FASCISMO, ¿PUEDE SUCEDER AQUÍ?

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Mientras Donald Trump se aproxima a paso firme a alcanzar la nominación republicana para la presidencia, coleccionando una victoria tras otra además de un insulto tras otro, el Partido Republicano se encuentra en pleno caos y hay quienes pronostican que el tradicional partido va camino a una histórica escisión. La atmósfera circense enmascara las declaraciones profundamente inquietantes que han realizado varios candidatos que avivan la llama del fascismo, el racismo, la supremacía blanca y la xenofobia. Ello desvía además la atención de un déficit crucial presente en nuestra democracia, que se continúa agravando: el ataque al derecho al voto y, en especial, la masiva privación del derecho al voto a casi cinco millones de estadounidenses, la mayoría de ellos, personas de color.

Texto: Amy Goodman y Denis Moynihan (Democracy Now!) / Fotos: Jack Cotter / Constance Shapes

“Cuando el fascismo llegue a Estados Unidos lo hará envuelto en la bandera y portando una cruz” reza la cita ampliamente atribuida al primer estadounidense ganador del Premio Nobel de Literatura, Sinclair Lewis. En 1935, Lewis escribió una novela denominada It Can’t Happen Here (No puede suceder aquí), en la que plantea el posible ascenso del fascismo en Estados Unidos. En la escuela nos enseñan que el fascismo fue derrotado en 1945, con la capitulación de Alemania y Japón en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, las sombras de aquella época oscura se ciernen sobre la campaña presidencial de este año, con estallidos de violencia y promesas de lealtad a través del saludo nazi, todo ello encabezado por la retórica violenta del candidato republicano favorito, Donald Trump.

El filósofo del siglo XX George Santayana escribió: “Quienes no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Santayana vivió en Europa en la época de la Primera y la Segunda Guerra Mundial y experimentó de primera mano el fascismo italiano. El fascismo fue el movimiento político violento fundado por Benito Mussolini, que asumió el control de Italia en 1922. Mussolini ordenaba que se golpeara, encarcelara, torturara y matara a sus opositores políticos, y gobernó con mano dura hasta que fue derrocado cuando Italia se rindió a los Aliados en 1943. Era conocido como “el duce” y ofreció su apoyo al movimiento nazi de Alemania desde sus comienzos y cuando Adolf Hitler asumió el poder en la década de 1930.

Vigencia y temor

¿Por qué es esto pertinente en la actualidad? Donald Trump recientemente publicó en Twitter una cita de Mussolini: “Es mejor vivir un día como un león que 100 años como una oveja”. Cuando NBC confrontó a Trump por haber publicado palabras fascistas en su cuenta de Twitter, el candidato respondió: “Está bien saber que la cita es de Mussolini. Mussolini era Mussolini…Es una muy buena cita, es una cita muy interesante”.

Ojalá las comparaciones con el fascismo se limitaran sólo a sus tuits. Sus actos políticos se han vuelto el centro de enfrentamientos violentos, avivados sistemáticamente por la acalorada retórica de Trump desde el estrado. Después de que un manifestante de Black Lives Matter fuera pateado y golpeado en uno de sus actos, Trump dijo en señal de aprobación: “Quizá deberían haberlo molido a palos”. En un mitin en Las Vegas en febrero, después de que un manifestante contrario a Trump interrumpiera el evento y fuera expulsado del lugar, Trump vociferó: “¿Saben lo que solía pasarles a tipos como ese cuando estaban en un lugar así? Salían en camilla”. Y añadió: “Me gustaría darle un puñetazo, eso es seguro”.

Semanas más tarde, en otro acto de Trump, un manifestante recibió un puñetazo en la cara. Cuando los guardias de seguridad estaban sacando a Rakeem Jones, un afroestadounidense de 26 años de edad, del estadio en el que se llevaba a cabo el acto en Fayettesville, Carolina del Norte, John McGraw, un seguidor blanco de Trump, le dio un puñetazo en la cara a Jones. A continuación, los policías locales redujeron al hombre en el suelo, no a McGraw, que fue quien lanzó el puñetazo, sino a Jones, la víctima.

