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Jueves 1 de Octubre de 2009

Tráfico sexual

Todos los caminos llevan a Dubai

por Claudia Ciobanu / Fotos: Hannibal Hanschke / Gentileza Mimi Chakarova

Después de las armas y las drogas, el tráfico sexual es la tercera empresa criminal más lucrativa del mundo. En la mayoría de los casos suelen ser niñas y mujeres. Con el colapso del comunismo en 1989, son las mujeres de Europa del Este las que han abastecido enormemente el mercado global de la esclavitud sexual. Un vasto proyecto multimedia de la periodista búlgara Mimi Chakarova, quien pasó casi siete años incansablemente investigando sobre la trata de personas con fines sexuales, pone el dedo en la llaga de este terrible fenómeno.

Unos meses atrás, el Centro para el Periodismo de Investigación presentó en Bucarest (Rumania) el trabajo El precio del sexo, un vasto proyecto multimedia de la periodista Mimi Chakarova, quien pasó casi siete años tenazmente indagando la trata de personas con fines sexuales. Chakarova realizó cientos de viajes a varios países de Europa y a Dubai, uno de los Emiratos Arabes Unidos, donde el tráfico sexual está en auge, al parecer permitido por las autoridades según defensores de los derechos humanos. Esta fotorreportera búlgara actualmente vive y trabaja en Estados Unidos. “Quería encarar la complejidad del tráfico, cómo funciona y cuán profundamente quebranta el espíritu humano”, dijo a ALMA MAGAZINE. Al respecto sobre su obra, que incluye videos, fotos y textos, admitió: “Espero que el impacto que logre sea, primero y antes que nada, informar y educar a la gente. Finalmente, el público podrá tomar una decisión si quiere dar el siguiente paso y ayudar”.


El trabajo de Chakarova presenta con sensibilidad la trágica historia de mujeres de países como Moldova o Ucrania, víctimas de la esclavitud sexual. Las pocas que logran escapar deben superar no sólo graves problemas de salud y traumas psicológicos, sino también el estigma social. “Mi meta ha sido encontrar una vía para conectar a las organizaciones no gubernamentales que ayudan a mujeres víctimas de la trata de personas con aquellos que quieren hacer una diferencia. Lanzar el proyecto periodístico en el sitio web Priceofsex.org tuvo el objetivo de vincular a los dos, además de contar la historia.”


Jenea, una de las jóvenes entrevistadas por Chakarova, procedente de una pequeña aldea del sur de Moldova, fue vendida para la prostitución por un vecino que le había prometido empleo en Moscú. A los 18 años, Jenea se encontró encerrada en la habitación de un hotel de Turquía, obligada a mantener relaciones sexuales con al menos 50 hombres en pocos días. Escapó un año después. Ahora, de regreso a su pueblo, vive en una casa de dos habitaciones con su hermana y su sobrina, pero no puede encontrar un empleo debido al prejuicio social y a que sufre problemas de salud, como incontinencia, resultado directo del abuso sexual que sufrió en Turquía. “Hubiera sido mejor para mí no haber nacido”, dice en voz baja a la cámara.


La investigación de Chakarova sin duda va más allá de contar la terrible historia de las víctimas. Los detallados relatos personales revelan los problemas principales que deben ser tratados para poder combatir este delito. La pobreza emerge una y otra vez como la causa más importante. “¿Por qué los jóvenes tienen que irse a otro lugar para trabajar?”, preguntó desesperado el padre de Natasha, una joven ucraniana quien junto a su hija de 13 años integra el grupo de mujeres vulnerables ante el tráfico sexual. “Aquí no vivimos, simplemente existimos”, le confiesa el hombre a Chakarova.


El padre atribuye la responsabilidad de la propagada pobreza en su país al cierre de fábricas tras el colapso del socialismo en Europa Oriental en 1989. Según la periodista, es fundamental informar y educar a las potenciales víctimas sobre los riesgos de viajar al extranjero en busca de nuevas oportunidades: “La educación es el principal y más importante paso, en mi opinión”. El proyecto hace énfasis en la estrecha relación entre las autoridades y los traficantes. Aurica, una joven moldava, cuenta que, cuando logró escapar de sus proxenetas en Turquía, fueron policías quienes la llevaron de regreso a sus captores e incluso intentaron tener sexo con ella.


Chakarova siguió las huellas del tráfico sexual al rico emirato de Dubai, que ha experimentado un gran desarrollo económico impulsado por el petróleo. La presencia masiva de inmigrantes hombres, atraídos por las oportunidades laborales, es considerada la principal causa de la alta demanda de trabajadoras sexuales. “Somos un lugar extremadamente globalizado con regulaciones mínimas, y esto es aprovechado”, señala un activista por los derechos humanos en Dubai que no quiso ser identificado. “Y nuestro sistema legal no está creciendo lo suficientemente rápido para adecuarse, pues nuestro gobierno tiene miedo de regular, por temor a arruinar el negocio y el desarrollo.”


