ESTADOS UNIDOS-CUBA: LA HORA DEL CAMBIO

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Con la decisión de reanudar relaciones diplomáticas, Cuba y Estados Unidos, dos antípodas que antes inspiraban o fomentaban extremismos en el continente americano, se convierten ahora en factores de moderación y pragmatismo. El aislamiento de Cuba 25 años después de acabar la Guerra Fría provocaba un rechazo tan amplio, que pierde relevancia el embargo económico que data de octubre de 1960 y que sólo el Congreso legislativo estadounidense puede abolir. La primacía en este caso es política. Revisamos cómo enfrentan ambos países la normalización de un vínculo que parecía imposible de reestablecerse.

Fotos: Jeremy Barnard / David Sherburne / Hipólito Funes / Cosme Rodríguez / Arnaldo Fuentes / Carina Del Pino / Juan Carlos Núñez

El principio del fin del bloqueo
Texto: Amy Goodman & Denis Moynihan (Democracy Now)

La política infructuosa de Estados Unidos contra Cuba, que ha clausurado por más de medio siglo las relaciones entre estos países vecinos e infligido daño a varias generaciones del pueblo cubano, podría finalmente estar llegando a su fin. El miércoles 17 de diciembre por la mañana nos enteramos de que Alan Gross, un contratista del gobierno estadounidense condenado en Cuba por espionaje, había sido puesto en libertad después de cinco años de prisión. Otra persona, un cubano no identificado encarcelado en Cuba desde hace 20 años por espiar para Estados Unidos, también fue liberado. Este acontecimiento ha sido noticia a nivel mundial. No tan bien explicada en los medios estadounidenses fue la liberación de los tres presos cubanos en Estados Unidos.
Son los tres miembros de los Cinco de Cuba que seguían encarcelados. Los Cinco fueron detenidos a finales de 1990 bajo cargos de espionaje, pero no estaban espiando al gobierno de Estados Unidos. Se encontraban en Miami con el objetivo de infiltrarse en los grupos paramilitares cubano-estadounidenses instalados allí con la finalidad de lograr la destitución violenta del gobierno cubano.
Al mediodía de ese miércoles, el presidente estadounidense Barack Obama dio oficialmente la noticia: esto no fue un simple intercambio de prisioneros. “El día de hoy, Estados Unidos está cambiando su relación con el pueblo de Cuba. Estamos produciendo los cambios más significativos de nuestra política hacia Cuba en más de 50 años. Vamos a dar por terminado el enfoque obsoleto que durante décadas no ha logrado promover nuestros intereses y, en su lugar, comenzaremos a normalizar las relaciones entre nuestros dos países. A través de estos cambios, tenemos la intención de crear más oportunidades para el pueblo estadounidense y para el pueblo cubano, y comenzar un nuevo capítulo entre los países de las Américas. He instruido al secretario de Estado John Kerry a que inicie de inmediato el diálogo con Cuba para restablecer las relaciones diplomáticas que fueron interrumpidas en enero de 1961”, declaró el mandatario estadounidense.
Fue el presidente Dwight Eisenhower quien rompió relaciones con Cuba el 3 de enero de 1961, dos años después de que Fidel Castro tomara el poder. Más adelante, el presidente John F. Kennedy extendería el bloqueo. Pocos meses más tarde de que Kennedy asumiera el cargo, la invasión de la CIA a la Bahía de Cochinos, con la intención de derrocar al gobierno de Fidel Castro, tuvo un resultado desastroso. Es universalmente considerado como uno de los mayores fiascos militares de la era moderna. Decenas de personas fueron asesinadas, y Cuba encarceló a más de 1.200 mercenarios de la CIA.
Cuba se convirtió en una zona caliente, sobre todo cuando la Unión Soviética intentó emplazar misiles nucleares de corto alcance en la isla, lo que precipitó la llamada crisis de los misiles en octubre de 1962. Este episodio es ampliamente reconocido como lo más cerca que han estado estas dos potencias mundiales de embarcarse en una guerra nuclear. Estados Unidos intentó también asesinar a Castro. Mientras el Comité Church del Senado de Estados Unidos identificó ocho intentos de ello, Fabián Escalante, ex jefe de la contrainteligencia cubana, descubrió al menos 638 intentos de asesinato.
La revolución cubana tiene sus detractores, pero la transformación de la vida cotidiana allí no se puede negar. A lo largo de la década de 1950, durante el gobierno del dictador Fulgencio Batista, la mayoría de los cubanos padecieron pobreza extrema, con acceso escaso a la educación, a la salud y a puestos de trabajo bien remunerados. El régimen de Batista era brutal, con detenciones arbitrarias, tortura y ejecuciones. Batista se alió con la mafia estadounidense, beneficiándose personalmente de la corrupción generalizada, especialmente de los opulentos hoteles y casinos de La Habana.
Actualmente, los cubanos disfrutan de la misma esperanza de vida que sus vecinos estadounidenses y tienen una menor tasa de mortalidad infantil. Cuba tiene una de las tasas de alfabetización más altas del mundo, superada solamente por Finlandia, Dinamarca, Nueva Zelanda y Australia, según el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, que ubica a Estados Unidos en el lugar 21 del ranking mundial, dos niveles por encima de Kazajstán.

