Así presenta la autora a su personaje: “Isabel Luberza Oppenheimer, conocida luego como Isabel La Negra Luberza o La Madama de Maragüez, era la propietaria de dos bares: Elizabeth Dancing Place y El Antillano. El primero, un bar de prostitución, se fundó hacia 1936 y fue un centro muy importante en Puerto Rico. Esta mujer, que al principio era una lavandera, trabajó en casas, bordaba, limpiaba, de repente se erigió como una de las fuerzas políticas y sociales más importantes de la cuenca del caribe hasta 1974, en que la asesinan al frente del otro bar, El Antillano, y nunca se supo quién fue. Tuvo once acusaciones por prostitución pero en ningún caso fue convicta, lo que habla de dinero debajo de la mesa y protectores. Mucha gente del barrio San Antonio todavía recuerda las fiestas donde ella hacía una comida a todo el barrio, les regalaba juguetes a los niños, además de ayudarlos a ir a la escuela. Apoyó la carrera de muchos cantantes portorriqueños, a políticos, a familias enteras y sus bares eran los lugares donde muchos de los hombres portorriqueños se iban a iniciar sexualmente”.


ALMA MAGAZINE: ¿Cómo surgió la curiosidad por la persona real detrás de la protagonista de la novela?
MAYRA SANTOS-FEBRES: Isabel “La Negra” Luberza no sólo aparece en mi novela, se han hecho dos películas y hay mucha música escrita sobre ella. Cuando me topé con su figura, no me importó la fábula, porque la conoce todo el mundo. Pero en 1996 se hizo una subasta pública de sus joyas y quise estar ahí. Aunque no podía comprarme ni un par de aretes, vi cómo la gente compraba y salía, una y otra vez, y entonces me di cuenta de que esta mujer era una gran puerta de entrada a la manera en que se construyen los países desde lugares poco ortodoxos, como pueden ser los prostíbulos. ¡Y las historias que no se cuentan! Empecé una investigación que duró varios años y advertí que tenía que relatar la Segunda Guerra Mundial y la modernización de las islas del Caribe para que mi historia estuviera completa. Cuanto más iba indagando en la vida de esta mujer, más redes de conexiones se abrían, se cerraban y se entrecruzaban desde su figura, y eso fue lo que me capturó.


AM: Durante la investigación, ¿encontró algún hecho histórico que le resultara revelador, que no figura en los manuales escolares de Puerto Rico aunque debió trascender por su importancia?
M.S.F.: Una profesora oriunda de Inglaterra, que da clases en la Universidad de Yucatán y se especializa en literatura caribeña, me dijo que la literatura siempre se adelanta a la historia. Como disciplina, la historia va a la saga de los novelistas, los cuentistas y los poetas al recoger historias que nosotros vemos como valiosas pero las instituciones educativas no. Eso pasa en países que tienen un pasado colonial y en muchísimas naciones donde hay una población negra, indígena o marginal, para ponerle ese mote. Porque la historia propia no es valorada y sólo se estudia la que se ve como valiosa, que usualmente no incluye ninguna de estas otras.


AM: Sus personajes en general confirman esta hipótesis…
M.S.F.: Exacto. Sirena Selena vestida de pena, mi primera novela, trata de un travesti adolescente que se va a la República Dominicana y allá se hace famoso, su historia no está en ningún libro, se hizo a través de entrevistas. Lo mismo me pasó en Cualquier miércoles soy tuya, mi segunda novela, donde trabajo la ocupación de los caseríos, que son como las favelas acá en Puerto Rico, complejos de vivienda subvencionados por el Estado donde en los años 90 hubo una ocupación militar porque eran –y todavía siguen siendo–, lugares donde crece mucho el narcotráfico. Eso aparecía en las noticias, no en los libros, y si no habías vivido en los 90 no tenías idea de ello. Eso también lo recoge la novela. Pero no solamente en mi obra: casi nada se ha escrito sobre el período especial cubano pero sí hay literatura sobre eso, como la de Zoé Valdés. En toda América Latina pasó siempre.


