ESTAMBUL EN EL MAGICO CUERNO DE ORO

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Misteriosa y fascinante, el paso de los siglos la convirtió en una de las ciudades más atractivas y singulares del mundo. Protagonista de la más fabulosa aventura del pensamiento, fue el centro del Imperio Romano de Oriente cuando su nombre era Bizancio y envidia del mundo cuando se llamó Constantinopla. Rebautizada Estambul en 1930, la moderna urbe, heredera del poderoso Imperio Otomano, conserva en su alma los fastos de su antigua magia.

Texto: Abel González / Carolina F. Moadeb Fotos: AP / AFP / Cortesía de la Embajada de Turquía, Buenos Aires

El famoso puente del Bósforo, que une a Europa con Asia.

El famoso puente del Bósforo, que une a Europa con Asia.

Desplegada sobre las dos orillas del Bósforo –ese sinuoso, estrecho marítimo que une el Mar Negro con el de Mármara y separa Asia de Europa–, la legendaria Estambul parece haber nacido de un sueño… o de una pesadilla. En el año 657 antes de Cristo, un puñado de colonos de la ciudad griega de Megara, abandonados por los dioses y mortificados por las continuas penurias, dejaron sus tierras en busca de un lugar más propicio para establecerse. Los sacerdotes del Oráculo de Delfos le aconsejaron a Byzas, que los lideraba, que estableciera a su gente en una zona opuesta al país de los ciegos. En busca de ese desconocido sitio, que imaginaban como un jardín del Olimpo, remontaron hacia el norte el Mar Egeo, navegaron por el Helosponto (el actual estrecho de los Dardanelos) y llegaron al Mar de Mármara, donde estuvieron a punto de naufragar. Agotados, buscaron refugio en la orilla occidental del Bósforo, y vieron en la margen oriental un caserío al cual prefirieron no acercarse. Al explorar el lugar al que habían llegado descubrieron una entrada del mar en forma de cuerno que constituía un magnífico puerto natural. Las tierras eran fértiles y había abundante agua dulce.

El mercado de especias, paso obligado de los turistas.

El mercado de especias, paso obligado de los turistas.

Byzas pensó que si los pobladores de la otra orilla no habían elegido este maravilloso lugar para vivir debía ser porque eran ciegos. La ciudad que fundó “en el sitio opuesto al país de los ciegos” fue bautizada con el nombre Bizancio en honor suyo. Es la misma que en el año 306 se llamaría Constantinopla y Estambul en 1930, la joya más preciada de la actual República de Turquía. La primitiva Bizancio se construyó a lo largo de ese maravilloso puerto natural descubierto por Byzas llamado el Cuerno de Oro (el Haliç), que desde el comienzo jugó un rol principal en la prosperidad y desarrollo de la ciudad. Esa suerte de ría estrecha divide el lado europeo de Estambul en dos sectores: la increíble ciudad vieja y el barrio de Galata, con sus miles de comercios. En este puerto de aguas tranquilas y profundas se concentraron las flotas bizantinas y otomanas y por allí pasaron desde Alejandro Magno hasta los caballeros templarios. El sitio es de una impactante belleza natural. El Puente de Galata que lo cruza es uno de los lugares más pintorescos y también uno de los sitios más agitados de la ciudad de 12 millones de personas y 2 mil mezquitas en que se ha convertido Estambul. Curiosamente, por la tarde, cuando la actividad cede un poco, decenas de personas se instalan allí con sus cañas de pescar para contemplar, de paso, el bello ocaso que pinta de dorado y púrpura las aguas del Cuerno de Oro.

UNA CIUDAD INFINITA

La Mezquita Azul, uno de los lugares más emblemáticos de Estambul.

La Mezquita Azul, uno de los lugares más emblemáticos de Estambul.

Cuando el escritor francés Stendhal viajaba para conocer otros países, cosa que hacía con envidiable frecuencia, se dejaba llevar por lo que él llamaba “impulsos del alma”. El método del autor de El rojo y el negro era muy simple: sin ningún plan previo hablaba con la gente del pueblo para seguir después la ruta que ellos le indicaban. Si alguien le decía que un sitio era bello y acogedor, allí iba él para verlo y comprobar si esa afirmación era cierta. Lo divertido del método de Stendhal es que el camino que uno sigue nunca es recto: avanza y hereretrocede, va de un lado para el otro sin brújula fija, siguiendo los dictados del corazón más que de la razón. Claro que los viajeros norteamericanos que pasan por Turquía deben estar atentos y tomar algunas simples precauciones, ya que Estambul es una ciudad netamente musulmana y muchas de sus calles, de noche, no suelen estar muy bien iluminadas. Para evitar sorpresas conviene consultar los itinerarios con los agentes de viaje, los guías o los conserjes de los hoteles. De todas maneras, la mayoría de la gente es realmente cordial en Estambul y está siempre dispuesta a ayudar al visitante, que disfruta mucho la simpatía de los turcos. Una buena experiencia es ir el primer día a Kumkapi, que es un barrio de típicas callejuelas lleno de restaurantes de pescado, de músicos ambulantes, de gente de todo el mundo que canta y baila en cualquier lado. No se puede andar dos pasos por ese sitio mágico sin que a uno lo quieran sentar a una mesa de algún restaurante. Es difícil no sucumbir al ambiente festivo del barrio. Allí se come la mejor meze de Estambul. Esta entrada típica que consiste en una sucesión de pequeñas porciones, al modo de las tapas españolas, unas más ricas que las otras: berenjenas asadas, pulpo, camarones, pimientos a las brasas, queso, yogur, calamares, acompañando todo con raki –una suerte de anís seco y fuerte que es la bebida nacional de Turquía– y con el increíble pan oriental, tibio y fragante, que cualquier panadería de Estambul hace dos veces al día.