“Fue el presidente Dwight Eisenhower quien rompió relaciones con Cuba el 3 de enero de 1961.”

Cuba, a menudo azotada por huracanes, ha desarrollado uno de los mejores sistemas de respuesta médica a desastres naturales en el mundo. Recientemente ha desplegado 250 médicos en Africa Occidental para combatir el ébola. En 2005, el entonces presidente Fidel Castro ofreció enviar 1.500 médicos a Estados Unidos tras el huracán Katrina. El gobierno de George W. Bush nunca respondió.
El bloqueo ha sido durante mucho tiempo central para la política electoral estadounidense, ya que la comunidad cubana en Miami, buena parte de la cual es histórica y resueltamente anticastrista, se ha considerado crucial para ganar el estado de Florida en una elección presidencial. Miami también ha servido como refugio para los grupos terroristas anticastristas. Uno de los Cinco, René González, fue liberado en 2011 después de trece años de cárcel. Lo entrevisté en 2013, poco tiempo después de su regreso definitivo a La Habana. Me dijo: “Formó parte de la experiencia común de mi generación ver que gente proveniente de Miami asaltaba nuestras costas, disparaba a los hoteles, mataba gente aquí en Cuba y atentaba contra aviones cubanos”.
En 1976, un atentado terrorista hizo estallar un vuelo de Cubana de Aviación. El avión explotó en el aire y las 73 personas que iban a bordo murieron en el acto. En 1997, una serie de atentados con bomba en hoteles de La Habana provocaron la muerte de un turista italiano. El ex agente de la CIA Luis Posada Carriles reconoció su participación en los ataques a los hoteles, y existen pruebas que lo vinculan fuertemente con el atentado del avión.
Los Cinco de Cuba fueron declarados culpables de investigar las actividades terroristas de estos hombres y de los grupos sin fines de lucro que les servían como fachada de apoyo, como la Fundación Nacional Cubano Americana y Hermanos al Rescate. Posada Carriles vive actualmente en Florida como un hombre libre.
La guerra fría ha terminado. El gobierno de Cuba es comunista, pero también lo son los gobiernos de China y Vietnam, con los cuales Estados Unidos mantiene fuertes lazos. Los once millones de ciudadanos de Cuba, así como todos los que vivimos aquí, en Estados Unidos, merecemos un vínculo fluido y abierto como vecinos, sobre la base de la igualdad y arraigado en la paz.