AM: Volviendo a Isabel y haciendo una descripción muy acotada, ella es una mujer negra que busca ser libre a través del poder económico. La decisión que toma de cambiar su destino convirtiéndose en madama, ¿cree que es un rasgo de la época y que, de haber vivido en este tiempo, hubiera tomado otra determinación?
M.S.F.: Tiene que ver con la época pero, a la vez, con la manera en la que se es mujer en distintas partes del mundo. A mí me asombra el peso que tiene la tradición religiosa católica en América Latina, donde el modo de ser mujer está muy intervenido por los ritos marianos de la virginidad y de la santificación del matrimonio. Eso no pasa en el Caribe. Puerto Rico es una isla de mujeres. Siempre hemos estado metidas en el espacio económico, hemos sido muy independientes.


AM: ¿Y a qué atribuye esa diferencia?
M.S.F.: Una de las razones por las que se celebró mucho la ocupación norteamericana de 1898 fue que venía con ley de divorcio, y había mucha gente que se quería divorciar. Aquí el divorcio es legal desde 1901. Y desde entonces ha habido huelgas obreras –por cierto bien violentas– dirigidas por mujeres. Una de las grandes líderes sindicalistas portorriqueñas de los años 20, Luisa Capetillo, fue a la cárcel varias veces por sus trabajos sindicales. Así que aquí ser mujer y ganarse el sustento tiene bien poquito que ver con casarse y esperar que alguien te mantenga. Eso yo no lo entiendo. Esto se enlaza con esta historia que yo escogí. En los años 70, por ejemplo, cuando explota el mini boom de la literatura portorriqueña, cinco de las seis figuras importantes de la literatura nacional eran mujeres.


AM: ¿Tienen que dar las gracias a Estados Unidos, entonces?
M.S.F.: Perdón que lo diga de manera tan categórica, pero Estados Unidos no es un lugar muy querido en el mundo, y soy de los que se suman a muchas de las críticas que se le hacen a ese país, sobre todo en sus políticas externas. Pero una cosa que tiene bien chévere es la defensa de los derechos civiles, sobre todo los derechos de la mujer. Al ser colonia de Estados Unidos, entonces todas las leyes de hostigamiento en el área del trabajo, de divorcio, de protección contra violencia doméstica, llegan aquí y se imponen desde hace mucho tiempo, desde hace cien años. Por lo tanto hay una manera legal de defenderse, que no es el caso de muchos países. Hay un clima que ayuda a los desafíos intelectuales, literarios y al desarrollo económico de las mujeres. Muchas son propietarias de tierras desde el siglo XIX, y no por ninguna disposición ni ley que tenga que ver con el matrimonio, la sucesión de hijos, nada. Se puede ser una mujer fuerte con menos penalidades. Y ser una mujer fuerte en muchos lugares del mundo equivale a que te matan.


AM: Es un abismo respecto a América Latina.

M.S.F.: Es bien distinto de lo que ocurre en el resto de Latinoamérica. Me asombro cuando voy a los congresos de literatura, en donde siempre somos seis mujeres, somos el uno por ciento. Y en mi país es al revés, los hombres son menos y nosotras hacemos las actividades intelectuales.


AM: ¿Y cuál fue su experiencia de intercambio más grata en los encuentros de escritores?
M.S.F.: Hace poco asistí a las celebraciones de los 80 años de Carlos Fuentes en México. Estaban ahí Delia Piñón –que sólo yo la había leído–, Tomás Eloy Martínez, Wendy Guerra, ¡conocí a Gabriel García Márquez! Y cuando me tocó hablar con Fuentes, que pensaba que iba a darme una palmadita en la espalda y despacharme, el hombre se quedó hablando conmigo 45 minutos. No lo podía creer. Fue un momento que ha marcado mi experiencia literaria de una manera indeleble.


AM: ¿Existe una nueva generación de narradores latinoamericanos que vendrían a restaurar, a su manera, aquel boom de los años 60?
M.S.F.: Sí la hay. No sé si vamos a tener la misma relevancia que tuvo entonces pero somos muchísimos más y estamos más descentralizados, actuamos desde distintos puntos del planeta. Tú sabes que el boom tenía a Barcelona como base de operaciones, donde muchos se conocieron y comenzaron a publicar sus textos. Ahora editamos con diversa gente pero nos respaldamos, nos leemos los libros antes de que salgan publicados, nos invitamos los unos a los países de los otros aunque nos tengamos que montar en tres o cuatro aviones. Hay un frente común hermoso y una solidaridad espectacular. Por ejemplo, para mencionar, entre varios integrantes de este grupo están la fabulosa Cristina Rivera Garza, Jorge Volpi, Iván Thays, Pedro Mairal, Mario Mendoza, Santiago Gamboa. Y además tenemos enlazados blogs.


