por Rebecca Murray / Fotos: Flickr/EFE
Con el 85% de la población desempleada, son las mujeres que sobrevivieron a la tragedia de más de veinte años de guerra civil y abusos por parte del Estado, quienes increíblemente poseen la fortaleza y la iniciativa para organizarse, luchar y trabajar para rescatar a sus hijos de la condena a la crueldad del hambre a través del cultivo de una nueva variedad de arroz, el Nerica, acrónimo en inglés de Nuevo Arroz para África. Aunque no sin contratiempos.
Tres mujeres de vestidos brillantes caminan lentamente en torno a tres árboles caídos y carbonizados, cada una cargando conchas de mar llenas de semillas de arroz para plantarlas en el rico suelo liberiano. Ellas pertenecen a una cooperativa, la Secretaría para el Desarrollo de Mujeres y Niños (WOCDES), y se levantan temprano para recorrer cinco kilómetros de un camino sucio hasta su granja en Zwedru, en el condado de Gran Gedeh, una vasta región de selva tropical en la frontera con Costa de Marfil.
Encorvadas y cavando el suelo con pequeñas palas, pasan su día haciendo un duro trabajo manual; entre las dos plantan tres hectáreas de semillas bajo un sol tropical aplastante. Se detienen sólo para comer una porción de arroz con mandioca. Jeanet Gay es una de las granjeras. Madre de 35 años, escapó de la guerra civil en Monrovia, la capital de Liberia; su esposo fue asesinado por milicianos en el principal puente de salida de la ciudad. Su madre, padre y sobrinos fueron asesinados en su casa y ninguna de sus compañeras de trabajo tiene esposos vivos.
Arroz para el desarrollo
El arroz es el principal alimento básico para los 3,5 millones de habitantes de Liberia, y provee un cuarto de la dieta doméstica diaria. Pero, ante la falta de herramientas esenciales, fertilizantes y la infraestructura vital para acceder a los mercados, muchos agricultores de subsistencia ven el cultivo de arroz como un trabajo demasiado intenso. Sus esfuerzos pueden tener mejores resultados si se dedican a cultivos alternativos y compran arroz importado.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Liberia produce sólo 40 por ciento de lo que consume de arroz al año, y depende en gran medida de las importaciones para el resto. Pero Liberia no está sola; como muchos países del oeste de África, sus largos años de conflicto empujaron a gran parte de su población rural a centros urbanos. En enero de 2009, la organización no gubernamental que promueve el manejo y uso sustentable de la biodiversidad agrícola denominada GRAIN informó: "En parte por el rápido crecimiento de la población urbana, África subsahariana dejó de producir más arroz del que necesitaba (112 por ciento de su consumo interno) en 1961 para importar 39 por ciento de su consumo en 2006. Las importaciones anuales costaron casi 2.000 millones de dólares". Mientras, una crisis alimentaria mundial tuvo un severo impacto en el precio del arroz importado.
En la colorida calle principal de Zwedru, los proveedores de alimentos tienen sólo la variedad más popular, la china, que prácticamente duplicó su valor local para llegar a los 40 dólares la bolsa de 50 kilogramos desde 2006. En 1979, el plan del presidente William Tolbert para estimular el crecimiento del arroz local fue un tiro por la culata para la hambrienta población liberiana. En sus esfuerzos para promover la producción interna, impuso pesados aranceles a la importación del cereal. El precio se disparó, lo que motivó violentas manifestaciones, que muchos creen fueron una de las causas de la salida del poder de Tolbert el año siguiente, iniciando la larga guerra civil.
Ahora el Ministerio de Agricultura espera evitar una inestabilidad similar, promoviendo la producción interna de Nerica como principal componente del inmenso esfuerzo liberiano de reconstrucción tras la guerra, bajo la guía de la presidenta Ellen Johnson-Sirleaf. "Estamos importando semillas Nerica de la Agencia para el Desarrollo del Arroz de África Occidental, que son multiplicadas en el Instituto Central de Investigación Agrícola de Liberia", dijo Quan Dinh, asesor de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) en el Ministerio.
El arroz, cultivado en la tierra más alta, tomará seis meses en crecer, y 40 por ciento de la cosecha se perderá a causa de las aves, los roedores y otras alimañas. Mientras, la zona baja de la granja, donde está la ciénaga, naturalmente irrigada, queda reservada para la producción de una semilla de arroz llamada Nerica, acrónimo en inglés de Nuevo Arroz para África.
