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Lunes 5 de Julio de 2010

Rana Husseini

"Los crímenes de honor ocurren en todas las religiones"

por Chryso D'Angelo / Fotos: Alfred Morrisson

La reportera de investigación y activista jordana ha trabajado 15 años denunciando asesinatos de mujeres que se cometen en nombre de la honra familiar. Rana Husseini publicó en estos días Murder in the Name of Honor, un libro que posee el estilo enérgico y comprometido que la distingue. La estadística señala que en el mundo, anualmente, 5 mil mujeres son asesinadas por padres, hermanos o maridos en defensa de la honra familiar. El mensaje de Husseini es claro: “El real honor es acerca de la tolerancia, la igualdad y la responsabilidad civil”.

Sucedió casi una década y media atrás. El 31 de mayo de 1994, Kifaya Hussein, una niña jordana de 16 años, fue asesinada por su hermano en Amán, la capital de Jordania. Luego de sentarse en una silla, beber agua y practicar un rezo islámico, fue degollada. Inmediatamente, el homicida salió a la calle, ondeó un cuchillo manchado con sangre y gritó: "He matado a mi hermana y he limpiado mi honor". La muerte de esta adolescente marcó para siempre a Rana Husseini (1969), periodista jordana y defensora de los derechos humanos, quien, por entonces, iniciaba su carrera en el periódico The Jordan Times. Había estudiado periodismo y arte en la Universidad de Oklahoma y esperaba escribir sobre literatura y música, aunque esta terrible realidad la impresionó de tal forma que reorientó su profesión. Durante 15 años realizó constantes reportajes de denuncia en el periódico y, recientemente, recordó la vida de Kifaya en las primeras páginas de Murder in the Name of Honor ("Asesinato en nombre del honor").

 

Trece mujeres son asesinadas diariamente por "honor" a manos de sus propios familiares, según Husseini. "Documento los casos de mujeres, sus historias, el hecho de que vivieron sobre esta tierra y alguien las privó del derecho a seguir viviendo", dice ella. Un "asesinato de honor" ocurre cuando una familia siente que una mujer que la integra ha manchado la reputación de todo el grupo, así lo entiende Husseini, quien en 2008 ayudó a crear el Comité Nacional Jordano para Eliminar los Crímenes de Honor.

 

"La persona elegida por la familia para llevar a cabo el asesinato (habitualmente del sexo masculino: hermano, padre, primo, tío por parte paterna o esposo) termina brutalmente con la vida de su familiar del sexo femenino para limpiar a la familia de la 'vergüenza' que ella le causó", escribe Husseini en su libro. Esta reportera escuchó historias de mujeres de todo el mundo que fueron asesinadas por comer goma de mascar, reírse de un chiste en la calle o usar maquillaje.

 

Según Husseini, informes presentados ante el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas indican que este tipo de muertes tienen lugar en Bangladesh, Brasil, Ecuador, Egipto, Estados Unidos, Gran Bretaña, India, Israel, Jordania, Marruecos, Pakistán, Palestina, Suecia, Turquía, Uganda y Yemen, entre otros. Cada año en Jordania -afirma Husseini-, unas 20 mujeres son víctimas de los llamados "crímenes de honor"; en Turquía se registraron 231 casos en 2007, conforme a lo investigado por el Fondo de Población para las Naciones Unidas. En Pakistán, las cifras también se dispararon (unas 2 mil asesinadas entre 2004 y 2007) al punto de que la prestigiosa revista médica The Lancet pidió, el año pasado, que este asunto fuera visto como un "grave problema global de salud pública". Es más, se calcula que en el mundo, anualmente, 5 mil mujeres son asesinadas por padres, hermanos o maridos en defensa de la honra familiar.

 

La periodista recibió en 2000 una distinción de la ONG internacional Human Rights Watch y, en 2007, otra de manos del Rey Abdullah II de Jordania, por su arrojo en favor de las mujeres y los derechos humanos. Su actividad ha sido reconocida por otros, como el escritor y dramaturgo chileno Ariel Dorfman en su obra Voces contra el poder -que debutó en la Kennedy Center de Washington DC en 2000 y, más tarde, en Londres y Madrid- donde rescata el trabajo de Husseini porque, como escribió en el periódico El País, considera que ella "ha desafiado a los dioses del silencio".

