FRANK SINATRA: LA VOZ

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Fue pandillero y alcohólico, y se lo vinculó con la mafia. Se lo acusó de mujeriego, vividor, déspota, vanidoso, cocainómano, estafador y otros adjetivos peores. Amó a las actrices más famosas de Hollywood. Se casó cuatro veces y tuvo tres hijos. Ganó diez Grammy y dos Oscar. Y todo lo hizo a su manera, dándole a New York su mejor canción y al mundo entero su voz, esa voz, La Voz.

Texto: Raúl García Luna Fotos: AP y AFP

retrato publicitario de Frank Sinatra.

Un retrato publicitario de Frank, en 1957. Un año antes, La Voz se había separado, en muy malos términos, de su segunda esposa, la femme fatale Ava Gardner.

Dicen que en su último suspiro dijo: “Me voy”. Lo mismo que decía cada vez que se fugaba de su modesta casa de Hoboken, New Jersey, entre los 7 y los 14 años. Era un chico revoltoso y pendenciero, que más de una vez terminó acorralado por la policía mientras robaba un comercio con su pandilla de latinos pobres. Pero siempre se escapaba. Y no por falta de respeto hacia su padre, el inmigrante italiano Anthony Martin Sinatra, que de día era bombero y de noche regenteaba una taberna, sino quizá por vergüenza de lo que se decía que hacía su madre, Natalie Della Agravantes, portavoz barrial del Partido Demócrata de día, y de noche practicante de abortos ilegales a 25 o 50 dólares cada uno. Lo cierto es que Francis Albert Sinatra (1915-1998) siempre quería irse, ser otro, vivir sin culpa. Pero volvía a casa. Adoraba los relatos de los tiempos de boxeador de su padre siciliano y analfabeto, y de su madre Dolly sobre su abuelo genovés y tallador de gemas. Esto, hasta que ella fue arrestada y a él, Frankie, lo segregaron hasta los compinches de su propia pandilla, por ser hijo de una abortista. Ya tenía 15 años y era un carismático fanfarrón que se vestía más elegantemente que sus pares, mientras se costeaba ropa fina con salarios de recadero y luego de mandadero de mafiosos de barrio, e iniciaba más tarde una larga fuga como aprendiz de camionero y como cronista deportivo de un pequeño periódico. Como era un alfeñique de 44 kilos resolvió hacer gimnasia y natación para mejorar su raquítica fisonomía. Y por radio escuchaba a sus ídolos Al Jolson y Bing Crosby, a quienes imitaba acompañándose con un ukelele hawaiano aún sin saber ni una sola nota de música. No tenía 17 años y ya lo había decidido: sería cantante de jazz. Conoció a Nancy Barbato en 1932 –con quien se casaría seis años después– y en 1933 vieron juntos el último show de Bing Crosby. Frankie cantaba ya en bares de mala muerte, y a los 21 años había sido admitido en el grupo vocal Three Flashes como cuarta voz. Después, como Hoboken Four, compitieron el match radial Major Bowes Amateur Hour y se alzaron con el grand prix. Así empezó. No sólo se dio cuenta de que no era musculoso, también de que tenía un timbre vocal cálido, pero nunca descollante. Y de que, astuto hallazgo, acercando la boca a los micrófonos conseguía llegar al oído del público sin necesidad de levantar la voz. Es un hecho que antes de Los Beatles y del rock de los ’60, Frankie paladeó las mieles del sonido electrónico. Clave de hierro para el resto de toda su carrera, ya en la gira nacional del Hoboken Four se lo empezó a llamar el “calienta-orejas” y también La Voz, así, con mayúsculas. Y la radio, el medio por excelencia de la época, lo proyectó a niveles de audiencia por él mismo insospechados. En 1939, como vocalista de la banda de Harry Harden, cantó cada noche en una radio neoyorquina con llegada a todo el país, y ahí nació la “Sinatra-manía”.

Tommy Dorsey recibió una “visita informal” que lo obligó a romper el contrato incumplido por Frankie. El mismo Tommy lo aclararía en The Life: “El tipo puso el dedo en el gatillo de su pistola, y yo entendí el mensaje”.

