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Mujeres boxeadoras en los slums de Kampala, Uganda

Luchando por una vida mejor

Lunes 16 de Julio de 2012

Olivia Wilde

Soy mucho más que una cara bonita

/ Fotos: Steven Williams / Jennifer Baker

La hermosa actriz y modelo estadounidense regresó en el último capítulo para despedirse, junto con la serie, de la pantalla chica. Sin embargo, no ha descuidado su incursión en el mundo de Hollywood. A la recientemente estrenada People Like Us, se le suman dos próximos lanzamientos: The Longest Week y Black Dog, Red Dog

Un nombre así no pasa desapercibido. Sus iniciales remiten al nombre de grandes celebridades como Oscar Wilde, y cuando aparece su rostro y luego su cuerpo entero, su presencia es como un imán del que los ojos no pueden desprenderse. Es que la mujer que ocupa los primeros lugares en las listas de mujeres más sexys del mundo, no sólo sorprende con sus virtudes físicas, sino que también se destaca por su inteligencia y visible talento.

 

Olivia Wilde (Nueva York, 1984) es el nombre artístico de Olivia Jane Cockburn, una jovencísima actriz que se hizo especialmente conocida por su papel en la popular serie de televisión House (2004-2012), donde interpretaba a la Dra. Remy Hadley o “Thirteen”. Pero, casi del mismo modo, supo llamar la atención en la segunda temporada de la serie The O. C. (2004-2005) con un personaje con el que desplegó todas sus virtudes en componer escenas lésbicas.

 

A sus 28 años, Olivia ya puede alardear de tener una exitosa carrera en cine y televisión. Con su interpretación de Quorra en Tron: Legacy (2010), una superheroína futurista, sus participaciones en películas como Alpha Dog (2006), en la cual trabajó junto a Bruce Willis y Justin Timberlake; o la historia adolescente Bickford Shmeckler’s Cool Ideas (2006) no dejan ninguna duda de que se ubica entre las mujeres más bellas, capaces y atractivas de Hollywood. Ha deslumbrado tanto a hombres como a mujeres. Sin ir más lejos, Megan Fox hizo pública su bisexualidad al admitir que le encantaría tener un encuentro íntimo con su colega.

 

Recientemente divorciada del cineasta, músico y fotógrafo Tao Ruspoli, un príncipe italiano con quien se casó a escondidas cuando era una adolescente de 18 años, fue vinculada rápidamente con varias celebridades, desde Ryan Reynolds, pasando por Bradley Cooper hasta Justin Timberlake. Sin embargo, todo indica que en la actualidad quien le roba el corazón a la dueña de unos fascinantes ojos verdes es el cómico Jason Sudeikis.

 

Pronto la veremos en la comedia The Longest Week, de Peter Glanz, donde encarnará a Sabine, cuya vida está a punto de cambiar definitivamente por una serie de decisiones; todas ellas vitales para su futuro. Además, tendremos que estar atentos a su presencia en Black Dog, Red Dog, que protagonizará junto con James Franco. Como si fuera poco, algunos rumores sugieren que podría ser la próxima Lara Croft, reemplazando a Angelina Jolie.


ALMA MAGAZINE: Durante los últimos tres años todo el mundo ha hablado de usted y en todas partes coinciden en que es una de las mujeres más sexys del mundo. ¿Qué comentarios le genera esta situación?

OLIVIA WILDE: La verdad es que es un gran halago, pero debo reconocer que no es lo que más me interese. Es cierto que fui modelo y que me preocupo bastante por mi imagen, aunque no considero que todo lo bueno que me sucede, tanto los éxitos laborales como personales, se deban a que soy una mujer sexy. Creer que todo pasa por esa causa sería muy irracional y confesaría de mi parte una autoestima muy baja. Tengo la certeza de que soy mucho más que una cara bonita.


AM: Sí, pero no todas las caras bonitas son sexys. ¿Qué cree usted que la pone en ese lugar?

O.W.: Yo lo observaría desde otro punto de vista. Lo que haría a la respuesta muy sencilla. Porque se puede no ser especialmente bonita, incluso se pueden tener defectos muy visibles y, sin embargo, ser muy sensual y atractiva.


AM: ¿Cómo es eso?

