por Amy Goodman & Juan González (Democracy Now) / Fotos: Zeitgeist Films (Courtesy Everett Collection)
El filósofo esloveno es un provocador nato, que no se cansa de rebatir los lugares comunes tanto de la política y los medios masivos de comunicación como del mundo académico. Uno de sus grandes abordajes es el tema de la violencia en el mundo actual, uno de los problemas más inquietantes de estos tiempos que corren. En esta entrevista va un poco más allá y se refiere al capitalismo, la salud, el populismo en América Latina y la “farsa” de la crisis financiera. Imperdible.
La National Review lo llama "el filósofo político más peligroso de Occidente". El New York Times lo bautizó "el Elvis de la teoría cultural". El filósofo e intelectual esloveno Slavoj Žižek (Liubliana, 1949) ha escrito más de cincuenta libros sobre filosofía, psicoanálisis, teología e historia y teoría política. Se doctoró en su país en 1981. Cuatro años después obtuvo un segundo doctorado en psicoanálisis en la Universidad París VIII. Ha sido profesor visitante de las universidades París VIII, Buffalo, Minnesota, Tulane, Nueva Orleans, Columbia, Princeton, Michigan y Georgetown. Fundador y presidente de la Sociedad para el Psicoanálisis Teórico de Lubliana. Profesor de la Universidad de Liubliana, del European Graduate School (EGS) y del Kulturwissenschaftliches Institut de Essen. Es considerado uno de los más acreditados seguidores de Jacques Lacan, con una estructura de pensamiento que se cimienta en fuentes teóricas hegelianas y marxistas. Su más reciente publicación se denomina First as Tragedy, Then as Farce (Primero como tragedia y después como farsa). Allí analiza cómo Estados Unidos ha pasado de la tragedia del 11-S a la farsa de la crisis financiera.
ALMA MAGAZINE: En una edición reciente de Harper's Magazine, usted escribió un artículo que comienza con las palabras: "La única cosa verdaderamente sorprendente de la crisis financiera de 2008 es la facilidad con que la idea se aceptó y que su suceso era imprevisible". ¿Qué experiencia le dejó la crisis?
SLAVOJ ŽIŽEK: Lo que me interesa es, por ejemplo, que Paul Krugman afirmó básicamente lo mismo, lo que nos habla de cómo funciona la ideología en la actualidad. El dijo: "¿Qué tal si hacemos un experimento mental e imaginamos que dos años atrás todos los gerentes y los administrativos bancarios hubieran sabido cómo terminaría esto? No nos engañemos, nada hubiera cambiado. Hubieran actuado de la misma manera". Esto me trae a colación mi rol de psicoanalista, porque esto nos hace conscientes de hasta qué punto nuestro trato diario es controlado por lo que en el psicoanálisis llamamos el mecanismo de la negación fetichista: "Je sais bien, mais quand même..." (Sí, lo sé, pero igual...) Podemos saber muy bien las consecuencias catastróficas posibles, aunque de algún modo seguimos confiando en el mercado y creemos que las cosas funcionarán. Es absolutamente crucial analizar esto no sólo en la economía sino en todos los aspectos. Este es el foco de mi trabajo: cómo funcionan las creencias hoy en día. ¿Qué queremos decir cuando decimos que alguien cree?
AM: Al respecto, en su último libro First as Tragedy, Then as Farce usted cuenta una historia muy curiosa que se relaciona con esto. La del físico cuántico Niels Bohr...
S.Z.: Sí, es mi historia preferida. Una vez lo visitó un amigo en su casa de campo y vio una herradura colgada encima de la puerta de entrada. En Europa se usa como un artículo de superstición para prevenir que los malos espíritus entren a la casa. Su amigo, también científico, le preguntó si él verdaderamente creía en los malos espíritus a lo cual Bohr respondió: "Por supuesto que no. No soy idiota. Soy científico". Entonces el amigo le preguntó: "¿Pero por qué la tienes ahí?" Sabe lo que Neils Borh le respondió: "No creo en ella, pero tengo la herradura ahí porque me dijeron que funciona incluso si no crees en ella". Así es la ideología hoy en día. Nadie cree en la democracia. Nos burlamos de ella, pero de alguna manera actuamos como si funcionara. Es una situación muy extraña porque algunos de nosotros -suficientemente mayores- todavía recordamos esos viejos tiempos cuando la cara pública del poder significaba dignidad, creencia. Y privadamente nos burlamos de ella, ¿no? Estamos acercándonos a una situación muy rara donde la cara del poder público es cada vez más abiertamente indecente y obscena. Mira a (Nicolas) Sarkozy en Francia. Mira a (Silvio) Berlusconi en Italia que está socavando sistemáticamente el mínimo de dignidad del poder del Estado. Nos seguimos sorprendiendo y preguntando: "¿Cómo es esto posible?" Sabemos que hay un nivel importante de obscenidad. Sin embargo, esto no debe engañarnos. Vivimos tiempos cínicos. La irónica forma en que nos burlamos de nosotros mismos es de algún modo parte del juego. El sistema puede funcionar a pesar de que se burle de sí mismo.
