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Jueves 26 de Agosto de 2010

Oliver Stone

Entre la épica política y la crisis financiera

por Amy Goodman & Juan González (Democracy Now) / Fotos: Mario Anzuoni

Guionista y director premiado tres veces por la Academia. Veterano de la guerra de Vietnam, con varias condecoraciones en su haber. El controvertido Oliver Stone ha hecho casi dos docenas de películas en Hollywood, incluyendo Platton, Wall Street, Salvador, Born on the Fourth of July, JFK, Nixon y W. Unas semanas atrás estrenó un documental sobre los líderes latinoamericanos –South of the Border–, donde explora el cambio político en la región. Y a fin de este mes llegará a los cines su nuevo filme, Wall Street: Money Never Sleeps, la segunda parte de su icónica película de veintitrés años atrás.

El cineasta ganador de varios premios de la Academia de Hollywood, Oliver Stone (Nueva York, 1946), ha representado la vida de tres presidentes estadounidenses en las películas JFK, Nixon y W. Veterano de la guerra de Vietnam, fue condecorado con la Estrella de Bronce y un Corazón Violeta. Además, ha explorado los aspectos más polémicos de la guerra en Platoon y Born on the Fourth of July. Ha analizado la avaricia del sistema financiero en la exitosa Wall Street y en la continuación de ésta a estrenarse a fin de mes (Wall Street: Money Never Sleeps).

 

El aclamado director de películas como Salvador, Comandante, y Looking for Fidel, ha vuelto a poner su ojo en el fenómeno de Latinoamérica. En South of the Border (Al sur de la frontera), el documental que se estrenó a fines de junio en Estados Unidos, Stone viaja por Sudamérica y se reúne con ocho presidentes para hablar sobre la revolución que se extiende por todo el continente. ¿Es posible que las transformaciones de izquierda que están teniendo lugar en la región sean ignoradas o consideradas erróneamente como un simple sentimiento "antiestadounidense" por parte de los grandes medios? Como respuesta, este documental aspira a contar una historia diferente.

 

ALMA MAGAZINE: ¿Por qué eligió hacer esta película sobre los líderes latinoamericanos actuales?

OLIVER STONE: En verdad ella me eligió a mí. Generalmente hago largometrajes. Pero también he realizado documentales. En comparación, un largometraje lleva un año producirlo, cuesta mucho dinero, hay muchos actores, vestuario, guión, hay mucha elaboración. Esta es una manera más sencilla de hacer las cosas, conserva la humildad y te mantiene en acción. He viajado en varias oportunidades a Sudamérica en los últimos veinte años. Hice Salvador allí en 1985 sobre la situación en Centroamérica. Me sorprendió lo que observé. Yo había vuelto de Vietnam hacía quince años. Y me encontré con soldados norteamericanos en Honduras luchando contra el gobierno nicaragüense. Los vi en el Salvador, en Costa Rica. Quedé shockeado. Años atrás estuve en Chiapas junto al subcomandante Marcos. Cabalgué con él en la jungla. De ahí me fui a Cuba donde tenía problemas porque mis películas fueron censuradas y no fueron mostradas. Una de ellas Comandante fue sacada del aire. Se mostró sólo en Europa. Pero redoblé la apuesta con Looking for Fidel que salió al aire en todo el mundo excepto aquí.

 

Eso fue desgarrador para mí, personalmente y como cineasta porque puse mucho esfuerzo en esa película de 90 minutos.

 

AM: ¿Qué cambios en su visión de Latinoamérica trajo aparejados la realización de South of the Border?

O.S.: He cambiado la idea de ciertas figuras políticas. Por ejemplo, el presidente venezolano Hugo Chávez, una figura endemoniada y polarizante. Pero cuando lo conocí, no era en absoluto lo que yo pensaba, la imagen que nosotros le dimos. Cuando comencé a hablar con él, me sugirió que hablara con otras figuras de la región y me dijo: "No me creas necesariamente." Así es que terminamos hablando con otros presidentes en seis países. Y encontramos una unidad asombrosa en la cual todos estaban de acuerdo en el cambio que estos hombres están trayendo a Latinoamérica, excepto por Perú y Colombia que son los únicos aliados de Estados Unidos en la región. Entonces lo que me movió con gran fuerza fue ver la gran unidad de reforma de estos países de Sudamérica. En el pasado siempre las reformas se daban por el lado de Brasil, Argentina o Chile pero en forma independiente. Sin embargo, ésta es la primera vez desde la época de Bolívar que se ve una unión compartida por una idea en común.

 

AM: En el documental también presenta el lado humano de estos líderes. Para la audiencia norteamericana la imagen de Hugo Chávez es la de un agitador pero en el filme está andando y rompiendo la bicicleta en el patio de su antigua casa. Es más, después de romper la bicicleta él pregunta: "¿De quién es esta bicicleta?". Y contesta: "Me parece que voy a tener que pagar por ella".