O.W.: Lo único que se necesita es confianza. Hay que confiar en una misma y estar contenta con tu cuerpo, sea como sea, con fallas grandes y pequeñas ya que nadie está a salvo de eso. (Risas) Si bien tengo muchos errores, estoy muy contenta conmigo misma y creo que es eso lo que se evidencia y me hace tan atractiva. Hay mujeres que tienen narices grandes, o no tienen pechos voluminosos ni ojos azules, o son bastante rellenitas y, no obstante, despliegan una sensualidad arrolladora. Creo que hay que desarrollarse como individuo tomando lo que te hace único. No hay que dejar que la gente te lleve hacia donde va la mayoría, para que seas lo más parecido al prototipo de persona linda que se impone según la moda de la época. Por el contrario, hay que enfocarse en las diferencias, esas son las cosas que nos hacen especiales y para eso hay que poseer coraje y no dejarse vencer por la inseguridad.


AM: ¿Ese es el secreto del éxito?

O.W.: Supongo que sí. A mí siempre me ayudó pensar que el único objetivo que no hay que perder es el hecho de que uno debe mostrar que es un ser irremplazable, no importa qué profesión u ocupación tengas. Si tratas de ser como todos los demás, te van a reemplazar muy fácilmente. Ante esto, hay que abrazarse a la individualidad, a eso que nadie más puede llevar a cabo. Creo que esa es la clave de todo éxito.

 

AM: ¿Tiene algún defecto? ¿Lo puede confesar?

O.W.: El chocolate. (Risas)

 

AM: Tanto su vida profesional como la amorosa dieron inicio muy tempranamente. ¿Por qué tan joven?

O.W.: Mis padres me han dicho que la actuación me gustaba desde que era un bebé. A los dos años ya daba muestras actorales, era como una niña prodigio de la actuación. Todo el mundo festejaba mis puestas en escena. Sin embargo, mi madre no quiso fomentar esa faceta a tan temprana edad porque le parecía un abuso. Ella sostenía que era algo natural de cualquier niña sana, y que si mi destino era ser actriz había tiempo para definirlo. Así que tuve que esperar a llegar a la escuela secundaria para dar mis primeros pasos.

 

AM: Entonces su madre tenía razón.

O.W.: Mucho más que eso. Ella tenía una absoluta certeza y creo que fue quien me inspiró toda la confianza y la paciencia que poseo. A veces hay que saber esperar.


AM: ¿Qué dice sobre su matrimonio? Ahí no hubo mucha espera.

O.W.: Es verdad, sólo tenía 18 años. Pero esto se basó en un compromiso espontáneo y romántico cimentado en un amor muy puro. Tenía la completa seguridad de que ése era el momento para hacerlo y no me arrepiento. De hecho, no realizamos una ceremonia muy tradicional. Nos casamos en un autobús escolar. Tao tenía entonces su oficina de producción instalada en un autobús al que le quitaron los asientos y lo habían habilitado para su trabajo. Además, era el único sitio en el que podíamos estar solos sin ser molestados. Era nuestro refugio para ese amor idealizado de la juventud. Eramos jóvenes, bellos, buenos y llenos de ideas para compartir con el mundo. Estábamos felices y queríamos ponerle un sello a esa maravillosa vivencia. Por otro lado, yo era sexualmente madura desde muy pequeña. Estaba cómoda con eso y hablaba de eso, y la gente cuando escucha a una jovencita hablar de sexo sin problemas, bueno, a veces te rotulan. Quizá detrás de todas esas decisiones precoces se escondía la sensación de que mi vida terminaría pronto. Pensaba que me iba a morir joven. (Risas)

 

AM: ¿Y la ruptura? 

O.W.: Crecimos. Nos hicimos adultos. Realmente empecé a tener la sensación de que el matrimonio impedía que creciese como persona. Esta forma de vida ya no se adecuaba a las necesidades de esta etapa de mi vida. Así que tuve que abandonar en el camino a esa jovencita feliz para comenzar a ser honesta conmigo misma. Pues de pronto me miré al espejo y me di cuenta de que aunque lo que veía reflejado en él era a la persona más afortunada del planeta, ninguno de los dos conseguíamos ser felices de manera sincera. En mi caso, tenía una vida en la que todo cerraba: fama, dinero, éxito y belleza; asimismo, la compartía con una persona extraordinaria. No obstante, aunque supuestamente lo teníamos todo, ninguno de los dos lograba estar satisfecho del todo. Era como una montaña rusa de altibajos, por una parte sentía un instinto de conservación, aguantar lo que fuera con tal de hacer sobrevivir el matrimonio, pero me sentía desequilibrada; perdí un montón de kilos y casi nunca podía dormir. Entre tanta perfección, algo estaba fallando. Y decidimos ir en busca de la verdad. Cuando terminas una relación con alguien sientes que eres la única persona a la que le pasó algo así. Sin embargo, fui afortunada de que fuera una despedida tan pacífica. Nunca es fácil, pero no había niños de por medio y ahora podemos ver todo esto como un buen capítulo de nuestras vidas.

