por Amy Goodman & Juan González (Democracy Now) / Fotos: William Protess / Caroline Stelter
Indignez-vous! fue un suceso editorial en Francia ni bien salió en octubre de 2010, creciendo en la lista de ventas sin descanso. Hoy en día ya lleva vendidos más de 3,5 millones de ejemplares en todo el mundo. Su versión en inglés se llama Time for Outrage! y su autor estuvo en Nueva York visitando a los manifestantes de Occupy Wall Street. Conozcan a Stéphane Hessel, cuya foja de servicios dice que fue diplomático, embajador, sobreviviente de campos de concentración y ex combatiente de la resistencia francesa. Además, participó en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. Su trabajo ha ayudado a inspirar los levantamientos en el mundo árabe, España y Estados Unidos. Indígnense con él, no los va a defraudar.
Mientras el movimiento Occupy Wall Street se expande a través de Estados Unidos, inspirándose en la primavera árabe de algunos países de Africa y en las protestas en España, uno de los visitantes ilustres que tuvo la plaza Zuccotti fue un ex luchador de la resistencia francesa. Con 94 años de vida, Stéphane Hessel ha sido inspirador de estas manifestaciones con su pequeño libro Time for Outrage!. Editado hace más de un año en Francia (Indignez-vous! es su título original), su libro ha vendido más de 3,5 millones de copias en todo el mundo y ha sido traducido a 10 idiomas con planificación de varios más. Hessel ha ocupado diversos cargos a lo largo de su vida: inmigrante, combatiente de la resistencia francesa, sobreviviente de campos de concentración, diplomático, abogado y autor. Se unió a la resistencia de su país durante la Segunda Guerra Mundial, fue capturado por la Gestapo y enviado al campo de concentración de Buchenwald del cual se escapó durante su traslado a Bergen-Belsen y después ayudó a redactar la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, y se convirtió en embajador honorario de Francia, nombrado para misiones especiales del gobierno. Desde entonces ha sido un intenso defensor de los palestinos.
ALMA MAGAZINE: Time for Outrage! es un libro muy corto, cuyas ideas se han arraigado en muchos lugares del mundo. ¿Por qué decidió escribirlo? ¿Le ha sorprendido la popularidad?
STEPHANE HESSEL: Estoy muy sorprendido. Cuando le pregunté al editor de Indigène Editions si le interesaba publicar un pequeño panfleto, la idea era rememorar el movimiento de la resistencia francesa y sus valores básicos, que ellos consideraban fundamentales y que querían que el general de Gaulle los aplicara al terminar la guerra. Estos valores fueron seguidos por Franklin D. Roosevelt, el ex presidente norteamericano por el cual tengo una gran admiración y respeto. El fue quien permitió que The Charter of the United Nation surgiera. Y 66 años más tarde todavía sigo trabajando para que las generaciones más jóvenes sientan los mismos valores. Por eso en este pequeño libro, no muy caro y fácil de distribuir por todo el mundo, intentamos decir: "Estos son los valores que en caso de ser violados, deben generar protestas. Los jóvenes deben encontrar tiempo para indignarse si estos valores no son respetados".
AM: Tiene 94 años y nació durante la revolución rusa. ¿Cuáles son las lecciones clave que usted intenta transmitir a este resurgimiento extraordinario de jóvenes de todo el mundo, desde la plaza de Tahrir en Egipto a España, Inglaterra y ahora con la ocupación de Wall Street?
S.H.: Creo que hemos tenido la posibilidad de vivir en democracias. ¿Qué significa? Significa que vivimos en lugares donde los privilegiados no son los únicos que toman decisiones, sitios en los cuales los no privilegiados ascendieron a un estatus de seres humanos normales y ciudadanos con libertades y derechos. Ante esto, siempre les digo a los jóvenes: "Hemos sido parte de la resistencia en momentos donde hubo fascismo o estalinismo. Deben encontrar las cosas que no aceptan y que los indigna y deben pelear en forma no violenta pero de modo decidido". Esto hace que esté muy contento con lo que está sucediendo de manera pacífica en Wall Street. No están tirando bombas o piedras aunque sí están empeñados en que sus valores sean respetados.
AM: En sus años en la resistencia, como usted señala, ese movimiento realmente le dio forma a la república francesa moderna. ¿Puede hablarnos de lo que hizo durante esos años y las lecciones que aprendió en la batalla contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial?
S.H.: Durante esa época, como en otros momentos de mi vida, fui extraordinariamente afortunado. Conseguí abandonar Francia en 1941, ayudado por Varian Fry, un maravilloso joven norteamericano que estaba allí intentando sacar de Francia a personas creativas y también me ayudó a mí. Y me uní al general de Gaulle. Pasé dos años en Londres trabajando con la resistencia francesa en una oficina especial en la sede del general de Gaulle, en la cual actuábamos con la inteligencia británica. Hasta que les dije: "No quiero seguir sentado en una oficina; por favor envíenme a Francia". Así, organicé una interesante misión para prepararnos para la liberación de Francia. Fue ahí donde conocí a los trabajadores de la resistencia unidos por Jean Moulin, quien fue una persona extraordinariamente importante para el movimiento. Ellos se sentaron y se preguntaron: "¿Cuáles son los valores que queremos que sean implementados? Ni los valores del colaboracionista Vichy ni los de los nazis ni los de los fascistas, sino los reales valores democráticos inspirados por el New Deal del presidente Roosevelt, estimulado por William Beveridge de Gran Bretaña: estado de bienestar, estados donde se respetarían los derechos sociales y económicos de los ciudadanos". Y se redactó todo esto en un programa. Yo escuché todo eso. Luego, por desgracia, fui capturado y enviado a Buchenwald. Y cuando la guerra terminó dije: "Ahora tenga una responsabilidad como sobreviviente". Entonces pensé: "Está en mí la responsabilidad de luchar para que todos los valores por los que hemos peleado sean conocidos por las futuras generaciones". Y eso es lo que he estado haciendo hasta ahora.
