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Martes 31 de Agosto de 2010

Mes de la Herencia Hispana

Lo mejor de nosotros

Del 15 de septiembre al 15 de octubre, todos los habitantes de Estados Unidos se disponen a vivir el Mes de la Herencia Hispana. ALMA MAGAZINE se suma a la serie de festejos y agasajos de una manera particular: invitándolos a sentir el placer de romper con los prejuicios y la satisfacción de librarse de los estereotipos. El mejor regalo que podemos ofrecer es dejar de pensarnos desde los lugares comunes y a través de los tópicos trillados. Con esa iniciativa, decidimos entrevistar –en este número y en el de octubre– a una serie de hispanos que se destacan en su disciplina y componen un nuevo perfil profesional.

En la víspera del Mes de la Herencia Hispana debemos permitirnos un gusto muy especial que está relacionado con la identidad de esta comunidad compuesta por 50 millones de hispanos que habitan en Estados Unidos. Esta vez no los invitaremos a asistir a una de las habituales ferias de comidas típicas ni tampoco a un clásico espectáculo de bailes folclóricos. En nuestro número 50, queremos instar a nuestros lectores a un placer superior, personal e intransferible: deseamos invitarlos a romper los prejuicios y los estereotipos para pensarnos de una manera distinta, de una forma totalmente superadora, y poder así encaminarnos hacia nuestros sueños.

 

Si queremos que todo Estados Unidos realmente comprenda la importancia de la comunidad hispana para su propio destino, primero debemos comenzar a proyectarnos sin ideas premoldeadas, categorías inadecuadas ni íconos forzados. Mucho menos con las cualidades que nos han adjudicado para construir un estereotipo que se aleja de la realidad y la oculta. Nunca podremos romper con los prejuicios y las tesis retrógradas, si primero no nos convencemos de que esos planteos son falsos y mal intencionados.

 

Parece una obviedad pero hay muchos ciudadanos que en pleno siglo XXI consideran que los hispanos son buenos músicos, grandes trasnochadores, poco trabajadores y que sus mujeres son bonitas y sensuales. Peor aún: algunos hispanos se enorgullecen de esos estereotipos rudimentarios e intentan ejercer a la perfección el rol que le han fijado. Lo mismo ocurre cuando, en espacios políticos o comunicacionales, se pretende debatir sobre los hispanos en la sociedad estadounidense y sólo se hace foco en la legislación inmigratoria: otra treta semiótica que reduce el universo de lo pensable.

 

Daría la impresión de que los problemas fronterizos son el único tema que atañe a la mayor minoría del país. Muchas veces esos estereotipos y estos planteos terminan siendo afirmados por los mismos hispanos sin llegar a advertir que, detrás de estas construcciones discursivas, se oculta otra realidad. Cada vez que los análisis se concentran sólo en los trabajadores que vienen a cosechar coles o en los narcotraficantes arrestados en algún rincón polvoriento de la frontera, se niega -al mismo tiempo- a todo un universo de individuos que llegan a este país trayendo lo mejor que tienen: su esperanza y su esfuerzo, su patrimonio y su conocimiento, su acervo intelectual y su alforja de valores.

 

Estos son capitales muy valiosos para una economía que requiere de mano de obra calificada y nuevos consumidores para permanecer en la senda del crecimiento. Por alguna extraña razón que trasciende a los responsables de este artículo, los académicos y muchos medios de comunicación omiten informar, presentar o analizar las parábolas protagonizadas por hispanos con alta formación que también se sienten dispuestos a alcanzar el "sueño americano".

 

Frente a esa carencia, en ALMA MAGAZINE decidimos entrevistar a una serie de profesionales que se destacan en sus disciplinas sin sentirse menos que nadie y sabiendo que valen tanto como su inteligencia y trabajo lo puedan demostrar. En tiempos como los presentes en donde se registra la emergencia de una clase media de alto poder adquisitivo, también se observa el aumento del número de ejecutivos y directivos de grandes empresas que poseen origen hispano y conservan su idioma materno.

 

Con nuestra selección de entrevistados intentamos poner un nombre y un rostro para representar a los más de 82 mil altos ejecutivos, 46 mil médicos y 43 mil abogados que se reconocen como hispanos. Estos hombres y mujeres componen un perfil profesional que, poco a poco, se hace sentir en el mercado estadounidense y marca nuevas pautas de consumo, comportamiento y trabajo. El mismo presidente Barack Obama, hace poco, declaró: "Los inmigrantes han convertido a Estados Unidos en lo que es".