Tenemos tanto que aprender de Cuba
Texto: Robert F. Kennedy Jr

La medida generó la esperanza en muchos sectores, no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo, de que ahora el propio embargo estaría destinado a desaparecer. Esto no quita el hecho de que Cuba sigue siendo una dictadura. El gobierno cubano restringe libertades básicas como la libertad de expresión y de reunión, y es propietario de los medios de comunicación. Las elecciones, como en la mayoría de los países comunistas de la vieja guardia, ofrecen opciones limitadas y, en redadas periódicas, el gobierno cubano llena las cárceles con presos políticos. Sin embargo, hay auténticos tiranos en el mundo que se convirtieron en aliados cercanos de Estados Unidos y muchos gobiernos con peores historiales de derechos humanos que el de Cuba.
A pesar de su pobreza, Cuba consiguió algunos logros impresionantes. El gobierno se jacta de que su población tiene el índice de alfabetización más alto de cualquier país del hemisferio, que sus ciudadanos gozan de acceso universal a la atención sanitaria y que posee más médicos por habitante que los demás países del continente americano. Los médicos cubanos tendrían una formación médica de alta calidad.
A diferencia de otras islas del Caribe, donde la pobreza significa pasar hambre, cada cubano recibe una libreta mensual de racionamiento de alimentos que cubre sus necesidades básicas. Incluso los funcionarios cubanos admiten que la economía está asfixiada por las ineficiencias del marxismo, aunque también argumentan que la principal causa de los problemas económicos de la isla es el estrangulamiento que provocaron los casi 60 años de embargo comercial.
Lo peor de todo es que, en lugar de castigar al régimen por sus restricciones a los derechos humanos, el embargo fortaleció a la dictadura al justificar la opresión. Brinda a los cubanos la evidencia visible del cuco que todo dictador necesita: un enemigo externo para justificar un estado de seguridad nacional autoritario. El embargo también proveyó a los líderes cubanos un monstruo plausible a quien culpar por la pobreza de Cuba. Así otorgó credibilidad al argumento de La Habana de que Estados Unidos, y no el marxismo, fue el causante del malestar económico de la isla.
Ahora bien, es más que paradójico que los mismos políticos que argumentaron que deberíamos castigar a Castro por limitar los derechos humanos y maltratar a los presos en las cárceles cubanas, sean los que sostienen que el maltrato que Estados Unidos proporciona a nuestros prisioneros en las cárceles cubanas está justificado.

Robert F. Kennedy es hijo de Robert F. (Bobby) Kennedy y sobrino del presidente John F. Kennedy (1961-1963).

Bandera estadounidense vuelve a Cuba
Texto: Patricia Grogg

El anuncio tomó por sorpresa a buena parte de la ciudadanía de Cuba, más de la mitad de cuya población nació después de la ruptura de vínculos en 1961 y el inicio de un conflicto que ha marcado sus vidas. Se estima que de una población de 11,2 millones, más de siete millones nacieron bajo el bloqueo. “No la esperaba, pero es la noticia del siglo y un paso que dará comienzo a muchos cambios”, comentó una periodista que siguió el tema durante muchos años. En tanto, grupos de estudiantes universitarios celebraron con manifestaciones callejeras el regreso de los tres agentes cubanos que aún guardaban largas condenas bajo cargos de espionaje en prisiones estadounidenses.
Antonio Guerrero, quien debía salir de prisión en 2017, Ramón Labañino, sentenciado a 30 años, y Gerardo Hernández, condenado a dos prisiones perpetuas, llegaron a La Habana el miércoles 17. Los otros dos integrantes de Los Cinco, René González y Fernando González (sin lazos de parentesco) cumplieron sus sentencias y se encuentran en Cuba desde 2013 y febrero de 2014, respectivamente.
En una alocución televisiva –simultánea a la que realizó Obama en Washington–, el presidente Raúl Castro recordó que su postura de diálogo con Estados Unidos da continuidad a la de su hermano Fidel, líder histórico de la Revolución y quien gobernó el país entre 1959 y 2008. Para varios observadores, la aclaración parece apuntar a sectores de la sociedad e inclusive dentro del gobierno cubano que pudieran estar en desacuerdo con la normalización de las relaciones. “El conflicto con Estados Unidos, y especialmente el bloqueo, han servido durante décadas para justificar nuestras deficiencias”, dijo a esta cronista un investigador bajo reserva de su nombre.

“La revolución cubana tiene sus detractores, pero la transformación de la vida cotidiana allí no se puede negar.”