AM: Usted también es crítico del progresismo o de la izquierda. En su artículo de Harper's escribe: "Hay una posibilidad real de que la víctima de la crisis actual no sea el capitalismo, sino la propia izquierda, en la medida en que siga mostrando su incapacidad de ofrecer una alternativa viable global visible a todos". ¿Puede desarrollar esto?
S.Z.: Soy un izquierdista radical. Quiero llamarme aún, de una manera muy condicional, comunista. No obstante, pienso que uno debe, como izquierdista que es, reconocer la cantidad de derrotas de la izquierda en los últimos veinte años. Esa es la condición sine qua non para una posible revisión. Así que a pesar de las simpáticas propuestas sugeridas por gente como (Joseph) Stiglitz o (Paul) Krugman, que básicamente son un retorno al Estado de bienestar keynesiano -lo cual no creo sea la solución-, y aparte de otras ideas económicas interesantes como la renta básica en Brasil -que es una utopía-, a veces tengo una extraña idea paranoica: tal vez esta crisis fue creada para que la gente vea que a pesar de la crisis, la izquierda realmente no tiene una respuesta global.
AM: ¿Qué le preocupa de la izquierda?
S.Z.: Por lo pronto, dos cosas. Primero la moralización legalista. Es una especie de forma pura de protesta contra la injusticia. Entonces lo único que puedes hacer son foros jurídicos. De este modo, muchos de los ex izquierdistas se despolitizan. Ya no hacen las preguntas sinceramente básicas. Todas las protestas actuales son del tipo "esos banqueros especuladores". Estoy de acuerdo sobre esto, pero ¿no crees que la verdad es un poco más compleja? Una de la raíces de la crisis presente no es sólo la codicia. Es que después de la burbuja digital en el inicio del milenio, la idea era cómo mantener la prosperidad, cómo sostener viva a la economía. Y fue, por lo que recuerdo, un poco de decisión bipartidista: "Hagámosle más fácil las cosas al sector inmobiliario y así sucesivamente para mantener todo en movimiento". Hay un problema estructural por debajo del tema psicológico de los banqueros codiciosos, y es la pregunta "¿cómo funciona el capitalismo?" Si no, mira a nuestro maravilloso modelo Bernard Madoff. A mí no me gustó cómo se centraron en él. Madoff no es más que la versión radical a la cual nos está empujando el sistema. No estoy loco y no creo que debamos nacionalizar todos los bancos e introducir inmediatamente una dictadura socialista. Lo que digo es que no le quitemos importancia al conflicto diciendo que es sólo un problema psicológico. Un banquero puede ser una persona malvada, pero hay instituciones y economías de fondo que permiten que el individuo logre su maldad.
AM: ¿Cuál es el otro punto que le interesa subrayar?
S.Z: La segunda cosa es que tampoco me gustó el grito compartido por los populistas de derecha e izquierda de "ayudar a Main Street y no a Wall Street". Lo siento por todos los gerentes bancarios que acentuaron que en el capitalismo no hay Main Street sin Wall Street. En la industria reinante, a causa de la competencia y de la inmensa inversión en nuevas invenciones, si no existe un gran acceso o disponibilidad de créditos, no hay una próspera Main Street. Así que ésta es una opción falsa. Otra vez, con todo el respeto por la izquierda, debemos evitar la rápida moralización si hay seriedad en lo que decimos.
AM: Usted escribe: "¿Es el rescate entonces una verdadera medida 'socialista'? Si lo es, toma una forma peculiar: una medida 'socialista' cuyo objetivo principal es no ayudar a los pobres sino a los ricos, y no a los que piden prestado sino a los que prestan".
S.Z.: Sí. Quiero decir, ésta es mi tesis entera, que el capitalismo siempre ha sido el socialismo para los que están en la cima. Esta es la paradoja básica de la misma, ¿no?
AM: ¿Qué opina del sistema de salud?
S.Z.: ¡Es mi tema predilecto! ¿Sabe por qué? Porque aquí puedes ver la ideología en su fuerza material. Debemos distinguir dos niveles. Por un lado las ridículas paranoias de los derechistas, que casualmente me gusta escuchar. Ellos me divierten. La idea de paneles de la muerte de Sarah Palin me hizo reír. Alguna burocracia misteriosa decidirá si tu tío vive o muere. Eso es gracioso, espero que al menos por el momento podamos reírnos de esto. Pero entonces...
AM: Desafortunadamente, no lo puede hacer una gran parte de Estados Unidos.
