FONDOS SOBERANOS: PETRODOLARES EN ACCION

0

Hasta hace un tiempo, los fondos soberanos no eran tenidos en cuenta. Pero esta creación de los Estados o los bancos centrales de países emergentes para invertir los excedentes monetarios que provienen de la estampida de precios del petróleo o de sus superávits comerciales, está generando temor y recelo en los inversores occidentales. El mayor riesgo consiste en que, dentro de cinco años, los países occidentales quedarán atados de pies y manos frente a la invasión de petrodólares, sinodólares y ruskidólares. En un sistema financiero extremadamente volátil, sin reglas de juego claras y debilitado por la crisis de las subprimes, ningún experto se atreve a decir si la arrolladora llegada de los fondos soberanos tendrá un efecto positivo para la economía mundial.

Texto: Agustín Atir / Fotos: AP / AFP

Los jeques árabes ya no se comportan como beduinos atrasados que dilapidan sus fortunas en yates, joyas, mansiones en la Costa Azul y palacios entre las dunas, como ocurrió después del boom petrolero de 1973. Los herederos de aquella generación de potentados imprudentes fueron educados en las grandes universidades de Estados Unidos y Gran Bretaña, y ahora tratan de invertir en Occidente las fortunas que les deja el barril de petróleo a 100 dólares. A ese precio, los países del Golfo –que exportan unos 20 millones de barriles por día– ganan $ 2 mil millones cada 24 horas, según un cálculo de la revista especializada Financial News. Con la estampida de precios del último año, los grandes exportadores, tanto del mundo árabe como Noruega o Rusia, acumularon una fortuna global estimada en 1 billón de dólares. Al menos un tercio de esa suma será inyectada en los fondos soberanos creados por algunos países para invertir una parte de sus excedentes. En menos de dos años, esos sovereign wealth funds se convirtieron en verdaderos árbitros de las finanzas internacionales (ver gráfico). Con una “potencia de fuego” de 3 billones de dólares en la actualidad, seguirán creciendo en forma exponencial hasta llegar a $ 13,4 billones en la próxima década, según las proyecciones del banco Standard Chartered. Morgan Stanley, por su parte, calcula que en 2018 tendrán un poder global de $ 17,5 billones. Cuatro parámetros permiten dimensionar lo que representa esa cifra sideral en el marco de las grandes corrientes fi nancieras que circulan por el mundo: • Duplican el monto total de los hedge funds (fondos de cobertura). • Superan el valor total de las empresas cotizadas en la Bolsa de París. • Equivalen a 7% de la capitalización bursátil mundial. • Los instrumentos creados por seis países del Golfo figuran entre los 20 fondos más grandes del mundo.

Para tener una idea del vigor que tienen esos fondos alcanza con saber que en los últimos nueve meses de 2007 invirtieron $ 55 mil millones en instituciones occidentales. A esa cifra se pueden agregar otros $ 12 mil millones colocados por grupos financieros chinos en el exterior. El poder que tienen esos fondos se advirtió a fines de noviembre, cuando ADIA (Abu Dhabi Investment Authority) invirtió $ 7.500 millones para comprar 4,9% del capital del Citigroup. Por tratarse de una empresa emblemática del sistema bancario internacional, esa operación causó estupor.

FONDOS SOBERANOS

OPEC-COMMODITIES-OIL

Buenos muchachos. Venezuela, Ecuador e Irán intentaron convertir a la OPEC en un actor político de proyección mundial.