ITINERARIO HISTORICO

Los habitantes de la ciudad se reúnen a pescar en el puente de Galata.

Los habitantes de la ciudad se reúnen a pescar en el puente de Galata.

Hay un circuito que permite vislumbrar el pasado de esta ciudad, una de las más antiguas y legendarias del mundo. Este itinerario histórico depara grandes sorpresas. El hipódromo, o más bien lo que queda de él –sus tres obeliscos– es del período romano. Aquí se celebraban los grandes momentos de la época bizantina, se aclamaba a los generales victoriosos y a los emperadores, y se ejecutaba a los herejes y a los rebeldes. Durante la ocupación latina (1204-1261) fue saqueado y destruido y a la llegada de los turcos (1453) ya estaba en ruinas. Más tarde se usaron sus restos para la construcción de la Mezquita Azul. El nombre turco de la Mezquita Azul es Sultán Ahmet Camii (camii se pronuncia yami y significa mezquita), porque fue mandada a construir por Ahmet I entre 1609 y 1616. Es la única en Estambul que tiene seis minaretes. El nombre se lo debe a su decoración interior de azulejos azules de Iznik (ciudad famosa por su producción de cerámica) con motivos florales.

La Catedral de Santa Sofía, monumento de la era Bizantina.

La Catedral de Santa Sofía, monumento de la era Bizantina.

La mezquita es parte de un complejo que incluye una escuela coránica (madraza), un mausoleo (türbe), una escuela elemental y un comedor de pobres (imaret). La iglesia de Santa Sofía fue construida por Constantino el Grande y reconstruida por Justiniano en el año 537. En 1453, Mehmet el Conquistador la convirtió en mezquita. Mustafá Kemal Atatuk, que fundó en Turquía la actual república laica, convirtió Santa Sofía en un museo en el año 1934. Es uno de los edificios más fantásticos de todos los tiempos y conserva delicados mosaicos de la época bizantina. Recorrer los palacios y las mezquitas de Estambul resulta apasionante. Algunas son bellísimas, como la que hizo construir Solimán el Magnífico, el sultán que llevó al Imperio Otomano a su máxima extensión y que fue uno de los grandes monarcas de su tiempo junto a Carlos V de España y Eduardo VIII de Inglaterra, que se dividían el mundo en el siglo XVI. El palacio Topkapi se levanta sobre un cabo en la confluencia del Bósforo con el Cuerno de Oro. Cinco kilómetros de murallas rodean este palacio, que ocupa un área de 700 mil kilómetros cuadrados, el doble que el Vaticano y la mitad de Mónaco. En este laberinto de palacios opulentos vivieron los sultanes y su corte durante el Imperio Otomano. Hoy es un museo para el asombro. Allí se contemplan las reliquias del Profeta Mahoma y se exhiben las más ricas colecciones imperiales.

DELICIAS COTIDIANAS

El gran contraste entre las tiendas y la opulencia de la nueva Mezquita Otomana.

El gran contraste entre las tiendas y la opulencia de la nueva Mezquita Otomana.

Caminar por la calle Istiklal, una de las más populosas de Estambul, permite conocer mejor el alma de esta ciudad contradictoria y enigmática. Es peatonal y muy comercial, alegre y bulliciosa. Un tranvía la recorre en toda su longitud y está festoneada por una ringlera de comercios y restaurantes a lo largo de sus dos kilómetros. Hay cientos de ellos, que ponen sus mesas largas (a veces comunitarias) unas al lado de las otras. A pocos pasos de ahí, el otro extremo es el Pera Palace, un elegante y refinado hotel de ambiente literario y novelesco. Fue construido en 1892 para recibir a los viajeros que llegaban en el Orient Express, ese tren de leyenda donde todo era posible, desde el amor al crimen. Hemingway, Greta Garbo, Sarah Bernhardt y Mata Hari se alojaron en sus lujosas habitaciones. Agatha Christie escribió en una de las suites su novela más famosa: Crimen en el Orient Express. Tomar en el bar del hotel un té de manzana o una copa de raki es un auténtico placer.

La arquitectura de los edificios turcos es uno de los grandes atractivos de esta mágica ciudad.

La arquitectura de los edificios turcos es uno de los grandes atractivos de esta mágica ciudad.

Pero si uno quiere conocer realmente Estambul tiene que recorrer y perderse en el Gran Bazar, una ciudad dentro de la ciudad. Es un laberinto de 30 hectáreas techadas, que alberga 4.400 comercios dispuestos en 61 largas calles y donde trabajan en forma permanente 25 mil personas. Joyas de oro, piedras preciosas, libros raros, artículos de cuero de todo el mundo, tapices y alfombras que cuestan fortunas. Ahí todo es comercio y regateo de precios. Una actividad que sólo se detiene cuando los comerciantes cierran las tiendas para rezar en alguna de las dos mezquitas del mercado. Ahí Estambul es, definitivamente, el enigmático, impenetrable Oriente.


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