El programa de televisión Inside Edition entrevistó a McGraw inmediatamente después de la agresión. “La próxima vez que lo veamos, quizá tengamos que matarlo”, dijo McGraw, que fue arrestado al día siguiente. Trump se comprometió a pagar personalmente los gastos de defensa de sus seguidores que sean acusados de agresión contra manifestantes, incluido McGraw. Trump también respondió con evasivas cuando se le pidió que repudiara el apoyo del Ku Klux Klan y su antiguo “gran mago”, David Duke. Trump respondió en una entrevista con el periodista de CNN Jake Tapper: “No sé, sinceramente no conozco a David Duke. Creo que nunca lo conocí”.

Para encontrar una explicación, es bueno conocer la reflexión del catedrático Robert Paxton, considerado el padre de los estudios sobre el fascismo y profesor emérito de ciencias sociales de la Universidad de Columbia: “Donald Trump exhibe una predisposición muy alarmante a utilizar temas y estilos fascistas. La respuesta positiva que logre es preocupante”.

Las semillas del mal

El auge de la xenofobia. Donald Trump ha despotricado contra los mexicanos y citó al dictador italiano Benito Mussolini.

El auge de la xenofobia. Donald Trump ha despotricado contra los mexicanos y citó al dictador italiano Benito Mussolini.

Donald Trump está avivando la llama de la intolerancia y el racismo. Está sacando provecho de los temores de los votantes blancos de clase trabajadora, cuya situación económica se ha deteriorado. Si la Convención republicana que se celebrará en julio en Cleveland no llegara a lograr un acuerdo con respecto a su candidatura, Trump advirtió semanas atrás a la CNN: “Creo que habrá disturbios. Represento a muchas millones de personas”.

Trump tiene actualmente 673 delegados, la mayor cantidad de un candidato republicano. Necesita asegurar 1237 delegados para ganar la candidatura. Mientras tanto, una organización de investigación británica calificó la posibilidad de que Trump sea presidente como uno de los diez principales peligros que enfrenta el mundo. La Economist Intelligence Unit calificó la presidencia de Trump como una amenaza mundial tan grave como la posibilidad de que el terrorismo yihadí desestabilice la economía mundial.

Minutos en el aire

Texto: Amy Goodman y Denis Moynihan (Democracy Now!)

Es sorprendente que Bernie Sanders haya llegado a donde está hoy. Analicemos el resumen del informe Tyndall sobre la cobertura de la campaña de 2016. Desde finales de la década de 1980, Andrew Tyndall ha realizado un análisis independiente diario de los principales programas de noticias de la noche en CBS, NBC y ABC. Tyndall señala que, en 2015, estas cadenas de noticias produjeron más de 17 horas de información sobre la campaña presidencial, es decir, que la televisión nacional le dedicó a la campaña más de mil minutos de su tiempo de aire. Donald Trump recibió 327 minutos de cobertura, o alrededor de un tercio de toda la cobertura de la campaña, mientras que Bernie Sanders recibió apenas 20 minutos. Por su parte, Hillary Clinton obtuvo 121 minutos de cobertura, seis veces más que Sanders. En un ejemplo sorprendente de cobertura desigual, el programa ABC World News Tonight transmitió 81 minutos de noticias sobre Trump, frente a apenas 20 segundos de noticias sobre Sanders.

Los canales de televisión comerciales tienen también un conflicto de interés inherente. Las campañas de los partidos y los súper PAC gastan cientos de millones de dólares en comprar tiempo publicitario en la televisión para promover a un candidato o tema. Cuanta más información sobre la campaña transmitan las cadenas, menos necesidad sentirán los candidatos de comprar tiempo de publicidad para informar a sus posibles seguidores acerca de sus posiciones. Dado que la televisión sigue siendo la principal fuente de noticias para la mayoría de los estadounidenses, este conflicto de interés representa un gran obstáculo para mantener una población bien informada.