Si no fuera por los petrodólares árabes, algunos grandes bancos de Estados Unidos estarían actualmente en quiebra como resultado de la tremenda crisis financiera provocada por el derrumbe de las subprimes (hipotecas de muy alto riesgo). Pero el sistema bancario pudo resistir el shock gracias a las inyecciones de divisas aportadas por los fondos de Abu Dhabi, la Unión de Emiratos Arabes, Dubai –más Singapur y China– al Morgan Stanley, Citigroup, el banco suizo UBS y al parecer Merrill Lynch, que busca $ 6.200 millones para cubrir los agujeros que le dejó la crisis de subprimes. Para tener una idea del vigor que tienen esos fondos alcanza con saber que en los últimos nueve meses de 2007 invirtieron $ 55 mil millones en instituciones occidentales. A esa cifra se pueden agregar otros $ 12 mil millones colocados por grupos financieros chinos en el exterior. El poder que tienen esos fondos se advirtió a fines de noviembre, cuando ADIA (Abu Dhabi Investment Authority) invirtió $ 7.500 millones para comprar 4,9% del capital del Citigroup. Por tratarse de una empresa emblemática del sistema bancario internacional, esa operación causó estupor. Hasta ese momento, nadie había prestado demasiada atención a esos instrumentos que estremecieron la “lógica del capitalismo”, como sostiene Lawrence Summers, profesor en Harvard. Se los llama fondos soberanos simplemente porque fueron creados, en general, por los Estados o los bancos centrales de países emergentes para invertir los excedentes monetarios que provienen de la estampida de precios del petróleo (en el caso de los países árabes o Rusia) o de sus superávits comerciales (China). Algunos países opulentos, como Noruega y Canadá, e incluso el estado norteamericano de Alaska, copiaron esa fórmula para proteger las fortunas que les deja la explotación de sus riquezas petroleras. Brasil también estudia la posibilidad de crear un fondo soberano para no dilapidar el excedente de sus reservas internacionales, según anunció el ministro de Hacienda, Guido Mántega. Los cofres del Banco do Brasil atesoran actualmente casi $ 180 mil millones ganados gracias a la pujanza de sus exportaciones. La creación de esos fondos fue decidida por las monarquías petroleras y otros países emergentes para no repetir la experiencia de los años 70, cuando los dirigentes del Golfo despilfarraron las fortunas acumuladas durante el primer boom petrolero. Ese tipo de instrumentos fi nancieros no tiene nada que ver con los fondos de pensión –creados por las cajas privadas de jubilación para rentabilizar sus haberes–, ni con los fondos de inversión –concebidos por inversores interesados en obtener rápidos benefi cios– y mucho menos con los hegde funds –imaginados para realizar operaciones especulativas de corto plazo y alto rendimiento–. Tan grande es su poder que algunos de esos fondos soberanos ya comenzaron a devorar a los fondos de inversión: en mayo pasado, la China Investment Corporation (CIC) invirtió $ 3 mil millones para comprar 10% del capital de Blackstone, uno de los tres fondos de inversiones más grandes del mundo. El fondo Mubadala de Abhu Dhabi fi rmó un cheque de $ 1.359 para adquirir 7,5% del poderoso fondo de inversiones Carlyle. Otra de las compras emblemáticas fue la toma de participación de 48% de la Bolsa de Londres por parte de los fondos de Dubai (28%) y Qatar (20%), concretada en septiembre último. En otras operaciones recientes también conquistaron porciones signifi cativas del Nasdaq en Estados Unidos o los bancos Barclays y Bear Stearns. Sus inversiones no se limitan exclusivamente al área fi nanciera, sino que abarcan todos los sectores de la actividad económica. En los últimos meses, el fondo qatarí Delta Two, que tiene 25% en la cadena británica de grandes almacenes Sainsbury, ofreció comprar el 75% restante. El fondo Isthitmar de Dubai adquirió las grandes tiendas Barneys de Nueva York, el fondo Dubai Internacional Capital (DIC) controla entre 5 y 7% de Sony y KIA (Kuwait Investment Authority) tiene 7% de Daimler Ckrysler. Una parte del paquete accionario del grupo europeo aeronáutico y espacial EADS –que fabrica los aviones Airbus y participa en la construcción los cohetes Ariane– está en manos del emirato de Dubai (3%) y del banco estatal ruso Vnechtorgbank (5,06%).

TEMOR SOBERANO

MORGAN STANLEY

Los mercados advierten la creciente influencia política y económica de los bonos soberanos. El nuevo paisaje de Dubai es producto de los petrodólares.