O.S.: El no es rico. Su padre no es rico y también fue militar. Chávez viene de una familia humilde. Y es lo que es. Trabaja para el pueblo. Nunca vi a un hombre trabajar tanto. Realmente le importa su gente. Lo mismo ocurre con todos los líderes del continente. Todos y cada uno de los que me encontré fue debidamente y democráticamente elegido, cosa que los estadounidenses no saben. Y sirven a la gente, a diferencia de muchos oligarcas y dictadores que gobernaban previamente y a los que nosotros apoyábamos. Pero estamos en contra de estas personas. Eso es lo que me asombra. ¿Por qué Estados Unidos necesita y se hace enemigo de estas personas que son reformistas en sus países? Ya sea Allende o la gente de Argentina o Brasil, o Torrijos en Panamá. La lista es bien larga. ¿Por qué Nicaragua?

 

AM: Usted se concentra en el IMF (Fondo Monetario Internacional) y en el rol de esta organización, cuando muchos estadounidenses conocen muy poco acerca de las operaciones del IMF alrededor del mundo.

O.S.: Mark Weisbrot es el cofundador del Centro de Política e Investigación Económica y aportó un elemento importante en todo esto. A los norteamericanos obviamente no les interesa mucho el tema de la economía, el cual es difícil de seguir. Pero Weisbrot nos muestra que en 1990 había aproximadamente 20 billones de dólares en préstamos hechos por el IMF a Latinoamérica. Ahora hay solamente alrededor de 1 billón de dólares, cosa que es interesante. El Producto Interno Bruto aumentó un 90%. La pobreza se redujo a la mitad. Así que estos cambios en todos estos países han sido positivos desde que el IMF está fuera. Ellos no quieren nuestro dinero. No quieren los préstamos. Esto es muy importante.

 

AM: ¿Cómo retrata la prensa estadounidense a Hugo Chávez?

O.S.: Sólo debes ir a YouTube y lo verás. Lo incluimos en la película y es histérico y escandaloso. Es horrible lo que hacen medios de comunicación como el Washington Post, el New York Times. El periodista que escribe para el New York Times, Simon Romero, nunca tiene nada positivo para decir, parece un francotirador listo para ejecutar. Da la impresión de que su meta es escribir una historia negativa, sin conocer lo que pasa del otro lado. Se concentra en pequeñeces y las hace crecer del tamaño de enormes locuras. Aparenta como que estamos nuevamente en la época de Allende en Chile donde la economía está cayendo, pero en realidad es todo lo contrario. Venezuela es un país muy rico. Es una potencia regional. Supuestamente tiene 5 mil barriles de crudo en reserva. Es un jugador importante en lo que nos queda de vida en esta tierra, mientras sigamos dependiendo del petróleo.

 

AM: ¿Por qué esta gente es tan odiada por los principales medios de comunicación de Estados Unidos?

O.S.: La respuesta es simple: ellos presentan una alternativa. Lo que están haciendo es usar su riqueza, especialmente la riqueza petrolera de Venezuela, para rescatar a los pobres. Aquí los ricos son rescatados por los contribuyentes. En Sudamérica, los pobres son rescatados por la riqueza, a la cual consideran propiedad común del pueblo. Y ellos fueron los primeros países en atacar la economía neoliberal, que se derrumbó en Wall Street en 2008. Todo el sistema de Wall Street colapsó. Esta gente lo viene haciendo desde hace diez o quince años. Así que ninguno de ellos se sorprendió con la caída de Wall Street. Deberíamos verlos como pioneros.

 

AM: ¿En qué se relaciona esto con la avidez que tiene Estados Unidos por estar en guerra?

O.S.: Esto va al corazón del problema. Ustedes lo saben, y nosotros lo sabemos. Estamos cansados de decirlo. ¿Por qué Estados Unidos va a la guerra? Yo fui a Vietnam e hice tres películas al respecto. Y después fuimos a Panamá, dos veces a Irak y ahora a Afganistán. No lo entiendo. ¿Cuál es la razón para que exista toda esta marcha corporativa con vistas a la guerra? ¿Por qué la prensa apoya la guerra? Lo vimos muy vivamente en Irak. Fue muy deprimente ser un veterano de Vietnam en ese momento. Y ahora volvemos a advertirlo con el apoyo que se le da a la guerra con Afganistán. No nos parecemos ni a los vietnamitas ni a los afganos, y si nuestros soldados van a la guerra se tienen que quedar y coexistir con ellos y volverse ciudadanos de Afganistán. No hay otra manera de que puedan subsistir. Y mientras sepan que se alarga nuestra partida, no existe posibilidad de victoria alguna o salida estratégica.

 

AM: ¿Cree que Estados Unidos no aprende de sus errores?

O.S.: No lo entiendo. Destruimos Vietnam completamente. Hicimos lo mismo en Irak. A mí no me gustaría vivir en Irak. Ellos lo llaman democracia. Eso no es democracia, es la misma cosa otra vez. No miro mucha televisión, pero lo que veo es gente que habla del gasto discrecional, del Tea Party, de educación, de cortar recursos de acá y de allá. No lo comprendo. Nuestro mayor gasto discrecional viene del Pentágono que dilapida como un trillón de dólares por año para ir a la guerra. Si estamos tan mal, ¿por qué vamos a la guerra? ¿Por qué no cuidamos de nosotros mismos? ¿Por qué Obama está de acuerdo con esto? ¿Y por qué Hilary Clinton viaja a Latinoamérica, cuando yo estoy ahí, tratando de separar a estos países? Seguimos haciendo lo mismo, tratando de separar un país del otro. Ella fue a Bolivia, a Ecuador, a Argentina a separarlos. Trata de distanciar a Brasil de Venezuela. No funciona. Ellos están juntos en esta causa. Lo repito: ésta es la primera vez que veo tantos países en Latinoamérica unidos por una misma causa con excepción de Perú y Colombia.