 

AM: Usted ha hecho varias películas pero también tiene una larga trayectoria en la televisión. ¿Dónde se siente más cómoda?

O.W.: Son medios muy distintos. Me gusta el ir y venir, desempeñar ambas cosas. Cuando estás en una buena serie de televisión es una gran experiencia porque tienes mucho material para desarrollar en mucho tiempo. Es como un largo proceso de descubrimiento que es muy divertido. Participé en House durante cuatro años y realmente conocí a mi personaje muy íntimamente. En cambio, el cine es diferente porque tienes un período muy definido o acotado de trabajo. La gente se esfuerza muy duro por algunos meses y realmente juntan su energía para producir algo extraordinario. Dentro de ese contexto, tienes un tiempo muy limitado para desarrollar a tu personaje. Si hablamos de estructura, la televisión es el medio de los escritores, el cine el de los productores y directores, y el teatro es el medio del actor.

 

AM: ¿El teatro es una materia pendiente?

O.W.: Es algo que de verdad quiero hacer en los próximos años. Todavía me espera mucho trabajo en cine y televisión, pero ya estoy haciendo lo necesario para darle su tiempo y espacio.


AM: ¿Cómo elige sus papeles?

O.W.: En realidad, no tengo una dirección definida. No soy nada pretenciosa, por el contrario, me gustan los desafíos, los cambios. La única guía que me autoimpongo es que no quisiera estar plasmando siempre la misma clase de papeles, y eso para una mujer joven no es algo tan sencillo de lograr porque en general, y sobre todo si eres bonita, te buscan para roles donde lo más importante es tu cuerpo.

 

AM: Los rumores sobre romances entre usted y sus compañeros de set han atestado las noticias del mundo del espectáculo. Hasta Jeff Bridges no salió ileso de las sospechas. ¿Qué puede contarnos?

O.W.: ¡Oh! ¡Eso sí que ha sido un escándalo! (Risas) La verdad es que no le dediqué demasiada atención. Fue pura palabrería malintencionada de alguna gente que hace negocios con los rumores banales.

 

AM: Pero hay muchas fotos donde se los pudo ver pasando largas estadías y yendo de un lugar a otro sin separarse.

O.W.: Con Jeff nos hicimos muy buenos amigos porque trabajamos juntos en Tron: Legacy todos los días durante cuatro meses. Y gracias a esa intensidad de trabajo, Jeff me enseñó mucho de actuación y me ofreció lo mejor de él como ser humano. Es muy inteligente, es una gran persona y puedes aprender muchas cosas de él.

 

AM: ¿Qué le transmitió especialmente?

O.W.: Un consejo que me dio fue el de nunca interpretar dos veces el mismo papel, siempre intentar cosas nuevas. Lo puedes ver en la diversidad que hace a su carrera, eso es lo que él ha logrado; por eso puedes creerle en los personajes que encarna. Eso es lo mismo por lo que yo lucho. En el último año realicé cinco personajes totalmente diferentes, eso me mantiene muy compenetrada con mi carrera y espero poder seguir materializándolo. Sólo en eso somos almas gemelas. (Risas)

 

AM: ¿Qué puede decir de People Like Us que se acaba de estrenar?

O.W.: Me gustó mucho trabajar en esta película. Es una hermosa historia sobre gente común, sobre alegrías y sufrimientos cotidianos, pero sobre todo donde reina el humor; eso que produce magia aún en las situaciones más adversas. Para mí, es fundamental divertirse. Quizá sea eso lo más importante a la hora de aceptar un papel. Si veo que no va a ser divertido, no lo acepto.

 

 

 

 

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