El derecho al voto

Los republicanos temen que la posible candidatura de Trump le cueste a su partido no solo la pérdida de la Casa Blanca, sino también el control del Senado y de la Cámara de Representantes. Es allí donde entra en juego la avalancha de leyes que limitan el derecho al voto. La Unión Estadounidense por las Libertados Civiles ha señalado que diez estados implementarán nuevas leyes que restringen el derecho al voto, las cuales afectarán a unos 80 millones de votantes y podrían resultar determinantes en la asignación de 129 votos electorales de los 270 que se necesitan para ganar las elecciones. Dale Ho, de la ACLU, escribió: “Estas leyes van desde la imposición de nuevos obstáculos para el registro en los padrones electorales a limitaciones a la votación temprana o a estrictos requisitos de identificación del votante”.

Negarle el derecho a votar a aquellas personas que han sido condenadas por cometer delitos es otra forma de impedir la participación de votantes a gran escala. Si bien cuenta con sólo el 5% de la población mundial, Estados Unidos alberga al 25% de los prisioneros del mundo. Las leyes varían de un estado a otro. Maine y Vermont permiten que los prisioneros voten, pero desde 2014, según The Sentencing Project, todos los demás estados y el Distrito de Columbia cuentan con alguna forma de privación del derecho al voto a consecuencia de un delito grave. En doce estados, el derecho a votar se revoca de forma definitiva. Lo que significa que la persona no podrá volver a votar, ni siquiera una vez que haya cumplido su sentencia y pagado su deuda a la sociedad. Esos estados son Alabama, Arizona, Delaware, Florida, Iowa, Kentucky, Mississippi, Nebraska, Nevada, Tennessee, Virginia y Wyoming.

Sus actos políticos se han vuelto el centro de enfrentamientos violentos, avivados sistemáticamente por la acalorada retórica de Trump.

Según un estudio desarrollado en 2002 por los sociólogos Christopher Uggen y Jeff Manza, “si se hubiera permitido votar a los convictos a quienes se revocó el derecho al voto en Florida, el candidato presidencial demócrata Al Gore habría sin duda ganado en ese estado y, por lo tanto, en las elecciones nacionales”. En un informe de 2014, The Sentencing Project resumió: “A nivel nacional, uno de cada trece adultos afroestadounidenses no puede votar a consecuencia de una condena por delito grave y en tres estados, Florida, Kentucky y Virginia, a más de uno de cada cinco adultos afroestadounidenses se les ha revocado el derecho al voto”.

Ari Berman, autor de Give Us the Ballot: The Modern Struggle for Voting Rights in America (Dennos el voto: La lucha moderna por el derecho al voto en Estados Unidos”), indicó: “Más de cinco millones de estadounidenses no pueden votar debido a las leyes que imponen la suspensión del derecho al voto a los convictos. La privación del derecho a votar es otro legado de Jim Crow contra el que todavía estamos luchando hoy en día”.

Este es solamente uno de los muchos impactos devastadores de la encarcelación masiva en Estados Unidos. Y los republicanos no son los únicos responsables. Es por eso que los activistas del movimiento Black Lives Matter han interrumpido actos de campaña de candidatos presidenciales demócratas. Durante un reciente evento privado de recaudación de fondos para Hillary Clinton llevado a cabo en Charleston, Carolina del Sur, Ashley Williams desplegó una pancarta en la que podía leerse: “Debemos llamarlos al orden”, en alusión a los polémicos comentarios efectuados por Hillary Clinton en 1996 acerca de un sector de la juventud a la que calificó como “jóvenes superdepredadores”. Clinton expresó en ese momento: “Generalmente son el tipo de jóvenes a quienes llaman superdepredadores. No tienen conciencia ni empatía. Podemos hablar de los motivos por los que terminaron así pero primero debemos llamarlos al orden”. Ashley Williams enfrentó a Clinton y le dijo: “No soy una superdepredadora”. Tras su intervención, Williams fue rápidamente expulsada del lugar.

Las luchas por la justicia racial y por el derecho al voto están estrechamente vinculadas. En este año de elecciones con la mira puesta en la Casa Blanca, la cuestión racial es, sin lugar a dudas, un tema central.


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