 

ALMA MAGAZINE: ¿Se ha producido algún avance en el intento por frenar los asesinatos de honor?

RANA HUSSEINI: Jordania es un muy buen ejemplo de avances. Desde que empecé hasta hoy hubo unos cambios tremendos. Por ejemplo, en 2009 se creó el primer tribunal especial de la historia en juzgar a hombres que matan por el honor de su familia. Por primera vez el tribunal se negó al pedido de la familia de retirar los cargos. El hombre fue condenado a 15 años. Este es un cambio importante. La sociedad civil ha sido activa y el gobierno habla de cambiar algunas leyes.

 

AM: ¿De qué manera intervino el gobierno jordano?

R.H.: En Jordania el trabajo se ha hecho a todos los niveles, empezando por la familia real y en el ámbito de la sociedad civil. La reina Rania se ha manifestado al respecto. Incluso el rey Hussein (bin Talal, 1935-1999) abordó activamente el problema de la violencia doméstica y de mujeres y niños. Es importante que un líder de un país hable sobre este tema, y eso es algo que no se ve en muchas naciones.

 

AM: ¿Ve usted algún cambio en las actitudes de los hombres?

R.H.: En el pasado, cuando yo daba conferencias, los hombres levantaban la mano y decían: "Yo mataría a mi hermana, ¿y qué? Ella hizo algo malo". Pero ahora los hombres están más abiertos a conversar sobre el tema. En Jordania hay una organización que desde hace cinco años realiza una gira con una obra de teatro. Algunos personajes son hombres. En la obra ocurren asesinatos de honor, y ellos paran y le preguntan al público qué opina. Es importante que los hombres participen.

 

AM: Los crímenes de honor no son perpetrados solamente por hombres. Por ejemplo, usted escribió sobre uno que tuvo lugar en 1989 en St. Louis y en el que participaron un padre y una madre. Mientras ella sujetaba a su hija, él la mató a puñaladas. ¿Qué rol juegan las mujeres en los asesinatos de honor?

R.H.: Habitualmente las mujeres se dividen en dos grupos. Primero están aquellas que no tienen voz en la materia. Si hablan las pueden asesinar. Así es como terminan siendo cómplices. Otras realmente creen que la mujer debe ser castigada y que eso será una lección para los demás integrantes de la familia.

 

AM: ¿Alguna vez se encontró con una situación en la que una mujer interviniera para ayudar a otra?

R.H.: No, nunca he visto que nadie intervenga.

 

AM: ¿Hay alguna ramificación social para un hombre o mujer que comete un asesinato de honor?

R.H.: Existe hipocresía entre las personas que empujan a otras a matar. Yo entrevisté a varios asesinos que dijeron que les prometieron cosas como dinero si cometían el asesinato, y luego sus familias les dieron la espalda.

 

AM: En una entrevista con la cadena PBS usted señaló que los asesinatos de honor no son un asunto religioso sino cultural.

R.H.: Muchas personas piensan que estos asesinatos se relacionan con el Islam, pero ocurren en todas las religiones. Yo he realizado artículos sobre mujeres asesinadas por miembros de sus familias en Jordania que eran cristianas. En Italia hay hombres que matan a sus familiares en nombre del honor. Eso también ocurre en la fe hindú.

 

AM: Desde su experiencia, ¿cómo es posible que hoy se sigan cometiendo crímenes de esta naturaleza?

R.H.: Lo que pasa es que aún hay gente que piensa de manera diferente. Los hombres de la familia se sirven de tradiciones y creencias culturales erróneas y desean controlar a las mujeres. Además, viven atemorizados por aquello que los demás puedan pensar de ellos. Si no las matan, temen ser rechazados por sus comunidades o parientes. Todo esto tiene que ver con los miedos, el control y las creencias culturales injustas.

 

AM: ¿Cuál es el sentimiento más común de los hombres que cometen este tipo de crímenes? Muchos son tratados como héroes.