Más de 10 mil mujeres de todo el mundo son obligadas a prostituirse en Dubai, según el Departamento de Estado de Estados Unidos. Y, como indica el informe de Chakarova, el número de mujeres que venden sexo voluntariamente en el emirato es mucho más alto. En su documental sobre Dubai, Noches secretas, la reportera contrasta el aparente conservadurismo social en ese emirato musulmán con la amplia disposición de información sobre clubes nocturnos con trabajadoras sexuales, en los cuales los precios varían entre 200 dólares la noche con mujeres asiáticas y un poco más con africanas o europeas orientales hasta más de 1.400 dólares la noche con mujeres de Medio Oriente.


“Algunas mujeres eligen vender sus cuerpos, y otras son forzadas a hacerlo y se quedan porque no tienen a dónde regresar. Si fuiste vendida a un proxeneta o a una madama y te pusieron en una situación en la que hombres violaron tu cuerpo cada 15 minutos, 24 horas al día, difícilmente te quede algo. Muchas mujeres se ven a sí mismas sucias e indignas de cualquier cosa después de eso”, explicó Charakova.


Gran parte de la responsabilidad es de los clientes, sostuvo la periodista. “Los hombres que compran sexo deben entender que no todas las mujeres a las que les pagan están allí voluntariamente. Si una mujer está visiblemente golpeada y encerrada en una habitación con frazadas en el suelo y barrotes en la ventana, difícilmente se trate de una participante voluntaria”, indicó.


Al igual que en Turquía, el tráfico en Dubai parece estar silenciosamente permitido, si no estimulado, por algunas de las autoridades. “No soy ingenua para pensar que los hombres dejarán de pagar por sexo, aunque espero que esos que participan de esto se den cuenta de que son iguales contribuyentes de una de las industrias más terribles y oscuras de nuestro tiempo”, añadió. Como advierte al final del documental Noches secretas, la filmación, no se hizo sin riesgos.


Desconocidos registraron su habitación el último día en que estuvo en Dubai, y la recepción del hotel al principio se negaba a llamar a la policía. Cuando la camarógrafa de Chakarova se disponía a abandonar Dubai, la seguridad del aeropuerto confiscó todas sus cintas. “Habíamos sido observadas y seguidas todo el tiempo. Sólo después de haber hecho un escándalo nos devolvieron las cintas, diciendo que habían confundido su identidad. Su equipaje no llegó sino un mes después.”

 


 

Sin el peso de la ley


Un miembro de una organización de derechos humanos comenta en el documental sobre Dubai Noches secretas que las leyes en este país van muy por detrás del desarrollo de los Emiratos. Y concluye su participación diciendo: “Esto tiene que ver con el capitalismo. Ustedes lo han inventado y lo han traído al mundo. Nosotros sólo somos los últimos estudiantes”.


Una imagen describe bien los contrastes en este territorio. Con la salida del sol se produce la primera llamada a la oración, desde los minaretes de las mezquitas. Eso les indica a las mujeres profesionales que ha acabado el turno de noche. La policía no se ve mucho por Dubai, pero está ahí. En porcentaje, es una de las naciones con más agentes de seguridad per cápita. No por nada, como cuenta Chakarova, ella fue vigilada en su estadía. Y el último día antes de marchar les robaron en la habitación del hotel, desapareciendo todo el material e informes. Además, fue la única habitación robada en el hotel y desde recepción dieron muchas vueltas para llamar a la policía.


Según un blogger español que vive allí, “la prostitución existe en Dubai y es fácilmente accesible. Pero no les interesa que se propaguen investigaciones como la de Chakarova. Mi opinión en cuanto a este tema siempre ha ido con la línea de Holanda. Si las chicas deciden dedicarse al oficio más viejo del mundo, por voluntad propia, no voy a ser yo el hipócrita que diga que no pueden hacer lo que quieran con su cuerpo. Sin embargo, debería estar regulado: normas de sanidad, seguridad social, locales en condiciones, respeto hacia lo que están haciendo… Lo que es inadmisible y una vergüenza es que haya mujeres obligadas a prostituirse. Que les vendan la ilusión de una vida mejor y que cuando llegan aquí, a España, o a cualquier otro país se vean privadas de la libertad, sin dinero, sin papeles y forzadas a hacer algo que no sólo no quieren hacer sino que les parecerá repugnante. Contra eso sí que debería caer todo el peso de la ley”.


En el sitio web de la serie de documentales –www.priceofsex.org– de la periodista búlgara hay un link para donar dinero y ayudar a las víctimas del tráfico sexual. Como bien aclara el llamamiento, “muchas de las mujeres que usted ve en estos trabajos están física y psicológicamente quebradas y necesitan asistencia médica. Muchas han tenido hijos con cuya educación usted puede cooperar, así los pequeños tienen una oportunidad para un futuro mejor, y que no padezcan los sufrimientos que soportaron sus madres”.

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