Frank Sinatra primera esposa Nancy Barbato.

En 1946 junto a su primera esposa Nancy Barbato. La pareja se había conocido en 1932, y el matrimonio llegó recién seis años después.

En el futuro, se diría que su éxito se debía a sus relaciones con la mafia y a las presiones que ésta habría ejercido sobre los productores de discos y de filmes, en procura de una reivindicación cultural de la comunidad italiana de los Estados Unidos. Algo muy posible, según su biógrafo “oficial” Randy Taraborelli, quien, siendo Frankie ya octogenario, escribió que esto se lo habría confirmado el mismísimo cómico Jerry Lewis, ex socio de Dean Martin, cantante que se habría integrado al Clan Sinatra sólo por compartir idénticos postulados: amistad con John Kennedy más diversión, alcohol, drogas y orgías. Escandaloso grupo más conocido como The Pack Rat, conformado por Dean Martin, Sammy Davis Jr., Joey Bishop y Peter Lawford, familiar de los Kennedy y enlace con su gestión política. Y Frankie como gran “padrino”. Pero aún estamos en los ’40 y La Voz ya nada le debe a la de su admirado Bing Crosby. Su nasal argucia “calienta- orejas” arrolla en la orquesta del trompetista Benny Goodman, y luego en la de Harry James, quien de todas maneras trata de negarle el protagonismo musical que sin duda se merece. Días de infecundas discusiones por el estrellato, secundadas por el primer embarazo de su esposa Nancy Barbato, quien lo acompaña en todas sus giras. Y los teatros llenos, y las ya 40.000 fans de Frankie rogándole por un guiño de ojos, un beso virtual, un pañuelo sudado, lo que fuese como souvenir de presentaciones inolvidables. Y al fin Tommy Dorsey contratándolo para su big band, y el franco reconocimiento del crooner pop: “La dinámica, el fraseo, la pausa, todo lo reaprendí de la trompeta de Dorsey, además de cómo negociar contratos y lucir natural”.

Estaba enloquecido por Ava Gardner, alias La Esfinge, el más grande amor de su agitada vida. Y no podía ocultarlo. Eran sexualmente voraces y compatibles, pero se peleaban cada noche por cuestiones de temperamento y de alcohol, a veces en plena calle.

Frank Sinatra y Ava Gardner

Dicen que Ava Gardner a fue la única mujer a la que Frank Sinatra realmente respetó, pues sabía que no podía dominarla. La relación, tortuosa, apasionada y violenta fue una de las más importantes en la vida del cantante.

En 1940, Sinatra era el número uno en la lista de hits de la revista Billboard. Pero se fue del grupo de Dorsey –1947– golpeando la puerta. Se dice que cierto emisario mafioso debió “convencer” al maduro Tommy de rescindir un contrato que ligaba a Frankie a su orquesta por varios años más. Es que, desde fines de 1942, Frank ya era todo un mito. Ese año, en el escenario del Paramount neoyorquino, como artista invitado de una gala en homenaje a Benny Goodman, miles de teen-agers rompieron las vallas de contención y treparon al escenario. Y un año más tarde, lo mismo. Conclusión: Francis Albert tuvo un programa de radio propio, apareció en la portada de la revista Life y fue contratado por la RKO. Ya ganaba más de un millón de dólares por año. El Frank Sinatra Show duraría 14 años en la radio, estuviera o no él detrás del micrófono. Porque generalmente él, demócrata como su madre, andaba tras los pasos de Franklin Delano Roosevelt, tanto como en el futuro llegaría a ser, más que amigo de Ronald Reagan, el seductor consejero top-secret de Nancy, la esposa del presidente. Y en 1945 recibió un Oscar especial por su debut como actor en The House I Live In, un cortometraje en favor de la tolerancia racial. El camino hacia la gloria se le allanó enormemente.