R.H.: En muchos casos son las familias las que empujan al individuo a cometer el crimen y convierten a ese ser humano en asesino. Creo que algunos de estos hombres son víctimas, porque al final nadie quiere matar a una pariente con la que creció gran parte de su vida. Pero son presionados por sus propias creencias y tradiciones injustas. Y sí, en muchas ocasiones son tratados como héroes, aunque después de cometer estos asesinatos algunos sufren depresiones.

 

AM: ¿Por qué escribió Murder in the Name of Honor?

R.H.: Quiero que sea una referencia creíble y un libro de consulta para todo aquel que quiera información sobre este tema. También quiero plantear soluciones para personas que quieran saber qué pueden hacer para ayudar. Empecé el libro con la historia de Kifaya: una niña que fue abusada sexualmente por uno de sus hermanos, quedó embarazada y sufrió un aborto clandestino. El hermano trató de matarla, pero logró sobrevivir. Después, fue obligada a casarse con un hombre 40 años mayor y que, a los seis meses, se divorció de ella. El segundo de sus hermanos la degolló después de que la familia la culpara de la violación que padeció. Esta historia me impactó y, al otro día, una mujer influyente llamó al periódico y comenzó a gritar para que mi editor censurara el reportaje de Kifaya, porque, según ella, este tipo de asesinatos no ocurría en Jordania.

 

AM: Sin embargo, su jefe no la apartó de la investigación. Los hostigamientos verbales y las amenazas de muerte que ha sufrido después, tampoco lograron persuadirla de no seguir con su labor.

R.H.: Este hecho provocó que decidiera documentarme en todos los casos relacionados con los llamados "crímenes de honor", especialmente, porque por esos años tales asuntos eran tabú. Nadie quería hablar de ellos. Además, descubrí que los criminales eran liberados con sentencias indolentes: de tres meses a un año de cárcel. Así que comencé a escribir con la esperanza de que la gente, el gobierno y los intelectuales reaccionaran.

 

AM: Usted también ha relatado que estos crímenes no se dan sólo en Jordania.

R.H.: Correcto. Estos crímenes ocurren en todas partes, no sólo en Jordania, y por lo general, en áreas pobres y superpobladas, y en familias de clase media y baja donde el boca en boca se propaga muy rápido. Los clanes no encuentran otras salidas para enfrentar la vergüenza más que matar a sus parientes mujeres. Ahora bien, muchos países como Pakistán, Turquía, Siria y Palestina trabajan fuerte contra estos asesinatos. Como he dicho: éste es un fenómeno global.

 

AM: Llama la atención que estos asesinatos por honor ocurran también en Europa. ¿Qué tanto tiene que ver el fenómeno de la inmigración?

R.H.: Sucede entre los habitantes de los pequeños pueblos... Yo cité en el libro informes de Human Rights Watch y Amnistía Internacional que hablan de la proliferación de estos hechos en pequeñas comunidades. Esto sucede entre los inmigrantes. ¿Por qué? Esa es una pregunta que queda abierta, pero básicamente muchos de ellos desean imponer sus costumbres y hábitos a sus hijas, quienes comienzan a exponerse a un estilo de vida más libre y quieren vivir como lo hacen los demás. Ahí comienza el problema porque, como resultado de esto, algunos padres deciden matar a sus parientes mujeres.

 

AM: Informes de la ONU advierten que estos asesinatos también sucederían en Latinoamérica.

R.H.: Existen casos, pero son mayoritariamente hombres contra sus parejas y creo que esto es un retroceso a la sociedad patriarcal donde los hombres todavía quieren controlar a las mujeres y esperan que ellas sean fieles. Algunas familias también desean que sus hijas sean "buenas muchachas" hasta que se casen y es ahí donde podríamos decir que ocurren estos crímenes.

 

AM: ¿Qué futuro le espera a una mujer que ha sobrevivido a amenazas o violencias de este tipo?

R.H.: Depende. Existen mujeres cuyas vidas están en peligro o han sobrevivido a un atentado de muerte y son encerradas en prisión. Hay organizaciones que están tratando de ayudarlas a encontrar alternativas, aunque algunas continúan en la cárcel por períodos indefinidos. Otras veces consiguen libertad bajo fianza gestionada por un pariente hombre que desea matarla.

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