AM: ¿Y qué recuerda de sus experiencias en Buchenwald?
S.H.: Buchenwald fue un campo de concentración donde uno podría sobrevivir sólo si no habías sido condenado a muerte. Llegué sin saber que estaba condenado a la horca. Cuando me enteré, traté de escapar. Lo hice adquiriendo la identidad de un joven francés que acababa de morir de fiebre tifoidea. Su cuerpo fue enviado al crematorio bajo mi identidad. Un truco que no fue fácil. Eugen Kogon, un gran activista alemán, fue quien logró hacerlo y ahí fui mandado a otro campo. De allí logré evadirme pero a las cinco horas fui capturado y enviado a Dora, uno de los peores campos; allí se construían las bombas V1-V2 y los desafortunados presos trabajaban en condiciones imposibles de sobrevivir. Estuve ahí durante un mes y medio. Cuando escapé, me las arreglé para alistarme en el ejército norteamericano en Hannover. Ellos me preguntaron: "¿Quién es usted?" "Soy un preso de campo de concentración." "¿De dónde viene? ¿Conoce a alguien en Francia?" "Bueno, conozco al general de Gaulle." "Oh, bueno, entonces trabajará con nosotros." Y fue así que terminé la guerra con uniforme norteamericano.
AM: ¿Cómo ve al gobierno francés actual?
S.H.: Me preocupa. Los primeros 30 años después de la guerra, la democracia francesa fue sólida. Había problemas como en todas partes pero al menos conocíamos los valores con los que estábamos lidiando. Después de la elección de Jacques Chirac y ahora con Nicolas Sarkozy en el poder, me parece que esos valores ya no están presentes y que los grupos de presión política -no sólo en Francia sino en todo el mundo- pesan mucho y ejercen una influencia temible en los gobiernos y en todas las decisiones financieras y políticas; en las regulaciones, en la inmigración, en los sistemas educativos. Esto es una tendencia que considero muy peligrosa porque gradualmente generará un poder financiero que podrá sobreponerse al poder democrático, y entonces la democracia será un sueño y no una realidad.
AM: Su libro dice específicamente que los dos problemas principales que se ven son la creciente desigualdad de ingresos en el mundo y también la violación de los derechos humanos en el mundo. ¿Puede ahondar?
S.H.: Para mí éste es uno de los desafíos más graves del mundo. Por eso me siento feliz de estar trabajando con un grupo llamado Collegium International, del cual el francés Michel Rocard (N. del E.: Político socialista, primer ministro de Francia entre 1988 y 1991, y europarlamentario de 1994 a 2009) es uno de los presidentes. Creemos que para encontrar solución a los desafíos que acabamos de describir -tanto los derechos humanos como la extrema pobreza-, debemos juntar a gente con experiencia de gobierno y experiencia filosófica, y tratar de que trabajen juntos para cambiar la forma en que miramos hacia el futuro. Debemos hacer que la gente entienda que la democracia es la respuesta. No habrá respuesta a los problemas mundiales si no trabajamos todos juntos con el espíritu de los valores básicos que son los valores de la democracia desde Aristóteles.
AM: ¿Cuál fue su reacción ante el discurso del presidente norteamericano Barack Obama frente a las Naciones Unidas? El mandatario centró su intervención en su discrepancia al reconocimiento del estado palestino sin ninguna crítica contra Israel. Obama no hizo mención de los asentamientos israelíes en Cisjordania y optó por destacar a las víctimas israelíes atacadas por militantes palestinos durante años, ignorando a las miles de personas en los territorios ocupados y el Líbano que han muerto en los ataques israelíes.
S.H.: Estoy terriblemente decepcionado. Yo era un acérrimo partidario del presidente Obama. Creo que su campaña era un momento excepcionalmente positivo en la vida de Estados Unidos para la movilización. Pero esta manera de ceder a la presión de los lobbies -no sólo en lo que respecta a Israel sino también en lo financiero- muestra todo lo contrario a lo que él describió en su discurso de El Cairo en julio de 2010. Me parece que esto es malo para Israel. Para mí el futuro de Israel depende de si puede encontrar el modo de tener a los palestinos como vecinos, del hecho de que puedan ser buenos y agradables vecinos, y con los que se pueda llegar a trabajar. Pero mientras uno ocupa el país, Gaza se convierte en un negocio de plomo fundido, cosa que me horroriza. El liderazgo en Israel por gente como Netanyahu y Lieberman va contra los valores básicos.
AM: ¿Qué quiso decir con el nombre de uno de los capítulos del libro, "La peor actitud es la indiferencia"?
S.H.: Me preocupé por la gran cantidad de jóvenes en todos nuestros países que parecen haber olvidado su responsabilidad por la defensa de los valores. Son sólo responsables a la hora de encontrar un apartamento, obtener dinero y riqueza material. Sin embargo, no se dan cuenta de que si no pelean por sus valores democráticos, los van a perder. Aquí es donde veo la actitud de indiferencia mundial. La resistencia siempre ha sido un acto minoritario, necesitamos minorías para que se esparzan. No obstante, la indiferencia y el pensar que lo intentamos pero que nada se logra, desanima. Eso es lo que trato que la juventud entienda: deben tener confianza en sí mismos y salir a la calle con determinación, esa es la única manera en que el gobierno los escuchará. Deben estar seguros y ser valientes.
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