Escandaloso grupo más conocido como The Pack Rat, formado por Dean Martin, Sammy Davis Jr., Joey Bishop y Peter Lawford, familiar de los Kennedy y enlace con su gestión política. Y Sinatra como gran “padrino”.

Peter Lawford, Dean Martin, Sammy Davis, Jr., y Frank Sinatra,

De izquierda a derecha: Peter Lawford, Dean Martin, Sammy Davis, Jr., y Frank Sinatra, en la película de 1960, Ocean’s Eleven. Amigos inseparables, se los conocía con el nombre de Pack Rat.

Ya no iba tan cuesta arriba, luchando por ser reconocido y respetado, a pesar de que no pocos críticos norteamericanos lo considerasen aún un vulgar “chulo” o un mero “calienta-orejas” a la italiana. A su manera, un Julio Iglesias del jazz. Es decir, soft, blando, desapasionado, sin garra. Y en 1949/50 creyó que su estrella empezaba a apagarse. Ocupaba el quinto puesto en la encuesta anual de popularidad de la revista Downbeat y su manager de prensa George Evans cayó víctima de un fulminante infarto. Y por si esto fuese poco, su muy publicitada imagen de ciudadano felizmente casado y con hijos se iba al cesto de la basura, debido a que de pronto sus múltiples y reiterados actos de infidelidad conyugal eran primicia en algunos diarios amarillistas y en todas las mal llamadas “revistas del corazón”. Frankie estaba francamente enloquecido por Ava Gardner, alias La Esfinge, el más grande amor de su agitada vida. Y no podía ocultarlo. Eran sexualmente voraces y compatibles, pero se peleaban cada noche por cuestiones de temperamento y de alcohol, a veces en plena calle. Y en febrero del ’50, su esposa le exigió el divorcio. Con la Barbato, Frankie tuvo a Nancy, Frank y Tina. Con la Gardner, “el animal más bello”, se casó en segundas nupcias y pasaron su luna de miel en el refinado Hotel Nacional de La Habana, por entonces el oasis cubano de no pocos mafiosos norteamericanos. A Nancy nunca le hizo faltar dinero, ni cariño a sus tres hijos. Con Ava terminaron a los golpes en 1956, entre borracheras y celos mutuos, un erotismo desaforado y golpizas a cuatro manos, un aborto de ella y un intento de suicidio de él. Y más tarde se arrojó en los brazos de Marilyn Monroe, que acababa de divorciarse del beisbolista Joe Di Maggio, y quien lo amó sin pedirle nada a cambio. Más aún, Lena Pepitone, ex secretaria de Marilyn, dijo que “con él, ella parecía un pájaro tropical” y que “con ella, él parecía apiadarse de su fragilidad”. Al morir Marilyn “escuchando un disco de Frank”, éste habría dicho: “Debí hacer algo más por ella”.

Frank Sinatra y Mia Farrow.

Playboy incansable, Frank Sinatra desposó, en 1966, a la jovencísima Mía Farrow, de tan sólo 19 años. El cantante y la actriz –que apenas comenzaba su carrera- se juraron amor eterno en Las Vegas. Dos años después se divorciaron.

La sombra de su sonrisa

Dicen que no fue un buen actor. Sin embargo, cantó y bailó con Bing Crosby y Fred Astaire en comedias deliciosas, y ganó un Oscar por su rol secundario como el soldado Angelo Maggio en De Aquí a la eternidad. Film que lo encumbró en Hollywood, “con una ayudita de sus amigos”. En 1952, el director Fred Zinnerman estaba interesado en Frankie, pero para el productor Harry Cohn era “sólo un mediocre sin carisma”. Luego, tras la hipotética visita de un hombre de Lucky Luciano, Cohn cambió de opinión. “Tiene una linda sonrisa”, dijo. En 1941, La Voz había debutado en Las Vegas night, film en el que compartía cartel con Tommy Dorsey. Nada importante. Pero en 1946 la MGM lo contrató por 5 años. Como Elvis, accedía a la pantalla grande por su fama musical. Su última aparición la hizo en 1980, en El primer pecado portal. Entretanto, con los Rat Packs o sin ellos, en los ’60 protagonizó Ocean’s eleven, de Lewis Milestone, Sergeants 3, de John Sturges, y numerosos divertimentos fílmicos. Su punto más alto: El hombre del brazo de oro, la trágica historia de un jugador de póquer alcohólico y drogadicto. Y también fue, en pantalla chica, Tony Rome, un simpático detective privado que vivía en un yate de pesca. Si no fue un buen actor, al menos actuó mucho. En cuanto a su carisma, lo tuvo y lo prodigó. Jamás estudió nada y brilló como una auténtica estrella. Sí, tenía una linda sonrisa.