Esta semilla es un híbrido asiático-africano, promovido por el Ministerio de Agricultura debido a su corto periodo de crecimiento de tres meses. Según un estudio de la FAO, asegura un aumento de producción de 25 por ciento respecto de las variantes no híbridas. Las últimas dos iniciativas comerciales de Liberia, incluyendo una apoyada por Libia por 30 millones de dólares, y una granja de arroz de 17.000 hectáreas en el fértil condado de Lofa, están bien situadas para la Nerica. Se tienen además los medios financieros para reponer la semilla cada dos cosechas, con maquinaria eficiente, fertilizantes y sistemas e irrigación y transporte.
Trece kilogramos de semillas Nerica fueron recientemente donados a WOCDES por una rama local de la organización benéfica internacional para el desarrollo German Agro Action, y serán plantados en las próximas dos semanas. Nerica es promovida como un antídoto para la dolorosa "brecha del hambre" en este país de África occidental, periodo de escasez que coincide con la temporada de lluvias entre abril y julio. En este lapso, 75 por ciento de la población rural de Liberia que vive de la agricultura comienza a agotar sus reservas de comida antes de la siguiente cosecha.
"Éste es un sueño para mí", dijo la fundadora de WOCDES, Betty Doh, sobre las actividades de su organización en la tierra de 275 hectáreas de su familia. Aunque las leyes liberianas prohíben a las mujeres heredar tierras, los hermanos de Doh, que recibieron la propiedad cuando murió su padre, se la cedieron para que llevara adelante su iniciativa agrícola. "Vemos que hay una necesidad de comida. Especialmente para las mujeres. Tenemos que ayudarlas. Algunas de ellas intentan encontrar un lugar para ayudarse entre sí. Sus esposos se han ido o muerto en la guerra, y sus hijos han quedado desamparados. Las mujeres tienen muchos problemas".
Originaria de Zwedru, Doh hizo una carrera en el Ministerio de Relaciones Exteriores en Monrovia durante la larga guerra civil que devastó el país. "Vine brevemente en 2003 sólo para ver, y encontré muchas casas y tierras vacías", dijo con tristeza.
Sin embargo, para los granjeros que viven de su producción, como Jeanet Gay, la semilla Nerica podría no ofrecer una rápida solución a su anual brecha del hambre. De hecho, hasta podría amenazar su subsistencia. "Para lograr buenos resultados, los granjeros deben contar con un fácil acceso a fertilizantes, pesticidas y servicios de extensión, que la vasta mayoría no tienen", señaló GRAIN. "Quizás la más seria preocupación con Nerica es que es promovida en gran medida para expandir los agro-negocios en África, lo que amenaza con socavar la base real de la soberanía alimentaria africana: los pequeños granjeros y sus sistemas de semillas locales", subrayó.
En el condado de Gran Gedeh, WOCDES, la Asociación para el Desarrollo de las Mujeres del Sudeste (SEWODA) y el proyecto de Mujeres Rurales del Gran Gedeh son las pocas cooperativas formadas por mujeres con la intención de pasar de la pequeña agricultura de subsistencia a un negocio rentable. Pero tienen un largo camino para recorrer. En una nación empobrecida, donde el desempleo afecta 85% de la población, deben trabajar duro para obtener fondos.
Doh financió ella misma la compra de semillas, pero carece de maquinarias, fertilizantes y efectivos pesticidas para producir en forma eficiente. No está segura si podrá obtener otra tanda de semillas Nerica para sus tierras bajas, donde ya se agotaron. Para lo agricultores de subsistencia, el ciclo anual de cosechas y hambre amenaza con continuar, condenándolos a una vida de incesante trabajo para satisfacer sus necesidades básicas. "Cuando regresé, lloré todos los días por un tiempo, porque vi a Zwedru destruida, y estaba vacía para mí. Mi esposo, mi madre y hermanos… todos perdidos. Pero me adapté después de un tiempo, y no me he ido desde entonces" recuerda Gay. "Quiero hacer algo de dinero, y cuidar a mis niños. Después de este trabajo, simplemente intento olvidar e irme a la cama y sentirme bien al día siguiente", añadió.
Fuente: IPS
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