AM: ¿Sería una generación más globalizada?

M.S.F.: Sí, es más globalizada por las tecnologías de las comunicaciones y del transporte, que son más accesibles. Mucha gente tiene conexión a internet, mucha gente puede viajar un poquito más que antes.


AM: ¿Qué expectativas tiene de los lectores hispanos en Estados Unidos?

M.S.F.: Hay esperanza. Me doy cuenta de que Junot Díaz, que ganó el Premio Pulitzer, ha abierto la puerta a literatura difícil, porque La maravillosa vida breve de Oscar Wao es de difícil lectura, sin embargo este hombre se tiró la maroma y salió ganando. ¡Y de la República Dominicana! Porque hay poca tradición literaria hispana en Estados Unidos, ligada a los chicanos, a los cubanos americanos o a los portorriqueños pero, vaya, de la República Dominicana, es una sorpresa bien grata y bien alentadora. Daniel Alarcón, el peruano que vive en Los Angeles, tiene una prosa bien compleja también. Y se están borrando las diferencias entre la literatura escrita en español y la literatura escrita en inglés por latinos. Esa diferencia con los escritores que escriben y viven en Estados Unidos, y los que viven y escriben en otra lengua y en otra región ya no es tan importante como lo era 20 años atrás. Uno de los ejemplos es Edmundo Paz Soldán, que vive en Cornell y edita en América Latina y en España. Y tú no ves la diferencia. Y esto no va a desaparecer… Si uno de los países con más hispanohablantes en el mundo es Estados Unidos.


AM: ¿Qué relación tiene con la literatura latinoamericana?
M.S.F.: Mi conexión con América Latina es natural y amorosa. Cultural y literariamente hablando me siento parte de una comunidad latinoamericana de escritores, de pensadores e intelectuales de manera natural. Cuando estoy en Colombia, Lima, Chile o México, camino por ahí como si estuviera en mi casa. Esto no tiene que ver con el idioma sino con cuánto ya conocemos la cultura del otro en ese espacio literario. El intercambio está exquisito, nunca lo había vivido así. Mi mundo es América Latina.


AM: ¿En qué proyecto está embarcada actualmente?
M.S.F.: Nuestra Señora de la noche es un proyecto de novela histórica que me gustaría continuar. Porque me interesa narrar las historias de raza y modernidad, y planeo hacerlo en tres novelas con mujeres negras como figuras centrales. Ya hablé de la madama, en una próxima quiero hablar sobre las divas al estilo Josephine Baker, y luego sobre una de las primeras mujeres condenadas a muerte aquí, que mató a su hija. Además, tengo una novela que acaba de salir en Puerto Rico. Se titula Sin disfraz y está ambientada en los tiempos contemporáneos. Es la historia de una relación un poco enfermiza entre dos historiadores, en la que ella encuentra un traje que se dice perteneció a Xica Da Silva, se lo pone y se transforma. Allí entran en juego el Eros, el deseo, el poder y la historia, y muestra cómo es que cuando nosotros vemos a alguien pensamos que la atracción por esa persona es puramente individual y no. Tiene que ver con la realidad histórica, política y de poder.


AM: ¿Cómo llegó a esa idea?
M.S.F.: Por ejemplo, vivo en un país donde el 80% de la población es mezclada, mulata. La mayoría de la gente tiene su papá blanco y su mamá negra, es la norma. Gusta explorar lo otro. Siempre me preguntaba por qué, y haciendo investigación histórica me di cuenta de que si eras esclava una de las maneras en que te asegurabas la libertad era precisamente aclarando la raza. Porque si tienes un hijo que nace libre te puede comprar; o si un amo se enamoraba muchísimo de ti y no se podía casar contigo porque las leyes lo limitaban, sí te podía liberar. La conquista y colonización de América se hizo sin mujeres europeas, porque las mujeres se quedaban en la casa.


AM: Un patrón de comportamiento que se replica en el tiempo contemporáneo, más allá de que no existan las mismas circunstancias históricas.

M.S.F.: Desde luego, y es consistente. Además, se convierte en patrón porque no se cuestiona aunque no sabes de dónde sale. Una persona mezclada es el epítome de la belleza. Como Obama, que es lo que nosotros llamamos un negro claro. Esa es la belleza del Caribe.

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