“La visibilidad de los fondos aumentó por la rápida acumulación de beneficios que producen los precios del petróleo. Esos capitales buscan diversificar las inversiones para tratar de obtener rendimientos cada vez más altos”, explicó el experto francés Pierre-Cyrille Hautcoeur. Para decidir sus inversiones, el emir de Dubai actúa con la misma eficiencia y frialdad que un capitalista de Wall Street. Instalado en un recinto de su palacio que está equipado con las pantallas de las grandes agencias de información fi nanciera, el jeque Mohamed ben Rachid Al Maktoum opera con un equipo de fi nancistas formados en Harvard y Stanford, robados a las grandes empresas de Wall Street y la City de Londres. El team, que funciona como un banco de negocios, tiene una red de 1.500 expertos trabajando en las grandes capitales. Sin embargo, antes de tomar una decisión estratégica para invertir los $ 12 mil millones de su patrimonio, el emir suele consultar con un consejo de asesores integrado por Noboyuki Idei (ex administrador delegado de Sony), Helmut Panke (ex presidente de BMW) y Pierre Garnier (presidente de GlaxoSmithKline hasta mayo de este año). Como era previsible, la actividad de esos capitales comienza a generar cierta inquietud a nivel internacional. “¡Cuidado! Esos fondos pueden condicionar el mercado”, advierte Stephen Jen, jefe economista de Morgan Stanley. El mayor riesgo consiste en que, dentro de cinco años, los países occidentales quedarán atados de pies y manos frente a la invasión de petrodólares, sinodólares y ruskidólares: en 2012, el volumen de los fondos soberanos (estimado en $ 8,7 billones) será superior a las reservas de los bancos centrales occidentales ($ 7,4 billones), según un estudio de Morgan Stanley. El temor que suscita su potencial de influencia en la economía mundial se advirtió claramente en la última reunión de ministros de Finanzas del G7, realizada a mediados de octubre en Washington. “El aumento en volumen y en cantidad de los fondos soberanos (…) merece una atención reforzada ante las consecuencias potenciales que podrían tener sobre los mercados financieros y las inversiones”, reconoció el secretario del Tesoro, Henry Paulson. En Bruselas, los altos mandos de la Unión Europea (UE) también preparan una defensa. El comisario (ministro) de Comercio, Peter Mandelson, esbozó la idea de una golden share (acción de oro) europea, que permitiría bloquear cualquier operación hostil lanzada por un fondo exterior a las fronteras de la UE. “Por lo menos, debemos proteger los intereses estratégicos de Europa”, acordaron el presidente francés Nicolas Sarkozy y la canciller alemana Angela Merkel, alarmados por la presencia de capitales de Rusia y Dubai en EADS. Para responder en parte a esa necesidad, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) decidieron preparar un código para regular las operaciones de esos fondos en las economías occidentales. En privado, los ministros y los banqueros no ocultan su preocupación por las amenazas que representan para las economías occidentales esas masas monumentales de dólares capaces de desestabilizar un mercado en 24 horas. “Esos nuevos actores crean un problema”, asegura Steffen Kern, del Deutsche Bank. Por un lado, ya se los acusa de haber provocado la estampida de los metales preciosos –oro y platino– con sus inversiones masivas en el Bullion Market de Londres. Otra sospecha es que puedan perturbar el equilibrio de los mercados bursátiles: “Más del 90% de las inversiones futuras se harán en acciones”, pronostica Stephen Jen, del Morgan Stanley. En 2007, $ 37 mil millones estuvieron destinados a la compra de valores bursátiles, cifra cuatro veces superior a la de 2006. Por otro lado, existe el riesgo de que rusos y chinos pierdan interés en los Bonos del Tesoro –que proponen un bajo rendimiento– para volcarse a inversiones más rentables. Esa desafección podría tener repercusiones de imprevisibles consecuencias para la economía de Estados Unidos. Pero la sospecha más importante reside en que se sientan tentados a crear una empresa de compra-venta de petróleo que les permita intervenir en el mercado para mantener los precios del barril en niveles elevados. En ese mercado altamente especulativo, alcanza con saber jugar dentro del sistema de oferta y demanda para provocar un aumento artifi cial y, de paso, obtener una buena rentabilidad. Lejos de adoptar una actitud prudente frente al miedo de Occidente, esos fondos parecen decididos a intensifi car su ofensiva. Entre sus próximas presas se encuentran algunos bancos suizos como Julius Brauerm Crédit Suisse o el UBS, la bolsa alemana Deutsche Börse, las grandes inversoras Aberdeen o Ashmore, el fondo de capital-inversiones 3i y el hedge fund Man.

