Gabriel Garzón-Montano: Nómade musical

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No ser de aquí, no ser de allá. Parecía ser la clave de una serie de nuevos y no tan nuevos exponentes musicales que nacieron en Estados Unidos, pero cuyo origen procede de América Latina. Como a Devendra Banhart –de madre venezolana y padre estadounidense–, Roberto Carlos Lange –hijo de ecuatorianos, cuyo proyecto musical se llama Helado Negro–, Nicolás Jaar –sus progenitores son chilenos–, o Xenia Rubinos –sangre cubana y puertorriqueña–, al jovencísimo y talentoso Gabriel Garzón-Montano le incomoda ser de ningún lugar.

La salida en 2014 de un valioso EP lanzado por el sello neoyorquino Styles Upon Styles, puso en la mira de la prensa mundial a este joven de 25 años, nacido en Brooklyn, de madre francesa y padre colombiano. Y a la hora de dar cuenta a qué lugar pertenece, su respuesta al periodista de la edición colombiana de la revista Vice es más que elocuente: “Me siento colombiano pero al mismo tiempo no. Sucede que en Estados Unidos no soy gringo. Entonces no soy nada”. Y para sumar más claridad a su confusión, arremete: “Estoy en el limbo cultural. Creo que mucha gente se siente así, especialmente en el mundo moderno”.

Su madre es música y se codeó con el legendario Philip Glass. Su tío fue el periodista y comediante Jaime Garzón (murió asesinado por dos sicarios en 1999, tenía 38 años). Su ex suegro es Lenny Kravitz, que supo invitarlo como telonero en su primera gira europea a fines de 2014. Pero antes Garzón-Montano ya había dado su primer show fuera de las fronteras estadounidenses cuando desembarcó en Bogotá para brindar un concierto en un exclusivo restaurante de la capital colombiana.

Vueltas de la vida, en estos días Garzón-Montano fue noticia porque el rapero estadounidense Drake sampleó uno de los exquisitos temas de Bishouné: Alma Del Huila para su nueva entrega discográfica, Jungle. Una amiga de ambos fue el nexo: ni más ni menos que Zoë Kravitz, la antigua enamorada de Garzón-Montano, quien le hizo escuchar a Drake la melancólica canción 6 8. Amor a primera escucha, dicen. Y sorpresa y media para el joven multiinstrumentisa: Jungle es una jam. Es surrealista escuchar a Drake sobre mi canción”, reconoció.

La escuela musical de Garzón-Montano fue variando con el paso del tiempo. Desde el niño pequeño que estudió violín en la escuela al adolescente con acné fanático de Nirvana, que tocaba la guitarra día y noche. Después ingresó en sus oídos el hip hop, para más tarde involucrarse con el piano y armar a los 19 años un grupo de funk, Mokaad. Su vida ya no transcurría entre Estados Unidos (nació en Brooklyn, hace 25 años) y Colombia. Nueva York era su lugar en el mundo. Y su inmersión en la marmita de la música negra estadounidense le dejó sabias lecciones de los próceres: James Brown, Earth, Wind & Fire, Sly & The Family Stone y Kool and the Gang. Su elección parecía acreditar una vieja canción del argentino Charly García: Cómo me gustaría ser negro (“y con mucho olor”). En el medio se graduó en el Purchase College’s Conservatory of Music de la gran manzana.

Ahora bien, Bishouné: Alma Del Huila –concebido en homenaje a sus padres– lejos está de limbo alguno. Bordado en los telares del soul más refinado y con puntillosos detalles electrónicos, es un mini álbum que seduce cuantas más veces se lo escucha. Con destellos de góspel y una elaborada composición, la intensidad de las seis canciones –con Everything Is Everything y Keep On Running en lo alto de este cálido y seductor Everest– puede volver vulnerable al oyente distraído.

Que nos sea leve.


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