 

Tal vez valga la pena insistir en que los estereotipos suelen usarse para esconder una realidad o diferentes cambios sociales. Pues, mientras se difunden constantemente imágenes de los hispanos, siempre asociadas a la pobreza y la marginalidad, encontramos que el Census Bureau determinó que para 2011, el poder de compra de los hispanos superará los mil millones de dólares. Una cifra que sólo se puede comparar con el PIB de los dos mercados hispanoparlantes más importantes: España y México. Otro estudio preparado por la consultora Sanford C. Bernstein estableció que, en medio de la crisis económica iniciada en 2008, el segmento hispano concretó compras por 52 mil millones de dólares, superando los 40 mil millones de dólares concretados por la franja de los no hispanos.

 

Con estos datos, rigurosos y comprobables, se derriba el argumento de aquellos xenófobos más sofisticados y academicistas que alegan que no es conveniente que Estados Unidos apruebe que los inmigrantes trabajen en el país porque terminan enviando el dinero a sus respectivos países, favoreciendo así la fuga de capitales. Quienes dan crédito a esta fábula son los mismos que, en sus odiosas peroratas, asocian a los inmigrantes con la suciedad sin observar que las corporaciones comerciales han informado que los adolescentes hispanos son responsables de haber impulsado los gastos en productos de higiene posibilitando que esta industria resista a la crisis. Dos ejemplos simples que muestran el peso económico de la comunidad y su positiva influencia.

 

Sin embargo, el poder de consumo tiene su correlato en el peso electoral. Siempre que una clase social ha logrado crecer económicamente, con el tiempo pudo plasmar leyes e iniciativas de índole político. Hoy por hoy, los hispanos constituyen algo más del 15 % de la población de Estados Unidos. Ya no es una novedad que somos la primera minoría étnica del país y que ostentamos los mayores índices de crecimiento demográfico. Las autoridades de la Oficina del Censo comprobaron que, teniendo en cuenta el balance entre nacimientos y muertes, emigración e inmigración, cada minuto hay cuatro nuevos ciudadanos estadounidenses: de ellos, dos son hispanos.

 

Con este incremento, en un par de décadas Estados Unidos se convertirá en el segundo país con mayor número de hispanoparlantes del mundo: por ahora el idioma de Cervantes es comprendido y hablado por uno de cada seis estadounidenses, pero todo indica que cada vez serán más los que se puedan dar el gusto de leer a Jorge Luis Borges o a Gabriel García Márquez sin requerir de traducciones. En este sentido, el periodista José De la Isla, autor del libro La ascensión del poder político hispano, considera que Richard Nixon fue el primer mandatario que vislumbró la importancia de los hispanos en el escenario público nacional. Tal vez ese "descubrimiento" se logró porque en el censo de 1970 incluyó por primera vez el término "hispano" cuando la gran mayoría provenía de México y Cuba.

 

Al percatarse del poder electoral de este segmento de la población, a Nixon se le facilitaron las cosas para que pudiera lograr la reelección. Desde entonces, todas las campañas presidenciales incluyen mensajes publicitarios para los votantes hispanos, muchos de los cuales -hay que admitirlo- lucen una pobre creatividad, desplegando tópicos trillados y consignas sin contenido ni profundidad. Como deuda pendiente queda que tanto los asesores políticos como los ciudadanos que se reconocen dentro de este grupo étnico, se esfuercen por incluir en las plataformas iniciativas cercanas al sentir de los hispanos y a los problemas reales que afrontan. ¿Acaso sea ésa una nueva próxima meta?

 

Por todos estos motivos, nos proponemos insistir con nuestra invitación para que todos los lectores puedan darse un placer personal e inusual: es hora de darse el gusto de romper los estereotipos que se han montado sobre los hispanos. Es hora de sentir la dicha de quebrar una iconografía que, lejos de evocar a una querida tradición, nos ha anclado al pintoresquismo y el exotismo. Es hora de tener la satisfacción de mirar y mirarse sin prejuicios. Es el momento oportuno para aportar los deseos de superación y las expectativas de progreso porque todo que lo que hagamos por la comunidad hispana quedará para las futuras generaciones.

 

Hoy sabemos que lo que siempre soñamos puede alcanzarse porque la realidad nos lo indica y las cifras económicas así lo demuestran. Sabemos que los estereotipos son falsos y que la razón está de nuestro lado. En uno de sus ensayos, el filósofo Michael Foucault explicaba que "el poder produce placer". Sólo hay que permitirse disfrutar de ese placer que es el poder sentirse protagonista de sus sueños y dueño de su destino.

 

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