la ex Primera Dama Nancy Reagan, con Frank Sinatra.

El ex presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, interrumpe la danza de su esposa, la ex Primera Dama Nancy Reagan. con Frank Sinatra, durante una fiesta en el ala este de la Casa Blanca en 1981.

Frank pasó por las camas de Judy Garland, Kim Novak y Lauren Bacall en menos de doce meses. De Judy le conmovió lo mismo que Marilyn, su soledad exorcizada con bourbon y barbitúricos. La Novak habría sido “sólo el capricho de poseerla más allá de su irritante aire de reina y su exceso de maquillaje”. Y con la Bacall, genuina dama y legítima esposa de su querido amigo Humphrey Bogart, que agonizaba debido a un cáncer de esófago, todo se habría reducido a “un comprensible desahogo de ella, un par de noches y nunca más”. Las comillas son atribuibles al ya mencionado biógrafo Taraborelli, y también a sus colegas Anthony Summers y Robin Swan, quienes en mayo de 2005 publicaron The Life, una inclemente crónica sobre La Voz en la que, entre otras cosas, aseguran que “Sinatra siempre quiso ser un gangster y, a su manera, lo fue”. Y de alguna manera, este oscuro episodio fue parte de El Padrino, de Francis Ford Coppola, cuando un cantante en problemas le ruega a don Vito Corleone que lo ayude a “persuadir” a un director de cine de que lo contrate como actor, para ser famoso.

Jackie, el amor imposible

Frank Sinatra y el ex presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy.

Frank Sinatra y el ex presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy. Ambos compartieron el amor por una misma mujer: Marilyn Monroe, en quien Sinatra se refugió tras su segundo divorcio.

Su gran amor fue Ava Gardner, pero a ella Frankie la poseyó por largo tiempo. Distinto fue con Jacqueline Kennedy. La asedió a mediados de los ’70, antes de ser la viuda de Onassis, y del magnate griego decía: “Ese Aristóteles es poco hombre. No la valora, la desprecia, el muy idiota. ¿Cómo puede humillar así a semejante dama?”. Lo cuenta Bill Stapley, quien fue el chofer de La Voz durante 18 años: “La veía como a una mujer de clase superior, fina, inteligente, fuerte, dulce. Y también como un fruto prohibido que deseaba morder ya”. Y una noche Frankie logró que ella aceptara ir a verlo cantar a un teatro, y luego la invitó a beber en el Club 21, y al fin Stapley los condujo a la Suite Sinatra en el Waldorf Towers. Al amanecer, ella salió del hotel sola y con el cabello revuelto. Y él, en pijama y en copas, exclamaba en el hall: “¡Es mía! ¡Me ama! ¡Nos vamos a casar! ¡Y al diablo con las otras!”. Después le envió flores, le telefoneó, la buscó, y nada más ocurrió. Según sus biógrafos, al enterarse Ethel Kennedy de ese affaire, le reprochó a su ex cuñada: “Pero, ¿cómo se te ocurre meterte con Sinatra, querida? ¡Si era el chulo que le llevaba prostitutas a Jack a la Casa Blanca! ¡Stop, boba!”. Entre otras mujerzuelas, Frankie le habría presentado al presidente Kennedy a la irlandesa Judith Campbell, supuesto enlace con el capo Sam Giancana, un rudo mafioso que cierta vez, enojado por el exceso de vanidad del cantante, lo amenazó con cortarle las cuerdas vocales. Pero esa es otra historia.