En privado, los ministros y los banqueros no ocultan su preocupación por las amenazas que representan para las economías occidentales esas masas monumentales de dólares capaces de desestabilizar un mercado en 24 horas. “Esos nuevos actores crean un problema”, asegura Steffen Kern, del Deutsche Bank. Por un lado, ya se los acusa de haber provocado la estampida de los metales preciosos –oro y platino– con sus inversiones masivas en el Bullion Market de Londres. Otra sospecha es que puedan perturbar el equilibrio de los mercados bursátiles. Pero la sospecha más importante reside en que se sientan tentados a crear una empresa de compra-venta de petróleo que les permita intervenir en el mercado para mantener los precios del barril en niveles elevados.

DINERO ESPIRITUAL

BC-ME-FIN--HALIBERTON-WHY DUBAI?

Dubai.

No todos los paraísos petroleros se dedican a especular. En esa región que concentra entre el 7 y 10% de los gastos militares del planeta, también hay dinero para actividades espirituales. Los países del Golfo proyectan inversiones y obras de infraestructura por valor de $ 1,5 billones en los próximos cinco años, según Jürgen Fitschen, director regional de Deutsche Bank. El emirato de Dubai, por ejemplo, está terminando un puerto de aguas profundas y una terminal para porta-contenedores: en 2012 estará concluido un ambicioso proyecto inmobiliario que le permitirá contar con 5 millones de m2 de comercio y ofi cinas. En el marco de ese plan, está construyendo un centro comercial, el Mall of Arabia, que tendrá 1 millón de m2 cubiertos. El símbolo de su potencia es el gran edifi cio Burj Dubai, que ambiciona ser el más alto del mundo, y será inaugurado este año. Otra joya de ese programa será la célebre isla artificial Nakheel´s Palm Island, donde cada mansión costará 10 millones de dólares. La idea del jeque Al Maktoum, que quiere convertir a Dubai en un edén turístico para el mundo árabe, es pasar de 7 millones de visitantes en la actualidad a 15 millones en 2012. Entre sus ideas para atraer a los extranjeros fi gura la creación de un Disneylandia, un parque temático de Time Warner y otro de la escudería Ferrari. Su vecino Abu Dhabi prefi ere orientar sus inversiones hacia el turismo cultural y la formación de las futuras élites de la región. El emir Zayed bin Sultan Al Nahyan aprovechó sus petrodólares para crear una réplica autorizada de la Sorbona, donde los estudiantes tienen profesores franceses, las mismas disciplinas y el mismo programa que se enseña en París. Como un milagro surgido de la lámpara de Aladino, la isla Saadiyat se transformará a partir de 2012 en el mayor centro cultural de Oriente Medio y uno de los más importantes del mundo. Esa franja de 2.700 hectáreas –ubicada a 500 metros de las costas de Abu Dhabi– tendrá un gran centro de espectáculos y cuatro museos. Las dos joyas de ese complejo serán el Guggenheim de Abu Dhabi y una “sucursal” del Louvre, que exhibirá 300 obras prestadas por la institución hasta que el museo de Abu Dhabi pueda constituir su propia colección. También recibirá a préstamo piezas procedentes de otros museos franceses (Orsay, Versalles y Quai Branly). Qatar, que aspira a convertirse en un business center regional, está intentado obtener una franchise de Harvard, como hizo Abu Dhabi con la Sorbona. A 3.800 km de distancia, en Moscú, el presidente Vladimir Putin también decidió utilizar una parte de la fortuna que le dejan los nuevos precios del petróleo y gas de Siberia para modernizar su infraestructura petrolera y crear un fondo soberano que realiza importantes inversiones en Europa. Otro modelo de low profile es el de Noruega. Desde que creó su fondo soberano en 1996, el Estado sólo recupera 4% de las ganancias que producen sus yacimientos del Mar del Norte. El resto es atesorado por el Norges Bank Petroleum Fund, que administra un capital de $ 218 mil millones. Con $ 7.250 millones invertidos en la bolsa de París, es el principal accionista de las grandes empresas francesas. En un sistema financiero extremadamente volátil, sin reglas de juego claras y debilitado por la crisis de las subprimes, ningún experto se atreve a decir si la arrolladora llegada de los fondos soberanos tendrá un efecto positivo para la economía mundial. Una duda de esa magnitud es de por sí inquietante.


Compartir.

Dejar un Comentario