ES LA EDUCACION, ESTUPIDO

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Si usted tiene la edad suficiente, probablemente recuerde la expresión: “¡Es la economía, estúpido!”. Para aquellos más jóvenes, la célebre frase de James Carville ha sido una de las herramientas más importantes que le permitieron al demócrata Bill Clinton, en la exitosa campaña de 1992, saltar desde su modesto sillón de gobernador del ignoto estado de Arkansas hasta el Despacho Oval de la Casa Blanca. Clinton derrotó en esa contienda a un contrincante de peso como era George Bush padre. Gran parte del éxito de aquella campaña puede adjudicarse a la decisión de ocupar un espacio vacante en la comunicación política de esa época: la economía de todos los días. Mientras el candidato republicano descansaba sobre una colección de éxitos en política exterior y defensa, el demócrata se hizo cargo de aspectos muchos más terrenales y cotidianos.
Un presidente en Estados Unidos que de verdad aspira a ser reelegido para un segundo mandato, debe necesariamente mostrar logros en la política de defensa y seguridad nacional así como también en economía. No se gana una reelección con asuntos de salud, educación u obra pública. Pero no es menos cierto que en la mayoría de los casos lo que lleva a un candidato a ganar una elección es lo mismo que lo aleja de su lugar en la historia. Y por ello es tan importante el segundo mandato de un presidente. Es el momento donde la realidad le provee una oportunidad única de hacer lo correcto, de inspirar un cambio profundo en aquellos espacios que hacen una diferencia verdadera. Y hoy ese cambio que habrá de redefinirnos como país debe darse en el ámbito de la educación. Desde el análisis del rol que debe jugar la escuela en el proceso de socialización de los niños hasta una reestructuración completa de los contenidos que conforman el plan de educación. Las corrientes socioculturales están transformando la realidad cotidiana a una velocidad inusitada. La capacidad de análisis y de toma de decisiones de los organismos responsables de actualizar los modelos de educación, ha quedado completamente superada por esa realidad. La consecuencia es la convivencia de dos modelos formadores dentro del universo educativo que ejercen influencia sobre niños y adolescentes muchas veces en forma disfuncional y contradictoria. El modelo tradicional de transferencia de conocimiento que reciben los niños desde las escuelas hace cortocircuito con un aparato de comunicación global cuya intensidad de estímulos en innumerables ocasiones legitiman conductas que la educación tradicional trata de erradicar.
El cambio en el modelo de educación es necesario ya. No mañana. Ahora. Y debe darse en un contexto tan amplio como profundo. No se trata solamente del rediseño de modelos curriculares o de los desafíos intelectuales en la comprensión de fenómenos complejos o multidimensionales. Se trata de redefinir y actualizar contenidos que eduquen en un marco de valores morales y sociales actuales. Lejos del miedo. Cerca de la verdad.
El nuevo modelo de educación es un desafío de dimensiones extraordinarias. Deben rehacerse los planes de educación. Debe definirse el rol de la tecnología en el modelo de distribución del conocimiento. Debe reposicionarse el concepto de entretenimiento permitiendo su uso para una mejor capacidad de aceptación de los contenidos pedagógicos. Debe reeducarse a los maestros. Debe reeducarse a los padres… y una innumerable lista de etcéteras.
El conocimiento constituye la variable más importante en la explicación de las nuevas formas de organización social y económica. Los recursos fundamentales para la sociedad y para las personas en un contexto democrático serán la información, el conocimiento y las capacidades para producirlos y para manejarlos. La educación, entendida como la actividad a través de la cual se produce y se distribuye el conocimiento asume, por lo tanto, una importancia históricamente inédita.
La sociedad del futuro, sometida a un ritmo acelerado y constante de cambio, necesariamente deberá crear instituciones capaces de manejar una realidad en movimiento, donde el debate permanente sea el protagonista de un ejercicio intelectual que alimente un ciclo ininterrumpido de mejora constante del modelo. Hasta hoy la experimentación solo es admitida como pauta del proceso de investigación científica cuando en realidad debería ser recurrentemente utilizada en la reflexión teórica y en la práctica política.
El presupuesto de educación en Estados Unidos ha sido tomado de rehén en una disputa entre republicanos y demócratas acerca del recorte del gasto público. A falta de acuerdo respecto de dónde los recortes tendrían más im$pacto, se busca el castigo de unos contra otros. Demócratas recortan presupuestos militares y republicanos hacen lo propio con educación y planes de ayuda social. Desde 2009, el país ha eliminado más de 300 mil puestos de trabajo en el área de educación. No parece ser la respuesta a una realidad que ha de definir nuestro futuro como país.
Para romper con el aislamiento institucional que hoy muestra la escuela, es necesaria una vocación política y social que permita su integración con otros agentes formadores como la familia y los medios de comunicación, abandonando sus bastiones tradicionales como la rigidez, la sobrevaluación de la memoria o la verticalidad en el concepto de autoridad.
En un marco de inminente pérdida global de liderazgo económico, Estados Unidos tiene hoy una posibilidad histórica de tomar la vanguardia en un área que podría devolverle mucho más que el poderío económico, construyendo el espacio de conocimiento que está solo reservado a aquellos que hacen historia.
Hasta la próxima,
Alex Gasquet


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