 

AM: El otro flamante estreno de su autoría se llama Wall Street 2: Money Never Sleeps. ¿Qué lo ha llevado a realizar la continuación de Wall Street?

O.S.: La película es una visita a otro planeta. Es veintitrés años más tarde, con Wall Street que ha empeorado. Eso lo sabemos. Quiero decir que millones de dólares se han convertido en billones de dólares. La moneda está completamente inflada y los valores son los mismos. La gran diferencia es que ahora lo están haciendo los bancos. No son los fondos de cobertura, son los bancos. Y se sobrecargaron, todos nos sobrecargamos, pero los bancos lideraron la ofensiva y el gobierno se los permitió. Ya sabemos la historia. No quiero ir allí. La película es sólo una película, fundamentalmente un triángulo entre Gordon Gekko (Michael Douglas), su hija, Carey Mulligan, y su prometido, Shia LaBeouf. Y Josh Brolin y Frank Langella que hacen de mentores de Shia LaBeouf. Es una película cómica que llega para mí a la pregunta esencial: ¿de qué se trata la vida? ¿Va a ser acerca del dinero, del amor, de los valores familiares, de las cosas que son verdaderamente importantes, o solamente se relaciona con el dinero?

 

AM: ¿Existe alguna vinculación entre esta película y el documental que ha hecho sobre los líderes latinoamericanos?

O.S.: Sí, es como Sudamérica. Es la misma cosa. Los grandes de Wall Street son parte del IMF. Siguen controlándolo todo, dando préstamos a la gente, haciéndola totalmente dependiente como a los drogadictos, manteniéndola en un estado de estupidez y contentándola con el único hecho de hacer dinero. Nada ha cambiado desde la época de mi padre, y él comenzó en la década de 1930.

 

AM: ¿Y su padre qué hacía?

O.S.: Era corredor de bolsa.

 

AM: Wall Street fue una advertencia para la gente del sistema financiero. Sin embargo, usted atrajo a la gente de Wall Street.

O.S.: Era un melodrama basado en temas financieros, algo que no había sido hecho en este país. Hoy se ven por todos lados en la televisión. Me alegro, pero eso no aborda las cuestiones fundamentales. Todo es superficial: se trata de quién hace dinero y de quién no lo hace; de quién es la gran estrella y quién no lo es. Los CEO's están en las portadas de las revistas. Es repulsivo. En los viejos tiempos, si alguien tenía mucho dinero como John Rockefeller se ocultaba y trataba de mantener un bajo perfil. Pero hoy es una locura. Hay una escena en la película con un listado de miles de billonarios. ¿Puedes imaginarlo? Cuando nosotros crecíamos, había a lo sumo cuatro o cinco billonarios en el mundo. Es una pena. Pero todo está entrelazado. Es orgánico. Latinoamérica también viene de Wall Street. Se puede decir que Wall Street maneja el mundo. Wall Street, los lobbies farmacéuticos y los lobbies petroleros dirigen nuestro gobierno. A causa del derrame petrolero, deberíamos considerar nacionalizar nuestro propio gobierno y devolver las ganancias a la gente. Latinoamérica nos ha demostrado que se preocupan más por la gente que por las ganancias. Y han hecho el bien a la gente. Nosotros no.

 

AM: ¿Cuál es el mensaje principal en términos de su visión artística que une a todas las películas que ha hecho durante estas últimas cuatro décadas?

O.S.: Creo que las películas tienen que ser divertidas. Tomar la historia de JFK y hacerla emocionante es lo que mantiene a las personas interesadas. Por eso la mira una nueva generación. Con Wall Street es lo mismo. Esto los hace interesarse en lo que está pasando en el mundo. Eso es todo lo que puedo hacer. Realizar documentales es otra forma de realizar cine.

 

AM: La pregunta del millón sobre JFK, ¿quién lo asesinó?

O.S.: JFK fue un presidente bastante corrupto, pero que cambió en 1963. Y por cierto, James Douglas tiene un nuevo libro sobre el tema. Gordon Goldstein escribió un hermoso libro sobre McGeorge Bundy. Goldstein me dijo que estoy equivocado. Kennedy quiso salir de Vietnam. El confirmó lo que dijo McNamara. En 1963, Kennedy intentó irse de Vietnam. Quiso hacer un trato con Cuba, con Castro. Lo más importante es que había un acercamiento con Khrushchev. Todo esto terminó cuando lo balearon. Y Johnson, a pesar de lo que digan, cambió el rumbo completamente en 180 grados.

 

AM: ¿Y quién cree que mató a JFK?

O.S.: El motivo está en esa respuesta.

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