S.Z.: Sí, sí, sí. Pero el verdadero problema, donde la crítica republicana sobre el plan del sistema de salud realmente funciona, es apelando a la libertad de elección. Y creo que es un asunto al cual es conveniente enfrentar. Primeramente hay que dejar muy en claro que para poder tener libertad de elección, uno tiene que practicarla, repetirla una y otra vez, ejercitarla en una compleja red de factores sociales y normas jurídicas, entre otras. Mi idea es que la salud debe estar a cierto nivel como el agua y la electricidad. Podemos decir que generalmente no elegimos al proveedor del agua, ¿no? En mi caso, me niego gozosamente a la libertad de elegir a mi suministrador de agua o electricidad. ¿Por qué no agregamos a esto la salud? Europa ha demostrado que se puede hacer eficazmente, sin cortar nuestras libertades, pero en realidad permitiéndonos más espacio y libertad.
AM: ¿Tenemos que pensar entonces que la ideología de la libertad de elección no es lo que parece?
S.Z.: Exacto. Hay una vieja tarjeta marxista que es jugada una y otra vez y en la cual sólo se nos ofrecen falsas elecciones, no verdaderas elecciones como Pepsi o Coca-Cola. Hay una verdad en ello. Pero hay también otro problema en la ideología de la libertad de elección: a menudo somos bombardeados por elecciones -somos libres de elegir- sin tener el contexto adecuado para hacer una selección razonable. John Gray, un cínico escéptico inglés a quien admiro, escribió muy bien que nosotros hoy somos forzados cada vez más a actuar como si fuésemos libres. Y esto entre otras cosas causa mucha ansiedad. Uno debe ser específico en sus elecciones. Estoy a favor de la libertad de elección. Sólo me gustaría ver -en la nota al pie de página, en la letra menuda-, las condiciones precisas de elección.
AM: Si bien en el resto del mundo la brecha entre ricos y pobres está aumentando, por los menos hay gobiernos de América Latina que están tratando de disminuir la diferencia y asumir un papel diferente. Quisiera conocer su visión.
S.Z.: Están tratando. ¿Pero realmente están haciendo algo? Este es mi escepticismo. Algunas personas ya me acusan de ser un neoconservador encubierto por lo que voy a decir ahora. No hay que hacerse ilusiones. Sostengo que la gran atracción de la reciente ola, con Hugo Chávez a la cabeza, proviene de este viejo anhelo de la izquierda. Seamos claros, muchos izquierdistas actuales en Estados Unidos son académicos relativamente bien pagos. Pero les gusta sentir ese calor en sus corazones. Es bueno tener un país que está bien lejos del que te puedes compadecer. En los 30 fue la Unión Soviética, más tarde Cuba y la revolución cultural china. Me temo que ahora lo es Venezuela. Y no compro la crítica liberal estándar, la del dictador Chávez y demás. Simplemente creo que Chávez comenzó bien. Hizo algo de una importancia histórica mundial. Por lo que sé, fue el primero que sinceramente trató de movilizar a las personas que estaban excluidas del dominio público. Realmente trató de ponerlas en el proceso político. Si no encontramos un modo de hacerlo, lentamente nos acercaremos a una nueva clase de sociedad de apartheid, una sociedad nueva donde se vivirá en una especie de guerra civil permanente de baja intensidad; en la que se darán una suerte de explosiones irracionales como ocurrió en Francia con la quema de coches en los suburbios de París. Por otro lado, soy un poco más pesimista en cuanto a lo que Chávez realmente logrará a largo plazo. Está perdiendo el rumbo con este estándar de populismo latinoamericano. Si usted me pregunta, veo un fenómeno más interesante en Bolivia. Es mucho más auténtico. Verdaderamente están forzados a inventar algo nuevo. Los momentos utópicos no son cuando te está yendo excelentemente bien sino cuando estás en un punto muerto. Es ahí que te ves obligado a inventar algo.
AM: Entonces no está muy esperanzado con el futuro de Latinoamérica.
S.Z: No. Pero veo más esperanza en este momento en Estados Unidos que en Europa, que está en un gran declive. Tenía esperanzas con Europa. ¿Por qué? Porque, para hacerlo en términos sencillos, creo que hay dos modelos que actualmente están en pugna: el modelo liberal de mercado y lo que poéticamente llamamos capitalismo con valores asiáticos; es decir, capitalismo autoritario. Todos los izquierdistas deben preocuparse. Puede haber sido que el capitalismo necesitó dictaduras por diez, veinte años -Chile, Corea del Sur- aunque cuando las cosas empezaron a moverse, el capitalismo siempre generó un impulso hacia una especie de democracia. Ya no. Algo nuevo está germinando: un capitalismo aún más dinámico que el nuestro, pero que incluso a largo plazo no necesitará democracia. Es lo que está surgiendo en Extremo Oriente: comenzó en Singapur y es el capitalismo autoritario.
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