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Viernes 17 de Abril de 2009

Trabajo vs. trabajo

"La huelga xenófoba"

Entre las consecuencias de la crisis económica, el trabajo globalizado ya no es tan bien visto en el Reino Unido, donde cientos de trabajadores de la industria de la energía piden que los británicos sean prioridad a la hora de las contrataciones.

Trabajo vs. trabajo - "La huelga xenófoba"

Junto al temporal de viento y nieve que azotó al Reino Unido los primeros días de febrero, una oleada de huelgas llevó a trabajadores británicos a manifestarse durante varios días, incluso bajo las peores condiciones climáticas que la isla atravesó en más de seis años. La “huelga xenófoba” –como la denominó gran parte de la prensa– nació amparada en unas palabras pronunciadas por el primer ministro, Gordon Brown, en 2007: “Trabajo británico para trabajadores británicos”. Palabras que, amplificadas por la crisis internacional, fueron impresas en las pancartas a modo de consigna.


Ilegal por no ser convocada oficialmente, la medida fue tomada por los líderes de Unite –el sindicato más fuerte– en protesta por la incorporación de trabajadores italianos en las obras de ampliación de la refinería Lindsay que la petrolera Total posee en Killingholme (Lincolnshire, al este de Inglaterra). Desoyendo la norma europea sobre libre circulación de mano de obra, y los contratos de cientos de británicos que trabajan en una planta que IREM –la empresa subcontratada– posee en Ravena, Italia, la demanda tomó magnitud en relación a la ola antiinmigratoria que sobrevuela todo el continente.


Sin embargo, el dirigente del sindicato Derek Dimpson alegó que “las acciones no oficiales que están teniendo lugar en todo el país no tienen que ver con raza o inmigración, sino que son un problema de clase (social)”. ¿Lucha de clases o “xenofobia”? Pronto se sumaron a la huelga los trabajadores de dos plantas nucleares y otras refinerías del Reino Unido. Y aunque los delegados indicaron que no exigían ningún despido de trabajadores extranjeros, enfatizaron que sean prioridad los británicos a la hora de hacer contrataciones, lo que suena a medidas proteccionistas, y argumentaron que las empresas prefieren a los extranjeros “porque se les paga menos”.


En respuesta a las presiones, llegaron algunas reivindicaciones: IREM se comprometió a que de los 195 empleos, 102 estén ocupados por trabajadores locales. Pero los británicos insisten en que, en medio de la crisis y el desempleo, Gordon Brown debe finalmente tomar las medidas que prometió cuando pronunció aquellas palabras. Medidas insólitas a los ojos del capital global, que parece no reparar en las naciones y las comunidades étnica y culturalmente homogéneas a la hora de sostener sus fabulosas ganancias.

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