En el film, el cineasta despierta con la ensangrentada cabeza de su caballo a los pies de su cama. En la realidad, en 1952, el director Fred Zinnerman habría aceptado a Frank a regañadientes, quizá como un favor a Ava Gardner, y al año siguiente éste ganaba un Oscar al mejor actor de reparto. Lo cierto es que Dorsey sí recibió una “visita informal” que lo obligó a romper el contrato incumplido por Frankie. El mismo Tommy lo aclararía en The Life y en Vanity Fair:

Frank Sinatra A su maneraA su manera

Ya de joven era el rey del fraseo, del susurro, de la exhalación. Y de las jukeboks, las máquinas pinchadiscos de los bares. Les dio fortunas a las grabadoras Columbia y Capitol, y en 1962 fundó una propia, la Enterprise. Su segundo Grammy lo ganó desde allí, por Extraños en la noche. Fue La Voz de Count Basie y llenó el Lido de París. Arrasó en Australia y en Argentina. Y en 1993 se despidió del micrófono con su célebre Duetos, junto a Aretha Franklin, Barbra Streissand y hasta con Bono, el líder de la banda irlandesa de rock U2. Y con Duetos II logró su décimo Grammy, secundado por Willie Nelson, Neil Diamond y otros grandes. Y más aún, a los 80 años dio un último concierto en Los Angeles, donde compartió el escenario con Bruce Springsteen y Bob Dylan. Dicen que esa noche nadie emocionó al público tanto como él cuando cantó A mi manera.

“El tipo puso el dedo en el gatillo de su pistola, y yo entendí el mensaje”. Por otro lado, al presunto decir de Jerry Lewis, en 1946 un treintañero Sinatra habría transportado para Lucky Luciano “una maleta con 3 millones y medio de dólares en billetes de 50”, de Estados Unidos a Cuba. Y habría logrado eludir los controles aduaneros de salida gracias a una multitud de fans y curiosos que lo rodeaba, pidiéndole autógrafos. Pero el FBI nunca pudo probar sus vínculos con la Cossa Nostra, ni siquiera cuando fue legalmente forzado a testificar ante la Cámara de Representantes, en 1972. En 1947 Frankie cantaba para Luciano y sus amigos cubanos, y se dice que entonces se decidió la eliminación de Bugsy Siegel, capo pionero del Oeste y propietario del Hotel Flamingo, que detestaba a Frank desde que éste declaró su deseo de instalar su propio hotel-casino en Las Vegas. El Viejo Ojos Azules siguió enamorándose, y en 1966 desposó a la actriz revelación de El bebé de Rosemary, Mia Farrow.

La ex secretaria de Marilyn Monroe dijo que “con él, ella parecía un pájaro tropical” y que “con ella, él parecía apiadarse de su fragilidad”. Al morir Marilyn “escuchando un disco de Frank”, Sinatra habría dicho: “Debí hacer algo más por ella”.

Frank Sinatra junto a su ultima esposa, Barbara.

En 1995, apenas tres años antes de su muerte. Frank Sinatra junto a su última esposa, Barbara, durante un evento en honor del cumpleaños número 80 de La Voz.

Ella tenía 19, él era un cincuentón. “Querida, eres la niñita que Frank y yo no engendramos”, dijo la Gardner a Mia, con ironía pero sin rencor. El matrimonio duró apenas 18 meses. No se entendían. Ella deliraba con Los Beatles, él los odiaba. Ella pedía intimidad, él quería salir todas las noches. Y hubo lágrimas y botellas rotas. Y la Farrow terminó divorciándose de su marido-padre por “crueldad mental”. Ocho años después, él se casó con su cuarta y última esposa, Barbara, ex mujer del cómico Zeppo Marx. En 1998, ya con 82 años y muy enfermo del corazón, no podía olvidar a su amor imposible y susurraba su nombre: “Jackie, oh Jackie”. Dicen que en su último suspiro dijo: “Me voy”. Cierto, pero incorrecto. Porque Frankie nunca se irá.


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