El restablecimiento de relaciones diplomáticas no incluye el levantamiento del embargo económico y comercial contra Cuba, que requiere el acuerdo del Congreso estadounidense, pero Castro exhortó a Obama a “modificar su aplicación en uso de sus facultades ejecutivas”. Pese a ello, el avance hacia la normalización del vínculo con su poderoso vecino, del que le separan tan sólo 90 millas, implica retos profundos para el modelo socialista de desarrollo que Castro ha subrayado que no abandonará.
Para el joven sociólogo cubano Luis Emilio Aybar Toledo, Cuba deberá desplegar una política pragmática de vínculos económicos y políticos como los que sostiene con muchos otros países, y respaldar al mismo tiempo “un proyecto alternativo anticapitalista y antiiimperialista”, pero sin perder de vista que Estados Unidos seguirá siendo el principal enemigo de un programa de esa naturaleza.
La vulnerabilidad a influencias externas de diverso tipo, “se multiplicarán ahora por siete leguas y se sumarán a la pérdida de hegemonía que están sufriendo los valores socialistas en nuestro país. El gobierno de Estados Unidos lo tiene claro, por eso dio este paso”, exhortó el profesional, para quien la solución del dilema “radica en entender que se puede ser pragmático y al mismo tiempo radical”. En ese sentido, Rita María García Morris, directora ejecutiva del independiente Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba, consideró muy importante que las instituciones de la sociedad civil mantengan las puertas abiertas al diálogo reconciliador, aunque sea difícil y doloroso. “Reconocer diferencias nunca ha sido fácil”, estimó.
Las reformas emprendidas por el gobierno de Castro, que incluyen, entre otras, mayor apertura a emprendimientos privados de la ciudadanía cubana y una nueva Ley de inversiones extranjeras, permitieron al gobierno de Castro optimizar sus relaciones con el resto de América Latina y el Caribe, aliados tradicionales como China y Rusia, e iniciar también negociaciones con la Unión Europea.
La Habana y Bruselas llevan a cabo un diálogo político y de cooperación que diversifica aún más el diapasón diplomático del gobierno cubano, interesado en atraer inversiones fuertes para asegurar su crecimiento, en particular en la zona especial de desarrollo de Mariel. En ese contexto, Estados Unidos aparecía cada vez más aislado en su postura ante Cuba, invitada oficialmente a asistir a la próxima Cumbre de las Américas que se realizará en Panamá en abril. Con la nueva situación, Castro y Obama podrán usar esa cita cimera para afianzar el diálogo directo que abrieron el martes 16 de diciembre con una conversación telefónica.
La mediación del papa Francisco en el proceso que llevó a este acercamiento entre las dos naciones no resulta sorprendente, dado la postura de diálogo asumida en los últimos años entre Castro y la jerarquía de la iglesia católica en Cuba, que contribuyó inclusive la liberación de varias decenas de presos por causas políticas.

Los próximos desafíos
“La normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos abre un camino de reacomodos no exento de riesgos, que se inserta con mucha fuerza en el proceso de transformación nacional promovido por el presidente Raúl”, afirmó Lenier González, uno de los gestores del proyecto ciudadano Cuba Posible. En su opinión, el gobernante cubano y el presidente estadounidense comenzarán a construir una relación bilateral bajo el fuego cruzado de quienes conciben el paso dado por ambos mandatarios como una traición. “Cuba y Estados Unidos probarán su capacidad política de concertar y asumir el presente con pragmatismo y, a su vez, con creatividad”, dijo.
Cuba Posible es una iniciativa ciudadana acogida por el ecuménico Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-Cuba (CCRD-C), con sede en la ciudad de Cárdenas, a 150 kilómetros al este de La Habana, y cuenta con el apoyo financiero del Departamento de Desarrollo y Medio Ambiente de la noruega Universidad de Oslo. Este proyecto lo impulsan dos laicos católicos junto a un grupo de otros intelectuales cubanos, incluidos algunos marxistas. Se propone como espacio para fomentar e integrar criterios diversos y el “diálogo fecundo” entre diferentes sectores sociales del país, así como distintas corrientes de pensamiento de la ciudadanía cubana que vive en la isla o el exterior.
Para Roberto Veiga, coordinador del proyecto, “ahora debemos procurar que las autoridades, los políticos, los empresarios y las sociedades de ambos países se enrumben por ese camino de la reconciliación. Ambos países resultarán beneficiados, pero sobre todo Cuba, quien podrá robustecer con equilibrio la economía y las dinámicas sociales, lo cual a su vez crearía condiciones para reformar, incluso, el modelo político”.
González, comunicador social de 33 años, alertó a su vez que “el gobierno cubano estará en condiciones de ir facilitando, gradualmente, el ajuste de la vida nacional”, sólo si ambos gobiernos logran una estabilidad en sus relaciones y Estados Unidos se abstiene de querer inmiscuirse en la vida interna de Cuba. “Raúl Castro ha utilizado toda la autoridad que su figura posee para convencer a la dirección política de la isla que la transformación del modelo cubano es un asunto de vida o muerte. El actual paso dado respecto a Estados Unidos se inserta, con mucha fuerza, en ese camino de transformación nacional promovido por él y que ya no tiene marcha atrás”, indicó.
Castro, en el poder desde 2008, cuando reemplazó a su hermano Fidel, también lidera el proceso de establecer la dirección futura del país, mediante la paulatina transferencia a las nuevas generaciones de los principales cargos, proceso que se debería concretarse en 2018, cuando cumplirá su segundo período de cinco años y está establecido que dejará la presidencia, con 86 años.
Al respecto, González consideró que “en condiciones de paz, ese relevo político cubano tendrá mayor capacidad y equilibrio para saldar los dos grandes desafíos que tiene Cuba de cara al futuro”. Según explicó, estos retos incluyen “la reformulación del consenso político interno en torno a las metas históricas de la nación –independencia nacional, justicia social y democratización política– y la adopción de un conjunto de mecanismos que permita legitimar a ese relevo político para colocarlo en condiciones de conducir este proceso y ganarse un lugar en el futuro de Cuba”.
Además, González advirtió que este nuevo escenario encuentra a una sociedad civil transformada, en la que se ha ido desdibujando “la férrea dicotomía entre revolucionarios y contrarrevolucionarios”, según la cual “la calle era de los revolucionarios y se privaba a todo aquel disconforme a salir y manifestarse públicamente en contra del gobierno”.
A título de ejemplo, mencionó como desde hace algunos años “la calle” ha sido también de las comunidades religiosas, que han realizado actos públicos multitudinarios en todo el país, del movimiento LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales) y del activismo por los derechos de los afrodescendientes, que celebran sus fechas más importantes con actos públicos.
“Esos grupos de la sociedad civil han tenido que vencer el recelo de los estamentos oficiales para poder ir ganando legitimidad y acceso a la esfera pública, han podido concretar su victoria, progresivamente, desde que Raúl Castro llegó a la presidencia. Estos sectores ‘no disidentes’ quieren transformar el país, pero no derrocar el gobierno”, aseguró González.
Veiga –licenciado en derecho de 50 años– y su colega coincidieron en que ante esta realidad social es necesaria una nueva Ley de Asociaciones “heterodoxa y flexible”, de la cual podría emanar una “regeneración” de la sociedad civil cercana al área oficial, y la necesaria institucionalización de aquella consentida o tolerada, que sin ser opositora mantiene su independencia del poder.
La Ley de Asociaciones vigente desde 1986 permite crear sociedades científicas o técnicas, culturales y artísticas, deportivas, religiosas, de amistad y solidaridad y otras que “se propongan fines de interés social”, pero niega esa posibilidad cuando las actividades propuestas “pudieran resultar lesivas al interés social” o ya exista otra con objetivos similares.
“En un escenario de distensión con Estados Unidos, el gobierno cubano tiene el imperativo moral y político de convertirse en garante de toda la pluralidad política e ideológica del país”, remarcó González, quien considera que a los sectores de la sociedad civil opositora les costará “mucho trabajo” poder insertarse en este nuevo momento cubano.


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